14.3.18

Pasa el tren


Iba caminando, tenía que ver a un amigo de Martín que quería comprar un auto, y yo vendía mi auto. El tipo vivía por zona norte y se volvía del centro, me dijo que tomáramos un café en Selquet
​Así que bajé por Olleros, se me ocurrió que todavía era temprano, tenía tiempo así que pensé que podía dar una vuelta por Palermo, estirar las piernas. Después ir a Selquet, mostrarle un par de fotitos del auto al tipo, decirle el precio a ver si estaba interesado. Yo no me iba a comprar otro auto, no necesitaba otro auto, no tenía adónde ir. Necesitaba guita eso sí, aunque más no fuera para quedarme quieto. Si no conseguía algo de guita pronto no iba a poder dormir nunca más en mi vida.
​Llegué a Libertador, crucé Libertador. Entonces escuché el sonido, vi las barreras bajas, arrancaba el tren que iba para el centro.
​Me sonó el teléfono. Moni, quejándose tal era su costumbre. Que había llamado el propietario porque debíamos tres meses de alquiler, que yo le había prometido que la iba a llevar el sábado al teatro pero era viernes y ni siquiera había sacado las entradas, que el domingo tenía el cumpleaños de su hermana y ella quería llevar una torta y yo había dicho que la llevaba a comprar la torta pero que no iba a a hacer un pomo, como de costumbre. Puteaba, Moni, le encantaba putearme mientras se quejaba. Decía ‘forro’ muchas veces, decía ‘qué pelotudo’.
​Entonces dejé de escuchar, con el teléfono todavía en la mano, y miré. No podés escuchar y mirar al mismo tiempo, lo había leído en una revista científica, te parece que sucede todo al mismo tiempo pero no es al mismo tiempo, estaba estudiado. Así como tampoco se puede tener más de un pensamiento a la vez, es secuencial.
​Un perro, sí, un perro. Atorrante, bigotudo, de los perros que suelen andar por ahí, por las vías del tren. Pensé ‘¿es sordo? ¿cómo puede ser que no se vaya?’, porque el tren ya había arrancado y agarraba velocidad. Debía estar, el perro, en el medio de las vías, a unos treinta metros de distancia.
​Y vi. El perro levantó la cabeza y me di cuenta que estaba enganchado. De una pata, se había quedado trabado en las vías. Tiraba un poco pero le dolía y no podía porque el dolor te quita la voluntad, todo su ser preso de un temblor, la exoftálmica mirada, la desesperación más pura.
​Sonó la bocina, más fuerte. Pero era inútil, el perro no podía moverse, el tren no podía parar. Miré, grité algo y miré.
​–¡Eh!
​Pero el conductor que también había visto al perro se agarró la cabeza con una mano, esperando el mínimo e inevitable impacto.
​Y entonces, como en las películas, como si todo transcurriera en cámara lenta, pensé.
​Pensé si hay un Dios, si existe algún Dios, una fuerza superior, algo, entonces el perro no va a morir. Porque no, el tren no lo va a atropellar, el perro va a lograr soltarse la pata.
​Eso pensé, limpio y claro como un pomelo, en ese preciso instante.
​Y mientras escuchaba el aullido del perro pulverizado por el metal, sentí el toque. Un chiquito me arrancó el teléfono de la mano, pasó justo por detrás del tren y corrió a toda velocidad para el lado del bosque.
​Quién dijo que el orden universal tiene algo que ver con tu conveniencia personal, con lo que vos creés que debería ocurrir, como vos pensás que deberían ser las cosas. Seguí.

7 Comments:

At 8:41 a.m., Blogger f said...

auch!
me deja un sabor triste.
un querer que no pasara.
me dejó mal el relato.
supongo que eso es lo que buscabas...

abrazo

 
At 12:41 a.m., Blogger El Demiurgo de Hurlingham said...

Infaltable Mónica. Creo que esa su forma de expresar cariño por alguien.

Por un momento temblé, por posibilidad de que hayas descubierto algo del sentido del universo, en ese suceso trágico. ¿Que tal ese supuesto ser superior es un demiurgo con una personalidad sádica?
Saludos

 
At 10:05 a.m., Blogger J. Hundred said...

*f! estimado, lo que buscaba era escribir un poco para no tener ganas de pegarme un tiro en las rebolas. son maneras, lo abrazo.

*el demiurgo de hurlingham! Dios es un comediante con un público que no se ríe nunca, dijo el superior tony parsons. y es muy difícil mejorar esa frase. lo saludo.

 
At 12:04 p.m., Blogger Frodo said...

Relato que no te deja ni una pizca de ánimo, pero que la sorpresa del final a la larga, cuando pasa un tiempo, te arranca una sonrisa.

¿Ud. ha visto la gran Breaking Bad? Porque hay un capítulo de un tren en la 5ta temporada que podría relacionarse con este relato. No sucede lo mismo, pero me la recordó al instante.

Lo abrazo con fuerza genio!

 
At 6:39 p.m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! he visto breaking bad. cómo no recordar la escena donde cristina alberó le dice a jesse pinkman: vaya con díos, amico.. lo abrazo.

 
At 3:10 p.m., Blogger Bob Harris said...

Me dicen que soy negativo, a veces que soy un hijo de puta, que mi visión es siempre negra, que no quiero a nadie y no creo en nada.
Yo digo que no es tan así, a veces, en lo más oscuro descubro algún destello, también aprecio a algunas personas aunque quiero a muy pocas, lo de creer, bueno eso es cierto, no creo en casi nada.
Pero como creer en un mundo luminoso y lleno de gente buena, si es el mismo mundo para el cual la mayor desgracia ocurrida en su relato seguro fue el robo del celular!

Como siempre muy bueno lo suyo

 
At 8:06 a.m., Blogger J. Hundred said...

*bob harris! es que era un aipon. no, el perro no. lo abrazo.

 

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