28.2.26

Igual no me gusta


Me sonó el timbre, debían ser las doce de la noche, raro. Era raro que me sonara el timbre en cualquier horario, no recibo gente en casa. Por lo general me molesta la gente en cualquiera de sus manifestaciones. Me molesta la gente afuera y adentro. Me molesta la gente y punto.
–Te bajo a abrir –dije.
Mi amigo H. vivía en San Isidro, tenía una cooperativa donde movía cheques y le iba bárbaro, tenía un hijo adolescente, estaba divorciado. Le gustaban los autos, las motos, las minas. Le iba bien.
–Me voy a morir –dijo.
–¿Eh?
–Me voy a morir –dijo otra vez, y se le escapó un sollozo.
Fui a la cocina, le serví un whisky, me serví uno para mí también. No tenía pañuelos descartables, le traje una toalla de mano para que se secara un poco la cara.
–Te escucho –dije y esperé. Seguro se había hecho algún chequeo y algo le había dado mal. Los médicos son un equipo que juega a saber algo que vos no sabés, y siempre lo que no sabés y ellos sí saben es que te está por pasar algo muy malo. Pero la gente se moría, eso era cierto, cada vez más. Había una cantidad de enfermedades nuevas, físicas y mentales, que hacía diez años ni siquiera existían. Sign of the times, diría el Prince.
–No, bueno –se quedó mirando por el ventanal, hacia el contrafrente que daba a la nada misma.
–Qué tenés –tomé un sorbo de whisky–, ¿La papa?
–No, no –dijo.
–¿Algo en la sangre? –negó con la cabeza– ¿El corazón?
–No –dijo–. No tengo nada, Estoy bien.
–¿Y entonces?
–Me voy a morir –dijo–. En algún momento.
–Y sí.
–Y no voy a existir más.
–Sí, como todo el mundo.
–Quiero decir –se secó los mocos con la toalla–. No voy a estar. Va a seguir habiendo árboles y motos y perros y carreras de fórmula 1, pero yo no los voy a ver.
–Camarada, amigo –dije–. No elegimos nacer. Venimos a la tierra por una situación ajena a nuestra voluntad. Después pasa el tiempo y nos morimos, funciona así.
–¡Nooo! –se paró, dio un paso adelante, un paso atrás– ¡No lo puedo aceptar!
–No importa –dije–No se trata de aceptar ni de entender. Es algo que sucede.
–No quiero –dijo.
–Nadie quiere –dije–. Aunque después hay un momento donde se suelta algo, las cosas dejan de tener sentido. Un dejar ir.
–¡No! –Miró el vaso. Fui a la cocina a buscar la botella. Le serví.
–La muerte no puede ser metaforizada –dije–. La propia muerte no admite explicación ni interpretación. Nos deja estupefactos, perplejos. Pero si te fijás bien, nadie recuerda tampoco haber nacido. Así que podríamos decir que el nacimiento jamás ocurrió, y cuando llegue finalmente la muerte no vas a poder estar ahí para observar lo que sucede. Por lo tanto no nacemos ni morimos, el hombre es una chispa entre dos nadas dijo el poeta en camiseta. Eso que creemos ser, el ‘yo’, es apenas una olita en el inmenso océano de la conciencia, una arruga en una infinita sábana, una contracción energética, un pedo en una fábrica de ventiladores. Un puñado de recuerdos colgado de un ganchito de conciencia que nos hace creer que existimos. No mucho más que eso.
–Igual no me gusta –dijo H.
–No –dije–. Al principio viene el terror, pero después se acomoda.
–No sé, algo no me cierra. Algo no termino de entender –miró hacia atrás, hacia la cocina– ¿No tenés algo para comer? Me dio hambre.
–Tengo un poco de queso y fiambre. Pido una pizza.

12 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Hay pensamientos que lllevan a conflictos sin resolver, a tragedias que no se pueden evitar, sólo postergar.
Una pizza no soluciona nada pero puede interrumpir esos pensamientos.
Saludos.

J. Hundred dijo...

*el demiurgo de hurlingham! la pizza nunca ha sido debidamente valorada como medicamento. saludos.

José A. García dijo...

Acá lo importa es: ¿Qué pizzería te toma un pedido a las doce de la noche?

Saludos,
J.

Beauséant dijo...

la vida es una mierda incomprensible, pero mientras te sirvan pizza a las doce de la noche no está todo perdido... Veo que José ha pensado lo mismo que yo :)

El día que descubrí la mortalidad de mis padres mi hice viejo de repente... es algo casi imposible de asumir, ¿verdad?

J. Hundred dijo...

*josé a. garcía! piense en esto por un momento, sígame con el maravilloso ejemplo. suponga que usted lleva un niño, su maravilloso hijo tal vez, a un cumpleaños. son niños y para que se diviertan el dueño de casa ha contratado, justamente, algún entretenimiento. en este caso en particular, en esta curiosa ocasión, un mago.
pero el mago no es david copperfield claro está (a propósito, yo tenía un amigo que ya no es más mi amigo, que cuando se tiraba un pedo decía ‘todos ustedes levitarán’, y era algo muy gracioso de verdad, y nos reíamos), así como si hubieran contratado un cantante que canta covers de agapornis con un tecladito tampoco sería, ponele, bono, sería un pibe que quiso ser rockero y mientras tanto estudia administración de empresas en la uade y punto.
y el mago se ha puesto una galera y quizás le aprieta un poco el frac o el moño, quizás la varita mágica está un poco despintada, en fin, usted me entiende. y el tipo hace algo con una soga, nudos que no son nudos, adivina alguna carta que elige un niño, hace aparecer algo de la galera. y también se acerca a algún niño de la primera fila, probablemente al homenajeado ya que el mago sabe perfectamente bien quién es el padre de qué niño el que debe pagarle la actuación.
y cuando el mago acerca una mano y hace aparecer una moneda por detrás de la oreja del niño que está entre el asombro y la risa, y los demás padres aplauden y los niños se ríen y hay gaseosas y torta, porque es un cumpleaños y un cumpleaños por lo general es más divertido que un funeral. bueno, hay un padre que desde atrás grita: ‘eh! la tenía escondida en la manga!’, o algo así.
y ese padre, que hace lo que hace y es difícil saber por qué, si porque no le salió casi nada de lo que quería ser en la vida, si fue muy castigado de niño y le molesta ver gente contenta, o si es un boludo más o menos tradicional y punto. bueno, en este pequeño, ínfimo intervalo de tiempo que nos involucra, qué se yo. podríamos decir que ese padre sería usted. pero, nobleza obliga, creo recordar que usted me caía bien, y creo que ha dado en la puta tecla. saludos.

*beauséant! está tan bueno lo que escribí en el párrafo anterior, siento aquello de ‘cuando tenés luz derramás luz’, así que no hace falta que le responda nada en esta ocasión. puede simplemente hacer silencio y disfrutar mi talento. saludos.

Alberto Arenas dijo...

Y es que tal vez, lo único que necesitamos para olvidarnos de la muerte (de la propia digo) es una pizza con un amigo una noche cualquiera. En mi caso particular por otro lado, descubro con el correr del tiempo esos leves chispazos de alegría en las cosas mas básicas.
Y si se trata de una fugazza, bueno, la muerte se percibirá menos aún.

Juan Sebastián Olivieri dijo...

Acá el tema filosófico esencial, y que estaba a punto de ser dilucidado en un diálogo de tan sabia elevación que ríete de Sócrates, se ve interrumpido por la trivial necesidad biológica de ingerir alimentos. Así, todos nos quedamos con la angustia de no alcanzar la iluminada respuesta. Lástima, supongo que mi amigo Platón también fue esclavo alguna vez de sus propios jugos gástricos.

J. Hundred dijo...

*alberto arenas! su afición por la fugazza habla a las claras de su superioridad intelectual. déjeme que le cuente algo, trato de ser breve. por circunstancias de la vida, podríamos decir por el amor, estoy yendo desde hace algunos años a un pueblo a unos 600 km de capital. de más está decir que uno debe exhibirse ante los lugareños como un porteño más o menos manso, ser evaluado y repelido como un invasor que se vino a llevar alguna joya del pueblo, en fin. lo que le quiero decir es que debo soportar, cada vez que voy, boludos de diverso tenor, incluyendo familiares directos de la susodicha. nada de esto me hace mella, he trabajado 30 años en oficinas y puedo sentarme al lado de un gorila plateado que se rasca el culo o de una jirafa defecando y seguir con lo mío. pero lo que me sublevó totalmente, lo que logró enloquecerme y hacerme decir algo como ‘pero qué carajo pasa en este pueblo de mierrrda!’, es que los tipos, no sé por qué tara genética o adquirida, usan todo el tiempo y en cada posibilidad, la cebolla caramelizada. la cebolla es cruda manga de forros! eso quería comentarle, se me antojó importante. saludos.

*juan sebastián olivieri! al principio viene el terror, pero después se acomoda. quedémonos por ahora con eso. saludos.

Frodo dijo...

Sabiendo que a mí también alguna vez me cayó la ficha de que seré fiambre (aunque lo disimulo muy bien perdiendo la forma humana en el subte línea E). Digo, sabiendo que voy a palmar, a estirar la pata, a ponerme el piyama de madera, a apoyar la sube en Virreyes... ¡Cómo me gustaría que por una vez Usted me contestara como a los queridos José A.García y Alberto Arenas! lumbreras tales a quienes dedica jugosos párrafos de poesía, pensamiento y filosofía trascendental.
Pero no, ahí veo venir la línea telegráfica que seguro merezco.

Lo abrazo.

J. Hundred dijo...

*frodo! el tema es que usted debe venir a visitarme desde hace muchos años, y es algo así como un pariente bobo que uno sabe que va a ver en los cumpleaños y que bueno, hay que soportar. no, ahora en serio. no sé por qué me pareció importante, se ve que tuve algo de envión que creía perdido, poder decirle al señor garcía que su comentario era de los clásicos que hace usted, frodo, y el otro subnormal del demiurgo. sucede que ya estoy acostumbrado y por lo general los dejo correr, tampoco puedo ir a buscarlos a sus respectivas casas, tocarles el timbre no sé, en villa madero, y decirles ‘hola, soy juan hundred, quería saber si tus papás son parientes’.
es más o menos cómo lo escribí, pero lo dijo mejor, muchísimo mejor, el general juan domingo. usted recordará aquello de (no es literal, es como lo recuerdo, pero la idea se sostiene) ‘viene una persona y pone una mesa, arriba de la mesa pone una silla, arriba de la silla pone un banquito, arriba del banquito pone una bicicleta, se sube a la bicicleta y empieza a tocar el violín. y los que están abajo dicen que desafina..’.
yo, que como usted a esta altura del partido ya debería saber que fracasé, que no pude escribir nada sobresaliente porque no tuve el talento y punto y a veces las cosas no te salen, traté, trato, me esmero, escribo una bellísima historia que nos habla de la muerte y qué hacer con eso. y entonces viene usted o algún otro no feliz, y dice ‘ehhh, te equivocaste, la pizza calabresa de la continental no trae pepperoni, trae longaniza..’. y es un poco decepcionante la verdad, pero hay que aceptar que el artista, por usar un eufemismo, en este caso yo, tiene el público que se merece. y viceversa desde ya, viceversa todas las veces que sea necesario.
sigo entonces. usted ya es como un amigo de muchos años del cual uno se ha ido cansando, es como un hijo bobo que no puede mejorarse por más que uno lo intente y choque contra el frontón de la boludez, como un matrimonio que uno ve derramarse sobre las baldosas del piso de la cocina bajo esa luz fluorescente que a veces nos muestra todo mucho más allá de lo que quisiéramos ser capaces de comprender.
yo creo que con unos pocos pesos y algún pibe de márketing amigo que me ayude, debería alquilar un salón y organizar el ‘encuentro de quienes han leído a hundred’. hacemos una reunión, whisky y sánguches de miga, ponele. nos damos un abrazo y a lo calamaro quizás decir aquello de ‘buena suerte y hasta luego’, o ‘fue bueno mientras duró’. mire si no viene nadie? mire si vienen mil personas? yo qué corneta sé qué pasa del otro lado de la pantalla? aquello de ‘somos mundos cerrados, vivimos separados’. qué se yo frodo querido, ya lo he contado alguna vez, había muerto mi viejo allá por el 2004 y me pareció útil ponerme a escribir pensando que de algún modo me serviría para combatir la tristeza. la tristeza igual me hizo moco, me tapó como un mar, pero yo seguí escribiendo y escribiendo como quien pica la piedra pensando que algo bueno sucedería de todo esto. después se nos pasó la vida, pero no nos olvidemos de bioy y aquello de ‘vivir es distraerse’, que cada vez me resulta más genial e instructivo por tirar algún adjetivo al viento.
quizás esperaba fama y dinero y mujeres en cantidades asombrosas, eso desde ya no sucedió. pero sucedieron algunas cosas, quizás de algún modo nos fuimos ayudando y conociendo, algunos de ustedes a mí, ojalá yo a ustedes. en este momento me parece de lo más apropiado escuchar el tema ‘sentimental’, en la versión de juan cirerol. espero haber escrito un comentario lo suficientemente extenso para usted. saludos.
https://www.youtube.com/watch?v=9OBC9p2Cxfw

Anónimo dijo...

Y un día voy a entrar a este blog, voy a ver que la fecha del último escrito no ha cambiado. Voy a volver con frecuencia y confirmar que el fin de la obra inédita ha llegado.
O quizás usted primero dejará de recibir mis comentarios, los del demiurgo, los de José García, Frodo… quién sabe…
Hoy almuerzo pizza.
Saludos finitos, hasta donde lleguemos.
su fiel lectora de antaño,
Lanita.

J. Hundred dijo...

*anónimo lanita! usted arranca con algo parecido a un elogio, pero luego se pone críptica, cuasi amenazante. en fin, hasta donde lleguemos también está muy bien. se aplica a tantas cosas. saludos.