10.6.21

Propiedades nutritivas


Fue más o menos como le sucede a todo el mundo, así es como arrancan estas cosas.
Trabajaba como un loco, corría para llegar a tiempo a Tribunales, iba a la cárcel a ver a un cliente, metía demandas, lo llamaban por teléfono para amenazarlo de muerte, se cogía a una secretaria del estudio en el bañito del estudio, fumaba mientras comía un alfajor caminando por la calle, hacía planes, el barquito que se compraría cuando terminara de juntar la guita.
Y se sintió mal, en la calle claro, sintió como si un elefante bebé se le sentara encima del pecho y se le durmió un brazo, el brazo izquierdo. Se tuvo que acostar en la vereda, una señora llamó a los bomberos, a la policía. Le preguntaban si lo habían asaltado, pensó que se moría.
Zafó. El médico le dijo que había tenido un pico de stress, no se infartó de casualidad. Tenía treinta y nueve años, si seguía así iba a reventar como un sapo al que le dan un indiferente patadón contra un zócalo cualquiera. Si seguía así se moría.
Volanteó, giró el camión de su existencia, cambió de vida. Empezó a hacer deporte, iba al gimnasio, corría.
Dejó de fumar, la nicotina era la puta más linda, dejó el alcohol. Empezó a comer sano, sin azúcar, sin sal. Después dejó los hidratos de carbono, la harina era el demonio, la harina refinada era satán en la tierra. Dejó la carne, de a poco, vio en un video la crueldad con la que mataban a las vacas, cómo arponeaban indiscriminadamente a los delfines, cómo engordaban a los pollos sin dejarlos dormir, siempre con la luz prendida, en fila.
Se hizo vegetariano, primero, vegano, después. No, no tomaba ni siquiera leche, la leche no era apta para el consumo humano después de los dos años de edad, ni huevo, ni queso, nada animal ni sus derivados. Se hizo crudívoro, comía frutos secos, semillas, brotes de soja, pedazos de corteza de los árboles. Todo tenía que ser orgánico, dejó el café, por supuesto, y después dejó el mate. Nada, ni una fruta que hubiera podido ser rociada con agroquímicos, con pesticidas. Los grandes laboratorios habían hecho moco a la humanidad toda, las empresas farmacéuticas te mataban con sus antibióticos, los alimentos en el curso de los últimos cincuenta años habían perdido entre el 87 y el 93% de sus propiedades nutritivas.
Se hico un chequeo completo, sangre, orina, ergometría, tomografías. Le llevó todos los resultados a su médico.
–Excelente –dijo el doctor, se quitó los lentes y los dejó sobre la metálica superficie, algo descascarada por cierto, de su escritorio–. Su estado de salud es muy bueno.
–Bueno, doctor, le agradezco –carraspeó para aclararse la garganta, sentado sin apoyar la espalda en el respaldo de la silla, las palmas sobre los muslos–. Hay una cosita más, algo que me gustaría preguntarle. Yo quisiera saber por qué estoy tan triste.

6 Comments:

At 1:56 p. m., Blogger Alberto Arenas said...

Y seguramente usted Hundred o yo mismo, que (adivino) estamos más cerca del estilo de vida de la primer parte del personaje en cuestión, sabemos contundentemente la respuesta. Ojalá tuviera algo que ver en la cura de la tristeza algo tan lejano a los estados del alma como la correcta alimentación.
Un gusto haberme detenido una vez más en estas solitarias playas.
Me voy pues me esperan unas deliciosas y chorreantes empanadas fritas.

 
At 12:03 p. m., Blogger f said...

la neurona me salta y grita:

la secretaria!
la secretaria!!!

 
At 11:11 a. m., Blogger Flor said...

Es que siempre es el camino del medio. Los extremos nunca son buenos. Y además, de algo hay que morir.

 
At 4:10 p. m., Blogger J. Hundred said...

*alberto arenas! la gente cree que comer brotes de bambú o tomar jugo de alóe vera quizás logre volver sus vidas algo más interesantes. no deja de ser tierno. saludos.

*f! sí, la secretaria. saludos.

*flor! siempre recuerdo la siguiente historia de un homeópata que visite alguna vez. me contó que vino un paciente y le dijo que estaba tomando cartílago de tiburón. y el homeópata le preguntó para que tomaba eso, si quería nadar más rápido. me estoy riendo, son las cosas que me hacen gracia a mí, usted me va a saber disculpar. saludos.

 
At 11:55 p. m., Blogger Frodo said...

Elefante bebé, ¡es muy bueno!. Mucho mejor que eso de la pata de elefante adulto.

Lo abrazo

 
At 9:25 a. m., Blogger J. Hundred said...

*frodo! dice el dicho: salud, dinero y amor. si no te tocó ninguna, te está cogiendo tantor. saludos.

 

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