La conocí no importa dónde, en una salida a tomar unas cervezas después del trabajo, me la presentó alguien y quedamos sentados más o menos cerca, le dije algo gracioso, me dijo que le hacía bien reírse.
Nos empezamos a ver, no quiero aburrir con los detalles. Vas a un restaurante y comés algo rico, tomás vino, te das cuenta que tenés algún punto de vista en común con la otra persona, cogés un poco. Te parece un milagro que todavía haya quedado algún durazno para arrancar del árbol de la alegría. Tenés planes otra vez, querés cambiar el auto, vacaciones compartidas.
Me pidió que la acompañara a su pueblo, al lugar donde había nacido, a conocer a su familia. Unos trescientos kilómetros de la capital, agarramos un fin de semana largo y nos fuimos.
Buena gente, sencilla, trabajadores (repugnantes y resentidos pero eso viene un poco después, no hace falta spoilear la serie). Prepararon un almuerzo, alegres de ver a la hija que venía haciendo, como todos, lo que podía. Traté de parecer amable y apenas ingenioso, no hablar demasiado, llevé una caja de buenos vinos. Había un hermano y había una tía y había un perro y había un gato.
Pero todo eso no es lo importante, no es lo que quería decir. Digamos que es el contexto.
Había un perro. Un perro bastante viejo, pequeño, atorrante. Tenía dificultades para respirar y no se lo podía alzar porque le dolía algo atrás, como si algo le apretara a la altura de la cadera. Si le tocabas esa zona aunque fuera sin querer, te mordía.
El perro se llamaba Wilson. Y lo único que hacía era pedir comida. Iba y venía turnándose con cada persona que le prestaba atención alrededor de la mesa. Pedía comida, pedacitos de chorizo, de molleja, pan, carne, vacío, papa, lo que fuera.
Acá viene lo interesante.
El perro Wilson era pequeño. Y había estado comiendo desde el desayuno todo lo que podía, así que no podía más. Iba llevando todo lo que conseguía hasta una punta de la cocina debajo de una mesita, donde le habían puesto una cucha con una frazada
Iba y venía incansable, transportaba toda la comida que fuera capaz de acumular. El padre de mi novia hizo un comentario al respecto y todos festejaron. La actitud de Wilson les parecía normal, inevitable, divertida.
–No deja de ser curioso –dije–, pero yo llevo años haciendo algo parecido. Y estoy seguro que ustedes lo verían como algo reprochable.
9 comentarios:
Todos somos un poco Wilson, buscamos satisfacer nuestras necesidades básicas, guardamos con celo lo poco que tenemos porque sabemos que alguien nos lo intentará quitar... Pero, claro, si vas diciendo lo que piensas nunca te aceptaran, es mejor pensar en silencio... como wilson.
Siempre hay algo para reprocharle a los demás, generalmente cosas que nosotros quisiéramos hacer pero no nos animamos a empezar.
Saludos,
J.
*beauséant! todos somos un poco Wilson, de eso estoy hablando. saludos.
*josé a. garcía! siempre recuerdo una frase de séneca. era más o menos, siempre más o menos, así: los buenos son aquellos que se contentan con soñar lo que los malos efectúan en realidad. saludos.
Durante una época la gente, las personas, sabían hacer algo. Eso que te gustaba hacer definía gran parte de tu carácter, tu grupo de pertenencia, lo que creías que era tu aura. Era, por decirlo de algún modo, porque de algún modo hay que decirlo, la parte constitutiva, basal, el centro mismo. De vos.
Pero todo fue cambiando. La gente fue arrasada por la vida en la ciudad, atontada por un tornado informativo hecho de fotoscancionestwitterfacebookcandiescrushesylareputamadrequeteremilparió.
Y entonces. Ahora no hacés nada. Nadie sabe hacer nada. Mantenerte con vida, volver a tu casa, pagar algún impuesto, lavarte los dientes, es todo lo que podés hacer. Nada más, así se vive.
A alguien se le debe haber ocurrido, a alguien que tampoco sabía hacer nada. La carta de presentación pasó a ser alguna privación. Entonces vos vas y decís, por ejempo, que no comés verduras de hojas verdes porque la tierra está contaminada con polonio, que es un polonio más fuerte, un polonio potenciado. Y alguien dice que no come harinas refinadas porque eso te afloja los átomos del culo, te queda el culo con forma de palangana. Alguien dice que cuatro veces por semana baja y corre once kilómetros descalzo porque las suelas de goma son un invento de las multinacionales (correr también es no hacer nada, mamucha, correr es una forma de desesperación, no hay más que mirar esas caras), mientras la gente desayuna pero vos no, vos tomás un vaso de agua tibia y corrés como se corría en África hace tres mil años.
El asunto es que como no sabés hacer nada, lo único que te queda es estar orgulloso de un sufrimiento, o de algo que no hacés, de alguna mortificación. Y de esa forma encontrás tu lugar en el mundo, tenés algo para contar en las reuniones sociales, das alguna que otra lección de vida. Tu juego consiste en privarte de algo, sufrir, privarte de algo mucho más que otros que también se privan. Hay una pirámide de la privación que conduce a un por demás austero pedestal.
Y no te das cuenta que al haber abrazado esa religión ya no podés seguir haciendo nada de lo que te interesó alguna vez. Lo que te gustaba ha sido corrido de lugar, quedó fuera de foco. Privarse es una mugre, un moco, un barro que salpica todo lo demás.
No hay cómo retroceder, tampoco. Pasaste del grupo de gente a los que les gustaba algo, al grupo de los que han elegido el camino del flagelo, de la privación. Cruzaste esa línea y vas a estar triste para siempre, no existe manera que puedas escapar de esa existencial tristeza. Eso es lo que te quería decir, lo que te puedo garantizar.
Still you turn me on
*dany! dany querido, cómo está usted. leo el texto y descubro que sigo pensando lo mismo, que seguimos pensando lo mismo y me sucede algo parecido a la alegría. es aquel chiste del tipo que se cae de un piso 33 y cuando va por el piso 5 dice ‘hasta acá venimos bien’. busqué y fue algo escrito en el 2016, y usted comentó ‘que vengan las mollejas de a una, o el whisky con daditos de queso’. y sí, que vengan. lo saludo con sana camaradería.
*dany! be my guest, ponele.
Pensaba que la preferencia por estar solo era debido a mi baja libido, o tal vez por no encontrar quién me la suba (en ambos sentidos) pero no, siento que Buk la tenía más clara de lo que estoy dispuesto a admitir, el tema es no me da el cuero físico, ni económico para un single malt. Igual la semana que viene arranca el Mundial...Saludos J.Doe.
"Vivir sólo cuesta vida", diría el Indio. Lo descubrí tarde, algunos dicen que es mejor, así entendemos mejor la letra. Abz. J.Doe.
*anónimo j. doe! a veces un single malt, a veces un criadores. como le escuché decir al señor casero alfredo cuando todavía era casero alfredo educando a sus hijos: hoy caviar mañana motoneta. saludos.
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