<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564</id><updated>2012-02-03T00:00:11.088-03:00</updated><title type='text'>El subte viene lleno</title><subtitle type='html'>*Obra inédita de Juan Hundred</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>991</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5249832356929587739</id><published>2012-01-30T08:16:00.002-03:00</published><updated>2012-01-30T08:51:53.526-03:00</updated><title type='text'>Toda esta magia</title><content type='html'>Se sabe poco, es algo de lo que prácticamente no se habla, porque los que han recibido el beneficio, por decirlo de alguna forma la magia, prefieren que nadie lo sepa. Y a mí tampoco me gusta alardear.&lt;br /&gt; El asunto es que mi presencia, mi sola presencia, sana y salva. Cura las más variadas dolencias, transmite una inusual y prácticamente olvidada alegría, una alegría que ya no se fabrica, mi presencia te de ánimo, energía, ganas de hacer cosas, reviste de algún sentido tu insípida vida. Dejás de estar tan mal.&lt;br /&gt; Sí, alcanza con mi presencia, con estar cerca mío un ratito, verme revolver un café con leche o mirar por la ventana, sentirme respirar.&lt;br /&gt; Ni que decir si hablo, si hablo directamente es tan trascendente como estupendo, si hablo te reís y te quedás pensando al mismo tiempo, no podés creer que se me haya ocurrido algo que a vos jamás se te hubiera ocurrido, si hablo le doy un propósito a tu vida. Si hablo no te lo olvidás más.&lt;br /&gt; Y si te toco, bueno, aunque sea de casualidad, tu vida cambia. Si nos tocamos, hombro con hombro en un viaje en subte de pronto para vos las cosas dejan de ser tan tremendas, si te doy una palmada o te toco una mano alcanza para que encuentres un motivo, ganas de seguir con tu vida, por dos o tres años. Si te toco es genial.&lt;br /&gt; Así que ya sabés, si estuviste conmigo dos minutos o tres meses, si me serviste un café o te sentaste al lado mío en el cine, si me sonreíste o me alcanzaste la mayonesa, si me diste dinero o el culo o te tropezaste conmigo o quedaste cerca mío en el laverap. Soy de lo más interesante que te pasó en la vida, no me debés nada, qué te voy a cobrar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5249832356929587739?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5249832356929587739/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5249832356929587739' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5249832356929587739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5249832356929587739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/toda-esta-magia.html' title='Toda esta magia'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3403301957281951179</id><published>2012-01-25T07:46:00.002-03:00</published><updated>2012-01-25T07:57:25.222-03:00</updated><title type='text'>Una de monos</title><content type='html'>La historia es un poco difícil, lo admito. No me culpes a mí por eso, yo apenas te lo estoy contando.&lt;br /&gt; Martín, mi amigo Martín, no, ese no, otro Martín, se había hecho amigo de un tipo que se llamaba Eduardo o Ernesto, no, Eduardo. Martín iba a un club de ajedrez, los domingos, a la noche, a jugar partidas rápidas por poca plata. Ahí conoció a Eduardo.&lt;br /&gt; Eduardo trabajaba de guardia en el zoológico. Eduardo había estudiado para veterinario y le gustaba estar cerca de los animales. Le gustaban más los animales que las personas, eso había dicho una vez, algo perfectamente entendible.&lt;br /&gt; Martín acababa de divorciarse, y estaba mal. Medio deprimido, y con unas ganas de coger tremendas. Pero Martín no sabía ni cómo acercarse a una mujer, después de tantos años de casado. Estaba fuera de forma además, algo gordo, algo pelado, en medio de un conflictivo divorcio. Una pésima combinación para conseguir mujeres, para qué negarlo.&lt;br /&gt; Y se ve que Eduardo lo vio mal, a Martín, lo vio medio desesperado. Le dijo que lo fuera a visitar, al zoológico, el domingo a la mañana bien temprano.&lt;br /&gt; Martín no tenía gran cosa para hacer, y se despertaba muy temprano. Le costaba dormir, andaba nervioso, asustado. Así que fue el domingo a la mañana al zoológico, a visitar a Eduardo. &lt;br /&gt; Después de una breve recorrida por el zoológico donde le mostró los hipopótamos y las cebras, Eduardo lo llevó a la jaula de los monos. Los chimpancés.&lt;br /&gt; –Tomá –le dijo Eduardo, y le dio un billete de cien pesos enroscado–. Acercate a ese mono que ves ahí. Decile que querés ver a Anita. &lt;br /&gt; –¿Eh? &lt;br /&gt; –Hacé lo que te digo. Vas a tener el mejor polvo de tu vida.&lt;br /&gt; Martín pensó que Eduardo había enloquecido por completo. Jugaba bastante bien al ajedrez, pero parecía un tipo raro, se peinaba los pocos pelos que le quedaban para adelante, andaba varios días seguidos con la misma camisa (todas a cuadros, nunca una camisa a rayas), escuchaba discos de Frank Sinatra y de Tony Bennett. El zoológico estaba vacío, abría a las diez. Se escuchaba, a lo lejos, el graznido de un ave, el lánguido rugido de un desteñido león que se desperezaba y lamentaba el comienzo de otro día en cautiverio. &lt;br /&gt; Martín pasó la barandita de seguridad y se acercó a los barrotes de la jaula. Frente a él había un distraído chimpancé, en cuclillas sobre el piso de tierra, contra el tronco de un árbol, partiendo una ramita, los ojos semicerrados.&lt;br /&gt; –Ey –dijo Martín, y se sintió un poco tonto hablándole a un mono–. Tomá, quiero ver a Anita.&lt;br /&gt; Para sorpresa de Martín, el mono se incorporó, caminó hasta los barrotes, y extendió la mano. Martín le dio el dinero. El mono agarró el dinero.&lt;br /&gt; –Ahí viene –dijo el mono, o a Martín le pareció que fueron las palabras que el mono había murmurado.&lt;br /&gt; Se fue caminando despacio, el mono. Se metió en una especie de cueva de piedra que había al fondo de la jaula. &lt;br /&gt; Al ratito salió una mona. Con las tetas caídas, se bamboleaba mucho al caminar, parecía renguear un poco, una bobalicona sonrisa en los labios. Martín era todo curiosidad, de pie, aferrado a los barrotes de la jaula con los brazos bien altos.&lt;br /&gt; La mona se acercó y sin preámbulo, como si fuera la cosa más natural del mundo, le desabrochó el cinturón, le bajó los pantalones hasta las rodillas, los desteñidos calzoncillos.&lt;br /&gt; Y comenzó a chupar, la mona, el fatigado pito de Martín. Pensó en salir corriendo, Martín, tuvo miedo, pero su pito fue recibido con calidez, con inusual dulzura, con animal apetito no exento de pericia, y Martín lo necesitaba tanto que cerró los ojos y se quedó aferrado a los barrotes.&lt;br /&gt; Chupó la mona, y era genial, Martín se excitó como nunca, era la sensación más placentera que él pudiera recordar en su vida.&lt;br /&gt; Entonces la mona, con pornográfica destreza, dejó de chupar, hizo un giro, y se metió el pito de Martín, por detrás, en la vagina. Martín embestía, la mona empujaba hacia atrás, un furioso tam tam con los barrotes de por medio, un desconocido frenesí atravesó a Martín como un rayo.&lt;br /&gt; Eyaculó. Eyaculó y eyaculó mientras colgaba con una mano de los barrotes y se agarraba con la otra mano a la rugosa y algo peluda espalda de Anita. Luego cayó, de rodillas, satisfecho y feliz. La mona le hizo una caricia en una mejilla, apenas una tierna palmadita, le sonrió en puro amarillo, y se volvió a meter en la cueva de la cual había emergido.&lt;br /&gt; Martín volvió adonde esperaba Eduardo, su casilla. Eduardo estaba sentado, tomando unos mates, fumando un Parliament, analizando en el tablero un imposible final de torres donde Karpov hacía magia.&lt;br /&gt; –¿Y? –Dijo Eduardo.&lt;br /&gt; –Genial –Martín aceptó un mate ya tibio–. Lo mejor de lo mejor, la experiencia sexual más satisfactoria que yo haya tenido en mi vida.&lt;br /&gt; Martín encontró un motivo, una nueva razón para vivir. Visitaba a la mona todos los domingos (Eduardo le había explicado que, por la rutina del zoológico, era imposible verla otro día con algún nivel de privacidad). Le llevaba chocolates con avellanas y bananas importadas de Ecuador, gaseosas con sabor a naranja, frutos secos, algo de lencería. Pero eso no le alcanzó, no le pareció suficiente. Movió algunos contactos que tenía en política, usó todo el dinero que tenía ahorrado, creó una fundación que buscaba vacunas para combatir enfermedades todavía no inventadas, sobornó funcionarios.&lt;br /&gt; Finalmente, logró sacar a Anita del zoológico. Largó todo, Martín, y se la llevó a vivir con él, a una casita que tenía en Ostende. Eduardo le dijo que había enloquecido, que necesitaba tratamiento psicológico, pero él no entendía nada del amor, él qué sabía.&lt;br /&gt; Se fue a vivir con la mona Anita, a Ostende. El mono Pedro, con el que él había negociado la primera vez, le avisó que no podía hacer lo que estaba haciendo. Le avisó a Martín que le habían puesto precio a su cabeza, habían contratado a un animal sicario. Lo iban a encontrar, tarde o temprano lo iban a encontrar y lo iban a matar, podía ser un perro Collie que lo mordiera de repente, o un pelícano que le arrancara los ojos a picotazos. Había barreras que no debían cruzarse, le dijo Pedro que recapacitara, que devolviera a la mona y se disculpara ante el comité de animales que se reunía una vez por trimestre, por escrito. Analizarían su caso. &lt;br /&gt; A los tres o cinco meses, Martín volvió un domingo de hacer unas compras en Pinamar con la camioneta. Anita se había ido y le había dejado una nota. Había conocido a un productor de cine, paseando por la playa, y se había enamorado perdidamente. Además, el tipo le había prometido llevarla a la pantalla, estaban por filmar una remake de Tarzán, y ella había dicho que se sentía capacitada para hacer el papel, no, que Chita, de Jane. Anita le dejó escrito a Martín que había sido bueno estar juntos. Ella le tenía mucho cariño, pero la situación le estaba resultando monótona, todo muy rutinario. Ella se aburría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3403301957281951179?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3403301957281951179/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3403301957281951179' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3403301957281951179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3403301957281951179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/una-de-monos.html' title='Una de monos'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5620289409914386244</id><published>2012-01-20T07:48:00.004-03:00</published><updated>2012-01-20T13:48:59.659-03:00</updated><title type='text'>Después</title><content type='html'>Están primero, justamente, a todo el mundo le pasa, las necesidades que podríamos denominar ‘primarias’. Son las que se ha apropiado la política, como bandera, salud, educación, vivienda, quién podría estar en contra de eso.&lt;br /&gt; Ahí termina la búsqueda para la pavorosa mayoría de la gente. No es peyorativo por favor, que no se me malentienda. Una persona apila ladrillos o conduce un taxi durante doce horas al día, unos cuarenta años, pensando en terminar la casita, o en el asado de los domingos, que los chicos estén sanos, no queda tiempo ni mucho menos fuerza para nada más, imposible juzgarlos. &lt;br /&gt; Después viene un grupo de sujetos más sofisticados. Un grupo de gente que sabe que vivir en el precario estado de animalidad descripto, no será satisfactorio, mucho menos suficiente. Son sujetos que aprenden a tocar el piano, que leen y escriben poesía, que concurren a la ópera y desean visitar la Isla de Capri o las pirámides de Egipto. Beben algunas gotas del elixir del arte que enriquece sus vidas, les permite cambiar de dimensión, como si de la pantalla de un jueguito electrónico se tratara/tratase. &lt;br /&gt; Luego viene un grupo, menor que el anterior. Son quienes han descubierto, no sin amargura, que la pomada artística no será suficiente para aplacar el dolor de las supurantes llagas del alma. Irán por la espiritualidad, entonces. Buscarán, movidos por una indefinible mezcla de temor y fe, por la autopista del espíritu, lo más alto y más profundo, saber qué hay después de, y antes que, tratar de entender el por qué, descubrir el para qué, y así, en un arduo y hermoso afán, elevarse. &lt;br /&gt; Y después estoy yo, que te lo estoy contando, mientras tomo un whisky (White Horse, en esta oportunidad, bastante digno) y como unos daditos de queso (Chubut). Combinación de una magnificencia que nos permite intuir la existencia de otros planos muy por encima de nuestra capacidad de comprensión y raciocinio, maravillosas realidades.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5620289409914386244?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5620289409914386244/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5620289409914386244' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5620289409914386244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5620289409914386244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/despues.html' title='Después'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8803498505758748744</id><published>2012-01-15T08:16:00.003-03:00</published><updated>2012-01-15T08:27:54.138-03:00</updated><title type='text'>Con un tomate</title><content type='html'>Hace falta un tomate. Un tomate redondo. Tiene que ser grande, el tomate. Paradójicamente, ocurre con las frutas, cuanto más grandes son, menos sabor suelen tener. Es por eso que si vas a una verdulería de barrio y pedís un kilo de tomates, y tenés medio carita de pelotudo y el verdulero no te conoce, de seguro te va a dar unos tomates grandísimos. Tres o cuatro tomates por kilo, mejor, no importa en este caso. &lt;br /&gt; Elegís un tomate y lo lavás, con agua bien caliente. Después hay que sacarle esa parte tan fea, justo el centro si lo mirás, al tomate, desde arriba. La parte donde el tomate estuvo enganchado del árbol, no sé. Se saca con un cuchillo, hacés un pequeño círculo hundiendo el cuchillo más o menos hasta la mitad del tomate, y sacás un cilindro de tomate, que no suele tener ningún gusto. &lt;br /&gt; Ahora sí, es preciso que estés desnudo. Y que tengas una erección. No hace falta que sea una roca, tu garompa, pero precisás tener una erección más o menos digna. Así que te debiste estimular sexualmente un poco, viendo un video por internet, no sé, te tocaste pensando en algo antes o después de preparar el tomate. Sí, podés pegar un póster sobre la puerta de la heladera, de Samanta Farjat por ejemplo, perfectamente. Como ayuda memoria.  &lt;br /&gt; Agarrás el tomate. Y apoyás la cabeza, la cabeza de la poronga, en el centro, justo en el centro del tomate, donde hiciste algo de espacio.&lt;br /&gt; Y empujás, empezás a empujar, con la poronga, con convicción no exenta de delicadeza, con entusiasmo no exento de elegancia, sosteniendo el tomate con ambas manos (o con una mano, si precisás la otra mano para guiar, por decirlo de algún modo, la poronga, son estilos). &lt;br /&gt; El tomate irá cediendo con mayor o menor dificultad, dependiendo de múltiples causas. Vos seguís, podés cerrar los ojos, tratando de concentrarte en la faena.&lt;br /&gt; El tomate, producto del empuje y el manoseo, irá soltando sus jugos, sus tan particulares semillas, se irá desarmando. Es altamente improbable, salvo que tengas un pito muy pequeño, que logres atravesar al tomate de lado a lado, que puedas ensartarlo por completo y que al mismo tiempo el tomate conserve su original forma, que el tomate no se desarme. Son temas antropométricos, la dureza del material, la presión ejercida, la falta de espacio. Además, el tomate no entiende muy bien qué pasa. Podríamos decir que el tomate no estaba, psicológicamente, preparado.&lt;br /&gt; Puede ser, también, es admisible, que no alcances a concretar tu cometido, que te cueste un poco eyacular mientras se deshace el tomate en tus manos, para poder dar por finalizada la cuestión. Después de todo un tomate no es una vagina, queda claro que lo que estás haciendo se aleja bastante de lo que podríamos denominar ‘the real thing’.&lt;br /&gt; Pero si tuvieras con quien coger no me hubieras llevado el apunte desde un comienzo, y un tomate debe costar, no sé, dos pesos. Tampoco soy mago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*para las chicas, intentar coger con un tomate puede resultar, también, un procedimiento algo traumático. me atrevería a decir engorroso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8803498505758748744?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8803498505758748744/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8803498505758748744' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8803498505758748744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8803498505758748744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/con-un-tomate.html' title='Con un tomate'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6723688137561292214</id><published>2012-01-10T07:19:00.004-03:00</published><updated>2012-01-10T21:05:48.165-03:00</updated><title type='text'>Posesión demoníaca</title><content type='html'>A mi amigo Martín le tocó vivir una situación extraña.&lt;br /&gt; Volvió de trabajar, Martín, un martes, a eso de las siete de la tarde. Como de costumbre. Está casado, Martín, hace siete años más o menos, con Andrea. Tiene un hijo chiquito. Trabaja bastante, Martín, es dentista, y sabe que la parte difícil es hacerse conocido, el boca a boca (justamente) en su profesión. Una vez que te hacés un nombre, alquilás un consultorio mejor en un barrio mejor y podés dejar de atender pacientes por prepaga. Un dentista que atiende sólo pacientes particulares gana buen dinero, el tío de Martín era dentista y le iba regio. Casa de fin de semana, buenos autos, viajás una vez por año a Europa, ves crecer a tus hijos con una educación privada, sos socio de algún club, jugás al golf, te cogés a alguien más, tenés algo parecido a una vida.&lt;br /&gt; Andrea no trabajaba. Era profesora de inglés y traductora, pero lo habían conversado con Martín, y se habían puesto de acuerdo. La plata ya no era un problema, y lo mejor era que Andrea cuidara al nene. Ella estaba un poco aburrida de dar clases, además. A la mañana iba a alguna clase de gimnasia, en la casa siempre había algo para hacer aunque tuviera una muchacha para la limpieza, arreglaba para desayunar con alguna amiga. &lt;br /&gt; La vida transcurría más o menos bien lubricada. No les iba mal, tenían vida social y vacaciones en Uruguay. No era lo más entretenido y excitante del mundo, pero después de los treinta años a nadie le pasan cosas demasiado interesantes. Esas cosas quedan para la televisión o el cine. Son cosas que pasan en las películas.&lt;br /&gt; Volvió de trabajar Martín, dije, un martes.&lt;br /&gt; –Llegué, mi amor –dijo Martín, dejó su maletín sobre la mesa de la cocina, se sacó el saco. Le sorprendió que Andrea no contestara, aunque estuviera en la pieza, ordenando el cuarto de Santiaguito, o terminando de bañarse, Andrea siempre le contestaba. Lo esperaba todo el día para contarle algo, cualquier cosa. Tomaban unos mates en la cocina y conversaban un poco, se quejaba de algo.&lt;br /&gt; Fue por el pasillo al comedor, Martín.&lt;br /&gt; Apareció Andrea. Bah, no apareció, ahí estaba, Andrea, en el comedor. Desnuda, nimbada por una extraña luz, de pie, bajo las dicroicas del living. Con una mano hacía extraños garabatos en el aire, sobre su cabeza, murmuraba conjuros. Estaba pintada, con algo, notó Martín cuando se acercó unos pasos. Estaba pintada, Andrea, las tetas, el estómago, los brazos. Con sangre. Sí, con sangre, y también el mentón, la barbilla, chorreaba sangre. A sus pies, a los pies de Andrea, había una gallina, muerta, degollada, echada de costado. Faltaban pedazos del cuerpo del animal, además de la cabeza, como si hubieran sido arrancados a mordiscones. Había sangre, mucha sangre sobre el parquet, y vidrios rotos, y plumas. El televisor encendido en un canal de música, con el volumen bajito. Tocaba una banda de heavy metal, unos peludos que no paraban de sacudir las cabezas.&lt;br /&gt; Movía la cabecita con frenesí, Andrea, al compás de la música. Se había tusado el pelo con unas tijeras, había mechones de su cabello encima de los sillones. Tenía las uñas pintadas de negro. Martín vio que había una cruz sobre la mesa del comedor, una cruz de velas rojas, encendidas, a un costado un pequeño plato repleto de carozos de aceitunas, y una estampita. Los sillones parecían haber sido atacados a cuchillazos, no quedaba un solo almohadón sano.&lt;br /&gt; –Soy la hija de Belcebú –le dijo Andrea, mirándolo muy fijo. Dio un buen trago a una botella de vodka que tenía en la mano (reconoció la botella, se la había regalado, a Martín, un paciente polaco al que le había colocado unos implantes), y luego escupió–. Soy cruza de vampiro y mamba negra, las fuerzas de lo oscuro habitan en mí, se manifiestan a través de mí. ¡Tengo la fuerza de la oscuridad! ¡El mal no es el mal! ¡Viva Satán!&lt;br /&gt; Se roció el cabello con lo que quedaba de vodka, y luego intentó encenderlo, sí, lo que quedaba de su cabello, con un encendedor. Había cigarrillos apagados sobre los sillones, cigarrillos pisoteados sobre la alfombrita que le había regalado su tío Víctor, de piel de pecarí.&lt;br /&gt; Un caso de satánica posesión, el cuerpo de Andrea tomado por completo por lo demoníaco. Las fuerzas del mal librando la madre de todas las batallas en el living de su casa.&lt;br /&gt; –Me voy a dar una ducha –dijo Martín–. Hoy quiero cenar los agnolotis que había en el freezer. Mejor que no se haya terminado el queso rallado, mejor que haya queso rallado. Sino, de la patada en el culo que te voy a dar, te vas a morir de hambre en el aire. Para vos cualquier excusa es buena con tal de no hacer las compras, pero para ir a hacer gimnasia o a boludear con tus amigas siempre tenés tiempo. No te hagás la pelotuda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6723688137561292214?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6723688137561292214/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6723688137561292214' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6723688137561292214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6723688137561292214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/posesion-demoniaca.html' title='Posesión demoníaca'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4038198829319740357</id><published>2012-01-05T08:09:00.001-03:00</published><updated>2012-01-05T08:16:42.126-03:00</updated><title type='text'>Almost</title><content type='html'>seré whisky una noche.&lt;br /&gt;reencarnaré en whisky, dorado como un sol.&lt;br /&gt;la noche que no des más de la tristeza, &lt;br /&gt;la noche que sientas que tu vagina es un &lt;br /&gt;     túnel&lt;br /&gt;que no conduce a ninguna parte. &lt;br /&gt;brillaré como un faro en tu inmensa &lt;br /&gt;tormenta,&lt;br /&gt;recordarás una frase, algo que dije,&lt;br /&gt;sabrás que todavía queda el mar y &lt;br /&gt;la lluvia,&lt;br /&gt;los ladridos de un perro para el que&lt;br /&gt;aún funciona tu oxidada magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no seré Lama ni cebra,&lt;br /&gt;ni me llorarán mis novias. no habrá&lt;br /&gt;libros con mi nombre&lt;br /&gt;ni nadie que lleve una flor a mi tumba.&lt;br /&gt;mi paso por la tierra tan pero tan&lt;br /&gt;inútil.&lt;br /&gt;abrirás un whisky&lt;br /&gt;cuando nada resulte, cuando las tuercas&lt;br /&gt;no ajusten y los autos no doblen.&lt;br /&gt;cuando suene el teléfono para decir lo de siempre,&lt;br /&gt;mucho peor que siempre,&lt;br /&gt;aullarán las sirenas de cualquier ambulancia&lt;br /&gt;como lobos famélicos.&lt;br /&gt;los semáforos amarillos de tanto darle al pucho.&lt;br /&gt;seré whisky una noche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4038198829319740357?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4038198829319740357/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4038198829319740357' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4038198829319740357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4038198829319740357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2012/01/almost.html' title='Almost'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-741162108030409603</id><published>2011-12-30T07:34:00.003-03:00</published><updated>2011-12-30T07:46:54.333-03:00</updated><title type='text'>La historia del emperador de China</title><content type='html'>La historia es, más o menos, siempre más o menos, así. Hay un emperador, en China, en la antigua imperial China, no sé su nombre. No me preguntes el nombre.&lt;br /&gt; El emperador es venerado y temido, quizás en idénticas proporciones. Un chasquido de sus dedos puede provocar la muerte de una persona. Duerme, el emperador, rodeado de vírgenes doncellas. Le preparan sopa de una tortuga que sólo habita el río Yang Tsé. Elaboran sus prendas de vestir con las mejores sedas, estampadas con tigres y dragones bordados en hilos de oro. Cosas de ese estilo.&lt;br /&gt; El emperador se acuesta a dormir. El emperador duerme. Al despertar, a la siguiente mañana, mientras le preparan un matinal baño con aceite de lavanda y pétalos de flores y agua traída de la cima del monte Emei, el emperador recuerda su sueño.&lt;br /&gt; Fue un maravilloso sueño, el emperador recuerda que soñó que era una mariposa. Una mariposa de magníficos colores, volaba hacia una flor. Volaba y era una sensación tan deliciosa.&lt;br /&gt; Entonces al emperador lo asalta una duda. Una duda que inmediatamente se para en dos patas y se transforma en angustia, en congoja.&lt;br /&gt; ¿Es un emperador que acaba de soñar que era una mariposa?, piensa el emperador, ¿o es una mariposa que sueña que es un emperador?&lt;br /&gt; El emperador sabe que esa duda lo consumirá por dentro. Busca, pero no encuentra respuesta. Cómo saberlo.&lt;br /&gt; Esa es la historia, la historia del emperador que una noche soñó que era una mariposa. Vos te preguntarás por qué te cuento, con evidente precariedad, con todas mis limitaciones, a qué viene, esta historia.&lt;br /&gt; Es que no veo manera que te vuelvas interesante, quizás si abrimos otro vino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-741162108030409603?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/741162108030409603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=741162108030409603' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/741162108030409603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/741162108030409603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/la-historia-del-emperador-de-china.html' title='La historia del emperador de China'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2199072495541612702</id><published>2011-12-25T10:46:00.005-03:00</published><updated>2011-12-25T10:57:32.805-03:00</updated><title type='text'>Curar la mente</title><content type='html'>El tratamiento es  bien sencillito, vos sabés cómo soy yo, lo mío siempre fue curar. Pero curar prácticamente sin recursos, sin instrumental. Porque si le decís a la gente que el tratamiento para curarlos es demasiado complejo se asustan, es comprensible, la medicina se ha transformado en una presuntuosa ciencia que arroja una catarata de información que se extrae con los más modernos instrumentos y que la mayoría de las veces no sirve para nada. Y si les decís que lo que precisan para curarse es muy caro, bueno, la mayoría de las personas preferiría morirse, porque encima que están mal, encima que prácticamente todo lo que les sucede es una verdadera mierda, encima llegás vos y les decís que van a tener que gastar plata, mucha plata, y durante mucho tiempo. Mejor no darle bola a la enfermedad, a la dolencia, nadie tiene ni la guita ni la paciencia, quién aguanta.&lt;br /&gt; Te explico el tratamiento, entonces, para curar la mente. Y no te olvides, está estudiado, más del 97% de las enfermedades arrancan, tienen su origen, en algún desarreglo de la mente. Estalla en el cuerpo, sí, el cuerpo es el parlante, la caja de resonancia, la tela donde se pintan los estragos de la mente. Si curás la mente, curás el cuerpo, eso ya ni se discute, no importa si trabajás en el Mount Sinai o si sos un médico umbanda. &lt;br /&gt; Hacen falta dos milanesas, nada más. Viste qué fácil. No muy grandes, dos milanesitas. Se puede hacer con una milanesa sola y cortarla por la mitad, pero no es lo mejor. Conviene que sean dos milanesas separadas.&lt;br /&gt; Pueden ser de rotisería, sí, pueden ser compradas. Pero el efecto es mucho más potente si las dos milanesas fueron hechas en casa.&lt;br /&gt; Agarrás las dos milanesitas, así como están, calentitas, y las colocás, una en cada zapato. Como si fueran plantillas.&lt;br /&gt; Y te ponés los zapatos.&lt;br /&gt; Sí, así nomás. Como si nada. Sin medias, por supuesto, no podés usar medias. Total casi ni se nota, no pasa nada.&lt;br /&gt; Y listo. Salís a trabajar, vas y hacés tu vida, no importa si sos abogado o maestra de geografía. Vas, vivís el día, como cualquier otro día. cuando terminás de hacer lo que tenés que hacer, a las cinco de la tarde o a las siete, volvés a tu casa.&lt;br /&gt; Haber pasado todo el día caminando sobre dos milanesas hace que te des inmediata cuenta que todo lo que te sucede no es tan grave, no interesa, no pasa nada. &lt;br /&gt;Llegás a tu casa, te sacás los zapatos, tirás las milanesas (no las comas). Te das un baño, podés mirar un poco de televisión o meterte en la cama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2199072495541612702?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2199072495541612702/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2199072495541612702' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2199072495541612702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2199072495541612702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/curar-la-mente.html' title='Curar la mente'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2139536309512576687</id><published>2011-12-20T08:25:00.001-03:00</published><updated>2011-12-20T08:25:32.813-03:00</updated><title type='text'>Como si estuviera en trance</title><content type='html'>Voy a correr. Bah, a correr no, me arrastro. El día que se invente la disciplina deportiva ‘arrastring’ (o ‘repting’), quizás gane una medalla olímpica. No entiendo por qué la gente corre, desconozco la imbecilidad que los aturde, no vale la pena volver sobre la cuestión.&lt;br /&gt; Lo mío es trotar apenas, una vuelta al parque, una vez por semana. La idea es subirme un poco en vueltas, transpirar, agitarme, corroborar que funciona el sistema, que estoy vivo por decirlo de algún modo, oxigenar la maquinaria y de esa forma saber que estaría apto, desde lo cardiológico, desde lo vascular, en el hipotético caso que hubiera que cogerse a alguien.&lt;br /&gt; Así que troto una vuelta, y a punto de desfallecer, al borde de la extenuación misma, camino para recuperar el aliento. Como sé que no tendré ganas de dar otra vuelta completa ni siquiera caminando, me meto en el parque, con la intención de sentarme. Es martes, no son ni las ocho de la mañana, hace calor, es diciembre, no, no puedo decirte el nombre del parque.&lt;br /&gt; Me siento en un banco a terminar de transpirar. A pesar del calor, la mañana es agradable todavía. Se oyen un par de pajaritos. Algunas personas, pocas, pasean a sus perros. Me tomaría una cerveza, y probablemente me quedaría dormido. No está mal, hay gente que para intentar ser feliz necesita ir al Caribe o hacer esquí acuático.&lt;br /&gt; A lo lejos, a unos cincuenta metros sobre el sendero de piedras flanqueado de árboles, está la fuente. Es una fuente bastante grande, circular, debe tener unos buenos cinco o siete metros de diámetro. &lt;br /&gt; Veo que hay una chica, de pie, sobre el borde de la fuente. La escena capta mi atención de inmediato. La chica es muy joven, muy delgada, lleva un etéreo vestido blanco.&lt;br /&gt; Camino hacia ella, me acerco. Está descalza. Tiene un fantástico y desordenado cabello que le roza la cintura, de un castaño con reflejos más claros. La chica, parada sobre el borde de la fuente, mira hacia adentro, hacia adentro de la fuente, y murmura, o no, mejor, mucho mejor aún, canta. Tiene los ojos cerrados, su voz es tan dulce. &lt;br /&gt;Más cerca todavía, veo que la chica hace alguna pausa mientras el sol se filtra entre los árboles y la ilumina, la nimba de luz. Se le transparenta la pequeña bombacha blanca a través del vestido, no lleva corpiño. Sus pechos son pequeños y puntiagudos. La chica, con los ojos cerrados, parece sonreír apenas mientras ensaya un delicado movimiento de una secreta y armoniosa danza. Como si estuviera en trance.&lt;br /&gt; Me acerco, me acerco más, con fascinación no exenta de respeto. La chica lanza una moneda al agua, tiene un bolsito, a sus pies, un bolsito multicolor tejido a mano. Hay un libro, también, y un par de carpetas, junto a sus sandalias. El movimiento sigue, casi en cámara lenta, la danza, es como si la alegría misma acariciara el sol, los árboles, el agua.&lt;br /&gt; Espero un momento, la contemplo. Intento disminuir mi agitación y al mismo tiempo mantenerme vivo, respirar, mientras ella percibe mi presencia. &lt;br /&gt; –Disculpame –digo finalmente, carraspeo– ¿Qué deseos pedís? –No soy quizás muy original, lo admito, pero tampoco grosero. Mi inquietud es genuina, fui respetuoso, mostré mi interés, educado.&lt;br /&gt; –Que aparezcas vos –la chica con un grácil movimiento ha metido la mano en el bolsito, pero no ha sacado otra moneda, sino un .38 corto, me apunta al centro exacto de mi fatigado pecho, me está apuntando–. Que aparezca un pelotudo más o menos como vos. Dame todo lo que tengas, la guita, el reloj, las zapatillas. Dame todo rapidito sin chistar, porque te mato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2139536309512576687?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2139536309512576687/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2139536309512576687' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2139536309512576687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2139536309512576687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/como-si-estuviera-en-trance.html' title='Como si estuviera en trance'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6143751530890158096</id><published>2011-12-15T08:09:00.001-03:00</published><updated>2011-12-15T08:12:52.538-03:00</updated><title type='text'>The way you are</title><content type='html'>Me gustan las mujeres que tienen tetas con esos pezones tan particulares, tan característicos, unos pezones que no he visto últimamente, unos pezones que casi ya no se fabrican. Son unos pezones gorditos, es la única forma que tengo de definirlos, van del rosa muy pálido hacia el beige, se ubican en esa gama de colores. Forman parte constitutiva de las tetas desde ya, pero es como el último brochazo que las termina. Es un pezón suave, muy suave, generoso. No es ese pezón negro de araña muy chiquito, ni el pezón puntiagudo como la primer falange de un meñique.&lt;br /&gt; Me gustan las mujeres que tienen el culo corto, esa es la clave. No importa si es más o menos gordo, si tenés alguna picadura de viruela o algo de celulitis. No tiene que haber perfección ni excesiva turgencia, no es necesaria la matemática simetría. Pero que el culo sea corto es importante. Porque si el culo es largo, se derrama y ahí pierde toda la potencia expresiva. El culo corto va con cualquier par de jeans, y acostada boca abajo, o en cuatro patas, rinde siempre. &lt;br /&gt; Me gustan las mujeres con algo de vello púbico. La vagina debe estar cubierta, la mágica hendidura, las puertas del cielo, por un delicado velo. De nada sirve que te depiles por completo si ya no sos una nena. Puede que hagas eso por mal asesoramiento o exceso de pornografía, el hombre que se calienta con una treintañera vestida de colegiala, bueno, quizás no sea su culpa, quizás tiene demasiado fútbol encima. De nada sirve que te depiles por completo, decía, si tenés la vulva como si te hubieras hecho matraquear por una manada de canguros. Tampoco bueno, desde ya, que tengas en la entrepierna la continuación de la selva amazónica donde crece la más variada vegetación y hay restos de lechuga o de fideos a la bolognesa, eso sí que no ayuda. No seas excesivamente original con tu vello púbico, por favor, podés aplicar el ingenio, en caso de existir, en otra cosa. Podés hacer un curso. &lt;br /&gt; Igual por mí no te hagás mucho problema. Yo he pasado larguísimos períodos sin ponerla, yo te cojo como vengas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6143751530890158096?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6143751530890158096/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6143751530890158096' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6143751530890158096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6143751530890158096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/way-you-are.html' title='The way you are'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6632483808540825514</id><published>2011-12-10T08:35:00.002-03:00</published><updated>2011-12-10T08:37:29.572-03:00</updated><title type='text'>Son situaciones</title><content type='html'>Por lo general, la vida transcurre entre dos tipos de situaciones bien diferenciadas. Es lo habitual, se trata de la norma que nos rige, nos contiene, nos abarca.&lt;br /&gt; Un tipo de situaciones son aquellas en las cuales no hay nada para hacer, de tu parte. El otro tipo de situaciones son aquellas donde lo que hagas es irrelevante, no importa, no cambia nada.&lt;br /&gt; Por ejemplo hay un terremoto, por ejemplo se te rompió una muela masticando un puñado de maní japonés. No hay nada para hacer, actuaron las fuerzas de la naturaleza, la fatiga de materiales, las cosas suceden, pasan.&lt;br /&gt; Por ejemplo tu marido te dice que tiene una amante y que se va de casa, por ejemplo ascienden a un compañero de oficina a la subgerencia que tanto tiempo anhelaste. Vas a irlo a buscar, vas a ir a hablar, te vas a quejar, vas a patear una puerta o a esgrimir un razonable argumento. Vas y hacés y no sirve, no modifica nada.&lt;br /&gt; No, no hace falta que discutas conmigo, mucho menos que me expliques por qué no estás de acuerdo. Para eso está tu psicólogo, para eso le pagás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6632483808540825514?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6632483808540825514/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6632483808540825514' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6632483808540825514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6632483808540825514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/son-situaciones.html' title='Son situaciones'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8935559540291819963</id><published>2011-12-05T08:43:00.003-03:00</published><updated>2011-12-05T09:39:51.507-03:00</updated><title type='text'>Planes y proyectos</title><content type='html'>Vino Mónica, a verme. Raro, habíamos vivido juntos, algo menos de un año, pero de eso hacía mucho, más de cinco años. Me acuerdo que ella estaba llena de planes, de proyectos.&lt;br /&gt; Tocó timbre, Mónica, un sábado a la mañana. Raro, dije, porque en mi casa nadie toca timbre, salvo cuando pido una pizza. No veo a mucha gente, no veo prácticamente a nadie, y menos en mi casa. Si subís a mi casa es para coger, si no ni subas, si no por favor andate.&lt;br /&gt; Bajé. Le pregunté si quería ir a tomar un café. Le dije que me sorprendía verla. &lt;br /&gt; –Me sorprende verte –dije. &lt;br /&gt; –Tengo que almorzar con una amiga que vive acá cerca, se me ocurrió tocarte un timbre para ver cómo estabas.&lt;br /&gt; Caminamos dos cuadras, entramos a un bar. Diciembre en Buenos Aires, un calor del carajo, la tristeza de siempre, potenciada por el twister emocional de fin de año. Debían ser las nueve de la mañana. &lt;br /&gt; –Cómo andás, tanto tiempo –dije, por decir algo. El tiempo nos había pasado por encima a todos. A ella, a mí. Cinco años es mucho tiempo, salvo que tengas diez años, y entonces cinco años es poco tiempo, pero es la mitad de tu vida.&lt;br /&gt; –Cuando nos peleamos me fui a laburar a un geriátrico –dijo Mónica–. Mi prima es enfermera, y me consiguió ese laburo. Al toque empecé a pajear a los viejos, por poca plata. Me embadurnaba las manos con óleo calcáreo y los pajeaba un rato largo. Les tiraba de la goma a cambio de cualquier cosa, de las tartas o los yogures que les trajeran los familiares. De las frazaditas, las almohadillas eléctricas, los frascos de compota.&lt;br /&gt; –Mirá, no –dije. Qué se puede decir cuando te cuentan algo así.&lt;br /&gt; –Ahí uno de los tipos de limpieza me ofreció trabajar de prostituta, en Constitución. Zona brava. Cogí en la calle con bolivianos que se emborrachaban con alcohol de farmacia, con chinos que te eructaban en la cara y se tiraban pedos chiquitos, apenas un blip que te dejaba olor a pescado podrido en el pelo por una semana. Cogía en la calle, atrás de un árbol, o en autos, por monedas. Con albañiles que se quedaban dormidos en medio del polvo en hoteles donde podías ver las pulgas saltando sobre los acolchados. Cogía con tipos a los que le faltaban todos los dientes que se reían abriendo bien la boca y te daba más miedo que mirar adentro del túnel del tren fantasma, tipos que después de coger te partían la nariz a trompadas, tipos que después de coger te apagaban cigarrillos en los brazos o en las piernas, y te robaban.&lt;br /&gt; –Debió ser bravo –dije. &lt;br /&gt; –Después me metí en el mundo del sadomasoquismo, fui directamente al escalón más bajo. Cogía con tipos que me pedían que les clavara tachuelas en el culo, o que les arrancara una muela con una tenaza. Tipos que me filmaban con el teléfono celular mientras me tomaba un vaso de pis o le chupaba los dedos de los pies a un enano, cosas así.&lt;br /&gt; –Fuerte, eh –terminé mi café. Con la yema de un índice fui juntando las miguitas de la medialuna que había pedido, y me las comí también.&lt;br /&gt; –Y todo lo que te conté –Mónica vació lo que quedaba de su jugo de naranja, de un trago–, todas las barbaridades que hice, las peores cosas, lo que viví, en ningún caso fue ni la mitad de malo que el año que vivimos juntos. Pasaba por acá y vine a decirte eso.&lt;br /&gt; Se me quedó mirando, Mónica, con esos ojazos color miel, su fantástico cabello algo más corto, las uñas carcomidas como siempre.&lt;br /&gt; –Es bueno saber que estar conmigo te sirvió para crecer, para superarte –pensé en pedir otro café  pero me pareció que no, levanté la vista y el mozo me estaba mirando. Hice un gesto en el aire, como quien dibuja una ínfima ola–. Sí, la cuenta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8935559540291819963?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8935559540291819963/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8935559540291819963' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8935559540291819963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8935559540291819963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/12/planes-y-proyectos.html' title='Planes y proyectos'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6819788149654625593</id><published>2011-11-30T07:02:00.003-03:00</published><updated>2011-11-30T07:58:51.274-03:00</updated><title type='text'>Acerca del autor</title><content type='html'>Nadie, que yo recuerde. Nunca me extrañó nadie. Jamás pude bajarme de un avión, o de un micro en una terminal, y que alguien estuviera ahí, de pie, alegre de verme. Salvo mi perro Urko, sí, cuando yo era chiquito, pero Urko era un capo y yo le daba de comer pedacitos de Bay Biscuit durante la merienda. Urko era genial, y era un perro, los perros tienen códigos muy superiores a los de las personas. Urko no cuenta.&lt;br /&gt; Nadie quiso coger conmigo, de verdad, de onda. Tuve tres o cinco novias, claro, como todo el mundo, pero no sentían la actividad, no tenían esa pulsión. No les nacía nada. Cogíamos, claro que cogíamos, pero muchas veces tuve que pedir, prácticamente mendigar unas migajas de sexo, y ellas cogían porque bueno, era algo que había que hacer mientras esperaban reponerse de su penúltimo fracaso, tomaban aire o un par de cafés con leche o buscaban dónde aterrizar con sus crecientes adiposidades antes de quedarse sin combustible en el medio del negro cielo de sus vidas. &lt;br /&gt; De chiquito nadie quería bailar lento conmigo, lo recuerdo perfectamente, no te podés olvidar de eso. En la primaria, o hasta los catorce años. Ensayaba frente al espejo del comedor, el catatónico pasito de baile, aferraba la sinuosa cintura de la nada escuchando a Air Supply o el lento de los Bee Gees, yo qué sé. Imaginaba la cabeza de Andrea descansando sobre mi pecho, los brazos de Gisela rodeándome el cuello, el perfil de Verónica respirándome cerca, tan cerca. Pero nada, las chicas no querían abrazarme, y yo me quedaba a un costado y miraba a los que bailaban, como si tuvieras que tragarte un sachet de vinagre, sorbo a sorbo. Salía al balcón y miraba hacia abajo, ponía cara de estar pensando en algo, en algo muy importante como si lo que pasaba en el salón no me importara, cuando lo único que me importaba era bailar un lento, uno solo, olisquear un cuello, sentir una mejilla transpirada. &lt;br /&gt; Y eso es todo, así fue mi vida. Ahora vos me estás leyendo y te parece que con eso es suficiente, que quizás yo pueda sentirme satisfecho. Que con eso alcanza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6819788149654625593?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6819788149654625593/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6819788149654625593' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6819788149654625593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6819788149654625593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/acerca-del-autor.html' title='Acerca del autor'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3601663743123542787</id><published>2011-11-25T11:13:00.005-03:00</published><updated>2011-11-25T12:57:22.184-03:00</updated><title type='text'>Tolombetti</title><content type='html'>El médico me había recomendado que nadara. Por la espalda. Me dolía la espalda, a veces las cervicales, a veces las lumbares, pero me dolía la espalda, siempre. De estar todo el día sentado frente a una computadora, dijo el médico. Te sentás mal y no te das cuenta, o hacés fuerza con el cuello porque el respaldo de la silla está vencido, y no te das cuenta.&lt;br /&gt; Lo importante, lo que deberías saber, es que después de los treinta años te va a doler algo, eso no es negociable. Conviene ir haciéndose amigo del dolor, invitarlo a dar una vuelta, conocerse. Prepararse para una relación más íntima. &lt;br /&gt; Te haría bien nadar, dijo el  médico. Me anoté en un Megatlón de barrio, no importa el barrio. Sabía nadar, había nadado de chico, ese no era el problema.&lt;br /&gt; El problema era la gente. Mucha gente, siempre. Hay una nueva monada que considera conveniente cuidarse el cuerpo, creen que eso les garantizará alguna clase de status y aceptación. Están los que hacen pesas, están los que corren en cinta o andan en bicicleta fija, y así. No hay fauna más estúpida que la que concurre a un gimnasio, de más está decirlo. Gente bastante particular, que han olvidado la relevancia de pensar de tanto en tanto, o de permanecer en silencio. Sign of the times.&lt;br /&gt; Probé ir a nadar después del trabajo, pero estaba la pileta llena. No, no llena de agua, llena de boludos. Así que probé ir a las siete, después a las ocho de la noche. Finalmente, a las nueve. El club cerraba a las diez y media, la pileta a las diez. A las nueve por lo general la gente se va a cenar, la cosa se ponía algo más fluida, disminuía el caudal de infelices, se volvía todo menos traumático. &lt;br /&gt; Entraba a la pileta nueve y cuarto más o menos, nadaba media hora, salía, me duchaba, me secaba, me vestía, y me iba a comer algo por ahí, antes de volver a casa. La actividad física me hacía dormir mejor, la espalda se seguía quejando un poco, pero no chillaba como un animal herido.&lt;br /&gt; Salía de nadar, me duchaba, esperaba un poco que el cuerpo se secara / secase, sentado en un banco del vestuario, antes de vestirme.&lt;br /&gt; Había un tipo. Cada vez que yo salía de nadar, y me sentaba en el mismo banco, había un tipo. Sentado. Cubierto apenas por una pequeña toalla sobre los hombros.&lt;br /&gt; Hablando por teléfono celular, el tipo. Siempre.&lt;br /&gt; –Sí, mi amor, sí. ¡Ya te dije que sí! –Hablaba muy fuerte, miraba alrededor, buscando aprobación, empatía–. Ahora voy, linda. ¡Te dije que ahora voy!&lt;br /&gt; O sino.&lt;br /&gt; –Pero no, bebé, no era yo. ¿Cómo voy a estar tomando un café con otra mina justo enfrente de tu casa? –Se reía, el tipo, subía el tono de voz, gesticulaba para su involuntario y algo fastidiado público, desplegaba los abstrusos avatares de su ajetreada vida afectiva.  &lt;br /&gt; –Cortá de una vez, Tolombetti –le gritaba desde el mostrador el empleado del vestuario, con un cigarrillo colgando de la boca.&lt;br /&gt; Así supe que al tipo le decían Tolombetti, y que estaba siempre ahí, después de correr doce minutos en la cinta, recién bañado, hablando media hora o más por teléfono celular, con una o varias mujeres, no se sabía, porque a veces cortaba, tomaba aire, y atendía de nuevo o volvía a llamar. A los gritos, discutiendo, por lo general sobrador, peleando o reconciliándose.&lt;br /&gt; –Te dije que hoy no puedo, preciosa –resoplaba, Tolombetti, se rascaba con un índice la nuca, o arriba, justo en el centro y arriba, en el techo, por decirlo de algún modo, de su cabeza–. Te había avisado que hoy me voy a comer con los muchachos.&lt;br /&gt; Pálido como un fantasma, Tolombetti, peinado para el costado con un peine muy finito, como lo debía haber peinado su mamá a los once años, los ojos algo enrojecidos, mirada de dogo aturdido, entre cuarenta y cincuenta años. Hablando por teléfono, siempre. &lt;br /&gt; Había algo más, algo perturbador, difícil de omitir. Tolombetti era portador de una descomunal garompa. Por regla general no me gustan los tipos, y en los vestuarios de hombres la norma básica es no mirar, o no mirar más abajo del cuello en caso de ser preciso mirar a alguien. Pero el tipo estaba ahí, sentado sobre un banco de madera, con la verga descansando sobre uno de sus muslos, como una pequeña foca o el antebrazo de un rollizo bebé. El tipo hablaba por teléfono y se miraba un poco la chaucha, o la palpaba con dos dedos, como si le estuviera tomando el pulso, y hasta los tipos que querían burlarse de las conversaciones de Tolombetti, enfocaban por un momento la gaver, y no tenían más remedio que hacer un respetuoso silencio. Así como en las cárceles se respetan la cantidad de asesinatos cometidos, en los vestuarios se respetan las vergas (los tamaños). El tipo dejaba ahí la herramienta, tomando aire, imponiendo presencia, mientras seguía con sus interminables discusiones telefónicas. &lt;br /&gt; –¡Basta, Tolombetti! ¡Cortala, basta! –gritaba el tipo del vestuario y todos los que terminábamos de cambiarnos (éramos cinco o siete sentados en diferentes bancos del vestuario) nos reíamos, porque Tolombetti hacía la señal de silencio con un dedo sobre los labios, o se tapaba el otro oído para no perder el hilo de la conversación que mantenía. &lt;br /&gt; Hasta que un día. Como siempre. Diez de la noche. Había nadado, me había duchado, estaba terminando de vestirme. Demoraba un poco en ponerme la camisa porque hacía calor, yo transpiro como un condenado. &lt;br /&gt; –Bueno, bebé, bueno –Tolombetti hablaba–. Ya se te va a pasar, voy a comprar un vinito y paso en un rato. Vas a ver que nos amigamos. &lt;br /&gt; Fueron dos, así que estaba planeado. Uno era un instructor del gimnasio, al otro no lo había visto nunca. La maniobra fue perfecta en su ejecución, sumado al efecto sorpresa.&lt;br /&gt; Uno de los dos, no el instructor, inmovilizó a Tolombetti deste atrás, con una toalla. Simplemente le pasó la toalla enrollada por encima de la cabeza, y de esa forma, tirando, le trabó los brazos. Mientras el otro, el instructor, le quitaba justo en ese instante a Tolombetti el teléfono celular de la mano.&lt;br /&gt; El instructor se puso el teléfono en una oreja.&lt;br /&gt; –¡A ver si te dejás de romper las pelotas, querida, que acá en el gimnasio no aguantamos más! –Dijo. Y todos nos reímos con ganas, mientras Tolombetti forcejeaba para zafarse aunque sin suerte, porque el pibe que lo atenazaba con la toalla era joven, de unos ochenta kilos, físico muy trabajado.&lt;br /&gt; La escena era tremenda, brillante y tremenda, por aquello que dijo Cioran alguna vez, eso de ‘lo que no es desgarrador, es superfluo’.&lt;br /&gt; Pero el instructor, después de lanzar la puteada, se quedó con la boca abierta. Fue pasándonos el teléfono, de uno en uno, para que lo viéramos, tocaba teclas, nos acercaba el teléfono a las respectivas orejas, nos hacía escuchar.&lt;br /&gt; El teléfono estaba mudo, el teléfono no andaba, el teléfono jamás había funcionado. Tolombetti, ya liberado de la toalla, se tapaba la cara con las manos. Lloraba como un chico, negaba con la cabeza. Lloraba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3601663743123542787?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3601663743123542787/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3601663743123542787' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3601663743123542787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3601663743123542787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/tolombetti.html' title='Tolombetti'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2124596164949452062</id><published>2011-11-20T08:09:00.001-03:00</published><updated>2011-11-20T08:09:57.066-03:00</updated><title type='text'>Villano</title><content type='html'>Yo hubiera podido ser el hombre araña. Claro que sí, perfectamente. Pero mi vieja no hubiera parado de preguntarme qué hago ahí afuera, colgado de los edificios, con el frío que hace. Por qué mejor no termino una carrera más tradicional, médico, abogado. Algo que deje unos mangos.&lt;br /&gt; Yo hubiera podido ser Batman. Tenía la actitud, la capacidad. Pero mi vieja me hubiera preguntado qué me pasa que tengo que andar con la cara tapada, y algo malo tengo seguro en las orejas tan puntiagudas, otitis tal vez, la otitis media es jodidísima, encima con ropa tan ajustada, siempre con ese pibito cerca. Por qué no me voy de una buena vez a vivir con una mina que me quiera, que sepa cocinar algo rico.&lt;br /&gt; Yo hubiera podido ser Superman. Tenía la fuerza, las ganas, sabía volar. Pero mi vieja me hubiera dicho que no ande cambiándome en las cabinas telefónicas, así como tampoco es conveniente entrar a cagar a los baños de las estaciones de servicio. No están dadas las mínimas condiciones de profilaxis, son circunstancias demasiado extremas, hay que lavarse bien los dientes antes de ir a dormir, uno debería tomar un redoxon a la mañana aunque no esté resfriado, porque sí, dicen que el kiwi tiene más vitamina C que las naranjas, mirá vos, y que la palta no tiene colesterol, ahora me vienen a avisar.&lt;br /&gt; Para resumir, yo podría haber sido cualquier superhéroe. Pero preferí no serlo, para que no se hiciera mala sangre, para que no se preocupara mi mamá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2124596164949452062?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2124596164949452062/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2124596164949452062' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2124596164949452062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2124596164949452062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/villano.html' title='Villano'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8958599291190971963</id><published>2011-11-15T07:24:00.002-03:00</published><updated>2011-11-15T07:33:46.931-03:00</updated><title type='text'>In grasa</title><content type='html'>–Es bastante sencillo, no hay que darle demasiadas vueltas al asunto, está todo inventado –la doctora estaba sentada, recostada contra el respaldo de una silla que daba la impresión de quedarle grande. A decir verdad, todo parecía quedarle grande: el despacho, el delantal, incluso su propio cabello, tirante y recogido, peinado hacia atrás, probablemente con gel. Debía pesar, la doctora, como mucho, cuarenta kilos. &lt;br /&gt; –Para bajar de peso, y lo que usted necesita es bajar de peso –quizás le pareció por un momento que había dicho algo gracioso y se rió, apenas, una ínfima carcajada, un sonido muy parecido al graznido de un ave–, para bajar de peso se trata de no comer hidratos de carbono, no comer azúcares, y no comer grasas. Y no, desde ya, ni bebidas gasificadas, ni mucho menos alcohol. &lt;br /&gt; Siguió.&lt;br /&gt; –Usted deja de comer esas cosas, hace actividad física una hora por día, se mueve un poco, y baja de peso. Si se fija bien es fácil, usted reeduca su mente, cambia sus hábitos alimentarios, y baja de peso. Fácil, fácil –asintió varias veces, golpeteó la parte de atrás de su birome sobre el metálico y algo descascarado escritorio. Se le marcaban mucho los pómulos y las venas del cuello, le latían las sienes, uno casi podía delinear su calavera por debajo de la piel.&lt;br /&gt; –Doctora –dije–, tiene usted la curiosa dualidad de representar, prácticamente, todo lo que odio de la medicina y todo lo malo del género femenino, al mismo tiempo. Usted es un asco de persona, refugiada en su precaria ciencia hecha de contar kilos y medir panzas. Cree que sabe algo de algo, cuando, es demasiado evidente, no sabe nada de nada. Se siente protegida de todo lo malo del mundo por su delgadez, y no advierte que es usted prácticamente traslúcida, etérea, vacía de contenido. Mi perro podría voltearla con una pata, aunque dudo que ni siquiera él se sentiría tentado de cogerla, porque mi perro tiene buen gusto. Estimo que la totalidad de su menstruación no alcanzaría para pintar una uña de un chihuahua. Tiene usted menos atractivo que un ficus, y desde ya menos capacidad intelectual. En lo personal, obtendría más placer en fornicar con una tira de asado. ¿Hace cuánto que alguien no la abraza? ¿Hace cuánto que no se ríe a carcajadas hasta que se le llenan los ojos de lágrimas? ¿Hace cuánto que no come un pedazo de mantecol con la mano? Para resumir, doctora, para no hacerle perder tiempo, debería usted saber que si se le saca a alguien todo lo que le gusta, todo lo que le da placer, no queda nada. Sin harina, sin grasa, sin azúcar, sin alcohol, ¿cuál es su idea? ¿Que chupe un azulejo de la cocina antes de acostarme? ¿Que me frote el prepucio con una galleta de arroz? Pero quédese tranquila, doctora, no hará falta concurrir a ningún cementerio el día de su muerte. Usted cabe en ese cajón de su escritorio, al lado de la abrochadora, su entierro será de lo más práctico.&lt;br /&gt; La doctora, algo temblorosa, se puso de pie, salió del consultorio y se encerró en el baño. La escuché llorar mientras me iba, por el pasillo.&lt;br /&gt; –¿Necesita un turno? –Me dijo la pibita de la recepción. Leía unos apuntes de contabilidad o psicología, las tetas recién operadas, 350 megahertz de cada lado.&lt;br /&gt; –No –le dije– ¿Cuánto me cobrás por hacerme una paja en el ascensor? ¿No sabés dónde hay por acá un local de empanadas?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8958599291190971963?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8958599291190971963/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8958599291190971963' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8958599291190971963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8958599291190971963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/in-grasa.html' title='In grasa'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5732203503258041395</id><published>2011-11-10T08:39:00.001-03:00</published><updated>2011-11-10T08:39:36.324-03:00</updated><title type='text'>Experiencia traumática</title><content type='html'>Me secuestraron, así como te la cuento. Bajé a la nochecita a retirar plata del cajero, porque quería comprar cigarrillos y me había quedado sin plata, generalmente acreditan el sueldo el anteúltimo día hábil del mes. Retiré quinientos mangos, salí de la pecera, encendí un cigarrillo, y me levantaron con un auto.&lt;br /&gt; Eran tres en un Renault 12 hecho pelota. Pero las armas eran nuevitas, las armas brillaban con esa particular contundencia de lo fáctico.&lt;br /&gt; –Subí, boludo –me dijo uno que esperaba en la calle como para pedirme fuego, mientras otro, desde el auto, me apuntaba. &lt;br /&gt; Subí, me dieron un culatazo en la cabeza, me debo haber desmayado.&lt;br /&gt; Cuando me desperté estaba tirado en el piso, las manos atadas a la espalda, con esos plásticos precintos que se usan ahora y que no los podés romper ni en mil años. Estaba encadenado de un tobillo, además, a un caño que salía de una pared de ladrillos a la vista.&lt;br /&gt; Abrí los ojos.&lt;br /&gt; –Che, se despertó la bella durmiente –dijo uno.&lt;br /&gt; Estábamos en un departamento, en un monoblock, bien alto, llegaba el olor del Riachuelo. &lt;br /&gt; Era una cocina bastante precaria, pero había un buen televisor encendido, teléfonos celulares, como diez, sobre la mesa, varias armas.&lt;br /&gt; Estaba el gordo que me había pedido fuego, sentado, tomando vino. Había dos más, uno jovencito, con una gorrita puesta al revés y la camiseta de un equipo inglés, quizás el Chelsea, terminaba un porro. Había una mujer también, sentada algo separada de la mesa, con cara de cansada, amamantando un bebé.&lt;br /&gt; –Che, gato –el pibe del porro me habló, aguantando la respiración–, decinos un teléfono, así pedimos que te rescaten.&lt;br /&gt; –¿Qué? –La cabeza me explotaba. Tenía un chichón del tamaño de una pelota de tenis junto a la oreja izquierda. Me incorporé como pude, para quedar sentado contra la pared. Me latía la cabeza, me sangraban las muñecas, me picaba la nariz.&lt;br /&gt; –Un teléfono, gil –el pibe dio una calada más y me tiró la tuca que hizo chispitas en el aire–. No te hagás el pelotudo, porque te pego un corchazo acá, y te tiro al río.&lt;br /&gt; Le di el teléfono. Marcó el otro, dejó el tenedor y agarró el teléfono. Era más grande, quizás el padre del pibito, o el tío. Estaba en cueros, tenía una fea cicatriz que le cruzaba la panza en diagonal. Comía ñoquis con estofado de una bandejita de plástico. Sobre la mesa había, también, una botella de Fanta de dos litros.&lt;br /&gt; Había un reloj sobre los azulejos, arriba de la heladera, eran las dos y cuarenta  de la mañana. Mónica debía estar durmiendo. &lt;br /&gt; Sonó el teléfono, tres veces. El tipo puso el teléfono en altavoz, siguió comiendo. &lt;br /&gt; –Si hablás sin que yo te diga –me miró, después miró otra vez su comida, se rascó la panza con el revés de un pulgar–, te mato de una.&lt;br /&gt; –Hola –dijo Mónica, todavía dormida.&lt;br /&gt; –Hola, nena –habló el gordo, tenía mi cédula en la mano–, tenemos a Juan.&lt;br /&gt; –¿Qué?&lt;br /&gt; –Que tenemos a Juan, pelotuda –el gordo tiró el documento al piso, se sirvió más vino, llenó el vaso–. Lo tenemos acá, a Juan, secuestrado.&lt;br /&gt; Se hizo un silencio. Mónica procesaba la información, descubría que yo, aunque hubiera salido a tomar algo con los pibes, ya debería estar con ella, durmiendo en casa.&lt;br /&gt; –¿Qué pasa? ¿Te dormiste? –preguntó el otro, mientras masticaba los ñoquis. Se manchó de tuco el costado de la cara.&lt;br /&gt; –No, no –dijo Mónica.&lt;br /&gt; –Tenemos a Juan –repitió el gordo, bebió medio vaso de vino, de un trago.&lt;br /&gt; –Bueno –dijo Mónica.&lt;br /&gt; –Queremos treinta mil dólares de rescate –dijo el gordo–. Si no, lo matamos.&lt;br /&gt; –Jaja –Mónica se rió. Tenía una fantástica risa.&lt;br /&gt; –¿De qué te reís, flaquita? &lt;br /&gt; –Nada, nada –Mónica paró de reírse–. Treinta mil dólares. Quizás si me dan treinta años de plazo. &lt;br /&gt; –¿Te creés que es joda? –el gordo acarició la culata de un revólver, un .38 corto, con dos dedos–. Voy a agarrar a tu marido y le voy a pegar un tiro.&lt;br /&gt; –No es mi marido –dijo Mónica.&lt;br /&gt; –¿Qué?&lt;br /&gt; –No es mi marido –repitió Mónica–. Vivimos juntos hace un par de años.&lt;br /&gt; –Bueno, linda, voy a agarrar a tu pareja y le voy a cortar un dedo con un cuchillo.&lt;br /&gt; –Me parece bien, porque lo único que hace es meterse el dedo en la nariz –dijo Mónica. Los tres me miraron, la nariz. Era cierto. Meterme el dedo en la nariz era una de las cosas que me había gustado desde que era chico, desde siempre. Meterse el dedo en la nariz es una experiencia de lo más gratificante.&lt;br /&gt; –Ah, sos graciosa. Bueno, le voy a cortar la japi, entonces.&lt;br /&gt; –No problem –Mónica se rió otra vez–. Para lo que la usa conmigo, no creo que me de cuenta la diferencia.&lt;br /&gt; –Nena, lo voy a agarrar a Juan, ahora, y le voy a quemar la cara con una plancha. Quedate en línea y vas a oír los gritos.&lt;br /&gt; –Bueno, fijate si lo arreglás un poco con eso. Porque él ya es un monstruo, no sé qué carajo le habré visto.&lt;br /&gt; –¡Boluda, te estamos pidiendo treinta lucas para no matar a tu novio! ¿Cuánto ofrecés?&lt;br /&gt; –Nada –dijo Mónica–. Mándenlo cuando quieran, pero si se lo pueden quedar un tiempo más, mucho mejor. No tengo apuro.&lt;br /&gt; Cortó. Mónica. El gordo volvió a llamar, daba ocupado. El de la cicatriz resopló sin levantar la vista de su comida. &lt;br /&gt; Al rato se levantó la mujer con el bebé y se fue a uno de los cuartos. El gordo se tiró en un sillón. El pibito enchufó una playstation al televisor y se puso a jugar.&lt;br /&gt; A la mañana siguiente me soltaron. Me dieron veinte pesos y una tarjeta para hablar por teléfono público.&lt;br /&gt; –Tomate este que te lleva a capital –me dijo el gordo y me dio la mano–. Ahí te arreglás solito, ¿no?&lt;br /&gt; –Sí –dije. El pibito esperaba al volante del Renault, misma gorrita, otra camiseta, de otro equipo. El de la cicatriz no estaba. Después de comer se había ido sin decir palabra. &lt;br /&gt; –Deberías dejar a esa mina –el gordo había encendido un cigarrillo, me convidó uno, pitó–. Para vivir así, quizás convenga estar solo.&lt;br /&gt; Asentí. El gordo se subió al Renault, y arrancaron. Pasaron delante mío, los saludé con la mano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5732203503258041395?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5732203503258041395/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5732203503258041395' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5732203503258041395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5732203503258041395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/experiencia-traumatica.html' title='Experiencia traumática'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5023569907339018524</id><published>2011-11-05T07:16:00.001-03:00</published><updated>2011-11-05T07:27:40.026-03:00</updated><title type='text'>Como si le preguntaras a un albino</title><content type='html'>Lo que tenés que entender es que hombres y mujeres son especies diferentes. No hace falta la comprensión, comprender al otro, olvidate de la comprensión. ¿A quién carajo le importa la comprensión?&lt;br /&gt; Es antropomórfico, como si le preguntaras a un albino por qué tiene el pelo blanco, o si le dijeras que comprendés el color de su pelo. No va por ahí.&lt;br /&gt; Son antropomórficas razones, te digo, la forma de interpretar el universo. Lo vas a entender mejor con el sexo.&lt;br /&gt; Para coger, el hombre tiene que enarbolar la herramienta. La tiene, claro que la tiene, pero aquí llega el esfuerzo. El hombre debe erguir el perico, afilar la lanza, modificar, desde lo vascular y volitivo, algo, el herramental, el estado de cosas que  le permitirá, por la eternidad que dura un parpadeo, obtener lo que desea del universo, saciar su sed. &lt;br /&gt; Al terminar la faena, al emerger de las profundidades del sexo, por no decir del núcleo basal, del magma de la vida misma, el hombre descubre la futilidad de todo esfuerzo. Ha estado cincelando la existencial piedra de la nada, y nada queda justamente allí que pruebe su empeño, apenas una fina capa de tristeza ante la perecedera naturaleza de las cosas. &lt;br /&gt; En el coito, la mujer vislumbra que de su predisposición depende la multiplicación de los peces y los panes. Su lubricidad equivale al riego por aspersión del jardín de la casa del barrio privado de la vida misma, alzar las piernas es el equivalente a una plegaria hacia algún cielo de yeso que jamás resultará indiferente. Para la mujer, la pija es destino, lo sabe desde siempre. El mundo sucede a través suyo, así como la galera permite que pase la mano del mago, sin galera no hay truco. Sabe, la mujer, resulta un ejercicio de ancestral resignación, que debe soportar en el proceso una carga, algún peso. En la fornicación, la mujer se completa, recibe la visita del perico para el cual acondicionó la jaulita con paciencia y esmero. En la práctica sexual la mujer descubre que sus ansias pueden ser abarcadas, la situación la deja locuaz, con esperanzas y proyectos. &lt;br /&gt; Las mujeres y los hombres son especies diferentes. Es todo lo que hay que saber al respecto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5023569907339018524?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5023569907339018524/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5023569907339018524' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5023569907339018524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5023569907339018524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/11/como-si-le-preguntaras-un-albino.html' title='Como si le preguntaras a un albino'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4349596471950486787</id><published>2011-10-30T08:23:00.001-03:00</published><updated>2011-10-30T08:23:50.062-03:00</updated><title type='text'>Sanador</title><content type='html'>Es como el Reiki pero es más que el Reiki. Es como la meditación, pero mucho más profundo que la meditación, que meditar. Es como diez o quince años de psicoanálisis de un saque, todo junto, sin ese emocional  desgaste que implica repasar una y otra vez cada cosa que te salió mal, traer a la superficie cada cosa que no funcionó como vos querías. Es como el yoga pero sin forzar las articulaciones, sin exigirte complicadas posiciones que te dejan al borde del estupor y la distensión de ligamentos. Es como el Tai Chi sin la tan milenaria como oriental rutina. Es como el sexo, pero mejor. &lt;br /&gt; Vamos a una pizzería. Yo recomiendo hacer la cura en Buenos Aires, en las pizzerías tradicionales que se encuentran ubicadas, desde siempre, por el centro. Por lo general atiendo en ‘El Palacio de  la Pizza’, pero se puede ir tranquilamente a ‘Las Cuartetas’, o a ‘Güerrin’. Se puede hacer sin inconvenientes en ‘El Cuartito’, y en una época la cosa funcionaba en ‘Nápoles’, pero se vendió la esquina y ya no es lo mismo. Se puede curar en ‘Imperio’, aunque tampoco es lo mismo de antes (hay que ir al de Chacarita, ahí sí), en ‘La Mezzetta’, en ‘Angelín’. Desde ya que se puede tratar en ‘Los Campeones’, quizás todavía en ‘Burgio’, en ‘Banchero’ también. Puede ser en algún ‘Kentucky’, aunque hace mucho que no atiendo allá. Mejor que no sea una cadena de pizzerías, ni una pizzería moderna, ahí no funciona la cura, se diluye el poder de sanación. Aunque parezca mentira, durante una corta temporada atendí algo de gente en ‘Romario’, y la cosa fue bien.  &lt;br /&gt; El tratamiento es bien fácil, sencillito. Se hace de noche. Vamos y te sentás, nos sentamos, aunque se puede hacer de parado, en la barra, también. Se pide la pizza. Últimamente yo recomiendo pedir una grande de fugazzeta. Se puede hacer con pizza napolitana con ajo (sin jamón, el jamón no pega con la pizza, mucho menos el ananá o los palmitos, no seas ridícula, por favor). Provolone sirve, camina, el Roquefort lo uso para casos muy agudos.&lt;br /&gt; Te sentás, y respirás. Cualquier ejercicio de respiración consciente. Ojos cerrados, respiración pausada, brazos al costado del cuerpo, manos sobre el regazo. Yo decido si me siento frente a vos, o al lado tuyo, o si me paro y me coloco, de pie, detrás. Eso lo voy viendo en el momento, lo tengo que sentir.  &lt;br /&gt; Entonces el maestro (que vengo a ser yo), a los dos o tres minutos, con un movimiento algo enérgico pero no exento de gracia, te hundo la cabeza, la cara, el rostro, en la pizza. De un saque, de una. Te incrusto la cabeza en la pizza, la pizza no se mueve, y te sostengo la cara en la pizza, como si te metiera la cabeza bajo el agua. &lt;br /&gt; Y se te pasan todas las boludeces que te atormentan, la melancolía por tu patético pasado, la angustia por tu incierto y desde ya preocupante futuro, tu miedo a la muerte, la ira, tu falta de fe. &lt;br /&gt; Pasados treinta segundos, menos de un minuto, te ayudo a incorporarte. Sacás la cabeza de la pizza, y estás curado/a. Te sentís distinto/a. Sos otra persona, te sentís bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*el tema del presente fragmento es recurrente. quiero decir, lo he utilizado, con variantes, en alguna otra ocasión. pero no pierde en nada su vigencia, sigo curando. la magia perdura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4349596471950486787?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4349596471950486787/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4349596471950486787' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4349596471950486787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4349596471950486787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/sanador.html' title='Sanador'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1313434823725725837</id><published>2011-10-25T07:27:00.000-03:00</published><updated>2011-10-25T07:28:11.119-03:00</updated><title type='text'>Distinta</title><content type='html'>–¿Si yo fuera japonesa, me querrías?&lt;br /&gt; –Sí, por qué no –dije–. Las mujeres orientales tienen una delicadeza de lo más particular, una sumisión que resulta sensual y sutil a la vez, característica.&lt;br /&gt; –¿Si yo fuera negra, me querrías?&lt;br /&gt; –Sí, no veo inconvenientes –dije–. Las mujeres negras tienen generosos culos, y una particular conexión tanto con el sexo como con el propio cuerpo. Un desparpajo, no sé, unas ganas de disfrutar aquello que les fue concedido por el solo hecho de estar vivas.&lt;br /&gt; –¿Si yo fuera enana, me querrías?&lt;br /&gt; –Sí, sería algo altamente erótico, supongo –dije–. Coger con una diminuta mujer. O entrar a la cocina y ver cocinando, preparando tu alimento, a alguien que apenas llega a la mesada. Las enanas son pura personalidad, además.&lt;br /&gt; –¿Si yo tuviera algún defecto físico, me querrías? &lt;br /&gt; –Sí, claro que sí. El cuerpo, creo, busca un estado de homeostasis, aunque no sé si está bien dicho. Pero al perder, pongamos una facultad, un sentido, el cuerpo desarrolla otras capacidades. Como alguien que es mudo, por  poner un ejemplo, pero desarrolla una exquisita habilidad para la pintura con rodillo o para hacer asado. Lo que quiero decir es que si te falta algo, más allá del fastidio y la contrariedad, Dios te da otra cosa. O quizás no sea Dios, pero la vida tiene algo, un estado de bendición, no sé cómo llamarlo, una capacidad de correr como el agua que busca su nivel y encontrar otro sitio, otra destreza que permite sobreponerse.&lt;br /&gt; –¿Me querés?&lt;br /&gt; –Mirá, creo que no. Sos bastante pelotuda, y te volviste aburrida. Preferiría no tener que volver a verte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1313434823725725837?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1313434823725725837/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1313434823725725837' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1313434823725725837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1313434823725725837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/distinta.html' title='Distinta'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4211826779210501960</id><published>2011-10-20T08:26:00.001-03:00</published><updated>2011-10-20T08:26:46.247-03:00</updated><title type='text'>Los otros</title><content type='html'>Hay dones, claro que hay dones. Cualquier salame se da cuenta, de la existencia de dones. Y quizás, mucho más, claro, un salame. Por carencia, por la contraria. El que tiene puede ignorar, puede no advertir, por desaprensión o displicencia, la posesión de ciertos dones. Pero quien carece, quien no posee, a quien le falta, sabe perfectamente lo que le falta. Adolece, podríamos decir.&lt;br /&gt; Y uno cree que es así, que no hay nada más que hacer. Como la suerte. Alguien entre las nubes agita un celeste cubilete, salen los dados.&lt;br /&gt; Pero no, es un poquito más complejo. Creo que se trata de un mecanismo más curioso, más sofisticado.&lt;br /&gt; El que no tiene, los dones, al que le faltan, va por la vida sin poder evitar pensar por qué no le tocó a él, la suerte, los dones, la gracia. Siente que lo han dejado afuera de la fiesta de la vida, sin motivo, una pegajosa  injusticia como la teta de una gorda pintada con  mermelada de damasco.&lt;br /&gt; Pero entonces, un poquito más tarde, descubrís que los otros, los afortunados, los que tienen los dones, advierten una soleada mañana que van a perderlos. Que los dones se van, se apagan, se acaban.&lt;br /&gt; El espejo de la tristeza hace morisquetas, muestra su otra cara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4211826779210501960?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4211826779210501960/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4211826779210501960' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4211826779210501960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4211826779210501960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/los-otros.html' title='Los otros'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1764928725574909033</id><published>2011-10-15T07:52:00.001-03:00</published><updated>2011-10-15T07:52:36.636-03:00</updated><title type='text'>Te juro que no</title><content type='html'>Hace calor. Buenos Aires, con calor, pierde prácticamente toda la gracia, y de por sí ya mucha no le queda, así que imaginate. Tuve una reunión, una posible venta que al final no era tan posible ni tan venta, lo normal. Estoy en el barrio de Belgrano, es lunes, no, martes, son las tres y media de la tarde. &lt;br /&gt; Veo una heladería, de las buenas. No quiero caminar hasta el subte y volver al centro. Estoy triste, más triste que de costumbre, y estoy cansado, más cansado que de costumbre. Prefiero entrar a la heladería, tomar un helado.&lt;br /&gt; Poca gente, en la heladería. Gente linda, más linda que en mi barrio, la belleza es una gran cosa. Una parejita joven, dos mujeres charlando, un señor leyendo un diario italiano, un diario italiano escrito en italiano, así como la cuento. Si te fijás bien, si prestás atención, hasta corre algo de brisa. Esa calle tiene buenos árboles, el clima es relajado. &lt;br /&gt; Saco un ticket, pido mi helado, me siento junto a la ventana. Quizás la realidad no sea tan hostil, quizás el mundo no sea tan malo. &lt;br /&gt; Entra una mujer. Una mujer embarazada. Muy embarazada, siete meses o más. Es joven, no más de treinta años, y es muy bonita. Hay un tipo de mujeres que al embarazarse estallan, literalmente, se derraman, sus cuerpos abandonan los contornos y no volverán a ser las mismas, ni parecidas, nunca más. Pero otras mujeres no, conservan las formas, se engrosan un poco los culos, las patitas siguen ahí, crecen las tetas, y salen unas panzas, unas panzas redondas como pelotas. Pero esas mujeres saben que después de parir recuperarán sus formas, conservarán algo de sus atributos. Quizás porque ser madres no las define, o porque están hechas de otro material que les permite durar, no lo sé, la genética no suele dar explicaciones. Mi mujer se transformó en un hipopótamo, un chancho cimarrón quejosa y amarga. Pero eso ocurrió hace bastante tiempo, estoy divorciado.&lt;br /&gt; La mujer usa unos jeans bastante ajustados, una musculosa negra, y un pulovercito con botones. Tiene buenísimas tetas de generosos pezones, fresco el rostro. No puedo evitar mirarla cuando entra. A poco de parir, y está bárbara. Sin maquillaje, pelito castaño recogido. Finos rasgos de una belleza que ya prácticamente no se ve, una belleza que se debe haber dejado de fabricar. &lt;br /&gt; –¡Hijo de puta! ¡Mierda! –Me sorprenden un poco, los gritos. Algo pasa. Sigo con mi helado, mirando por la ventana. &lt;br /&gt; –¡Acá estoy, acá me tenés! ¡Matame si querés, o reconocé al chico! –giro la cabeza. Los gritos son fuertes, han ganado en intensidad. La mujer está de pie, frente a mí, me apunta con un dedo mientras con la otra mano se sostiene la panza.&lt;br /&gt; –¿Eh? –Se me cae la cucharita de la sorpresa. La cucharita con dulce de leche granizado, sobre uno de mis zapatos.&lt;br /&gt; –¡Reconocé al chico, asqueroso! ¡Vos me prometiste, cuando me obligabas a coger sin forro, me decías que me quede tranquila, que ibas a estar conmigo siempre! ¡Siempre! –Cae de rodillas, la mujer, llora, el llanto la vence. Uno de los empleados de la heladería la ayuda a incorporarse. Alguien le ofrece un vaso de agua.&lt;br /&gt; –Pero no, yo no –digo. Miro el recipiente de mi helado, cómo el helado se va derritiendo, transformándose en líquido, perdiendo la gracia.&lt;br /&gt; –¡Qué basura sos, por Dios! –ella bebe un poco de agua, traga, le han traído una silla, pero permanece de pie–. ¡Me dejás embarazada y ahora decís que no querés saber nada! ¡Encima me amenazás! ¡Que vas a contratar a alguien para que me haga abortar de un par de trompadas en la panza! Sos lo peor, lo más bajo.&lt;br /&gt; Ahora sí se sienta. Llora. Se seca las lágrimas con un antebrazo.&lt;br /&gt; –Pero no, te juro que no –digo, pero estoy diciendo cualquier cosa. No conozco a la mujer, no sé qué decir. Se ha juntado algo de gente a nuestro alrededor. Me odian, saben que soy culpable. El universo entero sabe que soy culpable, del asesinato de Kennedy, de los terremotos, de las catástrofes aéreas. Están esperando un gesto, nada más, una señal, para saltarme encima y molerme a patadas.&lt;br /&gt; –Flaco, mejor andate –es el cajero, el que me habla. No es que me aprecie, no hay en él una pizca de empatía hacia mi persona. Pero sabe que está a punto de desatarse la violencia, y prefiere preservar el local.&lt;br /&gt; –Sí, andate –dice un pibe, jovencito, se le marcan los bíceps, tiene la fuerza, cree haber encontrado una noble causa donde canalizar algo de su desbordante energía. La causa es romperme la cara para que su novia lo quiera un poco más, para que el  mundo mejore. La única manera que el mundo mejore, es que tipos como yo dejemos de estar. Usa una barbita candado, el pelo con gel, pobre. &lt;br /&gt; Dejo el helado, me voy. Cuando estoy saliendo, alguien me tira algo, un servilletero que me da de pleno en la espalda. Escucho puteadas. Alguien, otro alguien, desde atrás, me escupe.&lt;br /&gt; Apuro el paso. Estoy agitado, y asustado también. Decido caminar hasta Cabildo y tomar el subte.&lt;br /&gt; A la cuadra y media escucho una voz.&lt;br /&gt; –¡Che, che! ¡Pará! –es la voz de la mujer, otra vez. Me detengo, pero miro hacia dónde correr, es preciso escapar.&lt;br /&gt; –Disculpame –le digo–. Pero estás equivocada. No te vi jamás en mi vida. &lt;br /&gt; –Sí, ya sé.&lt;br /&gt; –¿Eh?&lt;br /&gt; –Que ya sé –prende un cigarrillo, pita, sonríe–. Lo que pasa es que en un rato me tengo que encontrar con el verdadero padre de la criatura –se toca la panza–, y me pareció que lo mejor era practicar la escena antes. Así no me olvido todo lo que tengo para decirle.&lt;br /&gt; Me cuesta comprender, quizás entendí mal.  &lt;br /&gt; –No es con vos, quedate tranquilo –me da un beso en la mejilla, me acaricia, apenas, un hombro–. Andá, no pasa nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1764928725574909033?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1764928725574909033/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1764928725574909033' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1764928725574909033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1764928725574909033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/te-juro-que-no.html' title='Te juro que no'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3047443675072510543</id><published>2011-10-10T09:34:00.002-03:00</published><updated>2011-10-10T09:53:43.942-03:00</updated><title type='text'>En la tormenta</title><content type='html'>Habíamos decidido irnos con Ana, a la costa, fuera de temporada. Así que fuimos. Yo necesitaba descansar, Ana necesitaba ser feliz, los dos necesitábamos escapar. &lt;br /&gt; Cinco noches. Arrancamos diciendo ir a Cariló, pero nos pareció muy caro. Valeria, Ostende, terminamos alquilando un apart en Mar Azul. Lo vi por internet, me gustó, hice la reserva por teléfono, deposité la plata en la cuenta bancaria que me indicaron.&lt;br /&gt; La verdad que era todo una cagada. Las fotos que había visto por internet eran mentira, no se veía el mar desde la habitación porque enfrente había una gigantesca duna, el desayuno era triste, café con leche tibio, pan viejo, mermelada que era casi agua coloreada, la heladera hacía ruido como si albergara en su interior un eruptivo alienígena.&lt;br /&gt; Nos peleamos, en el auto, a la ida. Yo quería parar a desayunar en Minotauro, ella no, me paró la policía, yo quise darle cien pesos al oficial antes que me dijera buenos días, ella dijo que no teníamos nada que ocultar. Descubríamos que cuando uno viaja, se sigue siendo el mismo pero en otra parte, no es posible viajar y ser otro, te molestan las mismas cosas, te angustia lo mismo. Cambia el decorado y eso te distrae, con suerte, un poco.&lt;br /&gt; Me despertó Ana, en mitad de la noche. Me sacudió. No podía querer coger, no podía ser eso, Ana había perdido, después de tres años de convivencia, el apetito. Era algo que había que hacer una vez por semana, como lavarse los dientes o secarse el pelo con una toalla, una mecánica tarea, un metódico incordio, no mucho más que eso.&lt;br /&gt; –Eh, qué pasa –abrí los  ojos, sabía que no iba a volver a dormirme&lt;br /&gt;–Escuchá.&lt;br /&gt;–Qué.&lt;br /&gt; –Escuchá, ¿Escuchás?&lt;br /&gt; Escuché.&lt;br /&gt; –Si entraron ladrones y te van a violar –dije–, poneles esa carita de fastidio que me ponés a mí. Ni te van a tocar. &lt;br /&gt; –No, pelotudo. Escuchá, la tormenta.&lt;br /&gt; –La tormenta –dije yo–. Pintó romanticismo.&lt;br /&gt; –No, Juan. Está granizando.&lt;br /&gt; Era verdad. Pegaban las piedras contra el techo del apart. El viento hacía chocar una y otra vez alguna ventana mal cerrada. Era una tormenta del carajo.&lt;br /&gt; –Sí –dije–. También está el hambre en Etiopía, y hay que salvar a los delfines. Yo pago las expensas, todo no puedo.&lt;br /&gt; –¡El auto, boludo!&lt;br /&gt; Entendí. Ahí entendí. Entre todas las cosas que no tenía el apart, más allá que todo tuviera la palabra ‘azul’ en el nombre (sala ‘azul’, desayuno ‘azul’, posibilidad de salir a hacer una cabalgata ‘azul’), no tenía estacionamiento techado. Se habían olvidado de poner, en el estacionamiento ‘azul’, un techo ‘azul’.&lt;br /&gt; –¡Uh! –me puse un short y salí. Mi auto, un buen auto que había comprado hacía cinco años, poco uso. El auto que me había llevado y traído tantos domingos. Quería a ese auto.&lt;br /&gt; Bajé. La tormenta no iba a terminar nunca. El auto, mi auto, desnudo, bajo la ira de un poderoso e inclemente Dios. Las piedras del granizo eran del tamaño de pelotitas de ping pong. No iba a quedar nada, de mi auto.&lt;br /&gt; Ese absurdo viaje que sólo había servido para que Ana y yo descubriéramos que no nos soportábamos más, me iba a costar mi auto.&lt;br /&gt; Al lado de mi auto, a unos tres metros de distancia, había otro auto. De un matrimonio mayor, que también estaba parando en el apart. El hombre luchaba bajo la lluvia, cubría el auto con frazadas y toallas, las frazadas eran afirmadas con ladrillos. El hombre iba y venía, tenía un plan, su mujer colaboraba, lo asistía, y en cada viaje de ida y vuelta al cuarto, la mujer secaba al hombre con un toallón, le daba un sorbo de una taza de café. &lt;br /&gt; –Perdí el auto –le dije a Ana–. No va a quedar nada.&lt;br /&gt; Me fui a dormir. Mi pobre auto, y yo sin la más mínima idea, como de costumbre, y sin voluntad. No había dónde refugiar el auto, no se me ocurría un pomo ni sabía hacer gran cosa. Era la historia de mi vida. Ni ideas propias, ni un plan común. La nada misma.&lt;br /&gt; –Pero –dijo Ana.&lt;br /&gt; –Tachame el auto –dije, cerré los ojos, y no hablé más.&lt;br /&gt; La tormenta siguió toda la noche, los truenos recordándome mi fracaso. A la mañana llovía, pero menos. Ana estaba sentada en el comedor, viendo la televisión, un programa donde un japonés explicaba las ventajas de hacer reiki. Aunque si el reiki tenía alguna ventaja, bueno, al japonés no se le notaba nada.&lt;br /&gt; –Pedí el desayuno porque tenía hambre –dijo, y me apuntó con el mentón hacia la mesa, las absurdas jarras donde podía leerse ‘café’, y ‘leche’, la panera con medialunas de un material (tal vez un polímero) no apto para el consumo humano.&lt;br /&gt; Salí del cuarto en short. Me acerqué a mi auto sólo para verificar el daño, darle el pésame, decirle que yo también había sufrido mucho toda mi vida, una cariñosa palmada. El chapista me iba a arrancar el corazón.&lt;br /&gt; Nada. Cero. Per-fec-to. Ni un rasguño. El auto, todavía húmedo, brillaba. Ni una marca, no podía ser, había estado escuchando los piedrazos, arrasando con todo lo que fuera ‘azul’ o de cualquier otro color, casi toda la noche. &lt;br /&gt; –Qué raro –dije. Levanté la vista. A tres metros, el auto del hombre. Tenía agua hasta el volante. Se había inundado por completo. Al sujetar las frazadas trabando las puntas con las ventanillas, las frazadas habían chorreado toda la noche, hacia adentro del vehículo. El auto del tipo no servía más, no se iba a secar ni en mil años. &lt;br /&gt; El tipo se agarraba la cabeza, negaba, después se agarraba el corazón y lo apretaba un poco, para verificar que siguiera funcionando. La mujer lo observaba desde el umbral del cuarto sin animarse a decir palabra.&lt;br /&gt; Increíble. El hombre había hecho todo lo que había que hacer, y su auto no servía más. Yo no había hecho nada, me había ido a dormir, y ahí estaba mi auto. Impecable.&lt;br /&gt; Volví al cuarto.&lt;br /&gt; –Subí un minuto –le dije a Ana–. Vení que te voy a pegar una buena cogida, y después nos vamos a ir a desayunar a Cariló. Algo rico, no nos merecemos desayunar esta cagada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3047443675072510543?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3047443675072510543/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3047443675072510543' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3047443675072510543'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3047443675072510543'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/en-la-tormenta.html' title='En la tormenta'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2657865796961697382</id><published>2011-10-05T08:33:00.001-03:00</published><updated>2011-10-05T08:36:30.819-03:00</updated><title type='text'>Misíl</title><content type='html'>Si se me permite el tecnicismo, tengo un pedo. Quiero decir, gas. Desayuno fuerte, bien temprano, y es probable que no vuelva a casa hasta la nochecita. Me voy al centro, a laburar, por lo general no almuerzo. Vida de ciudad. &lt;br /&gt; A la media hora, después de desayunar, sé que me podría tirar un pedo. Pero no es un pedo urgente, imperioso, incontenible. Sé que está ahí, puede esperar.&lt;br /&gt; Te vas al centro, a laburar, o a hacer un trámite, en uno de esos modernos edificios que tienen treinta y siete pisos y doscientas ochenta y cuatro oficinas. Ascensores automáticos capaces de transportar hasta once personas. Entrás.&lt;br /&gt; Ahí llega el momento. Desayunaste dos porciones de fugazzeta fría, un café con leche, un huevo duro, y un alfajor. O mate, un vaso de mirinda, y una empanada de carne de hace tres días. O un té, un tercio de milanesa de pollo, y dos mandarinas.&lt;br /&gt; El ascensor se llena. Ejecutivos de sedosas corbatas, chicas con bombachas importadas tipeando absurdos mensajitos en sus táctiles pantallas, un señor mayor con lentes sin marco, una señora con un simpático trajecito color marfil.&lt;br /&gt; Y te cagás. Lo soltás, finalmente, ese pedo generado durante el desayuno, tan tuyo, tan intenso, tan particular. Es un slip, apenas, o un prrr muy oscuro, muy ronco. Una inaudible vibración, nada más.&lt;br /&gt; Contás, hasta dos, después de cagarte como un chancho cimarrón, como un indómito jabalí. Contás hasta dos y preguntás algo, cualquier cosa, con absoluta naturalidad, a la persona que tengas al lado, a quien te preste algo de atención, al público en general.&lt;br /&gt; Preguntás si el estudio del Doctor Garófalo está en la oficina 633, o si el ciento treinta y dos para sobre Alem, o a cuántas cuadras estamos de la calle Paraguay. &lt;br /&gt; Y mientras vos ya hiciste la pregunta, justo, llega el olor. La clave está en jugar con ese ínfimo delay, similar al que existe entre el rayo y el trueno (William Faulkner escribió alguna vez ‘el sonido y la furia’, pero, según entiendo, tampoco se refería exactamente a esto).  Llega el olor entonces, repugnante, fétido, una hedionda frazada de la mierda más pura que todo lo cubre, lo inunda, un arma química y letal.&lt;br /&gt; Como vos ya hiciste la pregunta, alguien te está contestando, y bueno, vos quedás excluido, relegado, vos estás prestando atención con una mezcla de imbecilidad y sencillez. Tu pregunta, tu acción, llegó antes que el olor. Eso te otorga inmunidad.&lt;br /&gt; Es probable que la persona que te está contestando ya haya respirado una bocanada de aire, la gente, aunque parezca paradójico y por lo general, necesita respirar. Verás cómo experimenta una profunda perturbación, se sonroja, parpadea varias veces o tose, tiene un acceso de tos, se tira del pelo, consulta un imaginario reloj, se pasa una mano por la frente, se angustia. Porque ha llegado el olor justo cuando ella (o él) habla y entonces, por una cuestión digamos automática, el resto de los presentes asocia el pútrido olor que los invade con la voz cantante. Es un mecanismo de la mente, el olor, la náusea, golpea el cerebro al mismo tiempo que la voz de tu interlocutor y se transforman en uno. El olor y la voz. El pedo tiene dueño, es evidente, y quien está hablando, que sabe que no se tiró ningún pedo pero a la vez por un instante es preso del mismo razonamiento, se pone mal.&lt;br /&gt; Justo en ese momento el ascensor se abre, en cualquier piso. Vos te bajás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2657865796961697382?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2657865796961697382/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2657865796961697382' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2657865796961697382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2657865796961697382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/10/misil.html' title='Misíl'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5982229834017133686</id><published>2011-09-30T07:23:00.002-03:00</published><updated>2011-09-30T07:33:21.258-03:00</updated><title type='text'>Todo mail</title><content type='html'>Recibo mails, soy un ser humano. Claro que recibo mails, como todo el mundo, qué te pasa. &lt;br /&gt; Los mails que recibo son, más o menos, así. &lt;br /&gt;La gran mayoría de mails son para decirme que existe la forma de hacerme crecer el pito. Hay que comprar una máquina, más bien simple, unas poleas, unos tensores, ciertas pesas, un mecanismo, para que mi afligido pito adquiera un tamaño decente. No podés andar por la vida con un pitito así, loco. &lt;br /&gt;También recibo mails que dicen que tengo un padre, un abuelo, quizás un tío, nigeriano. Soy el heredero de un príncipe nigeriano, o de un importante funcionario del gobierno nigeriano, debo darle unos pocos datos (empezando por el número de mi cuenta bancaria, y el número de mi tarjeta de crédito) y me haré acreedor de una tan elocuente como simpática fortuna. De más está decir que si soy nigeriano, implica que soy negro, también. A juzgar por los mails anteriores, soy uno de los pocos nigerianos que ha nacido con el pito pequeño, un incordio, una contrariedad, pero igual soy el heredero de una cuantiosa fortuna. &lt;br /&gt; Recibo mails para comprar medicamentos sin receta, también. Principalmente Xanax, Vicodin, Foxetin, Prozac, Atenix, Rivotril, Alplax, Tranquinal, Sertralina en barra, Clonazepam en pomo, cualquier cosa para el bocho. Es lógico desde ya, es tremendamente lógico. Soy un negro, soy un negro con el pito insignificante, y además no logro hacerme de la fortuna que me corresponde como legítimo heredero de un príncipe africano. Como para no andar con ganas de empastillarme hasta los huevos. &lt;br /&gt; Recibo mails de organizaciones que me piden donaciones para combatir el hambre en Etiopía, para combatir la malaria en la Polinesia y la paspadura inguinal en la zona de Pilar, para que el Dalai Lama se haga un transplante capilar y pueda usar el cabello como Claudio Pol Caniggia en el mundial 90, para luchar contra el trabajo esclavo en Mongolia donde hacen zapatillas para las grandes marcas usando una mezcla de piel de culo de guepardos y piel de culo de niños muy pequeños, me piden dinero para comprar un gigantesco aire acondicionado y combatir de ese modo el calentamiento global, para impedir el turismo sexual en Tailandia (y declarar a Cocodrilo patrimonio de la humanidad), para que los preservativos se fabriquen con neumáticos reciclados y entonces se puedan usar dos o tres veces y con esa plata que se ahorrará el mundo enseñarle computación a los delfines, y así. Está bien, está muy bien, soy negro, pero tengo el pito chico, soy legítimo heredero de una fortuna, y tomo una parva de medicamentos sin receta. ¿Qué me cuesta donar unos mangos para una justa causa?&lt;br /&gt;Recibo mails de gente de facebook que me dicen que quieren ser mis amigos. Muchas ‘Jennifer’ y ‘Janice’, cantidades de ‘Peter’ y de ‘Tom’, gente de México y de Chile, también, gente de la que no había oído hablar en mi vida. Mails de gente que dice que fue a la secundaria conmigo, en Minneápolis, en Arkansas, en Malibú, y me envian fotos de sus más o menos peludos culos, fotos de vaginas excesivamente amplias, vaginas donde se podría colocar sin dificultades un backgammon o algún otro juego de mesa, vaginas en cuyo interior se podría jugar a la generala, incluso al pool o al metegol. &lt;br /&gt;Gente que dice que me conoce de mucho antes, de antes que me pasaran todas las barbaridades que te acabo de contar. Si no, cuando me ven por la calle cruzarían de vereda, seguro ni me saludarían.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5982229834017133686?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5982229834017133686/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5982229834017133686' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5982229834017133686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5982229834017133686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/todo-mail.html' title='Todo mail'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3716517584128324196</id><published>2011-09-25T08:03:00.002-03:00</published><updated>2011-09-25T20:36:30.750-03:00</updated><title type='text'>Vuelta a casa</title><content type='html'>Voy caminando por la calle, sin exceso de motivos. Vuelvo a mi casa, después de trabajar. Me bajo del subte, locura en estado puro, vibración de muerte de alta densidad. Camino por la avenida, cruzo, sigo, doblo, espero, cruzo, sigo. Son cinco cuadras, no más. Sigo.&lt;br /&gt; Un mendigo, tirado contra la puerta de entrada de un edificio. Ha pasado el umbral de la mendicidad, le falta un zapato. Tiene la barba con restos de comida, fideos quizás, o tuco. Sucesivas capas de ropa que ha ido adhiriendo a su piel para protegerse del frío. Un cartón de vino blanco, recién terminado, otro, de repuesto, para empezar.&lt;br /&gt; –Una moneda, una moneda –ni se molesta en extender la mano, tampoco le interesa establecer contacto visual.&lt;br /&gt; –No, no te voy a dar nada –me detengo, un momento–. Sos un desastre, y sos joven. No podés tomar vino todo el día, loco. Deberías bañarte, rescatarte un poco. Hacer algo, no sé. Laburar.&lt;br /&gt; –Puta madre –digo también, no sé por qué. La ciudad se ha vuelto una especie de Bombay. Parás un segundo y sale alguien de abajo de una baldosa y te pide plata. Antes no era así. Está todo mal.&lt;br /&gt; Sigo caminando.&lt;br /&gt; –Dame la plata, loco, porque te mato acá –es un muchacho, gorrita con visera, pantalón largo adidas, orejas al más puro estilo Carlos Monzón. No sé de dónde salió, de atrás de un árbol. Olvidé decir que me está apuntando con un revólver, quizás un .38 corto, bastante viejo, con la contundencia original. &lt;br /&gt; –Pará, no me hagas nada –saco la billetera–. ¿Me dejás sacar los documentos?&lt;br /&gt; Niega con la cabeza. Se guarda mi billetera en un bolsillo de su campera de jean con corderito.&lt;br /&gt; –Dame el celular –se lo paso– ¿Qué tenés? Dame el reloj. ¿Tenés algo más?&lt;br /&gt; –No –dije. No puedo dejar de mirar el arma.&lt;br /&gt; –Bueno, gil, rajá de acá –sonríe, se ve la sonrisa por debajo de la gorrita–. Andá. Agradecé que no te pego un tiro, por la cara de boludo que tenés. &lt;br /&gt;  Me voy. Apuro el paso. Llego a la esquina. Doblo. Subo a mi departamento. Estoy bastante agitado por el susto. Estoy mal.&lt;br /&gt; A la semana siguiente. Vuelvo del trabajo. Hago el  mismo camino. Como cualquier bestia de carga, la fuerza de la costumbre.&lt;br /&gt; Está el mendigo. Ahora le faltan los dos zapatos. Se acumulan, a sus pies, junto a un enroscado y sarmentoso perro, los cartones vacíos de vino.&lt;br /&gt; –Una moneda, una moneda –dice.&lt;br /&gt; –Sí, cómo no, señor –saco de mi billetera nueva, un billete de cincuenta pesos, dos de veinte, uno de diez. Se los doy. No entiende, agarra pero todavía no entiende, ensaya una sonrisa de dos o tres verdosos dientes. Se pasa una mano por la cara para despejarse, no puede creer lo que está sucediendo–. Tenés que comer algo, también. Si no te va a hacer moco el vino. ¿No tenés frío? ¿Querés que te traiga un par de zapatillas? Si estás descalzo no vas a aguantar. Mañana paso.&lt;br /&gt; Le doy una palmada en un hombro, sonríe otra vez y me hace el saludo hindú (namasté), sigo.&lt;br /&gt; –Dame todo lo que tengas, loco –es el pibe, el ladrón de la otra vez. Se cambió la gorrita, usa una gorrita verde, ahora. El revólver es el mismo–. Dame plata o te quemo de una.&lt;br /&gt; –No –le digo–. No te voy a dar nada. Sos un protoplasma, una rata de quincho, sos todo lo malo de este mundo, un genético error. Te voy a arrancar una de esas orejas de chihuahua que tenés de un mordisco, y después te voy a meter el revólver en el culo, pendejo.&lt;br /&gt; Me pegó un tiro. La bala entró a medio centímetro de la aorta. Los médicos dicen que me salvé de casualidad. Algún vecino llamó al 911, si no me moría ahí tirado en la calle. Tengo para una recuperación de seis meses como mínimo. &lt;br /&gt; No, no hay moraleja. Pero si hubiera moraleja quizás sería que a veces conviene ser como sos, seguir siendo como sos. No inventes nada, para qué vas a improvisar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3716517584128324196?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3716517584128324196/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3716517584128324196' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3716517584128324196'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3716517584128324196'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/vuelta-casa.html' title='Vuelta a casa'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-259295487485476192</id><published>2011-09-20T07:03:00.005-03:00</published><updated>2011-09-20T07:32:23.451-03:00</updated><title type='text'>Seguimos todos</title><content type='html'>Dentro de las cosas que me pasaron cuando me estaba separando de Ana Laura, fue que me deprimí. Bah, no sé si era una depresión, no sé cómo llamarlo. Me había venido grande, y no me salía una. Me caí como un piano, eso sí. Tampoco culpo a Ana Laura. Lo que le pasa a uno le pasa a uno, aunque cuesta darse cuenta, la cosa nunca se trata de buscar culpables.&lt;br /&gt; Empecé a ir a un homeópata, me lo habían recomendado. Había probado ir a un acupunturista que me pinchaba las orejas y entre los dedos de los pies, había probado ir a lo de un japonés muy chiquitito que era un reconocido maestro de reiki. Estaba retriste, me despertaba a la mañana y ya sabía que el resto del día iba a ser una mierda, no tenía ni un poquito de energía. No me reía, no me causaba gracia nada. &lt;br /&gt; Al homeópata me lo recomendó una prima. Un tipo de unos cincuenta años (el homeópata, no mi prima), canoso, macanudo. Le dije que cuando salía del subte en Florida, a la mañana, me sentía como el oso de Holiday on Ice, ese oso que andaba en patines y parecía todo el tiempo que estaba a punto de caerse, se me movía el piso. Me escuchó, me recetó unas gotas, dos gotas diferentes, para ser más exacto. Me dijo que lo que me pasaba era normal, que no me preocupara, que de eso, de lo que a mí me pasaba, se salía.&lt;br /&gt; Ana Laura se terminó yendo a los pocos días. Una traumática separación, dolorosa, como todas, supongo, no hace falta aburrir con detalles. Casi tres años juntos, una vida.&lt;br /&gt; Pasaba ella, de visita, cada dos meses más o menos. A llevarse algo que se había olvidado, a ver cómo estaba yo o el gato, diluía su culpa. Decía que no podíamos seguir juntos, que lo nuestro no iba más, enumeraba razones. Pulía los motivos. &lt;br /&gt; De a poco fui mejorando. Los domingos iba con un par de amigos a comer asado o a pescar. Compré un televisor nuevo para ver partidos de algo, de cualquier cosa. Me quedaba dormido con el televisor encendido en el canal de cocina escuchando a Narda Lepes, me hacía bien saber que en alguna parte de este mundo estaba esa mujer friendo milanesas o preparando puré, me calentaba más que ver pornografía.&lt;br /&gt; Seguía con las gotas, claro. Cada dos meses iba a ver al homeópata que me daba algunas pistas de mi progreso. Cómo se iba retirando, poco a poco, con morosidad de boa, la tristeza, la angustia, la confusión, el vértigo. Cómo volvían las ganas de coger o de reír, de tomar vino, de ir una semana a la costa con una piba del laburo. Meterme al mar, comer una porción de torta de chocolate.&lt;br /&gt; Las gotas, las gotas. Mi talismán, mi ancla para no perderme en el medio del mar de la tristeza. Volvía a ser yo. Me afirmaba, me nivelaba, me reconocía.&lt;br /&gt; Al año, una tarde fui a tomar un café con Ana Laura. Me contó que estaba de novia, que se había ido a vivir al departamento de su novio, con su novio, por Villa Urquiza. Tenía la necesidad de contarme que me había cuerneado, dos veces, mientras estábamos juntos. Con un profesor del gimnasio, y con alguien de su laburo. Me contó también que cada vez que venía a casa desde que nos habíamos separado, cuando entraba al baño, me vaciaba los frasquitos esos homeopáticos que yo guardaba en el botiquín y los llenaba, más o menos a la misma altura, con agua de la canilla.&lt;br /&gt; Dijo que lo hacía porque le daba un poco de bronca ver que yo me recuperaba tan rápido, como si me hubiera olvidado de ella, que andaba mejor. De jodida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-259295487485476192?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/259295487485476192/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=259295487485476192' title='21 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/259295487485476192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/259295487485476192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/seguimos-todos.html' title='Seguimos todos'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4738158369869371613</id><published>2011-09-15T06:46:00.000-03:00</published><updated>2011-09-15T06:47:03.181-03:00</updated><title type='text'>Asesino</title><content type='html'>Atropellé al perro. Sentí el golpe. Ni a cien venía, porque acababa de salir a la ruta, para volver a casa. Kilómetro cuarenta y cuatro, bajé el puentecito y ahí empecé a acelerar. Domingo, nueve de la mañana, un frío del carajo.&lt;br /&gt; No sé de dónde salió, el perro, de cualquier parte, quiso cruzar la ruta. Sentí el golpe, algo como si el perro me hubiera rebotado contra las piernas. O sentí el ruido, primero, no lo sé. Clavé los frenos. Puse el auto a un costado.&lt;br /&gt; Me bajé. El perro estaba a veinte o treinta metros, en el medio de la ruta, tirado.&lt;br /&gt; Caminé hasta el perro, estaba vivo, pero no se movía. Había un charquito de sangre. Sangraba por la boca, y no se movía, pero tenía los ojos abiertos.&lt;br /&gt; Lo levanté, cada tanto algún automóvil bajaba un poco la velocidad para mirar la escena, y después aceleraba. Alguien tocó bocina. Gimió, el perro, como un silbido. Las patas traseras le colgaban de una forma extraña. &lt;br /&gt; Lo levanté contra mi pecho como si fuera un bebé, le salía sangre de la boca y del hocico. Me miraba.&lt;br /&gt; –Perdoname, perdoname –repetí como un arrorró. Me senté a un costado de la ruta. Maté al perro y se moría en mis brazos, llovía apenas, una lluvia finita y muy fría, tan fría. Era Domingo, pasaban los autos, la tristeza me tapó como un mar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4738158369869371613?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4738158369869371613/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4738158369869371613' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4738158369869371613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4738158369869371613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/asesino.html' title='Asesino'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-707873864145385727</id><published>2011-09-10T08:07:00.003-03:00</published><updated>2011-09-10T08:12:03.789-03:00</updated><title type='text'>Leyes de Newton</title><content type='html'>Repasemos lo que sucedió.&lt;br /&gt; Primera ley de Newton o ley de inercia. Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo o uniforme a menos que otros cuerpos actúen sobre él. &lt;br /&gt; Vos estabas dormida, eso estaba claro. Vos dormías, con bombacha y una remerita de manga corta. Yo me acerqué, me desperté en mitad de la noche, alzado, por decirlo de algún modo, y me acerqué. Te di vuelta con mucho cuidado, casi con ternura. Te puse boca abajo. Te bajé la bombacha, un poquito. Te dije al oído ‘quedate quietita’. Me pareció que asentías.&lt;br /&gt; Segunda ley de Newton o principio fundamental de la dinámica. La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional a su aceleración. &lt;br /&gt; Me subí, sí, claro, encima tuyo, y te la quise poner. Por la cola, así, de una. Te puerteé, apenas, y me dejé caer, detrás de mi garompa, hice presión. Embestí.  &lt;br /&gt; Tercera ley de Newton o principio de acción-reacción. Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto.  &lt;br /&gt; Se ve que te despertaste. Justo cuando me pareció que tus nalgas cedían a mi entusiasta empuje. Se ve que te despertaste, que te dolió. Arqueaste la espalda, un movimiento muy brusco, hacia atrás. Me diste de lleno, con la parte más dura de tu cabeza, en mi ceja derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y ahora estamos acá. Son casi las cinco y media de la mañana y estamos acá, en la guardia del Hospital Alemán. Siete puntos, tuvieron que darme, en la ceja. Sé que fue una involuntaria reacción de tu parte, y sé que seguís un poco enojada. Gracias por acompañarme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-707873864145385727?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/707873864145385727/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=707873864145385727' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/707873864145385727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/707873864145385727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/leyes-de-newton.html' title='Leyes de Newton'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-363466624509348168</id><published>2011-09-05T07:39:00.001-03:00</published><updated>2011-09-05T08:42:10.043-03:00</updated><title type='text'>Por culpa de la bebida</title><content type='html'>	Tenés que entender que en esa época yo tenía la enfermedad de la bebida. Tomaba como mínimo una botella de vino por comida, almuerzo y cena. Y después del trabajo, o me quedaba en los bares del centro tomando gin tonics hasta que me echaban, o si volvía a casa, bueno, entonces tomaba tres whiskys después de la cena, generalmente cinco.&lt;br /&gt;	Por eso te pegaba, no está bien que diga que no era yo, porque vos estabas ahí recibiendo los golpes, Mónica, y sabés que los golpes te los daba yo. Pero no era exactamente yo, era yo en medio de una etílica nube. Flotaba en alcohol, y entonces me venían como eléctricas corrientes de pura furia, de odio, de ira.&lt;br /&gt;	Claro que te pegaba, buenísimas trompadas, o con el cinturón, con la parte de la hebilla, te pegaba porque estabas ahí, por eso, y te apagaba cigarrillos en los brazos o en los muslos, y vos chillabas como un animal, a mí no me importaba.&lt;br /&gt;	Maté al perro, lo maté yo, Mónica, eso nunca te lo dije. Llegué un día a casa totalmente borracho, y ese absurdo pekinés se puso a saltar y a dar su concierto de agudos ladridos. Lo alcé, lo acaricié un poco, el perro estaba feliz, y lo tiré por el balcón, así de una, ni lo pensé, todavía lo estaba acariciando y de pronto lo tiré como si hiciera un pase de rugby. El perro voló siete pisos y se hizo mermelada contra la avenida.&lt;br /&gt;	Quise violar a la nena, Mónica, por eso estuvo como un año sin hablar. Pará, la manoseé un poco nada más, te explico. La nena ya tenía como trece años, calculo, le habían empezado a crecer los zapallitos, y vos la dejabas vestirse con esas calcitas. Le ponías calcitas apretadas. Y vos no querías coger conmigo. Un domingo a la tarde, ya me había bajado más de media botella de ginebra, y me la quise sentar un rato encima. La apoyé un poquito, así, vestida. Le dije que si decía algo la mataba, le dije que iba a entrar una noche a su cuarto y la iba a estrangular con un alambre. Por eso la nena tenía problemas en el colegio, por eso la nena anduvo sin hablar, como tartamuda, unos seis meses. Después se puso bien, vos viste que después se recuperó mucho. &lt;br /&gt;	Cogí con tu hermana, Mónica, una vez que vino de visita. Cogí con tu hermana, le puse cocaína en el clítoris y acabó como 33 veces, tuve que pasar un trapo después para secar el parquet. Acababa y lloraba y decía que yo estaba loco, que ella era una mala hermana. Se le dieron vuelta los ojos, pensé que había tenido un ataque de epilepsia pero no, era simplemente una interminable sucesión de acabadas. Por eso dejó de venir, por eso cada vez que venía de Madariaga de visita se quedaba en un hotel del centro. Decía que estaba muy ocupada, a lo sumo nos aceptaba un desayuno en algún bar, o ni siquiera eso. &lt;br /&gt;	Ah, los ladrones. Nunca entraron ladrones, Mónica. Tu madre había vendido el departamento y te había dejado la plata para que se la cuides. Eran como ochenta lucas, y yo había empezado a jugar al poker por internet. Me fumé las ochenta lucas en una semana. Tuve que inventar lo de los ladrones, para poder llevarme la plata. Me acuerdo que tu vieja se puso remal, tuvimos que internarla. Quedó muy mal, de los nervios, nunca volvió a ser la misma.&lt;br /&gt;	Por eso te llamé, porque hace como dos semanas que no tomo. Pasamos buenos momentos juntos, yo creo que ahora lo nuestro puede funcionar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-363466624509348168?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/363466624509348168/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=363466624509348168' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/363466624509348168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/363466624509348168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/09/por-culpa-de-la-bebida.html' title='Por culpa de la bebida'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2867722480564734163</id><published>2011-08-30T07:21:00.003-03:00</published><updated>2011-08-30T07:33:48.095-03:00</updated><title type='text'>El hada</title><content type='html'>	Estoy en un bar, desayunando. No importa el bar, qué carajo importa  el bar. Fue en un bar donde ella te dejó, y en un bar donde te diste cuenta que te ibas a morir, y fue en un bar donde supiste que eras un genio, también. Si te preguntaran qué cosa importante te pasó fuera de un bar, tendrías problemas para responder.&lt;br /&gt;	Ya sé, también, muchas veces mis historias empiezan así. ¿Qué querés, que te diga que me enfiesté con la selección nigeriana (femenina) de vóley? ¿Que estuve haciendo jet ski en bolas en los lagos de Palermo? No, loco, la mayor parte del tiempo no te pasa nada, la vida no es como en las películas.&lt;br /&gt;	Estoy en un bar, desayunando. Nada, hay una humedad del carajo, una humedad que te deja la ropa como si un elefante se hubiera sonado los mocos encima tuyo, Buenos Aires.&lt;br /&gt;	Entra una pareja, al bar. Clase media, con aspiraciones quizás. Mayores de treinta, la edad del reconocimiento, las galeras hacen huelga de conejos, se pierde la gracia. Lo que era divertido deja de serlo, y es lo suficientemente triste como para llenar una bañera de lágrimas.&lt;br /&gt;	Es mala, ella, se nota que es muy mala. Bajita, con un fastidio que la supera en estatura. Se queja, de algo, de cualquier cosa, de cómo se abre la puerta del bar, de la humedad, de lo mal que estaciona el auto su marido, de la rotación y traslación del planeta tierra. Nació para quejarse, ella, porque hizo más o menos lo que quiso, llegó como pudo adonde creía que debía llegar, y ahora se da cuenta que no le sirve, que el fastidio se le  ha pegado como una fina película de polietileno que la envuelve, la contiene, la abarca.&lt;br /&gt;	Detrás de ella, corresponde mucho más desde lo metafísico que desde la cortesía, entra, su marido. Debe tener dos o tres años más que ella, aunque ha comenzado un proceso de inexorable deterioro, producto quizás de la mala alimentación, el tránsito en la ciudad, el día a día en la oficina comiéndole el corazón como una metódica rata. Él sabe, también, cómo no saberlo, porque ni siquiera hay que saberlo, basta con sentirlo, que no aguanta más. No aguanta más y sabe que le faltan, como mínimo, otros veinte años de ese insoportable crucero donde el paisaje nunca cambia, no hay nada para avistar, sólo bandadas de tedio. No era malo, él, quizás de jovencito, soñaba con algo que no fue, la frustración muta con asombrosa velocidad y un día sos todo maldad, querés ver noticias donde se caen los aviones, o que muere de sobredosis algún rockero que parecía estar pasándola bien, el resentimiento se para en dos patas como un oso después de un largo invierno y se golpea el pecho. La envidia quiere comer.&lt;br /&gt;	Detrás de ellos, entra una niña. Es la hija, debe tener cinco años, quizás siete. El cabello con dos vibrátiles colitas, la inquieta mirada. Pero eso no es lo llamativo, no. Va vestida de hada.&lt;br /&gt;	Sí, va vestida de hada. Blancas medias que le cubren la totalidad de sus piernitas como alambres, y una pollerita de tul. Es eso, básicamente en eso consiste el disfraz, en la pollerita de tul, en las medias. No, lo que define que es un hada, es que tiene un palito, en una mano, que termina en una precaria estrella de cinco puntas. Puede que el palito sea la base de una percha, y la estrella es dorada, hecha con cartón y papel metalizado, algo pegoteada de plasticola.&lt;br /&gt;	La nena entra al bar, también. Yo estoy sentado, desde el punto de vista de los que ingresan, del lado izquierdo. Los padres avanzan, caminan, hacia el lado derecho, en busca de una mesa, pero la nena se desvía. Viene para mi lado. Da un saltito, un esforzado saltito con las dos piernas juntas, que la deposita junto a mi mesa. Con teatral gesto me toca, me toca la cabeza, con la varita de estrellada punta. Y sonríe, es la sonrisa más linda que yo jamás haya visto, aunque no cambie nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2867722480564734163?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2867722480564734163/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2867722480564734163' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2867722480564734163'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2867722480564734163'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/el-hada.html' title='El hada'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-9115542986391694355</id><published>2011-08-25T07:06:00.005-03:00</published><updated>2011-08-25T08:33:01.880-03:00</updated><title type='text'>Conste en actas</title><content type='html'>	No. Me dijeron que no. Todo el tiempo me dijeron que no, que yo no. Que no sabía, que no servía, que no era suficiente, no alcanzaba, nunca, no. En el colegio, en las entrevistas de trabajo, en los exámenes de la facultad, en los psicotécnicos, en los concursos literarios, la vez que saqué a bailar lento a esa chica de la primaria, cuando le pregunté a los médicos si mi papá se iba a salvar, la vez que te dije que me gustabas, no, no, y no.&lt;br /&gt;	Mi vida ha sido más o menos un ejercicio de flotación en un proceloso mar de no, olas de no, no y más arriba nubes de no, acá me ves, empapado de no, mirá cómo estoy.&lt;br /&gt;	Y es curioso porque si me preguntás si me gustaría volver a vivir, volverlo a hacer, aún sabiendo que todas y cada una de las cosas no me van a salir, que recibiré el más pulido no como respuesta a mis deseos, que la vida será para mí un diamante de mil caras de no. Bueno, yo te diría que sí.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-9115542986391694355?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/9115542986391694355/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=9115542986391694355' title='19 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/9115542986391694355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/9115542986391694355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/conste-en-actas.html' title='Conste en actas'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5590587410560021129</id><published>2011-08-20T08:32:00.000-03:00</published><updated>2011-08-20T08:33:16.503-03:00</updated><title type='text'>La búsqueda del tesoro</title><content type='html'>	P. me preguntó si lo podía ayudar. Éramos amigos hacía más de diez años, veinte quizás, cómo no lo iba a ayudar. Le dije que claro, le dije que sí. &lt;br /&gt;	Había muerto el papá de P., hacía más de tres meses. Tenía ochenta y tres años, el hombre, un alemanote retirado de la fuerza aérea al que sólo le gustaba ir a Pinamar a pescar. Había tenido un ovejero alemán, desde siempre, desde que lo habían pasado a retiro. Decía, el papá de P., que no le interesaban demasiado las personas. Decía que prefería tener un perro. Tenía un amigo con criadero de perros, y el papá de P. se llevaba un perro, bien de cachorrito. Lo tenía diez años, o doce, hasta que el perro se moría. Entonces, el papá de P. iba a ver a su amigo, que también había estado en la fuerza aérea, y se llevaba otro perro. Los perros se habían llamado Otto, Sigfrid, Hans. Pero me estoy yendo del tema.&lt;br /&gt;	El papá de P. le había dicho una vez, a P., que le iba a dejar los oros. Mientras tomaban cerveza y comían salchichas con chucrut un domingo cualquiera, el papá de P. le había dicho: ‘los oros, a vos te dejo los oros’. &lt;br /&gt;	Habían pasado más de diez años desde aquel comentario, y finalmente el papá de P. se había muerto. Pero no le había dicho más nada, de los oros. La ubicación, el escondite, por ejemplo, cuánto era. Al parecer, mientras uno se muere, mientras te estás muriendo, hay algunas cosas que te parecen más relevantes que otras, hay algunas cosas que te dejan de importar. Detalles. &lt;br /&gt;	P. había decidido alquilar el viejo caserón de Olivos donde el padre había vivido los últimos treinta o cuarenta años de su vida. Había que pegarle una lavada de cara, a la casa, y podía dejar unos buenos mangos de renta. Era una casa grande y estaba bien ubicada, en la mejor zona de Olivos. P., después de un segundo divorcio, vivía en un cómodo departamento en Belgrano. &lt;br /&gt;	Me pidió entonces P. que lo ayudara. Que lo ayudara a buscar los oros de su padre.&lt;br /&gt;	–Conociendo a mi viejo –dijo P. – los debe haber enterrado en el jardín. Necesito que me ayudes a buscarlos.&lt;br /&gt;	Arreglamos para encontrarnos el sábado, muy temprano. La idea era buscar los oros toda la mañana, y después ir a almorzar. Era verano, hacía calor, la idea de tomar unas cervezas frías hacía viable cualquier plan. &lt;br /&gt;	Me llevé un shorcito y unas zapatillas viejas en un bolso. P. trajo las herramientas, un pico, dos palas. Había conseguido prestado, de no sé quién, un detector de metales. P. había recibido instrucción militar siendo joven, era uno de esos tipos que para cualquier tarea, sin importar, justamente, la tarea, sabía cómo prepararse. &lt;br /&gt;	P. caminaba con el detector de metales de acá para allá. Metía un palo largo, de metal, como un caño de los que se usan para colgar las  cortinas, en la tierra. Después pensaba un rato, sacaba el palo, y volvía a encender el detector que hacía un molesto zumbido. Después hacía, sobre el césped, unas marcas con un aerosol, pequeñas equis.  &lt;br /&gt;	Era un lindo jardín, algo descuidado. De 8 x 12 quizás, con dos o tres árboles que daban buena sombra y habían ido creciendo más y más alto a lo largo de tres generaciones de la familia de P. Sus abuelos habían construido esa casa, unos cien años atrás.&lt;br /&gt;	–Acá –dijo P., muy serio, había metido la varilla y hasta yo, que no estaba prestando demasiada atención, sentí que la punta del palo había golpeado con algo, a unos dos metros de profundidad–. Cavemos acá.&lt;br /&gt;	Empezamos a cavar. Hacía un calor del carajo, y además no sé cavar. Para qué carajo tengo que saber cavar, trabajo en una oficina. Cuando trabajás en una oficina no hace falta cavar, ya estás en lo profundo. Sé viajar en subte y tomar café, eso sí. Sé caminar por Florida con la misma perplejidad y estupor que si estuviera paseando por las orillas del Ganges. Pero no sé cavar.&lt;br /&gt;	Trabajamos unos buenos veinte minutos. P. ablandó un poco el terreno con el pico, y después empezamos a palear, la tierra se volvía más oscura y húmeda, a lo lejos ladraba un perro de alguna casa vecina.&lt;br /&gt;	–Los oros –dijo P. después de resoplar por el esfuerzo–. Mi viejo no me iba a mentir. Tienen que estar.&lt;br /&gt;	Mi pala chocó algo con el filo, un sonido seco. Habíamos hecho un buen pozo de unos dos metros de diámetro, así que estábamos, P. y yo, dentro del pozo hasta la cintura, paleando tierra, como los dibujos animados. Igual igual. &lt;br /&gt;	–¿Qué es? –P. clavó la pala en la tierra, y se secó el sudor del rostro con un antebrazo. Yo estaba muy agitado, no daba más– ¿Un cofre? ¿Una caja de metal?&lt;br /&gt;	Habíamos comenzado a usar las manos para remover la tierra.&lt;br /&gt;	Lo primero que levanté fue una mano. Los huesos de una mano, una mano semicerrada, como si estuviera preguntando por qué. Casi de inmediato P. levantó un cráneo, que por el tamaño debía ser el cráneo de un niño muy pequeño.&lt;br /&gt;	Había mucho hueso, estaba lleno de huesos, brazos y piernas, huesos con manchas negras o verdes, el pedazo de una dentadura a la mitad de un grito o de una pavorosa mueca. Más manos, huesos de cuerpos apilados, los pedazos, cinco o siete, no sé.&lt;br /&gt;	Salimos del pozo, en silencio. Me senté sobre el pasto, el sol me daba en la cara, tenía el cuerpo cubierto de tierra y respiraba como un animal que acaba de estar corriendo por su vida.&lt;br /&gt;	P. estaba de pie, a un costado del pozo, mirando hacia abajo. Negaba con la cabeza, mientras se rascaba el pecho. El perro del vecino no paraba de ladrar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5590587410560021129?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5590587410560021129/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5590587410560021129' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5590587410560021129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5590587410560021129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/la-busqueda-del-tesoro.html' title='La búsqueda del tesoro'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2677925117057171528</id><published>2011-08-15T07:31:00.001-03:00</published><updated>2011-08-15T07:31:58.412-03:00</updated><title type='text'>No sex, no city</title><content type='html'>	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que vivís por Monserrat. Monserrat tiene su onda, hay un par de bares más o menos dignos para desayunar, lo admito. Pero Monserrat no es New York.&lt;br /&gt;	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que te dieron un pelotazo en la primaria, jugando al vóley, un pelotazo que cuando te acordás todavía te arde la cara, pero no tenés la nariz de Sarah Jessica Parker, tenés la nariz de un maldito perico.&lt;br /&gt;	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que los tipos que se te acercan no son ejecutivos, nunca son ejecutivos, ni saben tocar el saxo, ni son reconocidos fotógrafos. Los tipos que se te acercan tienen los calzoncillos desteñidos y creen que dos porciones de fugazzeta es una salida, y después de ponértela un ratito quedan vencidos, boca arriba, como agonizantes hipopótamos, regurgitando un vino barato.&lt;br /&gt;	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que tus amigas creen que ‘Gucci’ es una marca de alimento para perros.&lt;br /&gt;	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que la gente que conocés jamás te invita a una galería de arte. Te han invitado a ver Atlanta-Chacarita, una vez, y alguien te pishó desde arriba en la tribuna.&lt;br /&gt;	El problema con ‘Sex &amp; the city’ es que es una serie de televisión, capítulos de media hora. Y después te quedás ahí sentada, vos, con tu vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2677925117057171528?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2677925117057171528/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2677925117057171528' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2677925117057171528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2677925117057171528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/no-sex-no-city.html' title='No sex, no city'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6678634923347939965</id><published>2011-08-10T07:33:00.009-03:00</published><updated>2011-08-10T11:31:30.759-03:00</updated><title type='text'>Lejano Oriente</title><content type='html'>	Ignacio se había perdido en el camino, más o menos como todos. Tenía un buen laburo de oficina (si la contradicción es admisible), se había divorciado después de nueve años de casado. Tenía una madre viuda, tenía un hijo. Había tenido un perro, también, pero lo pisó un auto, un Fiat que dio marcha atrás una tan tremenda mañana de invierno. El perro, que se llamaba Toti, quedó tirado sobre el indiferente asfalto, le salía sangre de la boca. Ignacio lo levantó y  le sostuvo la cabeza con las manos, mientras el perro lo miraba, lo miraba muy hondo, y le salía como un silbido del pecho. Hasta que se murió, Toti. Ignacio pensó que no iba a poder parar de llorar nunca, que simplemente se iba a inundar toda la ciudad con su llanto.&lt;br /&gt;	Probó de todo, Ignacio, porque se había dado cuenta que estaba triste, que la vida no tenía mayor sentido. Había cumplido treinta y tres años y no veía ninguna resurrección a la vista. La escalera mecánica de la vida se había puesto para abajo, eso generaba fastidio al principio, susto después. Algo nuevo, algo malo. Después de cierta edad, lo nuevo y lo malo caminan de la mano. &lt;br /&gt;	Fue de casualidad y se enganchó de inmediato. Lo llevó un amigo, Hernán. Hernán siempre había tenido el mambo de las artes marciales, desde chico. Lo llevó a un gimnasio, en Almagro. Había un profesor, un japonés. El japonés daba clases de Aikido. &lt;br /&gt;	Ignacio fue la primera vez, a la primera clase, porque estaba aburrido. Pero le gustó. El profesor era un hombre de unos cuarenta y tantos años, gordito, siempre sonriente. Y les explicaba los movimientos, el uso de la energía del oponente, cómo lo blando se imponía a lo duro aunque pareciera joda, los hacía pasar de largo con ínfimos movimientos, dejando al ocasional atacante en el más pleno desconcierto. Te dejaba despatarrado en el piso y te ayudaba a levantarte, siempre con esa tibetana sonrisa que era un mar de comprensión y agradecimiento. &lt;br /&gt;	Practicaban kendo, también, con máscaras y palos. El profesor Ling, porque así se llamaba, Ling, les contaba historias de samuráis que se suicidaban por honor. Y les enseñaba, les seguía enseñando. Ling les hablaba de los sutiles protocolos, de las geishas, la ceremonia del té. Ling hablaba de los ritos del Japón de su niñez, con respeto  no exento de emoción, con una voz que era apenas un susurro. Ignacio sentía que mejoraba, que finalmente había encontrado algo donde poner su atención, algo que hacer.&lt;br /&gt;	Iba los martes y los jueves, a sus clases de Aikido, practicaba, y Ling les hablaba de la importancia del Reiki, les enseñaba los simples y tan profundos caminos de la meditación, la esencia del Zen.&lt;br /&gt;	Ignacio llegó temprano, ese día, porque había salido del trabajo a las cinco y no tenía nada para hacer. Tomó un café y se fue caminando al gimnasio, con el bolsito. Entró al vestuario.&lt;br /&gt;	–Me das una toalla, Mario –el pibe lo conocía. Le dio la toalla, y él le dio cinco pesos en lugar de dos, como de costumbre. Todos contentos.&lt;br /&gt;	Siempre que Ignacio llegaba a la clase, Ling ya estaba sentado en el Dojo, piernas cruzadas, los ojos cerrados, las palmas hacia arriba sobre el regazo,  meditando, así recibía a los alumnos. Decidió Ignacio hacer lo mismo, cambiarse, ir al recinto, sentarse a meditar y esperar al maestro. La clase empezaba a las siete, eran las siete menos veinte.&lt;br /&gt;	Se estaba cambiando en una punta del vestuario, cuando entró Ling. Vestido con ropa de calle, bolsito al hombro, con sus lentes sin marco, sonriente como siempre.&lt;br /&gt;	–Hola, Malio –Ling no lo había visto, había ido directo al  mostrador– ¿Sabés qué númelo salió en la quiniela?&lt;br /&gt;	Ignacio se dio cuenta que jamás podría volver a creerle a Ling nada de lo que le dijera. Que ya no importaba el Aikido ni el Kendo, el Reiki, el Zen. A la semana dejó de ir, se borró del gimnasio y se compró una bicicleta con cambios.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6678634923347939965?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6678634923347939965/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6678634923347939965' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6678634923347939965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6678634923347939965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/lejando-oriente.html' title='Lejano Oriente'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4698373415525949179</id><published>2011-08-05T07:43:00.001-03:00</published><updated>2011-08-05T07:47:52.236-03:00</updated><title type='text'>Necesitaría ver</title><content type='html'>No, no puedo decir la calle. Conviene que no diga la calle, el barrio en el que vivo. Imaginate si nos llegamos a cruzar por la calle un sábado a la mañana, no sería bueno para ninguno de los dos. En particular para mí, así que no voy a decir la calle.&lt;br /&gt; Llevo la ropa al laverap, los sábados a la mañana, eso sí te lo puedo decir, eso sí te lo digo. Llevo una bolsa con la ropa, doblo en F., me gusta caminar por F. pero los sábados a la mañana solamente. Conozco las baldosas y los árboles de esa calle que debe atrasar como cien años. Hasta hay un par de perros que me conocen, me mueven la cola, me ladran cuando paso.&lt;br /&gt; Y me pasó un sábado bien temprano, que vi a un ciego. Caminaba, el ciego, con natural temor, con excesivo cuidado. Despacio, muy despacio. Algo encorvado y con la cabeza bien hacia delante, como si quisiera ir olfateando el terreno. Canoso, el pelo casi blanco en su totalidad. Unos anteojos muy gruesos, y el bastón, el bastón blanco.&lt;br /&gt; Lo reconocí por los anteojos, el mismo armazón, aunque con vidrios el triple de gruesos, y allá lejos, muy lejos, sus diminutos y acuosos ojos que miraban a ninguna parte.&lt;br /&gt; Daniel Hoffenbasch, era. Seguro. Había ido conmigo a la primaria. Todavía veía en esa época, claro, pero ya usaba esos tremendos anteojos. Daniel sabía que se iba a quedar ciego, me lo había contado en un recreo. Los demás chicos se burlaban, le escondían las cosas. La crueldad en estado puro que después no hacemos más que perfeccionar a lo largo de la vida adulta.&lt;br /&gt; Me mató verlo. Me hizo moco. Habíamos ido juntos al colegio, ya lo dije. La vida nos había pasado por encima a todos, eso estaba claro. Pero esto era otra cosa, era bien bravo.&lt;br /&gt; No me animé a hacer nada, me puse muy nervioso. Me dejó pensando todo el fin de semana.&lt;br /&gt; Al sábado siguiente lo vi de nuevo. Era parte de su rutina. Lo seguí, caminaba por F. hasta V., tres cuadras, y se tomaba el 92. Perdido en una ciudad indiferente y hostil, aferrado a su bastón en medio de su particular e intransferible naufragio.&lt;br /&gt; Quería hablarle, saludarlo. Preguntarle cómo estaba, cómo era su vida a pesar de lo que le había sucedido, saber si había algo en lo que yo pudiera ayudarlo.&lt;br /&gt; Junté coraje. Dejé pasar, con indolencia, otra monótona semana.&lt;br /&gt; Sábado a la mañana, bajé, doblé por F., y esperé en la esquina de D. Lo vi llegar, vestido como siempre, un holgado jean, camisa a cuadros, una campera de esas con relleno de pluma de ganso, viejísima, de un desteñido gris.&lt;br /&gt; –Daniel –dije, y se me secó la garganta, me quedé por un instante sin voz–. Daniel Hoffenbasch.&lt;br /&gt; Se detuvo. Alzó la cabeza un poco, sorprendido de oír su nombre.&lt;br /&gt; –Soy Juan –dije–, Juan Hundred. Fuimos juntos a la primaria, te vi el otro día y te reconocí. Me dieron ganas de saludarte, de saber cómo estás. Si te puedo ayudar en algo.&lt;br /&gt; –¿Qué? &lt;br /&gt; –No sé, te reconocí, quiero saber si necesitás algo.&lt;br /&gt; Hizo una pausa. Palpó uno de los bolsillos de su campera, como si buscara algo, un objeto que de pronto se había vuelto importante.&lt;br /&gt; –Bueno, sí –dijo–. Necesitaría ver.&lt;br /&gt; –No entiendo –dije, pero quizás sí entendía.&lt;br /&gt; –Eso, Juan. Lo que necesitaría es volver a ver. Ver el número del colectivo que espero, y el color de los árboles. Mirar una chica que pasa y un perro que mueve la cola. ¿Me podés hacer ver?&lt;br /&gt; –No –me salió un sollozo, no sé de dónde vino, me sorprendió como un piedrazo–. No puedo hacer eso.&lt;br /&gt; –Entonces andá, Juan –me apoyó la mano libre sobre un hombro, dio dos palmadas, muy pequeñas, apenas, como si un gorrión se hubiera posado sobre uno de mis hombros y estuviera estirando las patitas–. Tuviste un ataque de lástima y eso está muy bien. Quizás te creas buena persona por un rato, si querés te lo agradezco. Pero no me sirve, Juan, no cambia nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4698373415525949179?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4698373415525949179/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4698373415525949179' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4698373415525949179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4698373415525949179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/08/necesitaria-ver.html' title='Necesitaría ver'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4563809019522003097</id><published>2011-07-30T09:12:00.000-03:00</published><updated>2011-07-30T09:13:24.248-03:00</updated><title type='text'>Einstein no dijo</title><content type='html'>Durante un tiempo fuimos felices, durante un tiempo creímos que la felicidad era posible. Pero después no. De pronto, como quien se mira al espejo y descubre una cana y no puede creer qué le pasó, el gorila del tiempo comiendo su banana hecha de vos.&lt;br /&gt; Te quedás mirando por la ventanilla de la vida, no alcanzás a entender, todo aquello que funcionaba, la alegría, las ganas escurriéndose como una luz debajo de una puerta.&lt;br /&gt; Llegan los reproches, el fastidio, el insoportable again and again de una diluida fragancia, una fruta que perdió su sabor.&lt;br /&gt; Cada tanto alguien vuelve a repetir, generalmente fuera de contexto, aunque quién puede saber cuál es el contexto, la frase de Einstein, respecto a su definición de la locura. Aquello de hacer una y otra vez lo mismo y esperar un resultado diferente. Se refería, supongo, a insistir con algo que no funcionó, esperando que la insistencia lo haga funcionar.&lt;br /&gt; Lo que Einstein no dijo, o quizás olvidó mencionar, es que aquello que funcionó, aquello que una y otra vez funcionó, también dejará de funcionar. No será ninguna locura, será triste y nada más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4563809019522003097?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4563809019522003097/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4563809019522003097' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4563809019522003097'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4563809019522003097'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/einstein-no-dijo.html' title='Einstein no dijo'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4366019076210150639</id><published>2011-07-25T07:47:00.001-03:00</published><updated>2011-07-25T07:47:51.785-03:00</updated><title type='text'>Energético</title><content type='html'>Te voy a explicar algo, aunque últimamente ya no ando con ganas de explicar nada, pero te voy a explicar algo. Porque no lo sabés, porque sería bueno que lo sepas, prestá atención.&lt;br /&gt; A ver, la única energía que existe en este planeta proviene de los seres vivos. Ya está, eso. Veo que no entendés, no es tu culpa tampoco, debés ser perito mercantil, o estudiaste psicología, no pasa nada.&lt;br /&gt; Lo que se enchufa, en realidad, no se enchufa. Lo que lleva baterías, bueno, no lleva baterías. Es un push, un empujón, para arrancar, pero después, mientras dura, come de vos. Veo que seguís sin entender. Ahí voy de nuevo, no te hagás problema.&lt;br /&gt; Vos prendés la luz, y la luz, para permanecer encendida, usa tu energía, la energía del ser vivo que alumbra, la luz te alumbra gracias a vos. &lt;br /&gt; Vos hablás por teléfono celular, el milagro de la comunicación, pero el teléfono por el que hablás, no anda a batería, anda a vos. No, no es que trae cáncer, el cáncer pasó de moda, no se usa más. Te estoy diciendo que el teléfono, para permanecer encendido, usa tu energía, te chupa vida. &lt;br /&gt; ¿La computadora? Sí, claro, la computadora también. La heladera anda de la energía que todavía conserva la comida, una manzana, carne, leche, así.&lt;br /&gt; No, no te sale, ni siquiera sabés qué preguntar. No importa. Basta con que sepas que cualquier aparato o dispositivo que precisa de energía para funcionar en cualquiera de sus formas, usa principalmente tu energía.&lt;br /&gt; El residuo de ese proceso de combustión, lo que va quedando, sos vos, extraviado, perplejo, aturdido. Apestando a información.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4366019076210150639?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4366019076210150639/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4366019076210150639' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4366019076210150639'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4366019076210150639'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/energetico.html' title='Energético'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8292634497650252420</id><published>2011-07-20T07:50:00.004-03:00</published><updated>2011-07-20T09:05:09.223-03:00</updated><title type='text'>Cómotevatantotiempoquéesdetuvida</title><content type='html'>Alguien se encuentra con alguien. En un bar. Para identificar con mayor precisión, para que la historia sea quizás un poco más accesible, serán, en adelante, ‘Alguien1’, y ‘Alguien2’. &lt;br /&gt; Tanto Alguien1 como Alguien2 son mujeres, olvidé mencionarlo.&lt;br /&gt; La historia, lo que está sucediendo, en el bar, es más o menos así. Alguien1 y Alguien2 son amigas desde hace mucho, quizás desde la secundaria. Alguien1 se ha ido a vivir a Europa, a Londres muy probablemente, o a Paris, no hace a la cuestión, no viene al caso. Alguien1 se ha ido a Londres hace muchos años, a estudiar idiomas, o filosofía, o antropología, algo así. Ahora vive allí, en Londres o en Berlín, es profesora de algo, de algo que estudió, da clases. Está en pareja con alguien, alguien que conoció allá, alguien que vive también allá, en Londres o en Roma, era parte del plan.&lt;br /&gt; Alguien1 habla, Alguien2 escucha. Alguien1 es la mujer que fue a ver qué había allá afuera, salió al mundo, aprendió a comprar aspirinas en alguna farmacia de Europa, a tener frío lejos de mamá, a fumar hachís con un compañero de curso africano que además tenía la verga del tamaño de un antebrazo, y olía horrible, apestaba a curry, algo que puede ocasionar más de un incordio a la hora de fornicar, no es como en las películas, nunca es como en las películas.&lt;br /&gt; Alguien2, que escucha, se quedó, en el sentido amplio del término. Se casó pronto, a los veintidós, tiene tres hijos, y un marido al que desprecia, pero es más lo que se tiene invertido en el plan, que lo que el mundo tiene para ofrecer, conviene seguir, así que sigue. Pero se siente mal, Alguien2, sabe que no saltó, que no saltó a ninguna parte, hizo, más o menos, lo que le fue apareciendo en el camino, lo que pudo, está aburrida, está cómoda, no le va mal.&lt;br /&gt; Alguien1, en cambio, en esta visita, advierte lo lejos que se ha ido, tan lejos que ya no hay manera de volver. Necesita, a través del descubrimiento de Alguien2, sentir que hizo bien, que su viaje le abrió el abanico de la vida al que casi nadie se anima. Que toda la húmeda melancolía de Londres tuvo algún sentido, que los solitarios cigarrillos frente a aquella ventana que daba a una pared de ladrillos, lo que equivale decir a la nada misma, tuvieron su recompensa. Puede subirse a un tren, dormir una siesta, y despertarse en Amsterdam, o en Madrid. Puede ir a un concierto de jazz, en Berlín. &lt;br /&gt; Pero, mientras Alguien1 habla, al mismo tiempo Alguien1 siente, como nunca antes, que su vida no ha ido a ninguna parte, que lo único que le ha quedado de los últimos diez años son tres o cuatro cafés con leche y los museos, y la verga del africano que tiene un chivo particular y único, por las mañanas las axilas le huelen a algo que sólo puede semejarse a la orina de un gato, de aquel gato que tenía en su niñez, Felipe, se llamaba, el gato. El negro se llama Daniel, pero con acento en la a. &lt;br /&gt; Y mientras Alguien2 escucha, Alguien2 siente que no le ha pasado nada, con la notable excepción de sus hijos, que ni siquiera se animó a probar la marihuana aquella vez en San Bernardo, que lo único que ha estado haciendo son trámites, para los chicos, inscripciones, legalizaciones, certificaciones, análisis de sangre, y compras, compras y más compras para mantener andando un aerostático globo que apenas se sostiene en el aire, cada vez más bajito, en un abrumador viaje hacia la senectud sin paradas donde poder bailar, o coger, o reír. &lt;br /&gt; Alguien1 habla, Alguien2 escucha, y la mañana transcurre como cualquier otra mañana. Las dos tienen fotos para mostrar, digitales y en papel. Las dos se hicieron las tetas, por motivos bien diferentes, por motivos que ambas desean explicar con cierto detalle. Pasan los autos por la avenida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8292634497650252420?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8292634497650252420/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8292634497650252420' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8292634497650252420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8292634497650252420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/comotevatantotiempoqueesdetuvida.html' title='Cómotevatantotiempoquéesdetuvida'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6237600211997810764</id><published>2011-07-15T08:15:00.000-03:00</published><updated>2011-07-15T08:16:11.386-03:00</updated><title type='text'>En lo cierto</title><content type='html'>Éramos cuatro. Toto, Richar, Juan Manuel, y yo. Nos encontrábamos a comer una pizza, cada dos semanas. Éramos amigos, no sabíamos ni cómo nos habíamos ido haciendo amigos, de la vida. &lt;br /&gt; La pizzería podía cambiar, por semestre, de acuerdo a si alguien decía que era mejor la fugazza rellena de Banchero, o si alguien decía que lo mejor era la pizza al molde de El Palacio. Se aceptaban sugerencias, se podía opinar. Pero si uno sugería el cambio de lugar, eso implicaba también una responsabilidad. Si las cosas no funcionaban, si las cosas salían mal en el nuevo lugar por cualquier motivo, quien había pedido el cambio de lugar sería el blanco de todas las puteadas. &lt;br /&gt; Estábamos en el semestre de El Cuartito. Llegamos, pedimos. Una grande napolitana con ajo, una chica de fugazzeta, dos Warsteiner de litro, cinco o seis porciones de fainá. &lt;br /&gt; Pasa algo, en esos sacrosantos lugares, que te sentís cómodo. No importa si tu esposa coge con el portero del edificio, o si ahí afuera hay gente capaz de quemarte el culo con una plancha Atma por un par de monedas. Lo único interesante de la Argentina son esas cinco o siete pizzerías, el resto del país te lo podés meter bien en el culo, me vas a tener que disculpar. &lt;br /&gt; –Epa, che, ¿qué te pasa? –dijo Juan Manuel. Le hablaba a Toto. El Toto, en silencio, lloraba. Caían las lágrimas como animales indiferentes y resbaladizos, y él estaba muy quieto, las manos sobre la mesa, miraba una pared, como si estuviera mirando por una ventana.&lt;br /&gt; –Nada –dijo el Toto–. No me pasa nada.&lt;br /&gt; –¿Cómo que no te pasa nada? –Richar apagó el celular–. Estás llorando.&lt;br /&gt; –Sí, estás llorando –dije yo, porque Juan Manuel y Richar esperaban que yo, de alguna forma, convalidara. Y el Toto estaba llorando, no había mucho que corroborar.&lt;br /&gt; –Bueno, sí, estoy llorando –el Toto se secó los ojos con un antebrazo–. Me voy a morir.&lt;br /&gt; Se hizo un silencio, de esos cinematográficos silencios. Ninguno sabía que el Toto estuviera enfermo, estaba flaco, tenía pelo, salía a trotar. Tenía llegada con las minas. El Toto se levantaba pendejas, alumnas, daba clases en un par de facultades, vivía con su mamá.&lt;br /&gt; –Pará, boludo –Richar se agazapó– ¿Qué tenés? ¿Qué te pasó?&lt;br /&gt; –Nada, no va por ahí –El Toto jugaba con su tenedor a pinchar la nada sobre la mesa, se pinchaba la mano, la palma de una mano, un poco, apenas, también–. No tengo ninguna enfermedad. Pero esta mañana cuando sonó el despertador supe que me voy a morir. Una certeza de mi finitud, una curiosa e insostenible conciencia de mi mortalidad. La perecedera naturaleza de las cosas. Supe, ahora sí, lo supo todo mi ser, que me voy a morir. Que el mar en Santa Clara va a seguir estando aunque yo no pueda meter las patitas. El árbol de Plaza Irlanda donde le di mi primer beso a Elina y pensé que se podía ser feliz va a seguir ahí como cuando paso y toco la corteza del tronco para recordar lo que sentí con la yema de los dedos, va a seguir igual. Va a llover, con lo que a mí me gusta ver llover, y va a ladrar un perro en alguna parte y yo no voy a estar. Me voy a morir, lo sé, lo supe esta mañana y me hizo moco, me hizo mal. &lt;br /&gt; Llegó el mozo con el pedido, Juan Manuel sirvió la cerveza, a todos. Hicimos un módico brindis, bebimos uno o dos sorbos. Los chicos arrancaron con la napolitana, yo me serví primero una porción de fugazzeta, para jorobar. La primer porción, servirse la primer porción de pizza, es como la primer estocada, el pito ingresando en la vagina misma, pero sólo la primer entrada, esa sensación única, tan particular. Lo demás es sexo, lo demás lo dejamos para otra oportunidad. &lt;br /&gt;La cerveza estaba justa, perfecta. Masticamos en silencio.&lt;br /&gt; –Está buena la pizza –dijo Juan Manuel.&lt;br /&gt; –Sí –dijo Richar–. Está genial.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6237600211997810764?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6237600211997810764/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6237600211997810764' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6237600211997810764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6237600211997810764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/en-lo-cierto.html' title='En lo cierto'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3187117820156783882</id><published>2011-07-10T08:37:00.000-03:00</published><updated>2011-07-10T08:38:18.865-03:00</updated><title type='text'>Corpus teórico</title><content type='html'>Fui a ver cómo cogen los conejos. Tengo una amiga que estudia veterinaria, y que mientras estudia veterinaria trabaja, justamente, en una veterinaria. Le pedí que me dejara ver cómo cogen, los conejos. Fui y los vi.&lt;br /&gt; Fui a ver cómo cogen los gatos. Fui al parque de mi barrio, muy tarde, de madrugada. El parque está lleno de gatos. Los vi coger.&lt;br /&gt; Fui a ver cómo cogen los perros. Es fácil, más fácil todavía. Cualquiera tuvo un perro alguna vez, cualquiera conoce a alguien que tenga un perro. Lo soltás, al perro, a la perra, y lo dejás estar un rato. Casi de inmediato se ponen a coger.&lt;br /&gt; Fui a una granja, vi cómo cogen los chanchos, con ese pirulín tan particular, tan característico. Vi cómo cogen las ovejas, los gauchos de la zona me aseguraron, entre risas y asentimientos de cabeza, que la vagina de una oveja es tremendamente similar, una precisa proxy (aunque no emplearon desde ya ese término) de una vagina humana. Vi cómo cogen los caballos, los burros de interminable verga, las distraídas vacas.&lt;br /&gt; Fui al zoológico a ver cómo cogen los monos. Los chimpancés de frenéticos chillidos, los orangutanes algo indiferentes, los apesadumbrados gorilas.&lt;br /&gt; Vi la televisión, vi mucho National Geographic, vi cómo cogen los leones, los tigres, las cebras. Vi cómo cogen los elefantes y las jirafas.&lt;br /&gt; Vi videos, por internet. Consumí toneladas de pornografía. Videos donde chicas se meten turrones en la cola mientras ensayan su mejor sonrisa, videos donde hombres algo mayores azotan las nalgas de en apariencia frágiles señoritas vestidas con tableadas y cortísimas polleras, videos de chicas con excesivas glándulas mamarias que utilizan para envolver, literalmente, fatigados pitos, como si de acunar heridos animales se tratara, videos de hombres de insólita potencia que eyaculan sobre rostros de mujeres con los ojos bien abiertos y les provocan, con redentores lechazos, desprendimientos de retina, videos donde mujeres que tranquilamente uno podría encontrar tomando un café en un bar de Balvanera o de Paternal se dejan penetrar por tres o cuatro zulúes con vergas del tamaño de antebrazos, al mismo tiempo, lo que equivale decir al unísono, hasta que el tam tam de los cuerpos hace pensar en complejas y abstrusas maquinarias.&lt;br /&gt; Por eso te digo, vi prácticamente todo, estudié, entiendo del tema, podría armar un powerpoint, dar cátedra. Pero hace un tiempo, un tiempo algo excesivo mucho me temo, que nadie quiere coger conmigo. Yo no sé qué pasa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3187117820156783882?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3187117820156783882/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3187117820156783882' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3187117820156783882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3187117820156783882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/corpus-teorico.html' title='Corpus teórico'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7295310799126310249</id><published>2011-07-05T07:28:00.001-03:00</published><updated>2011-07-05T07:47:21.505-03:00</updated><title type='text'>Si quieren saber qué es la poesía</title><content type='html'>Recordé la frase, no sé por qué. Recordé la frase, aunque venía pensando en otra cosa. Sábado a la mañana, muy temprano, volvía de haber pasado la noche con una piba que vive en Ezeiza. No es tan piba, tampoco, pero yo no soy un galán. Coge con entusiasmo, la piba, el entusiasmo se impone por sobre todo lo que nos falta, a ella y a mí, somos felices por lo que dura un parpadeo, un instante, suma mucho, cuando ya prácticamente todo lo demás resta. Gracias, Vicky. &lt;br /&gt; Me fui muy temprano, ella dormía. Tomé tres mates, acaricié al perro, atorrante, bigotudo, que cada vez que me ve mueve la cola y a mí me hace creer que está contento de verme. &lt;br /&gt; Hacía un frío del carajo, pero yo estaba contento. Manejaba despacio, tenía que ir a encontrarme con una sobrina que quería hablar conmigo. Quiero hablar con vos, me había dicho. Quedamos en desayunar, el sábado, supongo que ella, adolescente, iba a venir a desayunar directo, sin dormir. Como dijo alguna vez el bueno de buk: juventud, hija de puta, dónde te has ido. &lt;br /&gt; Llegué a capital, pasé un minuto por el departamento a tirar un bolso, hice Lacroze, Corrientes, y me paró la barrera de Dorrego. &lt;br /&gt; Esperé que pasara el tren, y ahí recordé la frase, o lo que yo recordaba de la frase, de Dylan Thomas.&lt;br /&gt; ‘Y si los señores quieren saber qué es la poesía, si los señores preguntan qué es la poesía, les diré’, decía Dylan Thomas, o había escrito, Dylan Thomas. Lo que yo recordaba era haber leído el pequeño párrafo, unos veinte años antes. El párrafo, la explicación, la frase, me había conmovido profundamente, me había dado ganas de ser poeta.&lt;br /&gt; ‘Es un señor o una señora’, decía la frase, ‘un niño o una niña’, acá se me nublaba un poco, no recordaba del todo bien, pero ponele que decía ‘en Londres o en Estambul’, y acá sí, estoy seguro, porque era lo que me había impactado, lo que había estado plagado del más profundo de los sentidos para mí, ‘levantando una mano cuando pasa un tren’.&lt;br /&gt; Eso es lo que recordé, la poesía como un magnánimo saludo, una infinita delicadeza, existencial cortesía, no sé, llamalo como quieras, la nobleza de un gesto, ‘levantando una mano cuando pasa un tren’. Eso decía, terminaba así, estoy seguro.&lt;br /&gt; Estaba fumando, con la ventanilla baja, a pesar del frío. Había tenido una buena noche, la vida a veces se acomoda, me sentía bien.&lt;br /&gt;  Vino el tren, justo, pasó el tren, despacito, yo estaba primero en la fila, aunque no había fila, dos o tres autos junto a la barrera.&lt;br /&gt; Había muchos rostros, en el tren, algunos obreros de la construcción quizás, varios hermanos latinoamericanos también, algunos que parecían cargar un par de bombos y una enorme bandera de algún club de fútbol, gente con viejos abrigos, destartaladas bicicletas, bufandas, gorritas con visera.&lt;br /&gt; Levanté una mano, en señal de saludo, me salió así, no lo pensé.&lt;br /&gt; –¡Eeehh, puto!&lt;br /&gt; –¡Bajá el brazo que apestás, gordo forro!&lt;br /&gt; –¡Aguante, aguante All Boys! –uno se sacó la gorrita, me apuntó con un dedo– ¡Me garcho a tu vieja! &lt;br /&gt; Uno que estaba de pie entre dos vagones se agarró los testículos por encima del pantalón, con ambas manos, como si quisiera levantarse, los testículos, y colocarlos, por decirlo de algún modo, a la altura del ombligo, incluso más arriba. Un pibe me tiró un naranjazo que pasó demasiado cerca, y me hizo el gesto, como si colocara una pistola, hecha de los dedos índice y pulgar de su mano derecha, debajo de su boca. Satán hubiese tenido  miedo de ese rostro, lo vi sonreír en absoluto amarillo. &lt;br /&gt; Habrá durado todo diez segundos, o quince. Pasó el tren. Tardaron un minuto más y levantaron la barrera. Quizás no haya que buscarle demasiadas explicaciones al asunto, no es preciso analizar mucho la cuestión. Yo tampoco soy Dylan Thomas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7295310799126310249?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7295310799126310249/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7295310799126310249' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7295310799126310249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7295310799126310249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/07/si-quieren-saber-que-es-la-poesia.html' title='Si quieren saber qué es la poesía'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-14029931176581937</id><published>2011-06-30T08:07:00.002-03:00</published><updated>2011-06-30T08:13:33.332-03:00</updated><title type='text'>Next</title><content type='html'>Quiero que sepas que el amor es una cadena de errores. Vos no me querés a mí, no podrías quererme, desde ya, soy un asco de persona. Pero alguien no te quiere. Tu ex novio te dijo que se estaba cogiendo a una secretaria. A una secretaria que lo va a dejar, porque el jefe le prometió que va a dejar a su mujer, y así. No sé, me perdí. A todos nos dejaron, eso, a todos nos hicieron daño, a todos nos dijeron que no. Y todos vamos a lastimar, también. A alguien, a cualquiera, porque nuestras mochilas chorrean frustraciones y caminamos pateando los vidrios de tantos pero tantos sueños rotos y las metáforas están en oferta en Falabella, ya lo sé, hoy me sale así.&lt;br /&gt; El amor es una cadena de errores, ya te dije, vos querés saber para qué te lo estoy diciendo, te veo esa carita. Claro, sí. &lt;br /&gt; Es que  me estás dejando, si no te entendí mal, y veo que creés que estás en medio de algo original y trascendente. Te parece que estás haciendo una suerte de copernicano giro en tu insípida vida. Pero no, lo que te pasa, lo que nos pasa, porque lo que te pasa en esta oportunidad me involucra, me salpica, lo que nos pasa, entonces, te decía, es de lo más normal. Parte de la rutina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-14029931176581937?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/14029931176581937/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=14029931176581937' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/14029931176581937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/14029931176581937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/next.html' title='Next'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2100375682267575592</id><published>2011-06-25T09:29:00.000-03:00</published><updated>2011-06-25T09:30:19.936-03:00</updated><title type='text'>Lección de supervivencia</title><content type='html'>Quizás trabajar en una oficina no sea tan malo. Un taxista debe manejar su pútrido automóvil unas doce horas por día. Un peluquero debe cortarle el pelo a unas diez personas, también por día. Tocar orejas, marcar patillas, apoyar sus dedos sobre mohosas calvas. Una prostituta se acostará con tres o siete tipos por día. Se le pasparán las ingles, tragará quizás medio vaso de esperma. La flor del capitalismo despliega sus mugrientos pétalos.&lt;br /&gt; Como siempre, no es ninguna genialidad, todo es relativo. Lo malo se vuelve un poco menos malo, ante lo peor. Elegir entre lo bueno y lo malo queda para las series de televisión.&lt;br /&gt; La tarea en cualquier oficina es bastante pelotuda, la tarea podría ser hecha por un chimpancé más o menos domesticado. El horario son unas siete horas, de ninguna manera más de ocho, y un rato de tu casa tenés que salir para no volverte loco. También, por lo general, en las oficinas hay máquinas de café.&lt;br /&gt; Lo malo es que te hablan. Todo el mundo te habla, tus compañeros de trabajo, tus superiores, tus subordinados, si la oficina es de atención al público te hablan los que quieren ser atendidos, la gente que se equivoca de oficina, la gente que pasa.&lt;br /&gt; Encontré el antídoto. Para lograr que la gente no te hable. Es fácil de hacer, no falla.&lt;br /&gt; Hay que quejarse. Pero no de cualquier cosa. Hay que pedir plata. Eso es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejemplo 1&lt;br /&gt; –Oiga, Hundred, precisamos la carpeta de Garismendi para determinar si la proyección de ingresos por venta de cotonetes fue hecha tomando en cuenta la rotación de márgenes de acuerdo con el nomenclador de Minnesota. &lt;br /&gt; –Señor Aristizábal, necesito un aumento.&lt;br /&gt; Aristizábal acelera el paso, tose, sigue caminando, empuja la puerta giratoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejemplo 2&lt;br /&gt; –Che, ¿no viste mi birome roja? –dice Soledad, acomodándose el cabello. Es una chica con sentido del humor, sabe inglés y computación, se suele pintar los labios de un rosa pálido.   &lt;br /&gt; –Ando corto de guita, el domingo fui al supermercado y está aumentando todo. Necesito ganar más plata.&lt;br /&gt; Soledad, con el extraviado capuchón de su birome entre los dientes, sonríe y al pasar me roza un hombro con una de sus contundentes ancas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejemplo 3&lt;br /&gt; –Queríamos avisarles que casa central ha decidido mudar el sector al edificio Tolompetti, donde tendremos una mayor sinergia con el resto de la compañía. &lt;br /&gt; –Señora Galápaga, aprovecho la oportunidad para preguntar cuándo me podrían conceder un aumento por mis esforzadas labores. Deseo mencionar, además, que yo tengo puesta la camiseta de la empresa. &lt;br /&gt; La directora de recursos humanos, la señora Galápaga, da una palmada, un corto aplauso, indicando que ha terminado la reunión. Lentamente, cada uno vuelve a su puesto de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entonces, para resumir. No importa quién le hable, no importa quién intente hablarle, y mucho menos importa el tema, sobre qué intenten hablarle. Pida dinero, de inmediato, sin ningún tipo de introducción, pida plata, ya sea el dueño de la compañía o un canguro australiano quien tenga enfrente. Repito: pida plata.&lt;br /&gt; Podrá permanecer en la oficina por los próximos veinte años, si así lo desea. En poco tiempo se olvidarán de usted, nadie le dirigirá la palabra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2100375682267575592?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2100375682267575592/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2100375682267575592' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2100375682267575592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2100375682267575592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/leccion-de-supervivencia.html' title='Lección de supervivencia'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6153945098253917593</id><published>2011-06-20T07:30:00.004-03:00</published><updated>2011-06-20T07:45:20.320-03:00</updated><title type='text'>El sonido de ciento sesenta y tres mil quinientos dieciocho hamburguesas</title><content type='html'>Hay temporadas donde me gusta ducharme a la mañana, hay temporadas donde me gusta ducharme a la noche. Hay temporadas donde no me quiero bañar, necesito una capa de mugre sobre la piel. Dicen por ahí, escuché alguna vez, que la salud es el silencio de los órganos, hay que escuchar al cuerpo. Si el cuerpo te pide cocaína, y vos le das yogur con cereales, bueno, el cuerpo se pone mal. &lt;br /&gt; El asunto es que no son ni las ocho de la mañana, y el cuerpo me pide una ducha, incluso antes de desayunar un par de mates, cosa rara en mí. Tuve una noche de sexo y whisky, con intermitencias. Me huelo los dedos de una mano, tengo olor a fugazzeta, y a flujo vaginal del fuerte. Hubo pizza anoche, entonces, también. Una buena noche.&lt;br /&gt; Abro la ducha. Pero antes, es automático, sin pensar, encendí una radio que hay en el comedor. Y cuando estoy por entrar a la ducha, escucho, de la radio, una noticia. Algo sobre el fin del mundo, o el precio del mechón de pelo de canguro, algo que capta mi atención.&lt;br /&gt; Decido entonces cerrar la ducha y escuchar la noticia, esperar, para ducharme, tres minutos. Las prioridades y su anárquica lógica, no hay nada para analizar.&lt;br /&gt; Cierro la ducha. Sucede entonces algo extraño, singular. Porque al cerrar la ducha, lo que debiera suceder, es escuchar la voz del locutor, la noticia sobre el hambre en Etiopía, sobre un islandés que esculpió una teta de hielo de tres metros de altura, con mayor intensidad.&lt;br /&gt; Pero no. Lo que escucho, en lugar de la voz del locutor, en lugar de la noticia, es un sonido, un sonido que se hace más y más fuerte. Es el sonido de ciento sesenta y tres mil quinientos dieciocho hamburguesas burbujeando sobre una plancha, como si de pronto me hubiera metido en la cocina de un McDonald’s. &lt;br /&gt; Sigo el ruido, que no para de crecer. Doy unos pocos pasos, hacia la cocina. Vivo en un pequeño departamento, en un barrio que quizás sea conveniente no mencionar.&lt;br /&gt; Me acerco a la cocina. Explotó el calefón, bah, no el calefón, un flexible que va del calefón a la pared. Cae un chorro, del grosor de la garompa de un burro, un chorro de hirviente agua, con inusitada potencia.&lt;br /&gt; El chorro de agua cae y cae y sigue cayendo. Pega contra la mesada, y es tal su fuerza, que rebota contra la otra pared de la cocina, contra los azulejos de un tristón y pálido amarillo. De ahí, por la ley de gravedad, al piso. Ya debe haber unos buenos tres centímetros de agua cubriendo el piso de la cocina, su totalidad.&lt;br /&gt; El agua caliente me cubre los pies. Estoy desnudo, viendo cómo cae agua, cómo sigue cayendo, cómo se va todo a la mismísima mierda porque se rompió una tuerca, porque cedió una válvula. Porque algo, que aguantaba algo, ya no lo aguanta. &lt;br /&gt; Me quedo muy quieto, es mi vida lo que estoy viendo, hay algo ahí que está sucediendo, la contundencia de lo fáctico, algo que me va a costar entender, no digo aceptar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6153945098253917593?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6153945098253917593/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6153945098253917593' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6153945098253917593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6153945098253917593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/el-sonido-de-siento-sesenta-y-tres-mil.html' title='El sonido de ciento sesenta y tres mil quinientos dieciocho hamburguesas'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8979585876972930533</id><published>2011-06-15T07:25:00.005-03:00</published><updated>2011-06-15T08:02:37.295-03:00</updated><title type='text'>Dios está en todas partes</title><content type='html'>–¿Usted es creyente?&lt;br /&gt; La pregunta me sorprendió, claro, no la esperaba, aunque podía venir, seguro que podía venir, esas cosas me pasan todo el tiempo.&lt;br /&gt; Me subí al taxi en Sucre y Libertador, debían ser como las dos de la mañana. Iba para Almagro, hacía un frío del carajo, de esos fríos que ya no se fabrican, esos fríos que te hacen acordar a cuando eras chico y tenías que ir al colegio a las siete de la mañana con un frío que te partía los dedos y capaz que te comías el turrón más duro del mundo y eras feliz igual.&lt;br /&gt; Me habían invitado a cenar, a la casa de Martín. Una cena para ocho o diez personas, una tallarinada. Iba a estar Mónica, y aunque nos habíamos peleado hacía mas de tres años, cuando nos encontrábamos, con Mónica, íbamos a coger, era inevitable. Pura piel.&lt;br /&gt; Pero resultó que Moni se había puesto de novia y se quería portar bien. Me estoy portando bien, me dijo. Así que terminó la cena, saludé y me fui algo contrariado, lo admito, como cuando el hombre araña descubría que se había quedado sin telaraña para tirar, como cuando superman  levantaba la manito, el puño, pero descubría que no podía volar. Se escurren los poderes, se evaporan los dones, se pierde la magia. Si yo supiera escribir, si algún día llegara a escribir, ponele, un libro de poemas, se va a llamar ‘Perdiendo la magia’. Anotá. &lt;br /&gt; –Sí, en algo creo –dije sin dejar de mirar por la ventanilla, me froté las manos. Casi nunca estoy para una discusión teológica (con lo terrenal suele alcanzar), pero mucho menos cuando alguien que solía considerar como una de las actividades más interesantes del planeta coger conmigo, me dice que no, que no quiere coger conmigo. Son las dos de la mañana, tengo una botella de un digno malbec encima, hace un frío del carajo. ¿Yo que sé si Dios existe? Tampoco sé si Batistuta y Crespo podían jugar juntos. Hay muchas cosas que no sé, me vas a tener que disculpar.   &lt;br /&gt; –Claro que cree –el taxista me miró por el espejito retrovisor, del espejito colgaba, enroscado, al espejito, un rosario–, se nota que usted cree. Está confundido, eso es todo. A veces nos confundimos, pero después el universo se acomoda. Dios está en todas partes.&lt;br /&gt; No iba a haber forma de evitar la conversación. Decidí colaborar lo menos posible, no decir casi nada.&lt;br /&gt; –Sí, Dios está en todas partes –dije. &lt;br /&gt; –Es nuestro señor que murió por nosotros, por  nuestros pecados, y nos perdona, nos vuelve a perdonar, su capacidad de perdón es infinita, su perdón nos alimenta, nos muestra que no importa lo que nos pase, siempre se puede volver a comenzar –era muy flaquito, usaba un pulóver color bordó, seseaba, hablaba muy fuerte, su voz era aguda, una voz de canario, de ave, pensé, y apretaba el volante con excesiva fuerza–. Siempre hay posibilidad de redención, no importa lo que se haya hecho, como si uno pudiera en cualquier momento hacerse un buche de redención, eso es lo hermoso del asunto. Muy hermoso.&lt;br /&gt; –Sí –dije. Había estampitas, pegadas en distintos lugares. San Expedito, junto al velocímetro, una del Padre Pío, en el respaldo del asiento del acompañante, o sea frente a mí, una de San Jorge y el Dragón, sobre la tapa de la guantera. Había más.&lt;br /&gt; –Dios es amor –dijo el taxista–, es un amor tan grande que somos incapaces de poner en palabras, de cuantificar. Es una catarata de amor cayendo sobre todos nosotros, un mar de amor, un tornado de amor, una galaxia de amor.&lt;br /&gt; –Sí, es amor –dije. Todavía no habíamos llegado a Juan B. Justo. Tenía ganas de darme una ducha, de tomar un whisky, de fumar. &lt;br /&gt; –Uy –nos pasó un Peugeot 207, innecesariamente cerca. No había muchos autos en la calle, el Peugeot se cruzó de derecha a izquierda, y hasta pareció que tocaba el freno, apenitas, cuando se puso delante de nosotros antes de abrirse  más a la izquierda, para molestar. Tenía una especie de filamento azul de luz, que bordeaba la parte inferior del paragolpes, un luminoso efecto que jorobaba la vista. Vidrios polarizados por supuesto levantados, y aún así atronaba la música. Nos agarró el semáforo. Sonaba como reggaeton. &lt;br /&gt; –Un segundo, por favor –dijo el taxista–. Ya vuelvo.&lt;br /&gt; Bajó del auto. Al bajar, tomó una estampita que tenía sobre el asiento del acompañante. Caminó con lentitud hasta el Peugeot, llevando la estampita en alto, sosteniéndola con dos dedos. Golpeó el vidrio del auto, dos veces, apenas. Esperó, el taxista, esperó más. Pero la ventanilla del conductor no se bajó. Alzó la estampita aún más, exhibiéndola, como si fuera una especie de árbitro de la vida y estuviera, mediante la estampita, aplicando una amonestación. Educando, instruyendo, transmitiendo la divina palabra, curando de todo mal. Era algo peculiar, lo admito, su convicción. Original, inclusive. Ya casi no pasa nada original, nos hemos ido acostumbrando a todo. Vivimos de berretas repeticiones, las cosas originales se dejaron de fabricar. &lt;br /&gt; Sacó un arma, el taxista. Un .38 corto que llevaba en la cintura, oculto bajo el pulóver. Y tiró, cinco tiros, contra la carrocería del Peugeot, contra los vidrios. Hubo ruido, mucho ruido, estampidos, el ruido del vidrio delantero haciéndose añicos. Hubo gritos, también, desgarradores gritos de dolor. Desde alguna parte, un perro comenzó a ladrar. &lt;br /&gt; –¡Rajemos, rajemos! –dijo el taxista, entró corriendo al auto. Tiró el arma al piso, arrancó haciendo chirriar los neumáticos–. A veces la gente no entiende.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8979585876972930533?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8979585876972930533/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8979585876972930533' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8979585876972930533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8979585876972930533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/dios-esta-en-todas-partes.html' title='Dios está en todas partes'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3395186863596829384</id><published>2011-06-10T08:06:00.001-03:00</published><updated>2011-06-10T08:08:14.000-03:00</updated><title type='text'>Le dije</title><content type='html'>El acto de la creación implica una separación, le dije.&lt;br /&gt; Crear significa permitir que exista algo que antes no existía, y por lo tanto es nuevo, le dije.&lt;br /&gt; Lo nuevo es inseparable del dolor, porque está solo, le dije.&lt;br /&gt; Me preguntó, algo sorprendida, fascinada a la vez, por qué le decía todo eso que la conmovía, que le parecía tan hermoso.&lt;br /&gt; Para coger, le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Las frases fueron extraídas de un libro de John Berger (‘Cada vez que decimos adiós’), excepto ‘para coger’, que es de mi autoría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3395186863596829384?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3395186863596829384/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3395186863596829384' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3395186863596829384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3395186863596829384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/le-dije.html' title='Le dije'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2902997212871045529</id><published>2011-06-05T08:40:00.009-03:00</published><updated>2011-06-05T09:08:43.199-03:00</updated><title type='text'>Sentido del humor</title><content type='html'>A F. lo tenían que operar, de la cabeza. Pero no, nada grave, no era para asustarse, porque cuando a uno le dicen que lo tienen que operar, que lo tienen que operar de la cabeza, uno piensa lo peor. Tenemos demasiadas películas encima, demasiadas series de televisión que transcurren en hospitales, tragedia sobre tragedia sobre tragedia en cada capítulo, baldazos de infausta información. Demasiada internet. &lt;br /&gt; El médico le dijo a F. que se tenía que sacar un bulto, un bulto que tenía en la cabeza, desde siempre. Una pelotita del tamaño de un quinto de una pelotita de ping pong que F. tenía en la cabeza, arriba, lado derecho, casi donde termina la frente, aunque definir dónde terminaba la frente en el caso de F. era difícil de establecer. Se había quedado pelado, F., ni bien terminada la adolescencia. &lt;br /&gt; Un golpe, dijo el médico, F. asentía, un golpe se había dado F., de muy chiquito seguramente. La lesión había liberado algo de masa encefálica que se había calcificado primero, encapsulado después, o al revés. Convenía sacarlo, sin apuro. La moda en medicina es que cualquier bulto debe ser sacado, sospecho que el criterio no siempre es médico, hay un negocio ahí también. Los médicos necesitan comer. Además, te pasaste quizás toda la vida fraguando estados contables o vendiendo pulóveres de los más berretas, y te molesta que un médico te cobre por sacarte un lunar. Estamos todos enchastrados en la misma mierda, el rubro no te redime, las maestras de escuela primaria sueñan con automóviles caros y bombachas importadas, welcome to my kingdom, es así.&lt;br /&gt; Fijó la fecha, F., en el Hospital Austral, el médico era de confianza, debía pasar una noche internado y nada más, retomar sus negocios, su familia, seguir. &lt;br /&gt; Lo operaron, el martes, a las tres de la tarde. Lo fuimos a ver. Moni es conocida de su mujer, con F. soy amigo desde siempre, fuimos juntos al colegio, nuestros hijos van juntos al colegio, son amistades construidas a base de permanencia. Hemos estado en casamientos y en entierros, juntos, nos abrazamos con entusiasmo cuando nos vemos, hay anécdotas compartidas que ni siquiera nos molestamos en recordar. &lt;br /&gt; Llegamos a las cinco. La operación se había demorado un poco en comenzar, pero había finalizado ya, con éxito. Esperamos con la mujer de F., estaban por traerlo a la habitación.&lt;br /&gt; Lo traen, finalmente, a F. El médico ha pasado antes, y le ha explicado a la mujer de F., que todo anduvo bien. Dijo que tiene otra operación, que por la noche pasará a conversar con mayor tranquilidad. &lt;br /&gt; Traen a F. En una camilla. Se vino gordo, F., y es petiso desde siempre. Debe pesar unos cien kilos. Está con la cabeza vendada, los ojos cerrados. Esperamos afuera mientras lo pasan, entre tres enfermeros, de la camilla, a la cama. Entramos. F. abre los ojos y sonríe, todo en cámara lenta. &lt;br /&gt; –Hola, mi gordito. Cómo estás. –La mujer de F. termina de acomodarle la sábana, lo tapa como a un chico, le aprieta una mano. &lt;br /&gt; –Disculpe, señora, pero no la conozco. No sé quién es usted –dice F. &lt;br /&gt; Se hace una pausa, son cinco segundos, siete quizás. F. vuelve a sonreír. &lt;br /&gt; –Era un chiste, era un chiste. ¿Qué tal, todo bien?&lt;br /&gt; La mujer de F. cae fulminada. Murió de un masivo infarto, tan contundente como inapelable. No pudieron reanimarla, no hubo nada que hacer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2902997212871045529?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2902997212871045529/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2902997212871045529' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2902997212871045529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2902997212871045529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/06/sentido-del-humor.html' title='Sentido del humor'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-641375165335910782</id><published>2011-05-30T07:52:00.003-03:00</published><updated>2011-05-30T08:12:46.033-03:00</updated><title type='text'>Siempre hay algo</title><content type='html'>Sucedió como suceden esas cosas, las importantes. Las cosas que te cambian la vida llegan, ocurren, por lo general, de la más extraña manera.&lt;br /&gt; Ana tenía treinta y siete años, dos divorcios, una preciosa hija que se llamaba Catalina, trabajaba en una escribanía y si bien no era profesional, sabía hasta el más mínimo detalle, conocía cada vericueto del complejo mundo de los poderes, las escrituras, las legalizaciones.&lt;br /&gt; Los viernes a la noche Fernando se llevaba a Catalina, a veces la devolvía el sábado a la noche, a veces el domingo a la mañana. Y Ana aprovechaba para alquilarse una película, generalmente una película donde actuaba Sandra Bullock o Meg Ryan, y se pedía sushi en un delivery, y tomaba quizás dos copas de vino blanco de calidad menor.&lt;br /&gt; No había sido nada de lo que había querido ser, pero Ana sabía perfectamente que eso era algo que le pasaba a casi todo el mundo. Una rascaba, apenitas, la costra de realidad, y debajo había una tristeza muy honda, muy profunda, una tristeza capaz de inundar todo en un segundo si te olvidabas de revisar los diques de contención un par de veces por semana.&lt;br /&gt; Ana no conocía a nadie que estuviera contento, ni familiares ni amigos, después de los treinta años nadie estaba contento. Tenías la televisión, tenías las clases de gimnasia y de yoga, los cursos de teatro, o de fotografía, pero eran distractivas maniobras y no mucho más que eso, una forma de tratar por un par de horas de no pensar que eras lo que eras, que te pasaba, día tras día, lo que te pasaba.&lt;br /&gt; Hasta que un día Catalina trajo un pequeño hámster, del colegio. Lo habían sorteado en la clase de ciencias naturales, y Catalina había sido premiada. Habían decidido, en la clase de ciencias naturales, estudiar el interior del animal siguiendo unas coloridas láminas, y no matarlo. Cuando la profesora en un primer momento había dicho que lo iban a ahogar, al hámster, en formol, y luego lo iban a abrir para ver cómo funcionaba por dentro, las chicas habían llorado. Una compañera de Catalina se desmayó de sólo pensarlo. El hámster, finalmente, no sería sacrificado.&lt;br /&gt; Ana había dicho que no, que nada de animales en casa, pero Catalina había tenido el mayor berrinche de su vida, y el hámster venía en una simpática pecera de vidrio, con su ruedita para jugar y su diminuto cuenco para el agua. Comía una hojita de lechuga, unos pedacitos de manzana. &lt;br /&gt; Ana dijo que sí, pensó que el hámster se moriría en una semana a lo sumo, que Catalina se olvidaría como siempre y comenzaría con otro tema. El santo oficio de la paciencia, trabajo de madre.&lt;br /&gt; Sucedió de la manera más casual. Ana estaba sola y era viernes, ya había comido y se había servido su segunda copa de vino blanco. Estaba tirada en el sillón del comedor, particularmente triste porque la vida era amarga. Ana pensó que no la abrazaba un hombre, que no sentía un sudado y peludo torso frotándose contra ella, hacía más de tres meses (¿cinco?).&lt;br /&gt; Sacó al hámster de la pecera, pero sólo porque se sentía la mujer más desgraciada del planeta, el teléfono nunca sonaba, y quería ver algún movimiento para no morirse de pena, algo que se moviera en la frialdad de la casa.&lt;br /&gt; Olvidé decir que el hámster se llamaba ‘Flecha’, quizás porque tenía una mancha, negra, triangular, entra las dos orejas, encima de lo que sería la cara, como si fuera, la mancha, la punta de una flecha. Habían votado nombres para el hámster, en la clase de ciencias naturales, y ‘Flecha’ se había impuesto por sobre ‘Ulises’ y ‘Firulais’. &lt;br /&gt; Ana estaba en bombacha y un remerón, y sacó a Flecha de su jaula de cristal. Para poder servirse más vino, apoyó a Flecha sobre su abdomen. Y Flecha apuntó directamente ahí, en lugar de correr o escapar. Flecha fue directamente a su vagina, y se paró justo encima, encima de la vagina de Ana, y se puso a olisquear.&lt;br /&gt; Sin pensarlo, Ana se bajó la bombacha y volvió a colocar a Flecha allí, sobre su vello púbico. Y Flecha hizo exactamente eso, olisqueó un poco primero, dio dos o tres ínfimos pasitos después, y comenzó a hurgar, con la rosada punta de su hocico, en la abertura de Ana.&lt;br /&gt; Abrió un poco más las piernas, Ana, y ayudó a Flecha, con dos dedos, a entrar. La entrada es gratis, la salida vemos, Ana recordó haber escuchado decir esa frase a Charly García, por televisión, alguna vez, aunque no pudo recordar en qué contexto. La frase se le vino a la mente. Y Flecha entró, la cabecita primero, con sus largos bigotes y sus orejitas y el rosado hocico y todo lo demás, el tronco después. Ana podía sentir al hámster dentro de ella, lamiendo, aunque no sabía si los hámsters tenían lengua, o royendo, moviendo las patitas apenas, imposibilitado de retroceder, suponiendo que los hámsters supieran caminar marcha atrás, ya que Ana, con determinación no exenta de ternura, con firmeza no exenta de cuidado, impedía que el animal abandonara la zona.&lt;br /&gt; Ana tuvo un precioso orgasmo, sintió que todo su cuerpo vibraba en una particular y única nota, para luego deshacerse, experimentó una tibieza, como si se hiciera pis, como cuando era chiquita y se hacía pis en la cama y hacerse pis en la cama era la sensación más placentera del mundo. Se le cayó la copa de vino, escuchó el lejano ruido del vidrio al partirse contra el parquet.&lt;br /&gt; Al ratito abrió los ojos, se incorporó un poco, contra el respaldo del sillón, hizo emerger a Flecha del interior de su vagina. Se lo notaba, al animal, algo exoftálmico por la falta de oxígeno, hecho un pegote, como si la pequeña ratita hubiera decidido peinarse con gel. Pero respiraba. Con la yema de un índice pudo sentir el diminuto corazón corriendo a toda velocidad. &lt;br /&gt; Había sido, sin dudas, una de las experiencias más intensas de toda su vida, y un hámster debía costar cuarenta o cincuenta pesos en una veterinaria. Caminó hacia su cuarto y al pasar por el baño pensó que no, no tenía fuerzas para juntar los vidrios rotos. Se bañaría mañana, la vida no era tan mala. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*ningún animal fue herido durante la escritura del presente fragmento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-641375165335910782?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/641375165335910782/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=641375165335910782' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/641375165335910782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/641375165335910782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/siempre-hay-algo.html' title='Siempre hay algo'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1634365009513743137</id><published>2011-05-25T08:51:00.006-03:00</published><updated>2011-05-25T10:35:52.785-03:00</updated><title type='text'>Cantaba y bailaba</title><content type='html'>La verdad es que si lo pienso ahora, si repaso lo sucedido dejando correr a una insólita velocidad los fotogramas de la mente, no consigo recordar cómo empezó. No consigo ver el disparador, el detonante, el gatillo, llamalo como quieras. Las cosas, cualquier cosa, empiezan en determinado momento, y también terminan, en otro determinado momento. El tiempo existe, al menos como percepción, no vamos a discutir eso.&lt;br /&gt; Estábamos en el subte, todos, los perejiles, dónde íbamos a estar. Y la historia también. No tengo historias que me sucedan en Disneylandia, te pido disculpas. Debían ser las siete de la tarde, porque yo salía de la oficina a las seis, pero a las seis la calle era violencia pura, cinco millones de tipos tratando de escapar, de volver, sin comprender que no hay adónde volver. Que volver, adonde vuelven, es parte de la trampa, del problema. Para volver adonde volvés, convendría no volver nunca más. &lt;br /&gt; Me iba a un bar, y cenaba. A las seis de la tarde, me tomaba una cerveza de litro y un sándwich de mortadela y manteca, o de salame y manteca, o unas rabas que me acercaran quizás hacia alguna playa, algún mar. Entonces me volvía, me subía al subte y me volvía y me parecía que el mundo no era tan horrible, tan tremendo.&lt;br /&gt; Así que debían ser las siete, entre las siete y las siete y media, me subí al subte en Florida. El subte viene lleno, siempre, eso ya lo dije, me quedo de pie en una punta de un vagón, y leo un libro, cualquier cosa, no me importa el libro, pero es mucho peor mirarle la cara a la gente. Leo tres páginas, o cinco. Hace rato que la literatura dejó de ser un consuelo, no sé qué voy a hacer.&lt;br /&gt; Son quince o veinte minutos y cruzás la ciudad, salís del otro lado como un empetrolado pingüino, enchastrado de mierda, pringoso, asustado también, esperando que se invente un jabón lo suficientemente fuerte para lavarte los sueños rotos, la costra de frustración, que te vuelvan a brillar, aunque sea por un ratito, las ganas de hacer.&lt;br /&gt; Algo sucedió. Está la gente y está el fastidio que se puede oler, y están los vendedores de cualquier cosa y los teléfonos celulares que parecen gritar que quizás el milagro de la comunicación no sea ningún milagro, y alguien llora y alguien lee el diario que te dice lo que pasó hace un mes. Lo normal, si es preciso adjetivar.&lt;br /&gt; Entró un tipo, no lo vi ni le presté atención, entre tanta gente. El tipo llevaba sobre un hombro, como si fuera un cajón de manzanas, un parlante. Tocó un botón, algo, y empezó a sonar una música, a setenta y ocho mil quinientos veinticuatro amperes. Era hip hop, o la base de un rap, no soy un entendido en la materia. Si hubiera nacido en Harlem sería de seguro un aplicado rapero, si hubiera nacido en Polonia y tuviera bigotes sería Lech Walesa, y así podríamos seguir. Era muy fuerte, la música, cada punchi punchi del tambor hacía retumbar las ventanillas del vagón. &lt;br /&gt; El pibe dejó el parlante en el piso. Iba disfrazado, no sé, una careta que le cubría la mitad superior del rostro, con una cresta de gallo arriba, usaba una musculosa toda rota y pantalones muy amplios, como de bambula. El tipo empezó a cantar sobre la atronadora música, tarareaba incoherencias, y empezó a bailar, también. No sé si era break dance, o una suerte de baile acrobático y callejero. Pero el subte se movía, y al tipo se le complicó un poco cuando quiso hacer la vertical, o el pasito de Michael Jackson donde parece que avanzás pero no te movés, como si una cinta transportadora se fuera deslizando hacia atrás para mantenerte, a pesar de tu esforzado avance en cámara superlenta, en el lugar.&lt;br /&gt; Pasó algo. No sé si el pibe como le faltaba espacio para mostrar sus destrezas, apartó a alguien de un empujoncito, o si se quejó que la gente no aplaudía. El pibe debe haber tenido una desafortunada reacción.&lt;br /&gt; –¡Pero qué te pasa, boludo! –dijo un señor de bigotes que leía una revista de caza y pesca– ¿No ves que no hay lugar?&lt;br /&gt; –¡Bajá esa música, infeliz! –gritó una señora, señalando el parlante.&lt;br /&gt; –¡Apagá, apagá esa mierda! ¡Apagá! &lt;br /&gt; Alguien empujó al pibe, y ahí sí. Como si hubiéramos estado esperando, juntando ebullición, saltamos todos. Alguien le pegó una trompada de atrás, artera, en la nuca, el pibe perdió el equilibrio y cayó. La gente se le fue encima, llovían trompadas, patadas, éramos cada vez más y más los que nos sumábamos al efusivo grupo. Una señora empezó a pegarle al parlante, con una chinela, y entonces la gente destrozó el parlante a patadas, en menos de un minuto.&lt;br /&gt; Y seguimos así, pegándole al pibe en el piso, que ya casi ni se movía, gemía un poco, tenía sangre en el rostro y el cuerpo lleno de magulladuras.&lt;br /&gt; –Te voy a enseñar a bailar, pelotudo –alguien le dio un patadón en la cara, alcancé a ver pedacitos de muelas entre la multitud de pies.&lt;br /&gt; Me bajé en Lacroze, la gente seguía pegándole al pibe que ya no tenía ni la musculosa, le habían quitado las zapatillas, del parlante quedaban fragmentos de plástico y un manojo de cables que alguien utilizó para comenzar a estrangular al muchacho, mientras una señora le quitaba los pantalones, y un pibe lo quemaba en los brazos y las piernas con un encendedor. Alguien murmuró ‘qué lástima que no estoy con mi caja de herramientas’. ‘Tenelo, tenelo’. Alguien sacó una navaja. &lt;br /&gt; Salí a la calle, tenía cinco cuadras hasta lo de Mara, pero pensé en parar en un bar y tomar otra cerveza. Era una linda noche de otoño, hacía rato que no me sentía tan bien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1634365009513743137?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1634365009513743137/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1634365009513743137' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1634365009513743137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1634365009513743137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/cantaba-y-bailaba.html' title='Cantaba y bailaba'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8835526386897896602</id><published>2011-05-20T07:22:00.001-03:00</published><updated>2011-05-20T07:30:48.041-03:00</updated><title type='text'>Oda WD40</title><content type='html'>Es fácil, la verdad que es bien fácil. Sólo se precisa contar con algo de recursos. Entretenido, además, y terapéutico, desde lo psicológico, desde lo actitudinal, desde la teoría del comportamiento.&lt;br /&gt; Llamemos a la unidad de medida ‘ficha’. Necesitaremos entonces, de acuerdo a nuestra capacidad patrimonial, a nuestro nivel de ingresos, y desde ya a la importancia que le asignemos a la cuestión, determinar de cuánto será la ficha. En la Argentina de hoy (el presente escrito transcurre en el año 2010, creo), propongo que la ficha mínima sea de $10 (pesos diez), y la máxima sea de $100 (pesos cien). El experimento, la experiencia, puede ser hecha desde ya en cualquier parte del mundo, lo que requerirá la peculiaridad de utilizar la moneda del lugar, con los consiguientes ajustes de tipo de cambio. Si estuviéramos en Estados Unidos, por ejemplo, en Minneápolis o en Minnesota, las fichas mínima y máxima podrían ser, respectivamente, de diez y cien dólares. Si estuviéramos en el continente europeo las fichas serían de diez y cien euros, y así. El experimento allá sería entonces más caro, pero allá vivir también es más caro, la gente tiene mejores sueldos que en Argentina, tengo entendido, eso me han dicho.&lt;br /&gt; Se trata, entonces, de darle a cada persona con la que te cruces durante el día, una ficha. Repasemos. Es domingo por ejemplo, pero tranquilamente podría ser martes. Desde que salgas de tu casa, y hasta que vuelvas, a cualquier persona que te dirija la palabra (ni familiares, ni amigos) le vas a dar una ficha.&lt;br /&gt; Sigamos con el ejemplo. Supongamos que determinaste una ficha de cincuenta pesos. Entonces, si el portero está en la calle y te dice ‘buenos días’, simplemente te acercás y le das cincuenta pesos, como si le fueras a dar la mano, con una sonrisa. Sin explicaciones, sin decir nada. O podés decir ‘gracias’, o ‘esto es para usted’, o ‘qué loco todo’. Cualquier cosa, no tiene importancia.&lt;br /&gt; Va a comprar el diario, te dan el diario, pagás, y le das cincuenta pesos más, con una sonrisa, al diariero, no decís nada. Vas a un bar, después, a desayunar, y dejás cincuenta pesos de propina (aunque la consumición, el precio de tu desayuno, sea veinte pesos), o se los das, los cincuenta pesos, en la mano, al mozo. Podés decirle ‘que tenga un buen día’, o ‘gracias por su atención’, o ‘para mí Batistuta y Crespo pueden jugar juntos’, o ‘somos seres de luz’. &lt;br /&gt; Y eso es todo. Si te para una mujer para preguntarte dónde queda la calle Palpa, le das cincuenta pesos, sin dudar. Si te insulta un automovilista porque cruzaste la calle con el semáforo en contra, te acercás al automóvil y le das cincuenta pesos, a través de la ventanilla apenas baja. Si te chocás con una persona le decís ‘disculpame’, le das cincuenta pesos y una palmada. &lt;br /&gt; Calculá, por si te preocupa la cuestión, que no hay manera que interactúes con más de, ponele, veinte o veinticinco personas por día, así que estamos hablando de gastar, de acuerdo a la ficha que usamos para el ejemplo, unos mil o mil doscientos cincuenta pesos. Es más barato que planear una semanita en Buzios, o ir a Disney.&lt;br /&gt; Vas a ver como todo lo que te suele molestar en el día a día, comienza a fluir. Descubrirás de una buena vez que el dinero es el más potente de los lubricantes. El mundo se vuelve un lugar interesante, las cosas pueden ser bien divertidas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8835526386897896602?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8835526386897896602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8835526386897896602' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8835526386897896602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8835526386897896602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/oda-wd40.html' title='Oda WD40'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3620326099714940041</id><published>2011-05-15T10:59:00.001-03:00</published><updated>2011-05-15T13:09:41.166-03:00</updated><title type='text'>Ditirambo</title><content type='html'>Habíamos terminado el acto, quizás no esté mal denominarlo así, emplear ese término. Lo que se ha dado en llamar, porque de alguna manera hay que llamarlo cuando nos referimos a eso, ‘imaginación horizontal’. Habían sido veinte minutos, quizás una buena media hora de rocanrol.&lt;br /&gt; Esperé un poco que me bajaran las vueltas, resoplaba como un jabalí. Entonces me senté, tengo una silla al lado de la cama, desde siempre. Suelo cenar ahí, mirando la televisión, no sé, soy así.&lt;br /&gt; Me serví un whisky, y me senté, al lado de la cama. Ese whisky, sin hielo, sin nada, desnudo, después de, es un bello momento.&lt;br /&gt; Ella se había incorporado un poco, usando un almohadón como respaldo. Me pidió fuego, encendió un cigarrillo, dijo. &lt;br /&gt; –Estuvo bárbaro, estuvo genial –pitó–. La forma cómo me dijiste que fuéramos a tu casa, que ya habíamos hablado suficiente por ser la primera vez. Que teníamos que ir a coger, así, de una, que coger era importante para vos y debería ser importante para mí también, que ya seguiríamos hablando en otro momento. Coger es una manera de conversar, dijiste también. &lt;br /&gt; Hizo una pausa, se rascó la nariz. Pareció que iba a estornudar, pero no estornudó. Me hizo un gesto para que le pasara mi vaso, probó el whisky, nada, mojó los labios nomás, y cerró los ojos, apretó los ojos bien fuerte. Me devolvió el vaso, siguió.&lt;br /&gt; –Cogés bárbaro, no es la técnica, quién sabe cuál es la técnica correcta, lo que se nota es que te gusta coger. Sos muy grandote, apretás, apretás fuerte, esos brazos de oso. ¡Eso! Sos como un oso, ágil pero de movimientos lentos, indicando lo que querés sin hablar, empujando con las zarpas, dándome vuelta, o haciendo que me vuelva a poner de pie.&lt;br /&gt; En la penumbra de la habitación se veía el azulado humo.&lt;br /&gt; –Tenés la pija gruesa, eso es importante –dijo–, entrás y ocupás el espacio, me entendés lo que te quiero decir. Y le tirás a una la carrocería encima, una siente que sos todo el universo, que te coge el universo en ese momento, el universo quiere coger con vos. Y volvés a apretar, te gusta dominar, parece que vas a estrangular pero es un segundo, una siente la presión y aún así sabe que no le vas a hacer daño, que aplicás esa fuerza de la naturaleza, una fuerza que te desborda, pero no vas a lastimar, es algo muy hermoso porque no podés evitarlo. Y querés chupar, meter los dedos, morder, sos como un chico que no puede soltar su juguete preferido. Está bueno de verdad.&lt;br /&gt; Terminé mi whisky, metí por un instante la lengua en el vaso, como un oso hurgando un tarro de miel.&lt;br /&gt; –Mirá –dije–. Yo también hace mucho tiempo que no cogía. No es preciso sacar apresuradas conclusiones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3620326099714940041?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3620326099714940041/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3620326099714940041' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3620326099714940041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3620326099714940041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/ditirambo.html' title='Ditirambo'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2057823295782203988</id><published>2011-05-10T07:30:00.004-03:00</published><updated>2011-05-10T07:51:38.793-03:00</updated><title type='text'>El hábito, la costumbre</title><content type='html'>Pasa algo extraño.&lt;br /&gt; Me llama una mujer, una mujer que me conoció alguna vez, una mujer que sigue siendo hermosa o más aún, ha logrado que su belleza se acentúe. No es algo que tenga que ver con su voluntad, la suerte a veces te da una propina. Me dice, la mujer, que ahora sabe que yo soy el hombre de su vida, que ha dado prácticamente la vuelta al  mundo y no ha podido tener una conversación ni la mitad de interesante como aquella vez tuvo conmigo. Dice que le gustaba mucho mi forma de coger, mi desesperación, mis ganas de tocar, de apretar, de morder, como un chico que ha pasado demasiado tiempo del lado de afuera del kiosco de la vida.&lt;br /&gt; Le digo, mientras termino mi whisky, que me parece una inmunda  puta, un asco de persona, una infecta basura que simplemente se ha dado cuenta que se le está acabando el combustible y busca dónde aterrizar su precaria avioneta antes que sea demasiado tarde, antes que se le vuele por completo el fuselaje y deba enfrentar una absurda vejez. Le digo que su vagina olía a pilas sulfatadas. Le digo que está más gorda, también.&lt;br /&gt; Me llama el gerente general, en la oficina. Me hace pasar. El gerente general me dice que se han reunido los accionistas de la compañía. Consideran que soy la persona ideal para sucederlo, a él, al gerente general, que se retira. Llegó la hora de tener secretaria propia, automóvil de la empresa, tarjeta corporativa. Llegó la hora de viajar en avión en primera y pedir una copa de champán importado a cinco mil metros de altura, las bonificaciones especiales en una cuenta en el exterior, las reuniones en el piso treinta y tres, en una oficina con vista al río.&lt;br /&gt; Le digo que se le nota mucho, en la cara, lo puto que es. Le digo que todo el mundo sabe que coge con un muchachito que él mismo hizo entrar a trabajar de cadete, le digo que es evidente que no se está retirando sino que tiene cáncer o sida.&lt;br /&gt; Sucede que llevo tanto tiempo fracasando, fracaso tan bien, que le tomé cariño, al fracaso. Trato de pensarlo y me cuesta, no me puedo imaginar viviendo de otra manera. Fracasar es lo que mejor me sale, mi segunda piel.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2057823295782203988?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2057823295782203988/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2057823295782203988' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2057823295782203988'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2057823295782203988'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/el-habito-la-costumbre.html' title='El hábito, la costumbre'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6368124800586051282</id><published>2011-05-05T08:24:00.001-03:00</published><updated>2011-05-05T08:24:33.734-03:00</updated><title type='text'>El mago</title><content type='html'>El mago metió una moneda en la galera. Golpeó la galera con su varita, dos veces. Movió las manos, hizo unos pases mágicos. Dio vuelta su galera, y salió de la galera, la moneda.&lt;br /&gt; El mago metió un pañuelo en la galera. Un pañuelo de seda, azul. Metió el pañuelo, en la galera, muy despacio. Golpeó la galera con la varita, dos veces, movió un poco las manos. Dio vuelta la galera, y salió, de la galera, el pañuelo de seda, azul. Flotó, el pañuelo, por un momento en el aire, antes de caer.&lt;br /&gt; El mago metió una paloma en la galera. Una blanca paloma que sacó de una pequeña jaula. Rápidamente, golpeó la galera con su varita, movió las manos. Dio vuelta la galera, y salió la paloma, aleteó un poco y se detuvo en una esquina del escenario, después de un cortísimo vuelo.&lt;br /&gt; El escaso público, algo fastidiado, comenzó a inquietarse. Hubo un par de abucheos, seguidos de una burlona carcajada.&lt;br /&gt; –Mi magia consiste en dejar las cosas como están –dijo el mago, se puso la galera, se acomodó la chaqueta, se enderezó el moño–. Es una magia que se entiende con el tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6368124800586051282?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6368124800586051282/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6368124800586051282' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6368124800586051282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6368124800586051282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/05/el-mago.html' title='El mago'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2521850531594485101</id><published>2011-04-30T09:18:00.002-03:00</published><updated>2011-04-30T09:45:03.091-03:00</updated><title type='text'>Sobre cómo terminó mi carrera en la medicina</title><content type='html'>Tenía un promisorio futuro. Por mis notas, se me auguraba un fulgurante porvenir. Todos veían que yo sería uno de los grandes nombres de la medicina argentina. Mi estrella brillaría incluso más alto que Houssay, que Matera, que el mismísimo Favaloro.&lt;br /&gt; Se hablaba de mí en el ambiente de la medicina como se podía hablar, no sé, de Maradona, cuando jugaba en argentinos juniors, cuando tenía quince años o dieciséis y mostraba de indubitable manera que sería un jugador diferente, superior. &lt;br /&gt; Pero me tocó entrar a hacer una pasantía en el laboratorio, un laboratorio donde se hacían todo tipo de análisis clínicos.&lt;br /&gt; Después de trabajar cinco o seis meses, tuve un examen, una junta médica. Fui muy claro, pequé tal vez de inexperto, de vehemente. Cosas que suceden cuando uno es demasiado joven y se sabe demasiado capaz, cuando uno todavía no ha sido terminado de digerir por el status quo de la profesión que se resiste a la llegada del nuevo genio, con el inexorable cambio de paradigma que eso conlleva.&lt;br /&gt; Lo que dije en esa oportunidad, para resumir, ante la junta médica, la junta de notables, fue que los análisis clínicos tal cual se practicaban, y aún se le practican a un paciente cualquiera hoy día, son incompletos. Adolecen de una pavorosa insuficiencia, alegué.&lt;br /&gt;Es que, el análisis clásico, sangre y orina, nos permite saber el nivel de azúcar, los triglicéridos, el colesterol, demás generalidades. Pero en ningún lado figura la guita, cuánta guita tiene el paciente en su organismo. Sin ese registro, cualquier evaluación es incompleta, es imposible saber el estado de salud del sujeto analizado. &lt;br /&gt;Puede estar mejor o peor, puede estar más vivo o más muerto. Quién sabe. A quién le importa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2521850531594485101?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2521850531594485101/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2521850531594485101' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2521850531594485101'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2521850531594485101'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/sobre-como-termino-mi-carrera-en-la.html' title='Sobre cómo terminó mi carrera en la medicina'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1264654740930113900</id><published>2011-04-25T07:53:00.000-03:00</published><updated>2011-04-25T07:54:12.032-03:00</updated><title type='text'>Dios no negocia</title><content type='html'>Acá hay un tema, la gente se equivoca, pero no es de ahora. La gente tiene miedo, eso es normal, todos tenemos miedo. A las enfermedades, a la muerte, a los terremotos y a las catástrofes aéreas. La gente tiene miedo a lo desconocido.&lt;br /&gt; Es difícil vivir, con tanto miedo. &lt;br /&gt; Entonces uno negocia con Dios. Uno va y negocia, como si Dios tuviera un quiosco. Uno va y camina hasta Luján, por ejemplo, uno camina doce horas descalzo, y a cambio espera conseguir trabajo. O uno va y reza, cada noche, se pone de rodillas a un lado de la cama, y pide. Pide algo, que alguien se cure, que alguien viva, que algo, algo bueno, suceda. &lt;br /&gt; Give and take, una y una, quid pro quo, algo así. Por más ridículo que parezca a la hora de racionalizarlo, eso es lo que hacen, lo que hacemos, todo el tiempo. &lt;br /&gt; La tan prodigiosa como patética línea argumental que nos permite seguir andando se desmorona, con la precaria dulzura de un ejemplo. Un ejemplo de lo más sencillito. De manual.&lt;br /&gt; El ejemplo es con un penal, un tiro penal, en un partido de fútbol. El arquero promete, mientras espera el tiro, lo que hará, lo que está dispuesto a hacer, si ataja el penal, o si la pelota se va afuera. El delantero promete, mientras se apresta a patear, lo que hará, lo que será capaz de hacer, si hace el gol, con rebote, como sea. &lt;br /&gt;Ahí está Dios en su sillón favorito. El control remoto al lado de una de sus ojotas Adilette. Dios mueve apenas el vaso de whisky que tiene en una mano, se rasca la panza con el revés de un pulgar,  mira a través de las hendijas de la persiana baja, trata de adivinar si ya será la hora de la cena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1264654740930113900?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1264654740930113900/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1264654740930113900' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1264654740930113900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1264654740930113900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/dios-no-negocia.html' title='Dios no negocia'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5288654698270347371</id><published>2011-04-20T07:59:00.002-03:00</published><updated>2011-04-20T08:18:08.670-03:00</updated><title type='text'>A mi manera</title><content type='html'>Voy a un restaurante. Al restaurante quizás no más lujoso, pero sí más exquisito de Buenos Aires. Es sábado a la noche, hay mucha gente. Entro, saludo como si hubiera cenado allí toda la vida, como si cenara allí desde siempre. Camino unos pocos pasos, me acerco a una mesa, donde hay un matrimonio algo mayor, justamente, cenando. Me detengo junto a la mesa, la mujer ha pedido una exquisita carne, creo que es ciervo, con una papa, de guarnición, una papa con cáscara y todo, hecha de un modo especial, una humeante y amarilla papa con todos los atributos del sol, capaz de calentar el alma.&lt;br /&gt; Tomo la carne de su plato, con una mano, y me la paso por la frente.  Gotean jugos sobre mi rostro, huelo, soy todo nariz, mientras, con la otra mano, aprieto la papa, la aprieto con todas mis fuerzas. Siento cómo la papa se deshace entre mis dedos, quema y es una sensación tan dulce a la vez.&lt;br /&gt; La mujer grita, el hombre se pone de pie y me da un empujón, aunque sin demasiado convencimiento, luce algo asustado. Me echan, a los golpes, entre el encargado y un par de mozos. Alguien llama a la policía mientras yo me voy caminando por Beruti, doblo. Me sangra una ceja.&lt;br /&gt; Voy a una concesionaria de automóviles, sobre la Avenida del Libertador. Es una concesionaria de automóviles BMW. Me acerco a un auto en exhibición, es un BMW 325i, negro, flamante, con esa antenita sobre el techo que parece una aleta de tiburón. El que haya inventado esa antena, la forma de esa antena, merece el premio Nobel de la paz, o un reconocimiento de similar magnitud, de parecida relevancia. A través de la puerta del conductor entreabierta, observo los comandos, botones que obedecen a la más ínfima presión, aprovecho para olisquear el fresco cuero de las butacas. Huele a safaris en África, a culo de pequeñas aborígenes desnudas, acaricio apenas un neumático delantero, como quien acaricia un perro que por lo general es afectuoso, pero a veces no.&lt;br /&gt; Cuando el vendedor, un atildado muchacho que usa traje a rayas sin corbata, y zapatos de puntera cuadrada, nuca excesivamente descubierta, me dice si quiero ver el motor, asiento. Pero mientras el pibe se pone a levantar el capot, simplemente me bajo los pantalones, saco mi quizás algo demacrado pito, y comienzo a pishar, contra el lateral del vehículo. &lt;br /&gt; –¡Oiga, eh, qué hace! –Un guardia de seguridad desenfunda su arma y me apunta, lo cual me inhibe un poco y dificulta la micción. Guardo el pitulín, me subo los pantalones. El guardia de seguridad habla por un handy, el vendedor me mira, desconcertado, mientras veo por el reflejo del cristal que otro vendedor se acerca con un secador de piso y dos trapos.&lt;br /&gt; Voy a la casa de una chica, la chica más linda que vi en mi vida. Ya no es tan chica, la conocí hace algunos años, pero sigue siendo una preciosa mujer. Sabía su apellido, busqué su dirección por internet. Está casada, creo, es arquitecta, creo también.&lt;br /&gt; Es lunes, son las ocho de la mañana, espero y espero. Hablé con el portero, le di algo de dinero, le dije que soy un familiar, un familiar lejano al que nadie quiere ver. Me dijo que la chica baja todos los días antes de las nueve, sola, el marido se va antes en su automóvil, ella toma un taxi en la esquina de Tagle, los porteros siempre saben esas cosas, no sé por qué.&lt;br /&gt; Finalmente baja, es una preciosa mañana de invierno. Lleva el cabello más corto que como la recuerdo, un abrigo símil piel, botas de media caña sobre el apretado jean. Taconea un poco sobre la vereda, está acostumbrada a despertar admiración, usa bombachas importadas que le traen de New York, trabaja en la construcción de una torre en Puerto Madero, con un reconocido arquitecto de fama mundial que siempre está despeinado para corroborar que es genial, le pagan bien.&lt;br /&gt; Yo estoy apoyado, con una mano, contra el frente de un edificio, al lado de una panadería donde venden delicadezas, cosas ricas, de calidad.&lt;br /&gt; –Ahhh, sí… Ahí va, pará un minuto, quedate así, ah… –Me estoy masturbando, lo mejor que puedo, con mi mano izquierda. No me he bajado del todo los pantalones para que no se me congele el culo (ni se me vea). He logrado una modesta erección, pero sé que me faltan unos buenos tres o cinco minutos de faena. Me distrae un poco el ruido de los autos.&lt;br /&gt; Ella descubre entonces mi proceder, y acelera el paso, cruza la avenida esquivando autos, algo agitada, en el apuro por escaparse se le ha partido un tacón, corre como puede, rengueando, mientras saca el celular de la cartera e intenta parar un taxi, todo al mismo tiempo. &lt;br /&gt; Todo esto que te cuento, esto que me pasa, es para que veas que ha sido igual con la literatura. Todo ha resultado diferente a como yo quería, estuve cerca, pero no fue exactamente como yo lo deseaba. Aunque, determinadas mañanas de lluvia, me gusta suponer que he logrado algo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5288654698270347371?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5288654698270347371/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5288654698270347371' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5288654698270347371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5288654698270347371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/mi-manera.html' title='A mi manera'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-316010526799767867</id><published>2011-04-15T07:46:00.006-03:00</published><updated>2011-04-15T08:42:17.195-03:00</updated><title type='text'>Comentarios ISO 9001</title><content type='html'>No está en mi afán generalizar, no fui puesto sobre la tierra para juzgar (aunque me sale fenómeno), por otra parte estoy viejo, ‘físicamente impresentable’, diría el bueno de Onetti, que ya me estoy por retirar, eso quise decir. Pero siento que la primera aproximación técnica, el idóneo atributo de una categorización a la altura de la entomología, servirá sin duda para que las generaciones futuras no tropiecen, tantas veces, con las mismas piedras.&lt;br /&gt; Estos serían entonces, más o menos, los grandes grupos.&lt;br /&gt;1)Comentarista genuino. Rara avis, para ver a unos de estos uno puede pasarse unos buenos dos años picando la ingrata piedra del blog. Es alguien por lo general con estudios terciarios y hábitos más bien solitarios. Alguien que se hartó de su profesión en particular, de su vida en general, y se fue a vivir a una ciudad costera. Es alguien que tiene un perro, o un gato, o ambas cosas. Alguien que te escribe desde un precario locutorio en Santa Teresita o en un prestado departamentito en Pinamar, con las bolsas del supermercado todavía llenas apoyadas en el piso, y te dice ‘me gusta como escribís’, o ‘gracias’. Ladra un perro, afuera. Llueve.&lt;br /&gt;2)Comentarista tontuela/efusiva. Es una chiquilina que comienza los comentarios, o los finaliza, con carcajadas. Ya sé, lo dije mil veces, es difícil escribir la risa, no funciona, no funciona reírse por escrito, pero tenés que comprender que si decís ‘JAJAJAJAJA’, todo en mayúscula, bueno, tu boludez refulge como un sol. No, que pongas ‘JUA’, en lugar de ‘JA’, no soluciona nada, te atragantás con jotas, seguís siendo un brote hormonal y no mucho más que eso.&lt;br /&gt;3)Comentarista resentido. Es por lo general un masculino, adulto, mamífero mediano, tirando a paquidérmico, ya divorciado, mayor de treinta y tres años. El sujeto no puede creer que la gente quiera leerte a vos (y no a él). El sujeto viene y se planta a tirar golpes, tratando de dejar en claro que es más inteligente que vos, o que es más ingenioso que vos, o que tiene el pito más largo (o más grueso) que el tuyo. Uno por cortesía les contesta ‘bueno’, o ‘ya sé’, pero eso no los tranquiliza, porque lo que los atormenta es una patología muy honda, muy profunda. El sujeto aún hoy no entiende por qué no tenía éxito cuando iba a bailar, hace veinte o treinta años, en Villa Gesell. Y encima ahora viene la vejez, y te aumentaron las expensas. Qué le vas a hacer, comentá lo que vos quieras, capo. &lt;br /&gt;4)Comentarista con inquietudes artísticas. Suele ser una chica muy psicoanalizada. Tiene la cortesía de decir algo sobre lo que acaba de leer (algo que vos escribiste), algo que no ha entendido ni le interesa en lo más mínimo. Lo que quiere, lo único que quiere, es hablar de ella. Entonces la chica dice, comenta ‘Muy bueno, a mí también me pasó. El domingo expongo mis fotografías de amaneceres en la casa de Tatiana Choronga Burrutavena, en Olivos’. O dice ‘Claro, mi novio también tenía un lunar en el culo. Soy profesora de yoga, de tango electrónico, y de Taebo contemplativo. Entre mis alumnos está un primo de Santaolalla, y una amiga del hermano de Susana Giménez. Pueden consultar mi página web’. &lt;br /&gt;5)Comentarista gay latinoamericano. Es un muchacho chileno o colombiano que te manda fotos de su bronceado culo, y dice cosas como ‘tío, estuve leyendo y tus fragmentos son bien chévere, aquí en Barranquilla creemos que eres un pana buey de lo más rico’, o ‘me llamo Heleno Sagastizábal, vivo en Santiago de Chile, y te escribí un poema que se titula Toda esta planta de Alóe en mi cola’. Tienen el pelo muy cortito, la nuca muy descubierta, usan gel, se anotan en todas las maratones que haya (por el aire, por el agua, por los árboles del Amazonas, por Brian, por Catalina, por los delfines, por el horror de estar vivos) y guardan de recuerdo las multicolores remeritas con el respectivo número de inscripción con el secreto anhelo de usarlas, alguna vez, durante el coito. &lt;br /&gt;6)Comentarista tecnogeekcyberulisesaifonizado. Son jóvenes de ambos sexos algo indecisos, o asexuados. Usan laptops del tamaño de una libretita, tienen el táctil teléfono protegido con fundas de siliconas de colores pastel, usan auriculares cuando van a defecar, prefieren el firefox al explorer, tienen facebook con más de mil amigos. Los podés ver tipeando en cualquier bar de zona norte, son flacos como alambres, las chicas se parecen a Juan Cruz Bordeaux, usan unas hebillitas tipo triangulitos multicolores, de un flexible metal, que usaban las nenas para ir al colegio hace como treinta años. El problema es que si me escribís ‘esto está revueno’, o ‘me gusta mucho tu hestilo’, bueno, corazón, esas cosas hacen mal a la vista.&lt;br /&gt;7)Comentarista superadita. Consideran que el blog es un género muy menor, usan los lentes a lo Foucault, y están convencidas que haber caminado una vez media cuadra con Beatriz Sarlo, haberla ayudado incluso, a la señora, a encender un Parliament, bueno, eso es una rayana muestra del talento para la filosofía, y para la literatura, que las envuelve. Entonces, subidas al precario pedestal de los dos o tres apuntes que han leído, te dirán ‘muy buena la idea pero el final es minimalista, muy Carver’, o ‘el pluscuamperfecto del subjuntivo se usa por lo general para manifestar duda existencial, angustia famélica’. Suelen coger sin entusiasmo, tienen la vagina más seca que una baldosa de porcelanato, y es muy amargo su sabor. Tienen inclinación hacia el lesbianismo y hacia la poesía, que prácticamente (en ambos casos) no ejercen ni les provoca significativa satisfacción. &lt;br /&gt;8)Comentarista playback. No es mal tipo, sólo que no tiene, por lo general, demasiadas ideas. Sucede, entonces, lo siguiente. El tipo lee una idea tuya, un fragmento, y resulta que le encanta. Pero lo angustia, a la vez. Siente que lo podría haber escrito él, la idea, pero no, a él no se le ocurrió, a él no se le ocurre absolutamente nada, hasta que lo lee. Entonces te hace un comentario ‘pisando’ tu idea, repitiendo más o menos tal cual lo que vos acabás de escribir, y acotando como si la idea que jamás se le ocurrió, ahora mejorada, le fuera propia. Quiere convencerse a sí mismo que su comentario, con la idea, que ahora, por comentarla, es suya, es mejor que la idea original (que era mía) que lo generó. Se siente mejor por un rato así, y piensa que mañana la idea se le ocurrirá a él. Pero no, eso no sucede. No se va más, es un comentarista de por vida.&lt;br /&gt;9)Comentarista Spinetta. Esta es una categoría de boludo, también (alguna vez ya lo he mencionado, ya sé que me repito, me repito genial), el ‘Boludo Spinetta’. El comentarista cree que la imbecilidad puede ser ocultada por un baldazo de terminología. Por ejemplo, dice el comentarista ‘tus imágenes oníricas tienen reminiscencias erótico-precámbricas’ (cuando lo que vos escribiste es un fragmento donde un personaje dice ‘te voy a chupar la concha’). Es un comentarista que tiene la necesidad de decir ‘semiótica’ o ‘mayéutica’ cada dos renglones. Es un comentarista adicto al punto y coma, porque le parece que el punto y coma es elegante, es una coma con gorrita. &lt;br /&gt;10)Bueno, tampoco era para ponerse así. Esperen, les juro que voy a mejorar. No se vayan, che. No me dejen solo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-316010526799767867?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/316010526799767867/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=316010526799767867' title='24 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/316010526799767867'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/316010526799767867'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/comentarios-iso-9001.html' title='Comentarios ISO 9001'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-9085057373069901428</id><published>2011-04-10T07:43:00.001-03:00</published><updated>2011-04-10T07:44:37.759-03:00</updated><title type='text'>Consolador</title><content type='html'>En el subte, dónde querés que estemos los que fracasamos, a los que no nos salió nada, yendo a alguna parte, siempre yendo a alguna parte, a hacer un trámite, a hacer una fotocopia de la propia cara de boludo, a conseguir algún certificado que justamente certifique que no tenés la más mínima posibilidad de dejar de ser lo que sos, siempre tristes, un chihuahua gris masticándote alma.&lt;br /&gt; El subte viene lleno, siempre, eso ya fue dicho. Iba para el centro, en la B, debían ser las ocho y algo de la mañana.&lt;br /&gt; Viajábamos amontonados, pero amontonados no es el término correcto, no es de ninguna manera el vocablo adecuado. Viajábamos apilados, unos sobre otros, no éramos ni siquiera ganado, que no merece ser transportado con comodidad ninguna, total va al matadero. No, éramos pedazos de carne ya descuartizada, carne muerta, pedazos de cuerpos sin alma, un pito que hurgaba en unas indiferentes y oxidadas ancas, una oreja que escuchaba un tema de Depeche Mode, una rodilla incrustada contra la nariz de un sujeto sentado y dormido que soñaba que estaba despierto y parado, un piercing sobre un labio leporino que goteaba saliva, un ciego con un acordeón sangrando el chamamé más triste del mundo, una cara quemada con la piel como un azulado cuero, una mano pidiendo una moneda con modos de garra de ave picuda.&lt;br /&gt; Ahí estaba yo, tratando de averiguar si la vida tenía algún sentido, y en tal caso cuál era, mientras luchaba por permanecer de pie, por defender mi vital baldosa de treinta centímetros de lado y no caer, porque si caías estaba claro que morías ahí, si caías ya no había la más mínima posibilidad que te volvieras a levantar.&lt;br /&gt; Huiste de la monotonía de tu pueblo y te viniste a la ciudad, en busca de cines, de aventuras, de carreras de ciencias sociales y ceniceros repletos de cigarrillos y lentes a lo Foucault y discusiones sobre la inmortalidad del alma hasta la madrugada. Mirá lo que quedó de vos, mirá cómo estás. Convenía ir a pescar al río y esperar que Argentina salga campeón, cada cuatro años, y casarse con una vecina que usara un vestido floreado y supiera hacer torta de manzana. Saltaste, y ahora no hay manera de volver a casa. &lt;br /&gt; –No, la enfermera dijo que no tenía sentido que nos quedáramos –la chica hablaba por su teléfono celular, estábamos prácticamente cara a cara–. Si total lo pasaron a terapia intensiva de nuevo, no te dejan verlo hasta el mediodía. No podés hacer nada.&lt;br /&gt; Yo no quería escuchar, quería evitar esa conversación, esa cara, pero entró más gente al vagón, todavía, empujaron. Quedé más cerca, si la hubiera sacado a bailar lento, y ella hubiera aceptado, aún así, no hubiéramos estado tan cerca. Tenía rulos, muchísimos rulos de un castaño oscuro, usaba una arrugada camisa y unos jeans, estaba ojerosa, le molestaba la cartera para hablar, y la había apoyado entre sus pies. Le temblaba un poco la voz. &lt;br /&gt; –¡Qué decís! ¡No puede ser! ¡No se puede haber muerto así! –con la mano libre comenzó a tirarse del pelo, de algunos rulos, saltaron las lágrimas– ¡No se puede haber muerto! Me quedé sola –su voz se fue apagando, dejó caer el teléfono al piso–, me quedé sin nada. &lt;br /&gt; Estábamos demasiado cerca, debe haber sido eso. La noticia la acababa de fulminar como un rayo, y ella simplemente dio un cuarto de paso y se dejó caer hacia delante, contra mi pecho. Sus rulos estallaron sobre mi saco. La abracé, la abracé bien fuerte, mientras sollozaba. &lt;br /&gt; Nos quedamos así, dos estaciones, tres. Ella llorando, bajito, como un animal herido que no necesita comprender absolutamente nada acerca de la naturaleza del dolor, el dolor duele y con eso basta. Le acaricié apenas la cabeza, apreté sus rulos, le sequé las lágrimas con la yema de un pulgar, y volví a abrazarla, bien fuerte, como si estuviéramos en medio de una tormenta. &lt;br /&gt; –Tengo que seguir –dijo, y se bajó en Uruguay. Arrancó el subte, levantó una mano, mientras yo pensaba que quizás mi vida tuviera algún sentido, quizás no fuera yo un ser completamente inútil. Me saludó desde el andén.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-9085057373069901428?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/9085057373069901428/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=9085057373069901428' title='22 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/9085057373069901428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/9085057373069901428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/consolador.html' title='Consolador'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6893069591089685778</id><published>2011-04-05T07:43:00.003-03:00</published><updated>2011-04-05T07:59:19.726-03:00</updated><title type='text'>Una cosa bella es una alegría para siempre, dijo el poeta</title><content type='html'>Estaba en una plaza, en un parque, sentado. Debían ser las diez de la mañana, quizás las once. Hacía frío, un frío como el que hacía en otras épocas, y después se dejó de hacer, se dejó de fabricar. Agosto, invierno, martes. &lt;br /&gt; ¿Por qué estaba en el parque? Porque no tenía nada para hacer, porque no me salía una, porque  me había venido grande y no podía creer que las oportunidades se hubieran ido como una luz debajo de la puerta. Porque habría fracasado en todos los rubros del horóscopo. Ella me había dejado, también. &lt;br /&gt; Había caminado una vuelta al parque, sin motivo, pensar caminando, a veces, es mejor que pensar quieto, aunque mucho mejor es no pensar nada de nada. Había fumado un cigarrillo mientras caminaba, le había mirado el culo a una chica que pasó corriendo con un buzo con capucha y calzas de ciclista, todo esfuerzo y ni una pizca de alegría, había acariciado a un bigotudo perro que me miró y levantó el hocico, muy alto, como si me quisiera señalar, con el hocico, el cielo, algo que yo debía mirar o saber.&lt;br /&gt; Estaba sentado y hacía frío, eso ya lo dije. Había una parejita de novios, en otro banco, la chica sentada de costado, arriba del muchacho, amor adolescente. Había un pibe sentado sobre el césped, contra un árbol, gorrita, puro odio, planeando un robo o un asesinato. Había una madre hamacando a su hijito demasiado pequeño, el chiquito parecía creer que el mundo era un maravilloso lugar lleno de sorpresas, de posibilidades, de viento en la cara. Bien por él. &lt;br /&gt; Paró un micro, y bajaron veinte o treinta chicos de alguna escuela primaria, todos con blancos guardapolvos asomando por debajo de los abrigos, algunas multicolores bufandas. Un par de chicas tenían orejeras de peluche, lo que les daba un curioso y extraterrestre aspecto. Los chicos estiraban las piernas, o pateaban alguna piedra, se reían, se empujaban. &lt;br /&gt; Las dos maestras, jóvenes y algo fastidiadas, luchaban por mantener cierto mínimo orden. Habían venido a ver un monumento, a dibujar algo como actividad práctica, no lo sé.&lt;br /&gt; Vi un vendedor de globos, cansado, viejo, con los zapatos reventados, un gorro de lana, la nariz un morrón hecho de sucesivas capas de vino y de frío.&lt;br /&gt; Fue fácil y fue rápido. Le compré los globos, todos, le di toda la plata que tenía. Me acerqué a los chicos, que estaban en fila, y comencé a darles los globos, uno a cada uno. &lt;br /&gt; –Cuando yo diga ‘ahora’, los sueltan –dije. Las maestras me miraban. &lt;br /&gt; Era una perfecta fila. Cada chico con su globo, verde o rojo o amarillo, alguno naranja, alguno azul. Me sobraron tres globos.&lt;br /&gt; –Tenga –le dije a una de las maestras, que sonreía y miraba hacia el micro, por si había que llamar al conductor, o a la policía. &lt;br /&gt; –¡Ahora! –dije. &lt;br /&gt; Soltaron los globos, todos los chicos. Y por un momento miramos hacia arriba, todos miramos hacia arriba. Los chicos, las maestras, el vendedor de globos que había vendido por una vez en la vida todos los globos, la parejita de adolescentes, el chico del árbol, y un par de perros, también.&lt;br /&gt; –Gracias –dije–. Muchas gracias. &lt;br /&gt; Me fui caminando despacio. La maestra que tenía los tres globos corrió un par de pasos, como para preguntarme algo, pero se detuvo. Se quedó mirando con los globos en la mano, mientras yo me alejaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6893069591089685778?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6893069591089685778/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6893069591089685778' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6893069591089685778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6893069591089685778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/04/una-cosa-bella-es-una-alegria-para.html' title='Una cosa bella es una alegría para siempre, dijo el poeta'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2396115383141617342</id><published>2011-03-30T08:46:00.002-03:00</published><updated>2011-03-30T08:48:09.969-03:00</updated><title type='text'>En esta despedida</title><content type='html'>Durante la práctica sexual, ella me pedía que la ahorcara. Que la ahorcara de rotunda y contundente manera. Tenía un perro, ella, un Rottweiler, y el Rottweiler, para sacarlo a pasear, ella usaba un collar de ahorque. Ella me pedía que la ahorcara con el collar de ahorque, que apretara más y más, y un poquito más.&lt;br /&gt; Mientras la ahorcaba, ella me pedía que le metiera un turrón, un turrón común y corriente, un turrón Namur que todos recordarán de la escuela primaria. Ah, sí, debía meterle el turrón, el turrón Namur, en el culo. Con energía, ella quería que le metieran el turrón, en el culo, intensamente.&lt;br /&gt; Mientras la ahorcaba, con el collar de ahorque de su perro Pericles, y con el turrón ya bien metido en el culo, ella quería que le pusiera un montoncito de cocaína sobre el clítoris. La cocaína se humedecía de a poco, y yo debía dar pequeños golpes con la yema del dedo índice, o del dedo corazón, de mi mano izquierda, sobre el clítoris cubierto de cocaína como si se tratara de azúcar impalpable que se iba haciendo una pasta primero, para diluirse después.&lt;br /&gt; Y así, mientras la ahorcaba con el collar de ahorque, mientras le metía el turrón en el culo más y más adentro, mientras se me acalambraba el dedo de golpetearle el clítoris cubierto de cocaína, bueno, yo podía meter el pito en el único lugar libre, le metía el pito en la boca y hacía también lo mío (estás tratando de imaginar la posición, es comprensible). &lt;br /&gt; Me permito esbozar algunos detalles que hacen desde ya a la vida privada de las personas, por que en esta despedida, ella me dice que siente que nuestra relación nunca funcionó del todo. No se marchó antes, dice, por que le hacía bien estar conmigo, toda esa ternura que solamente yo era capaz de darle.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2396115383141617342?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2396115383141617342/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2396115383141617342' title='24 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2396115383141617342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2396115383141617342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/en-esta-despedida_7775.html' title='En esta despedida'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5763088374825462569</id><published>2011-03-25T07:17:00.004-03:00</published><updated>2011-03-25T08:22:12.897-03:00</updated><title type='text'>Ya nada va a ser como antes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cumplía años P. Cumplía treinta y tres años, y se le ocurrió que podíamos irnos todos a la playa, con el pretexto de festejar su cumpleaños. P. tenía un departamento muy bien ubicado en Miramar, desde siempre, era un departamento de su familia, había pasado todas sus vacaciones de niño en Miramar. El departamento estaba no demasiado cerca del centro, y a una cuadra del mar.&lt;br /&gt;Íbamos a ser siete, con P., pero M. y G. no pudieron y se bajaron. M. Se había esguinzado un tobillo y dijo que no iba a poder hacer nada y se iba a amargar. A G. no lo dejó la mujer. Había tenido un bebé, G., con la inobjetable colaboración de su mujer, y la mujer estaba dispuesta a exigirle lo que creía que se merecía del mundo por haber cumplido con su quizás antropológico y ancestral rol de dar vida. Y todo lo que quería exigir la mujer de G., del mundo, había decidido exigirlo a través de G., lo que equivalía a decir que la mujer de G. no paraba de romperle las pelotas, a G. Parecía que la mujer de G. no iba a dejar de romperle las pelotas, a G., nunca más.&lt;br /&gt;Éramos cinco, entonces, fuimos en dos autos. El cumpleaños de P. era un 24 de septiembre, caía viernes. La idea fue irnos el viernes a la mañana, hacer una cena para el festejo, un asado, en Miramar. Quedarnos el fin de semana, volver el lunes.&lt;br /&gt;Salió todo a la perfección. El departamento de P. tenía más de cien metros, varios cuartos, sobraba espacio, un balcón terraza espectacular. No hacía demasiado frío, ni llovía. P. hizo el asado, comimos como enjaulados leones, como aplicados marsupiales, achuras, salchicha parrillera, ubre, asado, un matambrito de cerdo tierno como la caricia de una madre. Llevamos tres cajas de un digno malbec, tomamos como dos botellas por cabeza y nos fuimos yendo a dormir, de a uno, a medida que nos vencía el cansancio y se empastaba el pozo de compartidas anécdotas.&lt;br /&gt;Al día siguiente, después del mediodía, fuimos a la playa. Había un solcito que acompañaba el sonido del mar. Jugamos a la paleta, y un cabeza, dos contra dos, atajando con espectaculares voladas para aterrizar sobre la olvidada blandura de la arena. Hasta conversamos con un grupo de chicas que nos convidaron unos mates, eran de Hurlingham, quedamos en vernos a la noche, ellas eran cuatro, querían ir a bailar a Mar del Plata.&lt;br /&gt;Debían ser las seis de la tarde, estábamos tirados en la arena. Se había echado con nosotros un perro de playa, una mezcla de collie bigotudo, con el pelo duro de mugre, que se acurrucaba y nos miraba como si estar con nosotros fuera la cosa más divertida del mundo, lo mejor que le pudiera pasar. H. había ido a comprar dos docenas de exquisitas facturas, churros rebosantes de dulce de leche, vigilantes con membrillo que te dejaba los dedos hechos un pegote. D. fumaba un cigarrillo tras otro, como de costumbre, sin parar.&lt;br /&gt;Entonces P. se puso de pie, se sacudió un poco la arena de las piernas, se quitó la remera.&lt;br /&gt;–Bueno, chau –dijo, y empezó a caminar, decidido, hacia el mar.&lt;br /&gt;–Pará, está fresco –dijo H., se chupó un índice y apuntó al cielo. Era cierto, había algo de viento, empezaba a refrescar– ¿Adónde vas?&lt;br /&gt;–Estuvo todo muy bueno –se detuvo un momento P., como si estuviera buscando las palabras adecuadas, que podían estar tanto en la arena como en el cielo–, pero ya nada va a ser como antes. Me voy a matar.&lt;br /&gt;Nos quedamos ahí, mirando a P. que llegó a la orilla y entró al agua casi al trote, sin detenerse, sin dudas. El agua le llegó a la cintura primero, P. siguió adelante, el agua le cubrió los hombros y quedaba la cabeza, una negra manchita, un puntito apenas, en medio del azul más inmenso que te puedas imaginar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5763088374825462569?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5763088374825462569/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5763088374825462569' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5763088374825462569'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5763088374825462569'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/ya-nada-va-ser-como-antes.html' title='Ya nada va a ser como antes'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7377516957471048395</id><published>2011-03-20T08:35:00.004-03:00</published><updated>2011-03-20T13:45:07.803-03:00</updated><title type='text'>Lugar común</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En el bar, ya habíamos pedido el desayuno. Café con leche, tostadas, queso y mermelada, yo. Un jugo de naranja, ella. Preguntó tres veces, al mozo, a mí, y a alguien más imposible de individualizar, si era exprimido, el jugo. Después preguntó si era natural, el jugo también. Faltó que preguntara qué raza de pájaros habían fornicado sobre la rama de la cual había crecido primero, para caer después, la naranja, la naranja con la cual le debían estar preparando en ese mismo instante, el jugo, del jugo de naranja, exprimido, y natural.&lt;br /&gt;Habló un rato desde antes que pidiéramos el desayuno. Mientras caminábamos las tres cuadras hasta el bar. Habíamos pasado la noche juntos, pero lo que se dice antes de coger (cuando conocés a una persona) no cuenta, lo que se dice mientras se coge y después, inmediatamente después, pertenece al lenguaje pero tampoco cuenta como conversación, en el sentido tradicional.&lt;br /&gt;Ella habló, entonces, ponele que fueron diez minutos, mientras bajábamos en el ascensor, que quizás en ese momento, al bajar, cumplía funciones de descensor, mientras caminábamos las tres cuadras, mientras nos sentábamos y esperábamos que nos trajeran el desayuno, en el bar.&lt;br /&gt;Ella habló, dijo que estaba en su mejor momento, que así se sentía. Que una mujer después de los treinta años entiende cosas que antes no sería capaz ni de pensar. Sí, de la vida en general, del sexo también, ahora cogía mucho mejor que antes, con menos tabúes, con más libertad. Y el divorcio le había hecho bien, ahora ya sabía lo que quería y lo que no quería de una relación, de los hombres, lo que podía suceder, lo que se podía esperar. Su psicoanalista le había dicho que después de sus vacaciones en el norte de Brasil (las de ella, no las del psicólogo que veraneaba por lo general en San Bernardo) la veía mucho mejor, más entusiasmada con la vida, había logrado, finalmente, dar un paso adelante y continuar. Estaba su hija, también, Josefina, su pequeño milagro, algo maravilloso que quedaba de aquella relación, y que había salido de ella, algo para ver crecer y cuidar y ser feliz a pesar de todo lo demás. Se cuidaba, ahora, le habían dado ganas de hacer gimnasia otra vez, de verse linda. Y de estudiar, un curso de fotografía, o de teatro quizás. La plata no alcanzaba, la plata nunca alcanzaba, pero la plata no era lo importante, la plata no te hacía feliz, porque cuando estabas mal, estabas mal aunque te invitaran a Pinamar y te llevaran en un BMW y fueras a cenar a un restaurante con velitas y tomaras el mejor vino que hay. Lo importante era despertarse cada mañana con ganas de hacer algo, de poner música y sentir que ahí afuera siempre pueden pasar cosas lindas, sólo se trata de estar con la actitud correcta para que las cosas te sucedan, nada más.&lt;br /&gt;Vino el mozo, dejó el pedido. Mi café con leche, mis tostadas con queso y mermelada, su jugo de naranja en un vaso de treinta centímetros de altura, de un naranja tan potente como para iluminar una mañana de invierno.&lt;br /&gt;–¿Por qué estás tan triste? –Le dije, le pregunté. Y ella se puso a llorar, parecía que no iba a haber modo en este mundo para que pudiera dejar de llorar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7377516957471048395?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7377516957471048395/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7377516957471048395' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7377516957471048395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7377516957471048395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/lugar-comun.html' title='Lugar común'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3715476152880246495</id><published>2011-03-15T07:13:00.006-03:00</published><updated>2011-03-15T07:47:51.039-03:00</updated><title type='text'>Quedan las marcas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lo vi. Era Chespirito, seguro que era él. Aunque habían pasado muchos años, menos de veinte, pero más de diez.&lt;br /&gt;–Hola, Chespirito –me acerqué y tendí una mano, porque yo acababa de entrar al bar y él estaba sentado prácticamente en la primera mesa, no había forma de pasar y hacerme el distraído. Le dije ‘Chespirito’, porque le decíamos Chespirito, no me acordaba si se llamaba Gustavo o Gabriel.&lt;br /&gt;El tipo me dio la mano, levantó la mano con mucha lentitud, como si la mano fuera un pesadísimo pez. Mientras él levantaba la mano, me vino todo a la mente, o casi todo, como una película pasando con vertiginosa rapidez, montones de recuerdos lanzados en grotesca velocidad.&lt;br /&gt;Éramos jóvenes, adolescentes, con ganas de ver qué tenía escondido la vida debajo del pulóver para nosotros. Las ganas de pelearnos, de emborracharnos, de coger. Y Chespirito era uno más, un chico excesivamente pálido y flaquito, con ojos siempre legañosos y una levísima tartamudez. Una tartamudez que se agravaba, es natural, cuando se asustaba o se ponía nervioso. Y nosotros lo asustábamos, lo poníamos nervioso, siempre. Era uno de nuestros preferidos deportes.&lt;br /&gt;Éramos crueles, como sólo un adolescente que no ha sido salpicado por excesivas desgracias todavía puede serlo. Le pegábamos entre todos, cuando bajábamos a la calle antes de ir a bailar. Alguien decía ‘¡ahora!’, y lo tirábamos al piso, en la calle, para de inmediato tirarnos todos encima mientras él lloriqueaba y pugnaba por escapar. O estábamos comiendo hamburguesas, en Villa Gesell, y alguien se miraba con alguien y listo, uno le agarraba los brazos desde atrás y otro le rociaba con mostaza la cara, mientras él gritaba que se iba a quedar ciego, que no podía ver, y se caía de la silla ante la atónita mirada del resto de los comensales del lugar.&lt;br /&gt;Una vez nos invitó a la casa, por su cumpleaños. Fuimos al dormitorio de los padres y pishamos entre varios toda la cama, Gaby sacó un peceto de la heladera y se lo pasó un buen rato por las axilas primero, por las ingles después, antes de volver a acomodarlo en la fuente con papas, zanahorias y cebollas, probable almuerzo del siguiente día. Cuando bajábamos del departamento, en huida, Marcelo arrancó el portero eléctrico de un tirón. Adrián contó que había encontrado el tejido que estaba haciendo la madre de Chespirito (era viuda, postrada en silla de ruedas desde hacía mucho, entre Fabricio y Carlos la habían encerrado en un baño) y lo había metido en el freezer, con los ovillos de lana, las agujas hechas un metálico bollo, todo. A Chespirito, del miedo, de la impotencia, le había dado un ataque de asma. Un vecino tuvo que llamar a una ambulancia mientras nosotros nos íbamos a bailar, matándonos de la risa, llevándonos una botella de whisky, por que Chespirito se había puesto azul, trataba de putear, lloraba, se moría.&lt;br /&gt;Después nos dejamos de ver con los pibes. Nos vinimos grandes. Yo me puse a estudiar, Villa Gesell quedó enroscado en algún pliegue del pasado. La vida.&lt;br /&gt;–Perdón –le dije–. Te quiero pedir perdón por todo lo que te hicimos durante la adolescencia. No era mi culpa, o no era sólo mi culpa, pero yo participé, de todo, sin excusas. Sé que es tarde, pero aprovecho para pedirte perdón. No sé.&lt;br /&gt;–Nno tt tte perdono –dijo Chespirito, con su tartamudez galopando como un caballo rengo–, nno puedo pp perdonarte. Te agg gradezco el ggesto, eso sí, pero pero ojj ojj jalá te mmu mueras. Ustt tedes me cagaron la vida. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3715476152880246495?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3715476152880246495/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3715476152880246495' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3715476152880246495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3715476152880246495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/quedan-las-marcas.html' title='Quedan las marcas'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8233117235348181806</id><published>2011-03-10T07:42:00.001-03:00</published><updated>2011-03-10T07:53:08.223-03:00</updated><title type='text'>Ah, la mente</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La mente. Ah, la mente es un artilugio de lo más complicado. El software del cerebro, la ensalada waldorf que nos mantiene andando. Mecanismo complejo si los hay, y delicado.&lt;br /&gt;Te doy un ejemplo, para que veas. La hago cortita, la resumo, para que no te aburras, porque estábamos con otro tema.&lt;br /&gt;Ah, sí, el ejemplo, el ejemplo.&lt;br /&gt;Hay un estado, en los Estados Unidos, justamente, donde está permitida la pena de muerte. Debe ser Texas, seguro, por que es ahí donde está lleno de pelotudos que andan con un rifle en el auto y botas de cowboys, y sombreros, claro. Aunque no viene al caso, pero debe ser Texas.&lt;br /&gt;Había un condenado a muerte, por robo, por violación, por varios asesinatos.&lt;br /&gt;Pero aunque el condenado a muerte era una basura infecta, una alimaña de pantano, siempre hay alguien que se opone, a la pena de muerte. Por que es de una infinita truculencia, por que es la Ley del Talión, por que no arregla nada.&lt;br /&gt;Y aparece un doctor, un neurólogo, también psiquiatra, y dice que va a hacer un experimento, Un experimento con el condenado a muerte. Para que la condena, la ejecución, sea igual de efectiva, pero menos cruenta. Cómo ejecutar al condenado siempre fue el tema que más raspa cuando se discute la cuestión, por que al presenciar una ejecución, se descubre que la sociedad se come al caníbal, que no hay manera, que está todo para el carajo.&lt;br /&gt;Y no va que lo dejan hacer el experimento, al médico, con el condenado a muerte. Total, era un condenado a muerte, por lo menos que sirviera para algo. Una tan retorcida como lúcida línea de razonamiento.&lt;br /&gt;El doctor hace lo siguiente. En lugar de la horca, o de la cámara de gas, o de electricidad. El doctor hace otra cosa.&lt;br /&gt;Lo atan, al condenado a muerte, le vendan los ojos. Y le hacen un corte en la muñeca, eso es lo que se le explica al condenado. Que le van a hacer un corte en la muñeca, un corte de quirúrgica exactitud, para que se desangre, para que muera desangrado. La gran Séneca, si le querés poner un nombre.&lt;br /&gt;Entonces le hacen el corte, te decía, pará, ¿querés tomar algo? Le hacen el corte, pero en realidad, lo que le hacen es un cortecito de morondanga, nada importante. Le hacen un corte en la muñeca derecha, un corte de la más absoluta irrelevancia.&lt;br /&gt;Y ahora viene lo más interesante. Le ponen sonido, de goteo, sobre metal, como si lo que estuviera goteando fuera su propia sangre, la sangre del condenado, la sangre del condenado a muerte.&lt;br /&gt;Eso es todo. Un goteo, gota y gota, plif plif, gruesos goterones de sangre sobre una metálica superficie, por que al tipo lo habían sentado sobre una especie de bañera con ese piso de metal, como de aluminio. Transcurridos un par de minutos el goteo se va atenuando, el goteo languidece hasta que, finalmente, se detiene. Para.&lt;br /&gt;Así está el tema, cuando el goteo para, cuando el amplificado sonido del goteo para, el condenado se muere, de un paro cardíaco. Le habían hecho un cortecito de mierda, algo ínfimo, pero el tipo escuchó gotear y gotear su sangre, y le habían explicado cómo iban a matarlo. Ahí está su mente, en una habitación cerrada, a oscuras, su mente escuchando el goteo que es su propia muerte, tres minutos, o cinco. Cuando para el goteo, el hombre, su mente, sabe que se ha desangrado. Y se muere.&lt;br /&gt;Ahora, con respecto a lo que nos acaba de suceder, bueno, sí, no es tan solo la mente. Te acabé adentro, como un dromedario, no pude contenerme. Yo también estoy preocupado. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8233117235348181806?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8233117235348181806/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8233117235348181806' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8233117235348181806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8233117235348181806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/ah-la-mente.html' title='Ah, la mente'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3335864590309363835</id><published>2011-03-05T07:36:00.003-03:00</published><updated>2011-03-05T08:53:55.285-03:00</updated><title type='text'>Dulce</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estoy durmiendo, duermo. Soy un genio, se me nota demasiado, es evidente hasta la desmesura, soy absolutamente genial, pero a veces duermo, también. Así que duermo, no mucho, con digamos unas cinco horas estás vivo, con más de cinco horas podés funcionar, claro que es mejor dormir seis horas. Con siete horas, el día que dormís siete horas, te levantás con el pito parado y unas ganas de vivir tremendas. Tampoco me pasa dormir diez horas, o doce, eso te pasa, si te pasa, en la adolescencia, o si sos muy pelotudo, si no pensaste nunca nada de lo que tenías que pensar. Escuálidas recompensas de no saber.&lt;br /&gt;Así que estoy durmiendo y suena el timbre. Suena el timbre de arriba, del departamento, por que si fuera el timbre de abajo podría ser que alguien pasó por la calle y tocó todos los timbres, para jorobar. Pero no, es el timbre de arriba. Dos timbrazos, largos, después uno más.&lt;br /&gt;Me despierto, algo sobresaltado por cierto, miro la hora, son las tres y media de la mañana.&lt;br /&gt;Voy hasta la puerta, no se por qué me pongo un short, voy hasta la puerta caminando en cámara lenta, tratando de no hacer ruido al pisar.&lt;br /&gt;Miro, valga la redundancia (la redundancia algo tiene que valer), por la mirilla de la puerta. Nada, oscuridad. Hay un automático, en la luz del pasillo. Creo que de noche permanece encendida, un minuto, y después corta, cinco minutos o siete, si nadie la enciende, algo así. Espero, pegado a la puerta, mirando. Mirando y nada más.&lt;br /&gt;Al rato se enciende, la luz. Me late el corazón, muy fuerte, como si alguien me estuviera dando golpes en el pecho para ver si tengo algún azulejo flojo.&lt;br /&gt;Se enciende la luz. No hay nadie. Perdón, no hay nadie no. No hay una persona. Pero hay alguien. Hay un perro.&lt;br /&gt;El perro es un Fox Terrier pelo duro, grandecito, marrón y negro. Está sentado, el perro, mirando hacia mi puerta. Tiene una trompeta, sí, el perro, junto a una de sus patas delanteras. No hay nadie más.&lt;br /&gt;Corta la luz. Espero. Pasan unos buenos tres minutos, quizás cinco. Se enciende la luz. Ahí está el perro, ahí está la trompeta, todo igual.&lt;br /&gt;Abro la puerta. Sé que es un error, sé que está mal, pero abro la puerta. Ahora van a salir tres tipos de alguna parte con cuchillos, con revólveres, y me van a robar. Me van a quemar con una plancha el rostro, por no querer decirles dónde guardo el dinero. Aunque no tengo plancha, no sé planchar, eso debiera jugar a mi favor.&lt;br /&gt;Abro la puerta, esperando el ataque. Pero no, no hay nadie. Nadie que diga ‘arriba las manos’, o ‘quedate quieto porque te quemo’. No.&lt;br /&gt;El perro alza la trompeta, con una pata delantera.&lt;br /&gt;–Escuchá, loco, escuchá.&lt;br /&gt;Y se pone a tocar la trompeta. Cierra los ojos y toca con energía, con sentimiento, el sonido rebotando contra las paredes del angosto pasillo. Arranca con las primeras notas de ‘you are the sunshine of my life’. El sonido de la trompeta me acaricia el alma, toca bien, el perro, el tema es bello de verdad.&lt;br /&gt;–Gracias –dije–. Es un tema muy dulce, y es la versión más sentida que yo haya escuchado jamás.&lt;br /&gt;Cerré la puerta, volví a la cama. Por eso le pedí un turno, porque creo que tengo un problema con la bebida, doctor. Por eso estoy acá. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3335864590309363835?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3335864590309363835/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3335864590309363835' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3335864590309363835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3335864590309363835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/03/dulce.html' title='Dulce'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1760554434998565865</id><published>2011-02-28T07:09:00.000-03:00</published><updated>2011-02-28T07:10:26.087-03:00</updated><title type='text'>Animales</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Voy al zoológico, no tengo lo que hacer, verano en Buenos Aires.&lt;br /&gt; Voy a la jaula del elefante.&lt;br /&gt; –La jirafa es una conchuda –me dice el elefante, inclinando un poco la cabeza mientras me olisquea el cabello con la trompa–. Los chicos van y le llevan galletitas, alfajores, la boluda se pega un par de vueltas y nada más. A mí me tienen miedo porque siempre hay algún documental de la National Geographic donde un elefante se calienta, abre las orejas, avanza diez o quince pasos como para dar un topetazo. Pero si te fijás bien nunca termina de atacar. Lo hace para que lo dejen de joder con las fotos, nada más.&lt;br /&gt; Voy a la jaula del tigre.&lt;br /&gt; –Rey de la selva, el león –el tigre se despereza, vuelve a echarse de costado–. Rey de la selva ésta –se toca con una pata (trasera) los huevos–. Si hacemos un mano a mano en cualquier parque me lo como con guarnición de papas españolas. Lo que pasa es que el león tiene la melenita, y el pelito así impresiona. Además, mirá cómo estoy, todo desteñido, casi ni se me ven las rayas. Les dije a los forros de acá que me cepillen con jabón blanco, pero nadie da bola. Usan un jabón de mierda, que encima me da urticaria. El león es puro marketing.&lt;br /&gt; Voy a la jaula de los monos.&lt;br /&gt; –Olé, olé olé olé… –Me grita un chimpancé, desde arriba, colgando de un brazo, dejándose bambolear mientras caga–. Le jugamos un partido, cinco contra cinco, a los guardias, el otro día. Atrás del lago donde están los cisnes, hicimos la canchita. Habíamos apostado. Si ganábamos nosotros, nos tenían que preparar treinta litros de licuado de banana, todas las mañanas, durante un mes. Con azúcar, los licuados, con avena, y un poco de dulce de leche, también.&lt;br /&gt; –¿Y si perdían?&lt;br /&gt; –Si perdíamos les entregábamos a Ramona –señala hacia atrás y hacia arriba, una mona en lo alto de un árbol, sentada en una rama, mirándose las uñas, absorta–. También por un mes, podían venir las veces que quisieran, gratis. Ramona tira de la goma como nadie. Hay un antes y un después. Hay cosas que sólo saben hacer los animales. El asunto es que ganamos, cuatro a uno. Se quedaron recalientes. Trajeron diez litros de un licuado pedorro, rebajado con agua. Dicen que la leche está muy cara, les cortaron el presupuesto. Estamos preparando una huelga de monos en todos los zoológicos del mundo. Nos vamos a quedar sentados, en la hora pico, de espaldas a los barrotes. No vamos a saltar ni a movernos ni a reírnos para las fotos, miles y miles de monos de brazos cruzados, sin  morisquetas, nada. Ya van a ver cómo la recaudación se les va a la mierda, manga de putos.&lt;br /&gt; Enciendo un cigarrillo, camino un poco. Pasa lo mismo si sos maestro en un colegio secundario, o si trabajás en una oficina. Pasa lo mismo en todas partes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1760554434998565865?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1760554434998565865/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1760554434998565865' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1760554434998565865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1760554434998565865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/animales.html' title='Animales'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7510863969001358068</id><published>2011-02-25T07:04:00.001-03:00</published><updated>2011-02-25T07:12:29.664-03:00</updated><title type='text'>Digámoslo así</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por lo que puedo observar, todo el mundo está tratando de volver. Todos quieren volver. Volver a ver a una antigua novia, volver a tener un perro igual igual al que te regaló tu papá cuando cumpliste once años, volver a encontrarte con los chicos de la secundaria, y así.&lt;br /&gt;Pero no, yo creo que no, no sirve para mí. Yo no pienso volver, nunca, a ninguna parte. No tengo la más mínima esperanza acerca del futuro, además, no es por eso. El futuro, en general, es pasado hervido.&lt;br /&gt;Como un apaleado perro. Será que la pasé tan mal, tantas veces, que apenas conservo el reflejo de escapar, la costumbre de seguir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7510863969001358068?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7510863969001358068/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7510863969001358068' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7510863969001358068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7510863969001358068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/digamoslo-asi.html' title='Digámoslo así'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4455516269126869637</id><published>2011-02-20T09:43:00.004-03:00</published><updated>2011-02-20T09:58:33.277-03:00</updated><title type='text'>Cucharita, tenedor de copetín</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Tuve que ir a la fiesta, y yo odio las fiestas. Pero se casaba Marita,  segunda vez, habíamos sido amantes por mucho tiempo.&lt;br /&gt;–Quiero que vengas –me dijo, y yo le prometí que iba a ir. La primera vez se había casado con un pibe más jovencito que ella, un pibe que estudiaba para profesor de educación física y cuya cualidad predominante, según ella, era ser, él, el pibe, una máquina de coger. Ahora se casaba con un señor que le llevaba como dieciocho años, y estaba forrado en dinero. Marita sabía lo que necesitaba, de acuerdo a las circunstancias que le tocaba vivir, y de alguna forma lo conseguía. Bien por Marita.&lt;br /&gt;Así que fui a la fiesta, aunque muchas ganas no tenía. Cogíamos cada tanto, pero nos conocíamos hacía como quince años, el sexo había dejado de ser lo más importante. Éramos amantes que habíamos llegado a una extraña y cálida meseta de nuestra relación, amantes con meseta de matrimonio, por que las relaciones de furtivos amantes no suelen (y quizás no deben) durar tanto.&lt;br /&gt;Yo odio las fiestas, ya lo dije. Es el único lugar en el que sé que no me voy a divertir, como un insomne que está en la cama con resignación, porque sabe que no va a poder dormirse. Toda esa desesperación, esas espasmódicas ganas de sentir algo antes de volver rapidito a continuar con las infinitas tristezas de sus patéticas vidas. Ese impostado carnaval carioca, esa oxidada carcajada por encima de una mueca del espanto de estar vivo, de saber que la vida es eso que te pasa cuando la fiesta se termina, no sé, me pongo mal.&lt;br /&gt;Encontré un mozo piola, siempre, en todas las fiestas hay un mozo piola.&lt;br /&gt;–Necesito whisky –saqué un billete de cien y lo miré por un instante, al billete, con asombro, como si fuera la primera vez que lo veía. Luego, muy despacio, en cámara lenta, como si el billete tuviera patitas que le permitieran nadar en el aire, lo puse en la mano del mozo–. Voy a necesitar whisky toda la noche, pero whisky de verdad. No ese lustramuebles que estás sirviendo. Me voy a esconder un poco, por allá –señalé un rincón algo apartado, una especie de absurda selva construida con verdes alfombras y plástica plantas. El lugar tenía una suerte de cascada en miniatura, también. Un lumínico efecto hacía que el agua pareciera de color lila. Si mirabas más de un minuto el agua, podías tener un desprendimiento de retina.&lt;br /&gt;Me senté, camuflado por una especie de palmera. Al frente del salón habían montado un pequeño escenario, y tocaba una banda, imitadores de Queen. El cantante era un marica flaquito con calzas blancas y el pecho descubierto. Usaba un bigote postizo, el pobre.&lt;br /&gt;Vino el mozo, con un whisky extra large. Un solo hielo, no tuve que decirle nada, había leído perfectamente la patología, muy profunda, que me atormentaba.&lt;br /&gt;–Chivas –dijo, dejó el vaso–. Es lo mejor que hay acá.&lt;br /&gt;Di unos sorbos y me sentí mejor. Eran las dos de la mañana. Tenía que aguantar un par de horas más, para que Marita no me hiciera futuros reproches.&lt;br /&gt;–Hay dos tipos de mujeres, pibe, dos tipos de mujeres –levanté la vista, me hablaban a mí. Detrás de la palmera, bien metido contra la pared, un viejo, encogido. Bastante calvo, traje marrón oscuro que apestaba a naftalina, algo en la cara me hizo acordar a Jacobo Fijtman. Justo había estado leyendo unos poemas de Fijtman, y el libro tenía una fotito carnet con la cara del viejo. Se parecían mucho, con este viejo del otro lado de la palmera. Molino rojo, se llamaba el libro.&lt;br /&gt;–¿Qué?&lt;br /&gt;–Hay dos tipos de mujeres, y nada más –dijo y sorbió de su vaso. Sostenía el vaso con las dos manos. Era un largo vaso de ginebra, única opción, o alcohol de botiquín. Le faltaban varios dientes, al viejo. Tenía las uñas largas, muy largas, y amarillas. En el momento que sorbía el trago cerraba los ojos, era un instante del más puro placer, se le ablandaban las facciones.&lt;br /&gt;–Bueno, sí. Puede ser –dije. El falso Mercury desafinaba ‘bicycle’ de una manera difícil de imaginar.&lt;br /&gt;–Está la mujer tenedor de copetín, y la mujer cucharita –bebió otro trago y dejó el vaso sobre la alfombra, junto a uno de sus zapatos que parecían a punto de descascararse–. Te lo explico, pibe, por que te lo tienen que explicar. La mujer tenedor de copetín es una mujer que nace con un tenedor de copetín, es algo genético, como si fuera un lunar. Cuando vos te acostás a dormir, la mujer te va pinchando, uno o dos pinchacitos, con ese tenedorcito. Y vos no te das cuenta, por que son un par de pinchacitos por noche, como si fueras una tarta de verdura antes de ir al horno. Pero te agujereás, perdés toda la energía, te vas quedando seco, como un ficus, enchastrado en la cotidiana tristeza de un día a día hecho de trámites y chequeos médicos y una quincena en Miramar. Hasta que te mirás un día al espejo, a trasluz, y te das cuenta que estás todo agujereado, que sos casi un holograma de triste borde sin nada adentro, no entendés nada, qué te pasó, pero no das más.&lt;br /&gt;Hizo una pausa. Tomé un largo trago de whisky. Se escucharon aplausos, de fondo. Había terminado el show del apócrifo Queen. La gente volvía a las mesas,  para el segundo plato, o para el postre.&lt;br /&gt;–La mujer cucharita es distinta a la mujer tenedor de copetín –siguió–, la mujer cucharita nació con una cucharita, no importa por qué. Y vos a la noche te acostás, porque a la noche tenés que dormir y te acostás, y la mujer cucharita saca la cucharita y se sirve una cucharadita de tu corazón, como si tu corazón fuera un helado de sambayón. Y vos no te das cuenta, tampoco, no tenés forma de darte cuenta, por que la cucharita de la mujer cucharita es una cucharita chiquita. Y la mujer se sirve una cucharadita de tu corazón, cada noche. Hasta que te despertás un día y te das cuenta que sos una bestia sin alma. No te importa nada, ni el hambre en Etiopía, ni meter las patitas en el mar. Lo único que querés es la guita, la guita para el auto, o para la casa de fin de semana, o para comprar un reloj Cartier. No queda nada más que la ambición de algo que ni siquiera importa, ir a Miami a ver al Pato Donald en camiseta, manejar un descapotable, tener un televisor del tamaño del Guernica, algo así. Te tapó el odio, sos una bola de odio y ambición.&lt;br /&gt;Y se calló, el viejo. Se pasó una mano por el huesudo cráneo y se quedó mirando para abajo, entre sus piernas, el vaso, como quien se para en un muelle y se queda contemplando el mar.&lt;br /&gt;–¿Y entonces? –lo miré de costado– ¿Qué hay que hacer?&lt;br /&gt;–Nada –se rascó la nariz–. Cogete lo que puedas. Termina todo para el carajo, siempre. Da igual.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4455516269126869637?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4455516269126869637/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4455516269126869637' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4455516269126869637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4455516269126869637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/cucharita-tenedor-de-copetin.html' title='Cucharita, tenedor de copetín'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2696874663185471480</id><published>2011-02-15T07:13:00.003-03:00</published><updated>2011-02-15T07:21:55.425-03:00</updated><title type='text'>El precio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tener salud, o estar en buen estado, valga la redundancia, de salud, eso sí que está bueno. Hacerse un chequeo y que te digan que tenés bien el corazón, que vas a seguir pishando como un dromedario, que la presión está bien, y el colesterol, que no se te va a volar alguna chapa del fuselaje de la vida en medio de un garche o de una discusión. Pero para que eso pase, para que eso suceda, vas a tener que cenar solamente fruta, y almorzar, de ser posible, una rama de apio, después de metértela en el culo, y a la mañana vas a tener que comer un yogur que te impulse a cagar hasta más no poder, y después de cagar podés gratificarte con un vaso de jugo de arándanos o frotarte las tetitas con una rodaja de sandía. Los domingos podés comer dos o tres cucharaditas de helado, no la cuchara sopera, la cucharita de café.&lt;br /&gt;Tener dinero es genial, tener dinero es lo mejor que te puede pasar, aquí en el occidente más o menos civilizado, de este lado del mostrador. Si tenés dinero podés comprar un par de zapatillas hechas con piel de culo de guepardo macho, y tomar un Pommery Brut Royal sentado en alguna terraza con vista al mar, y manejar por encima de los ciento cincuenta kilómetros por hora tu Audi A4 sintiendo que estar adentro es infinitamente mejor que estar afuera, por los siglos de los siglos, amén. Pero para que eso pase, para que eso suceda, vas a tener que comprar y vender alguna absurda mercancía hasta que te reviente el corazón como un sapo al que acaban de darle una virulenta patada contra un zócalo, vas a tener que ir a una oficina hasta que no sepas si preferís que sea de día o de noche, vas a tener que esperar en un aeropuerto que huele a aire masticado ese maldito avión que nunca llega.&lt;br /&gt;Tener amor, ah, el amor, ese bálsamo, ese néctar, esa caricia de la mano de algún Dios. Ver a tu mujer dormida un domingo cualquiera, con la boca apenas entreabierta y el cabello revuelto, y saber que estás precisamente en el lugar en el mundo donde querés estar, que por mañanas así valió la pena la rueda y el fuego y dos mil años de civilización. El abrazo de un hijo que se cuelga de tu cuello y te besa la cara y sos un coloso, sos una montaña, diste vida y recibís vida y es todo tan lindo que dan ganas de reírse a carcajadas, mientras por la ventana entra un magnífico sol. Pero para que eso pase, para que eso suceda, tendrás que aguantar a una gruñona y for ever fastidiada mujer que ni siquiera sabe muy bien el motivo de su enojo, por unos veinte años o quizás más, tendrás que ir al supermercado como un patético peregrino y cargar el auto con bolsas para que después te digan que te equivocaste, que te olvidaste, que sos un imbécil sin alma, tendrás que inclinarte y juntar el sorete de una mascota que ya ni se molesta en mover la cola cuando te ve, tendrás que hacer lo de siempre, como siempre, hasta que no des más, para recién entonces volver a hacerlo, otra vez.&lt;br /&gt;Salud, dinero, y amor, claro que sí. Te hago la factura a consumidor final.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2696874663185471480?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2696874663185471480/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2696874663185471480' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2696874663185471480'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2696874663185471480'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/el-precio.html' title='El precio'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7441379468234292023</id><published>2011-02-10T07:46:00.001-03:00</published><updated>2011-02-10T08:18:38.724-03:00</updated><title type='text'>Quería vivir</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Mi amigo H. se fue muy de jovencito a estudiar a Estados Unidos. Ya era ingeniero, pero el padre los había preparado para que fueran grandes ejecutivos, a él y a su hermano. Debían ir, hacer un master, luego trabajar en grandes empresas, ser exitosos y solventes ciudadanos del mundo, disfrutar las delicias del occidente civilizado. Eso hicieron, entonces, H., y su hermano.&lt;br /&gt;H. está de visita en Argentina, en Buenos Aires, así que vamos a comer. Está casado, tiene tres hijos y un bmw que todavía no existe en el hemisferio sur. Vive en Londres.&lt;br /&gt;–Lo único que me gusta es fumar, y coger con prostitutas –dice H.&lt;br /&gt;Me cuenta una historia, H. Como es ejecutivo de una multinacional, un importante laboratorio, viaja todo el tiempo. Viaja a Ginebra, a Ámsterdam, a Bruselas. Pero viaja mucho más a Shangai, a Bangkok, a Singapur.&lt;br /&gt;Cuando viaja, aprovecha para fumar, aprovecha para coger con prostitutas. Le prometió a su señora, H., cuando tuvieron a su primer hijo, que dejaría de fumar, que no fumaría nunca más, había cosas más importantes en el mundo que fumar. Lo de las prostitutas, bueno, la señora no mencionó nada al respecto, así que H. prefirió no tocar el tema.&lt;br /&gt;El asunto es que H. viajó por dos días a Bangkok, tuvo un par de reuniones con ejecutivos asiáticos, después se compró tres paquetes de cigarrillos, y se alquiló una prostituta del lugar.&lt;br /&gt;Estaba algo borracho, cuenta H., cuando terminó de coger, se puso de pie, vio con una mezcla de espanto y asombro, que no tenía puesto el preservativo. El preservativo se había roto, la prostituta le dijo que a ella no le importaba un carajo (al parecer le había dicho que no le impoltaba un calajo) y se fue a bañar.&lt;br /&gt;H. se sentó en la cama, y se dio cuenta que se iba a morir. Había hecho todo mal, y ahora llegaba su castigo. Tenía sida, seguro. Tenía cáncer de garganta, también.&lt;br /&gt;Cambió el vuelo, adelantó la vuelta, tenía que hablar con su mujer. Se iba a hacer un chequeo médico para confirmar el sida, el cáncer de garganta. Quería ver a sus hijos, ver la televisión con su mujer, charlar un poco. Quizás pudiera salvarse, la medicina había hecho, a pesar de su intrínseca crueldad, notables progresos. H. quería vivir.&lt;br /&gt;Al día siguiente pegó la vuelta. Le había salido un sarpullido en todo el cuerpo. Brazos y piernas, espalda, torso, cuello. Casi no podía tragar del dolor de garganta. Iba a hablar con su mujer, y a empezar el tratamiento cuanto antes. Era joven, quizás su mujer lograra perdonarlo, por los chicos. Habían tenido buenos momentos juntos. H. se la pasó tiritando todo el vuelo, volaba de fiebre.&lt;br /&gt;El taxista lo dejó en la puerta de su casa de Hampstead. Eran las ocho de la mañana. No era ninguna originalidad para Londres, pero llovía.&lt;br /&gt;Abrió la puerta con infinito cansancio, las enfermedades habían comenzado, sin duda, su tarea de demolición.&lt;br /&gt;Su señora estaba sentada en la cocina, pálida como un fantasma, en camisón. Con el cabello revuelto, los enrojecidos ojos de haber pasado la noche llorando. Vio restos de un vaso roto sobre la mesada, bajo la inclemencia de las luces fluorescentes.&lt;br /&gt;–Yo –dijo. Había ensayado cómo contarle, pero se le trababan las palabras. Ella sabía todo, había adivinado todo, era muy claro–. Yo te quiero decir algo.&lt;br /&gt;–Atropellaron a Timmy –dijo su esposa, y abrió las canillas del llanto. Se puse de pie, lo abrazó–. Estaba jugando en el jardín, cruzó la calle, lo atropelló un camión.&lt;br /&gt;Timmy era un simpático Schnauzer miniatura. Le gustaba dormir en la pieza de su hijo Jeremy, y caminar de noche bajo la lluvia. Lo recibía siempre, a la vuelta de sus viajes, con un par de saltos y unos roncos ladridos. Pobre Timmy.&lt;br /&gt;–Bueno –dijo él, le acarició el cabello, la apretó con fuerza, le limpió la nariz con la palma de una mano–. Bueno.&lt;br /&gt;Ella levantó la cabeza.&lt;br /&gt;–Estás lleno de granitos –le dijo–. Y tenés olor a pucho.&lt;br /&gt;–Me salió un sarpullido, algo que comí con camarones –dijo H.–. En Bangkok fuman hasta los chicos de nueve años, Caro, debo tener olor a faso hasta en las medias, me pica todo. Pobre Timmy, che. Que macana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7441379468234292023?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7441379468234292023/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7441379468234292023' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7441379468234292023'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7441379468234292023'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/queria-vivir.html' title='Quería vivir'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8169634493074273262</id><published>2011-02-05T08:31:00.001-03:00</published><updated>2011-02-05T08:36:35.898-03:00</updated><title type='text'>Arbor dixit</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Estaba retriste, estaba remal. Las cosas no me salían, a decir verdad no me habían salido nunca, los grandes rubros del horóscopo, tampoco el cambio chico, los detalles. Mi vida era un pulóver mal tejido. Me acababa de divorciar, la conchuda de Mónica no me quería dejar ver a Josefina. En el laburo había cambiado el gerente regional, y se contaba que el tipo venía a hacer una limpieza. Si miraba fijo una tira de asado o me pasaba una milanesa por el pecho el colesterol me subía a 33.&lt;br /&gt;Salí de Rond Point, de discutir con Mónica. No sé por qué carajo me citaba en Rond Point, debía ser que después se iba al Shopping y le quedaba cómodo. Le dije que lo único que hacía era pedirme guita, me dijo que yo era un pelotudo, lo normal.&lt;br /&gt;Salí, crucé Figueroa Alcorta en diagonal. Sábado, tres y media de la tarde. No tenía ganas de sentarme en un cine, no tenía ganas de caminar, no tenía a quién llamar.&lt;br /&gt;Me senté en un banco de la plaza. Miré a un perro, un eléctrico Setter Irlandés que no podía parar de moverse, deberían construir perros que se movieran un poco más despacio. Miré a una piba que pasaba corriendo, flaquita, con calzas de ciclista, un culito firme y una mueca del más profundo fastidio, en la cara, no en el culo. Fumé dos cigarrillos.&lt;br /&gt;Decidí volver a casa, a ver si podía dormir una siesta, aunque ya ni siquiera dormía demasiado de noche. Si dormía seis horas de corrido era para festejar. Caminé unos pasos, por Tagle creo, la que está frente a la embajada de Chile.&lt;br /&gt;–Ey –miré, pero no me había tropezado con nadie, por la sencilla razón que no había nadie con quien tropezar–. Sí, vos.&lt;br /&gt;Me detuve. Miré hacia arriba, la voz parecía haber venido de arriba.&lt;br /&gt;–Soy el árbol –se agitaron las hojas, podía ser el viento. Tenía que ser el viento.&lt;br /&gt;–No entiendo –me acerqué, dos o tres pasitos laterales, al tronco del árbol–. Quiero decir, no puede ser.&lt;br /&gt;–Sí que puede ser, sí que puede ser –la voz era ronca, gruesa, grave, voz de alguien que ha fumado muchos años–. Los árboles estamos vivos, cualquiera lo sabe.&lt;br /&gt;–Pero no hablan.&lt;br /&gt;–¡Por que no queremos! –se rió, el árbol, una vegetal carcajada–. Por que no queremos, nada más.&lt;br /&gt;–Es rarísimo –dije. Apoyé una palma, sobre el tronco, rugoso, fresco, algo latía debajo de la corteza, algo que yo era incapaz de descifrar–. No sé qué decir.&lt;br /&gt;–No digas nada –dijo el árbol–. Y no tengas miedo. ¿Tenés miedo?&lt;br /&gt;–No –le di un par de palmadas al tronco–. No creo que me vayas a pegar.&lt;br /&gt;–¡Ja! –se rió el árbol, otra vez.&lt;br /&gt;–Bueno, me voy a ir, antes de desmayarme –dije–. Si esto no es un sueño, si no me despierto en casa, otro día te paso a saludar.&lt;br /&gt;–Bueno, dale. Pero no te hagas mala sangre, flaco. Se te ve preocupado, se te ve mal.&lt;br /&gt;–Es que no me sale una –saqué otro cigarrillo– ¿Te molesta si fumo?&lt;br /&gt;–No, fumá tranquilo. Nosotros hacemos la fotosíntesis, qué carajo me importa si fumás, forro.&lt;br /&gt;–No me sale una, te decía. Estoy divorciado, y mi ex mujer no para de romperme las pelotas. El trabajo es una mierda. A la noche, a veces, tengo taquicardia. No doy más.&lt;br /&gt;–Te hacés mucho problema, pibe –me cayó una hoja, del árbol, se deslizó por mi frente–. Es todo la cabeza. Mirame a mí. No me puedo mover, vienen los perros y pishan y pishan, siempre en el mismo lugar. Y vos tenés ganas de decirles ‘ya pishaste ese lado, pishame parejo’, pero no, qué boludos los perros, por Dios bendito y la Virgen que llora Fernet. Después algún gordito que se cree Rocky Balboa se te cuelga de una rama. ¡Pará, loco! ¿No ves que me matás? Y siempre hay un pelotudo que quiere venir, saca un cortaplumas, y quiere escribir algo, alguna gilada. Me estás haciendo mierda, loco, para escribir ‘Beto y Laura’. Si la mina está con vos, si te la estás cogiendo. ¡Decíselo! ¡Decile lo que quieras, pero no me lastimes más!&lt;br /&gt;–Tenés razón –pité.&lt;br /&gt;–Así que cortala. Qué depresión ni qué trastorno de ansiedad, boludo. A veces llueve, a veces hace calor, a veces te sentís bien, a veces no tenés con quien hablar. Cuando te parezca que la cosa está como el culo, pensá en mi situación. O vení a verme que yo te despabilo de un ramazo en la cabeza. No seas ingrato con lo que te tocó, loco. No jodas más.&lt;br /&gt;–Tenés razón –dije otra vez. El árbol se quedó callado. Di un par de golpecitos sobre el tronco, pero nada. Al rato me fui.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8169634493074273262?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8169634493074273262/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8169634493074273262' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8169634493074273262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8169634493074273262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/02/arbor-dixit.html' title='Arbor dixit'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4601833739779959768</id><published>2011-01-30T07:21:00.006-03:00</published><updated>2011-01-30T07:53:28.177-03:00</updated><title type='text'>La ciega</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Fue, más o menos, así.&lt;br /&gt;Había arreglado para tomar un café con Martín, a eso de las cinco de la tarde. Me llamó Martín y me dijo que quería tomar un café, así que sólo podía tratarse de dos cosas. O Martín se había divorciado, otra vez, o necesitaba dinero, otra vez.&lt;br /&gt;Arreglamos para vernos en el bar que está en Lacroze, a dos cuadras de Cabildo, nunca sé si es Villanueva o si es 11 de Septiembre. A Martín le queda bien el lugar porque trabaja por Belgrano, y después se va para Vicente López. A mí no me jode tomar un subte distinto.&lt;br /&gt;Bajé en Olleros y la vi. Una mujer de más o menos cincuenta años, ciega, frágil, dubitativa, de pie en el andén. Acababa de bajar del subte, también, y parecía aturdida por el movimiento de gente que le obsequiaba indiferencia y fastidio en indefinibles proporciones.&lt;br /&gt;La toqué apenas, un codo.&lt;br /&gt;–¿La ayudo?&lt;br /&gt;–Sí –dijo–. Por favor.&lt;br /&gt;Le pregunté si estaba mal que yo la tomara del brazo, y le conté la historia de la vez que quise ayudar a un ciego a cruzar la calle, y el ciego me dijo ‘&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;"  &gt;¡&lt;/span&gt;no me agarre!’, porque es el ciego el que agarra a la otra persona del brazo, y no al revés.&lt;br /&gt;–Son resentidos –dijo, y se sonrió.&lt;br /&gt;Caminamos hasta la escalera mecánica.&lt;br /&gt;–Acá está la escalera –dije.&lt;br /&gt;Subimos la otra escalera, despacio, deteniéndonos cada tres escalones, hasta la calle. Ella me tenía del brazo.&lt;br /&gt;–Voy para Aguilar –dijo–. Muchas gracias.&lt;br /&gt;–Si quiere la acompaño –dije. Total, eran dos o tres cuadras, y no eran todavía las cinco. Tenía tiempo, no hacía demasiado calor, me sentía bien.&lt;br /&gt;–Es usted muy amable –dijo, y sonrió otra vez. Aunque no era una sonrisa, era un extraño rictus, la cara de los ciegos suele ser tan particular, o quizás sea el efecto que provocan esos traslúcidos  ojos, como si en verdad te estuvieran observando pero desde mucho más lejos, desde otra parte que no sabemos dónde queda.&lt;br /&gt;Caminamos por Cabildo, doblamos en Aguilar. Me costaba un poco adaptarme al ritmo de sus pasos, hacer las pausas. El tic tic de su bastón tanteando la vereda como el hocico de un perro. Le conté, más o menos, como pude, por hablar de algo, aquella historia de Borges. La historia donde Borges tiene que cruzar la 9 de Julio, y alguien que lo reconoce lo ayuda a cruzar. A mitad de camino, el sujeto amaga con soltar a Borges, con abandonarlo en medio de la avenida, y le dice ‘¿Sabe una cosa, maestro? Yo soy peronista’. Y Borges le responde ‘No se aflija, muchacho, yo también soy ciego’. Lanzó una contenida risita, como el graznido de un ave, como un hipo. Le pregunté cómo se arreglaba para moverse por la ciudad, me dijo que uno se acostumbra a todo. Trabajaba en el centro, ella también, en una dependencia ministerial.&lt;br /&gt;–Acá es –se detuvo ante la fachada de un edificio viejo e intrascendente como tantos otros, una metálica puerta pintada de verde. La manija había perdido su antiguo dorado, con paciencia de araña trabajaba el óxido.&lt;br /&gt;–Bueno –dije yo.&lt;br /&gt;–Pase, pase un momento –ya había abierto y empujaba la pesada puerta–. Déjeme ofrecerle un té, o un vaso de agua. Vivo en planta baja.&lt;br /&gt;Pasé. No sé por qué, pasé. La historia se desarrollaba sola, fluía, en una especie de cinta transportadora que carecía de incordios u objeciones.&lt;br /&gt;Pasamos el enjaulado ascensor, doblamos a la derecha, se detuvo ante la puerta de su departamento.&lt;br /&gt;Se agachó un poco, pensé que se le había caído la llave, pero no. Puso las manos sobre mis muslos, y ya estaba de rodillas, me desabrochó el cinturón. No sé cómo, pero quedé con el bastón blanco en una mano.&lt;br /&gt;No quiero utilizar lenguaje excesivamente técnico, ni debiera ser preciso derrapar en la grosería. Me tiró de la goma. Me la chupó, con energía no exenta de cuidado, con método no exento de interés. Una experiencia tan inesperada como satisfactoria. Me apoyé con una mano contra el marco de la puerta. Miré hacia abajo, los cuadrados tacones de sus gastados zapatos, mientras ella cabeceaba. Acaricié su áspero y descuidado cabello.&lt;br /&gt;Eyaculé como un vehemente babuino, como un intenso chimpancé.&lt;br /&gt;Se puso de pie. Le devolví el bastón. Se pasó un dedo anular por una comisura de la boca. Me subí los calzoncillos, los pantalones, me até el cinto, resoplé.&lt;br /&gt;–Yo –balbuceé–. Bueno, yo, o sea, no sé.&lt;br /&gt;–Quedate tranquilo –abrió la puerta–. Estuvo todo muy bien.&lt;br /&gt;–Yo –dije otra vez–. Yo –estaba estupefacto y satisfecho, algo atemorizado y feliz.&lt;br /&gt;–No te preocupes –entró en su domicilio–. Me ayudaste en el andén, hiciste justo lo que yo necesitaba. Tuve ganas de hacer lo mismo por vos. Para eso, para saber con exactitud lo que necesita otra persona, no hace falta ver.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4601833739779959768?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4601833739779959768/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4601833739779959768' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4601833739779959768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4601833739779959768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/la-ciega.html' title='La ciega'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2061394980287790849</id><published>2011-01-25T07:11:00.002-03:00</published><updated>2011-01-25T07:13:55.559-03:00</updated><title type='text'>Hámster</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Cuando mires tu vida con una delicada distancia, con una generosa perspectiva, notarás, los últimos cinco o siete años no fueron mucho más, no muy diferente, que un hámster en una jaula pedaleando su ruedita.&lt;br /&gt;Ya sé, ya sé, la imagen es dolorosa, incomoda un poco, fastidia.&lt;br /&gt;En una oportunidad fui a una veterinaria, estaba algo borracho quizás, lo admito, con una bufanda de frustración y tristeza enroscada al cuello. Compré el hámster que vi en la vidriera, con la rueda, y la jaulita. Dije que era un regalo para mi hija.&lt;br /&gt;Salí a la calle, metí la mano, y lo solté. Era para mí la cosa más importante que podía hacer en mi vida. Puse al hámster, blanquito, con una mancha un poco negra y un poco café con leche sobre gran parte del lomo, lo solté, decía, lo puse sobre la vereda.&lt;br /&gt;El hámster me miró, algo contrariado, y después, así, igual que como estás haciendo vos, negó con la cabecita.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2061394980287790849?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2061394980287790849/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2061394980287790849' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2061394980287790849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2061394980287790849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/hamster.html' title='Hámster'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-3352990235648459100</id><published>2011-01-20T07:20:00.004-03:00</published><updated>2011-01-20T07:52:49.184-03:00</updated><title type='text'>Nomenclador de boludos -addendum-</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Ya está, ya fue escrito, lo que yo creía el definitivo catálogo de los boludos. La estricta tipificación, el preciso detalle que permitiera, incluso para el más distraído, la unívoca identificación. Quizás encontrarse.&lt;br /&gt;Pero el abstruso campo de las ciencias sociales tiene sus vericuetos, carece justamente de la matemática precisión, de la rigurosidad del laboratorio. Estamos en presencia de un organismo vivo que muta, y en el caso que nos ocupa, crece. Eso, la pasión de entomólogo, es lo que me obliga a volver sobre tan álgido tema. Vaya entonces el presente apéndice para el nomenclador de boludos.&lt;br /&gt;Boludo Balboa. Es el boludo vigoroso, enérgico. Es el boludo que desea escalar montañas, un boludo que se pone a empujar un automóvil, para ayudar, sin que nadie se lo pida. Es un boludo maratonista, desde ya. Un boludo al que le gusta veranear en carpa. Un boludo para el cual no hay nada mejor que las mudanzas, bajar una heladera por las escaleras, ir a las siete de la mañana y trotar bajo la lluvia, con mucho viento, con frío.&lt;br /&gt;Boludo/a hidratado/a. Es, por lo general, mayormente, una boluda. Lleva una botellita de agua, o de alguno de esos híbridos, entre agua y jugo, siempre. En la cartera, en la mano, en la mochila. Es una boluda que va dando pequeños sorbitos de su botella descartable, en el subte por ejemplo, o en la parada del colectivo, como si estuviera jugando un tie break con Federer. Es una boluda que ha visto algún comercial de televisión, y cree que mientras ingiera dos litros de agua por día, nada malo podrá pasarle. Es una boluda que toma un sorbito de agua antes de dar vuelta cada página del diario, un sorbito de agua antes de preguntarte dónde queda la calle Anchorena. Quizás allí esté colocado su secreto anhelo de sorber un pito, sumado desde ya a un tremendo temor a marchitarse, a despertar un día y que su vulva esté más seca que una baldosa de porcelanato.&lt;br /&gt;Boludo cuasimoneda. Es un boludo de precaria condición económica, un boludo que en cualquier circunstancia donde deba abonar algo, intentará hacerlo con cualquier cosa, menos dinero. Es un boludo, o una boluda, que al llegar a la caja para sacar dos entradas al cine, dirá: ¿se puede pagar con tres gaturros, una estampilla del número cuatro de Finlandia, y tarjeta del Banco Tolompetti? Es un boludo que necesitará en la caja cuatro del supermercado de barrio, once operaciones, dos sellos, tres firmas, para pagar un Gancia y un paquete de húmedas papas fritas. Y mientras lleva a cabo el patético y desopilante procedimiento, pondrá carita como si estuviera cerrando la compra del Trump Plaza y cogiéndose a la hija de Donald Trump, al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Boludo emblemático (o boluda emblemática). Es un boludo que cree que si usa palabras como ‘emblemático’, o ‘paradigmático’, o ‘patológico’, como por arte de magia logrará que su tremenda boludez resulte diluida.&lt;br /&gt;Ejemplo 1&lt;br /&gt;–Che, vos sabés que Martita anda todas las mañanas con un tremendo dolor de cabeza.&lt;br /&gt;–Eso es sintomático. Hay que ver que se esconde detrás de esa patología.&lt;br /&gt;Ejemplo 2&lt;br /&gt;–Vení, que te la voy a poner un ratito.&lt;br /&gt;–Vos ponés la líbido en lo fálico para no discutir la existencial angustia de mi vacío antropométrico.&lt;br /&gt;Ejemplo 3&lt;br /&gt;–¿Me pasás la Fanta?&lt;br /&gt;–Nuestra relación se basa en el sometimiento, en la sumisión, la mía, que transforma nuestro vínculo, que alguna vez fue idílico, en paródico.&lt;br /&gt;Boludo de corcho, o boludo flotante. Es un boludo que tiene una sentencia, una sola, sobre cualquier tema que se esté conversando. Y cree que con eso ha logrado transmitir el halo de luz que todos los participantes de la conversación anhelaban. Es un boludo que dirá ‘si comés semillas de sésamo a la mañana no tenés colesterol’. O dirá ‘andá a Mar Azul en lugar de Cariló, si la arena es igual en todas partes’. O dirá ‘con la inseguridad que hay, yo jamás manejaría un descapotable’. Es un boludo que no resiste la más mínima repregunta, por que sencillamente jamás tuvo un argumento ni nada para decir más allá de la sentencia que ha escuchado en alguna parte.&lt;br /&gt;Nada más por hoy. Publíquese, archívese.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-3352990235648459100?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/3352990235648459100/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=3352990235648459100' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3352990235648459100'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/3352990235648459100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/nomenclador-de-boludos-addendum.html' title='Nomenclador de boludos -addendum-'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5996387098631958060</id><published>2011-01-15T07:45:00.000-03:00</published><updated>2011-01-15T07:46:19.383-03:00</updated><title type='text'>Proceso de ajuste</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Suena el teléfono, el teléfono celular. Estoy sentado en un bar, no deben ser las nueve de la mañana, todavía.&lt;br /&gt; –Hola, bichi –es una voz de mujer, se mezcla la somnolencia con la dulzura–. Te quería decir que ayer me rompiste toda, perdí la cuenta de los orgasmos, me hice sopa. La almohada tiene tu olorcito, voy a seguir durmiendo, te quiero, chau –corta.&lt;br /&gt; Entra una mujer, al bar. Se sienta frente a mí. Está ojerosa, demacrada, algo excedida de peso. Los labios pintados de un rosa pálido que dan ganas de llorar.&lt;br /&gt; –Te odio, hijo de puta. Te di los mejores años de mi vida. Mejor que me empieces a pasar la plata que dijo el abogado, por que si no a Catalina  no la ves más. Ah, sos un asco de persona, te lo quería decir –Se levanta, piensa por un momento si tirarme a la cara el agua del vasito que está sobre la mesa, o mejor aún el vasito. Después se toma el agua, de pie, y se va con el vasito en la mano.&lt;br /&gt; Suena el teléfono, el teléfono celular.&lt;br /&gt; –Sí, mago –dice la voz, masculina, muy ronca–. Salió todo perfecto, cobramos. Tengo tu parte, las noventa lucas. Tenemos que ir a tomarnos un champán del bueno, los muchachos quieren festejar –corta.&lt;br /&gt; Entra un hombre. Lleva un maletín de esos triangulares, como de visitador médico. El hombre se sienta, las axilas de la camisa manchadas de un viejo y oxidado sudor. Enciende un cigarrillo, Jockey Suave, da una pitada.&lt;br /&gt; –Estamos en el horno –dice–. Se cayó el comprador del local. Dicen los proveedores que no esperan más, si no empezamos a pagar nos pasan por encima. ¿Sabés cuánto hicimos ayer? No alcanza ni para pagarle a las pibas de la limpieza. Vos y tus ideas de mierda. ¿Qué carajo sabíamos nosotros de gastronomía? Hay que presentar la quiebra, esconderse por un tiempo, después buscar un laburito. Qué vida de mierda, estoy podrido de remar.&lt;br /&gt; Apaga el cigarrillo en mi pocillo de café. Me deja un manojo de papeles, se levanta, se va.&lt;br /&gt; Lo que pasa, lo que está pasando, creo, es que ayer me compré un magnífico teléfono celular, el teléfono celular que siempre quise tener. Pero todavía sigo siendo yo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5996387098631958060?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5996387098631958060/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5996387098631958060' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5996387098631958060'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5996387098631958060'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/proceso-de-ajuste.html' title='Proceso de ajuste'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7708193776153893759</id><published>2011-01-10T07:17:00.001-03:00</published><updated>2011-01-10T07:28:42.420-03:00</updated><title type='text'>Fanático</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; –¡Gol, carajo! –Saltamos todos, rodamos varios escalones abajo, enroscados. Un amasijo de cuerpos.&lt;br /&gt;–¡Grande, papá, grande! –una radio de mano crujió ante el pisotón de un gordo– ¡Rospide a la selección, maquinola!&lt;br /&gt;Nos caímos, una chica con por lo menos siete aritos en una oreja se puso de pie, sonriendo, y se acomodó, como pudo, las tetas primero, el corpiño después, debajo de su musculosa a rayas. Alguien buscaba, entre los tablones de la tribuna, un zapato.&lt;br /&gt;–¡Olé olé, olé olé olá…! –Cantamos, cantamos todos, saltando. Un viejo se oprimía con un índice y un pulgar los globos oculares, por debajo de los lentes, murmuraba una especie de rezo, lloraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El guitarrista avanzó, tres pasos, y arrancó con los primeros acordes. Corrimos todos por el césped, hacia delante, movidos por una superior  fuerza, que era la de todos los que empujaban detrás nuestro pero también era algo más, como si la música tuviera un imán. Pisé gente, alguien perdió los lentes pero dijo ‘No importa, loco, qué importa. ¡Escuchá, escuchalo al Jimmy!’.&lt;br /&gt;Las chicas trataban de sacar fotos con los celulares en alto. Hubo una explosión de luz, fuegos artificiales apuntando a desgarrar el centro mismo de la noche. El sonido era como si te arrancaran las orejas a mordiscones. Me pasaron un faso. Pité. Alguien saltaba, saltábamos todos, sentía patadas de atrás, rodillazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, si me preguntás el resultado del partido que fui a ver, si me preguntás incluso qué equipos jugaban, si fue penal o si los goles de palomita valen doble, no tengo la más mínima idea.&lt;br /&gt;Si me preguntás el nombre de la banda del recital, si me preguntás si es una banda de metal pesado o los stones austríacos, cuánto duró el concierto, no sé, no importa.&lt;br /&gt;Lo que yo necesitaba era que alguien me abrace, sentir aunque sea una mano en un hombro, tocar un tobillo, rozar quizás un muslo o una nalga, oler un puñado de cabello humano. Estoy resolo, disculpame.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7708193776153893759?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7708193776153893759/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7708193776153893759' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7708193776153893759'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7708193776153893759'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/fanatico.html' title='Fanático'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-421406813870032189</id><published>2011-01-05T07:11:00.003-03:00</published><updated>2011-01-05T08:25:21.922-03:00</updated><title type='text'>Cagó Mariano</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; El abuelo de Mariano era un hombre de pocas palabras. Quizás porque no entendía mucho el idioma, no había aprendido a hablarlo, mucho menos a leerlo. Compraba el diario para luchar un poco con los titulares, miraba las fotos.&lt;br /&gt;Tampoco se lo podía culpar de nada. Era un polaco bruto, escapado de la invasión alemana por los pelos, un hermano lo había metido en un tren y logró salvarlo. Conoció a una mujer en el barco, y se casó apenas pisó la Argentina. Gente feliz de poder tomar un café o comer una naranja, habiendo escapado del hambre y de la guerra. Fuertes como toros, trabajadores con ganas de forjarse un porvenir, en una Argentina que era pura potencialidad, antes que todo se fuera a la mierda para nunca más volver.&lt;br /&gt;El asunto es que el abuelo de Mariano se enfermó del corazón, fue dejando de trabajar, iba al café a jugar al dominó con los amigos, cascarrabias, se quejaba de un mundo que no entendía, veía crecer a sus  nietos. Finalmente se murió.&lt;br /&gt;Había logrado ahorrar dinero, después de veinte años de trabajo, el abuelo de Mariano. Dejó un par de departamentos, un reloj de oro, un plazo fijo en un banco, a nombre de sus tres hijos.&lt;br /&gt;Lo que no dijo, el abuelo de Mariano, fue que prolijamente, además de ir viviendo, había ido guardando cierta cantidad de efectivo. Dólares. Si hubiera vivido en una casa, los hubiera enterrado en el jardín, como sin dudas le hubiera aconsejado su padre. Pero vivía en un departamento, en Villa Crespo, el abuelo de Mariano.&lt;br /&gt;Lo que había hecho, el abuelo de Mariano, sin decirle a nadie, fue ir envasando el dinero, al vacío, para ponerlo luego en el tanque, detrás del botón, la cadena, donde está el agua del inodoro. El dinero, los fajos, flotaban en el depósito de agua. Una magistral idea.&lt;br /&gt;Pero el abuelo de Mariano se murió un día sin avisar, como se suele morir la gente, sin decir nada, nada respecto a esos ahorros, al efectivo.&lt;br /&gt;Por circunstancias, por situaciones, por esas cosas que pasan, Mariano tuvo un traumático divorcio, con crisis y amenazas y una mujer que trató de apuñalarlo mientras dormía. Finalmente, tratando de juntar los pedazos que le permitieran continuar con algo parecido a una vida, Mariano terminó viviendo en el departamento de su abuelo, que el papá de Mariano había alquilado durante años a gente conocida de la familia. El padre de Mariano tenía la certeza que Mariano era un pelotudo, pero además tenía la certeza que Mariano era su hijo. Así que le prestó el departamento, a Mariano, el departamento que le había dejado a su vez su padre. Mariano prometió que pagaría un alquiler ni bien lograra enderezar un poco la precaria canoa de su existencia.&lt;br /&gt;Y Mariano, un domingo cualquiera al poco tiempo de haberse mudado, después de desayunar, todavía deprimido por lo que le había venido sucediendo, con el suplemento deportivo del diario en las manos, tuvo deseos de cagar. Fue al baño.&lt;br /&gt;Cagó, Mariano, intensamente, con esa particular melodía que tienen los imperativos categóricos.&lt;br /&gt;Soltó la cadena, Mariano, y se le ocurrió mirar, para abajo, porque le pareció que el inodoro quizás estaba un poco atascado, un viejo departamento en un todavía más viejo edificio, azulejitos celestes en el baño, azulejitos de un pálido amarillo en la cocina, azulejitos por todas partes como para ponerse a llorar toda una vida.&lt;br /&gt;Vio entonces, Mariano, que entre la mierda flotaba dinero. Húmedos y al mismo tiempo relucientes billetes de cien dólares, entre los más o menos familiares soretes de su autoría. Más soltaba la cadena Mariano pensando que había enloquecido por completo, más billetes aparecían.&lt;br /&gt;Se le ocurrió pensar, a Mariano, que el universo mismo le estaba dando otra oportunidad, que todo aquello debía tener un tan enigmático como profundo significado. Por que lo primero que pensó Mariano fue que los billetes los había cagado él. Mientras sacaba los billetes del inodoro, de a uno, con dos dedos, y los lavaba en la pileta para inmediatamente después secarlos con un repasador y alinearlos sobre el piso de la cocina, Mariano pensó que tenía que hacer algunos cambios, algunos ajustes. Con la milagrosa y desde ya algo singular capacidad adquirida le sería posible armarse, seguir adelante, comenzar una nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-421406813870032189?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/421406813870032189/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=421406813870032189' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/421406813870032189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/421406813870032189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2011/01/cago-mariano.html' title='Cagó Mariano'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-6874503865266822553</id><published>2010-12-30T07:03:00.001-03:00</published><updated>2010-12-30T07:03:58.198-03:00</updated><title type='text'>Para qué me preguntás</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Escribo porque me hace bien la lluvia, trae recuerdos de otra lluvia, una madrugada en la playa.&lt;br /&gt; Escribo porque nadie quiso bailar lento conmigo, cuando era chico, cuando importaba.&lt;br /&gt; Escribo porque cuando veo a tu hijo quisiera tener un perro, y cuando veo a tu perro quisiera tener un hijo.&lt;br /&gt; Escribo porque tu amor llega tarde, siempre tarde, tu amor huele a queso demasiado tiempo dejado en la góndola de un supermercado de barrio.&lt;br /&gt; Escribo porque mi dolor es mejor que tu dolor, mi fracaso es mejor que tu fracaso.&lt;br /&gt; Escribo porque no tengo nada para hacer hasta el próximo whisky.&lt;br /&gt; Escribo porque todo podría ser peor, podría ser como vos, for example.&lt;br /&gt; Escribo porque ya fue dicho antes y será dicho después, pero ahora me toca decirlo a mí, ahora lo estoy diciendo yo.&lt;br /&gt; Escribo porque me sirve mirar por la ventana de un bar, no hay mejor manera de pasar el rato.&lt;br /&gt; Escribo porque es algo fisiológico, como rascarse el culo o meterse el dedo en la nariz.&lt;br /&gt; Escribo porque me gusta, también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-6874503865266822553?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/6874503865266822553/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=6874503865266822553' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6874503865266822553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/6874503865266822553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/para-que-me-preguntas.html' title='Para qué me preguntás'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5038008037494414005</id><published>2010-12-25T09:49:00.004-03:00</published><updated>2010-12-26T12:05:28.348-03:00</updated><title type='text'>Mañanita</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Estoy tomando café con leche. Con tostadas. Con queso, y con mermelada. Ella, sentada frente a mí, hojea un diario. Es un bar, del otro lado del vidrio empujan los autos.&lt;br /&gt;–Secuestraron un avión de British Airways –dice, lee, mezcla, de indolente y por qué no anárquica manera, lo que dice, con lo que lee, las dos cosas–. Eran terroristas paquistaníes. Querían que les devolvieran Cachemira, pero querían guita, también, seguro. Amenazaron con cuchillos a las azafatas. Uno se abrió la camisa y tenía un explosivo plástico, no entiendo cómo pudo pasar los controles del aeropuerto.&lt;br /&gt;Niego con la cabeza, como diciendo que si ella no entiende, lo mejor, lo que corresponde, es que yo tampoco entienda. Muerdo una tostada. La tostada se parte y por un momento parece a punto de caer, pero logro emprolijar la situación, evitar la caída, masticando todo lo que tengo en la mano de un saque. Me chupo una falange manchada de mermelada. El terrorismo se ha vuelto una orgía de todos contra todos. Me hace acordar a una vieja película de W. Allen, donde dos bandas intentaban asaltar un banco al mismo tiempo. Terminaban haciendo que voten, los asaltados, para decidir por quiénes querían ser asaltados. Punto para Allen.&lt;br /&gt;–Hubo un terremoto, en Tailandia, en Nam Sen Pang –dice–. Hay un centro turístico ahí, donde los alemanes van a coger con chicos. En realidad fue un maremoto. Se devoró los tres hoteles del complejo como si estuvieran hechos de hojaldre. Murieron hasta ahora trescientas setenta y cinco  personas, entre turistas y nativos. Se generó una ola de cuarenta y siete metros que se tragó todo. Eso es Dios, sabés. Eso es Dios que se enoja y dice ‘déjense de joder con los chicos’. Es Dios que avisa que puede terminar con el mundo si se le da la gana.&lt;br /&gt;–Premios y castigos. El viejo tema de premios y castigos –digo, doy otro sorbo al café con leche. Por la calle pasa un Schnauzer miniatura, sin correa. Pasa y mira por un segundo para adentro del bar. Mira, pero no ladra. Buen perro.&lt;br /&gt;–Hoy cortan la Nueve de Julio –da vuelta una página, levanta el diario, como si quisiera concentrarse en una foto–. Cortan el Congreso, también. Hay una marcha contra la inseguridad, y una marcha por los derechos del niño, y un reclamo por los derechos originales del aborigen patagónico, y una marcha por los que perdieron sus departamentos por culpa de las escribanías, y una marcha contra el dengue, también. La ciudad va a ser un caos.&lt;br /&gt;–Creo que la gente marcharía aunque les dieran exactamente lo que piden –digo–. Hemos descubierto, finalmente, nuestro destino como nación. Somos y seremos, por los siglos de los siglos, un país en marcha. Dicen que caminar hace bien al corazón, también.&lt;br /&gt;Hace un desaprobatorio chistido. No le ha gustado mi comentario. Ella lleva, creo, unos buenos diez años en la facultad de ciencias sociales. Le gusta decir palabras como ‘coyuntura’, o ‘compromiso’. También le gustan las palabras ‘patología’ y ‘emblemático’. El idioma tiene muchísimas palabras, uno puede utilizar las que más le gusten.&lt;br /&gt;–No te interesa mucho lo que te estoy diciendo –ha cerrado el diario, apoya ambas palmas sobre la mesa. Está un poco inclinada hacia delante–. ¿No te preocupa lo que pasa en el mundo?&lt;br /&gt;–Mirá –digo. Lo último del café con leche es la parte más rica, porque el azúcar se deposita en el fondo. Prácticamente meto la nariz en la taza, como si fuera un oso hormiguero–. Será que estar acá, desayunando con vos, cubre en exceso mi cuota de tragedias. No creo que haya ninguna noticia capaz de empeorar este momento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5038008037494414005?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5038008037494414005/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5038008037494414005' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5038008037494414005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5038008037494414005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/mananita.html' title='Mañanita'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4289307217318147191</id><published>2010-12-20T07:28:00.000-03:00</published><updated>2010-12-20T07:29:28.937-03:00</updated><title type='text'>Desesperaciones</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; La cosa es, más o menos, así. Hay desesperaciones fijas, y desesperaciones móviles. Listo. Ya está. Ya te dije todo lo que tenía para decir. Ah, te veo la carita, querés un poco más. Algo de detalle, alguna pista. Bueno, ahí voy.&lt;br /&gt; Trabajar de conductor de taxi es una desesperación móvil, trabajar en una oficina es una desesperación fija.&lt;br /&gt; Correr una maratón es una desesperación móvil, fornicar es una desesperación fija. Para que veas que la cosa no es tan simple, no es tan superficial, la intrínseca naturaleza del fenómeno es más sutil.&lt;br /&gt; Comer es una desesperación móvil, fumar es una desesperación fija.&lt;br /&gt; Acá viene el truco, la chispa, el galerazo para que puedas –aunque te parece que ya no podés– seguir adelante con tu estúpida vida.&lt;br /&gt; Si estás atormentado por una desesperación móvil, la solución viene del lado de lo fijo. Si estás atrapado por una desesperación fija, el alivio vendrá por el lado de lo móvil. Y esto, que puede parecer trivial, no lo es. Por que si tu desesperación es móvil, lo normal es que busques alternativas  móviles, y si tu desesperación es fija, lo único que se te ocurrirá serán paliativos fijos. Te sale hacer lo que sabés hacer, es muy humano, más de lo mismo.&lt;br /&gt; En cualquier caso, no importa lo que te pase, tenés que saber que el subte viene lleno. Pero eso ya te lo había dicho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4289307217318147191?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4289307217318147191/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4289307217318147191' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4289307217318147191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4289307217318147191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/desesperaciones.html' title='Desesperaciones'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5675070936272676391</id><published>2010-12-15T07:32:00.008-03:00</published><updated>2010-12-15T08:22:33.717-03:00</updated><title type='text'>Capacidades diferentes</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; En la pileta, la pileta del club, la pileta del club de barrio, me tiro al agua. Sucede algo extraño, difícil de comprender, al principio. Veo, descubro, que puedo permanecer debajo del agua. Por el tiempo que quiera. Respiro. Primero me asusto, porque pienso que no necesito respirar y entonces quizás estoy muerto, pero no, nada de eso. Puedo respirar, abajo del agua, y respiro. No sé cómo es, cómo funciona, en qué consiste el mecanismo. Como esos taxis que andan a nafta o a gas, con tan solo tocar una tecla, un interruptor.&lt;br /&gt;En la terraza, voy a buscar unas sábanas que dejé colgadas para que se sequen. Miro hacia arriba para sacar los broches, supongo que por un instante me encandila el sol, tropiezo, hago un mal movimiento, y estoy en el aire. Me caí, para un costado, fuera de la terraza, por encima de la baranda. Pero no me caí, ni llegué a gritar, apenas un gritito, como un hipo, y estoy en el aire. Me asusto mucho, porque miro hacia abajo, pero luego, cuando veo que no me caigo, que no me estoy cayendo, me incorporo, paso de la posición de acostado, como si jugara a moverme en cámara lenta, paso de la posición de acostado, decía, a parado. Estoy de pie, sin nada debajo, en el aire. Quedo así, me muevo muy despacio, camino en el aire, un ratito. Después paso un pie por encima de la baranda, vuelvo a entrar, por decirlo de algún modo, a la terraza, y termino de juntar mi ropa.&lt;br /&gt;En el supermercado, domingo, cuatro y algo de la tarde, pocos productos, una pasada. Mortadela Paladini, la bochita, bolsas de residuos, ravioles de muzzarella y espinaca que no tienen ninguna de las dos cosas, o sea ravioles que están rellenos de nada, ravioles que son un oxímoron, queso rallado, una botella de jugo de pomelo natural, pan, una botella de fernet, maníes Pehuamar (con la pielcita roja, que te vigoriza el perico), un pote de queso untable. Voy, con mi canasto, a la caja rápida. Hay una persona, una mujer, delante de mí, pagando y embolsando sus cosas, superponiendo ambas tareas con idéntico grado de dificultad. Se me pone otra persona, dos personas, una joven parejita con sus compras, detrás.  Murmuran algo. Siento que en cualquier momento voy a ponerme a llorar o a gritar, siento que voy a desmayarme. Debería ser capaz de resistir, de aguantar en esa situación dos  minutos, tres. Es imposible, es impensable.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5675070936272676391?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5675070936272676391/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5675070936272676391' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5675070936272676391'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5675070936272676391'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/capacidades-diferentes.html' title='Capacidades diferentes'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-535754211335434973</id><published>2010-12-10T07:37:00.004-03:00</published><updated>2010-12-10T19:32:28.419-03:00</updated><title type='text'>Las historias que me gustan a mí</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Era un pueblito, de Buenos Aires, un pueblito a más de cien kilómetros de Buenos Aires, no importa el nombre.&lt;br /&gt;La nena iba al colegio, a tercer grado, todas las mañanas. La nena se llamaba Laura, Laura Francini. Los padres de Laura estaban separados, desde siempre, eso tampoco importa. Pero el padre de la nena la había pasado a visitar un domingo, y la había llevado a tomar un submarino. Y el único lugar al que al padre se le había ocurrido llevar a la nena fue a un bar donde él, el padre, se juntaba algunas noches, con los amigos. El bar tenía cuatro mesas de billar, y una cortina de plástico que daba al fondo donde había dos cuartos. Porque en el bar, de noche, había tres o cuatro mujeres, putas algo mayores, que se ganaban unos pesos atendiendo a los vecinos del lugar.&lt;br /&gt;Y la nena, esa mañana de domingo, mientras tomaba un submarino bajo la aburrida mirada de su papá, sentada sobre una de esas sillas plegables que nunca están del todo firmes, quedó fascinada.&lt;br /&gt;Había una araña, en el bar. Una gigantesca lámpara que colgaba del techo, sobre el espacio exacto, la intersección de las cuatro mesas de billar.&lt;br /&gt;Y la nena empezó a ir, una pasada, todos los días, al bar. Camino del colegio. Iba sola, al colegio, Laura, porque su mamá tenía que trabajar y porque el colegio estaba a siete cuadras de su casa y porque era un pueblo y nada malo podía pasar.&lt;br /&gt;Se desviaba, Laura, dos cuadras, a las ocho menos veinte de la mañana. Y entraba al bar. Para mirar la araña, la lámpara, con sus brazos de infinito pulpo y sus goterones de cristal que parecían a punto de caer, de caer y estallar, esos goterones que a veces eran amarillos y a veces se volvían de un tinte naranja y a veces de un sutil violeta, de acuerdo al sol y sus caprichos. Los días de lluvia se ponía todavía mejor.&lt;br /&gt;–Qué pasa, nena –preguntaba Héctor, que era el dueño del bar, y el único que estaba presente a esa hora, ojeando un suplemento deportivo o fumando el quinto cigarrillo de la mañana.&lt;br /&gt;–Nada, don Héctor –decía Laura, y señalaba con un dedo, a lo alto–. Vine a ver la lámpara.&lt;br /&gt;Héctor miraba a la nena, y la nena mantenía la mirada en alto, un minuto nomás, con la boca apenas entreabierta, casi en puntas de pie. Después la nena daba media vuelta y se iba sin decir más nada, las dos colitas de su peinado como saltarinas ardillas, su delantal blanco limpísimo perdiéndose en la somnolienta mañana.&lt;br /&gt;Y así, todos los días, durante dos o tres años. Porque la mamá de Laura se juntó con un tipo, un corredor de artículos de limpieza, y se vino para capital. El papá de Laura se había ido a vivir al Paraguay, después a Brasil, mandó un par de cartas para la nena, para su cumpleaños, después no se supo más nada.&lt;br /&gt;Laura Francini tiene, ahora, cincuenta y tres años. Vive en San Cristóbal, es docente y traductora de inglés. Divorciada, sin hijos, le gusta el cine y los caramelos de eucalipto. Tiene una perseverante artritis que le crispa los dedos de la mano derecha, sobre todo los días de humedad. Tiene un perro, atorrante, bigotudo, que se llama Felipe.&lt;br /&gt;Tocan el timbre, es domingo a la mañana. Le dicen que vienen a verla, le dicen que vienen del pueblo, del pueblo donde Laura pasó su niñez, del pueblo que preferiría no tener que nombrar.&lt;br /&gt;Laura baja, con cierto resquemor, cambió todo, nadie conoce más a nadie, ahora hay mucha inseguridad. Hay una camioneta, una algo embarrada pick up. Y dos hombres, se nota que son hermanos. Felipe asoma la cabeza por detrás de sus piernas, ladra un poco.&lt;br /&gt;–¿Usted es Laura Francini? –Habla el más grande de los dos, es bastante calvo, tiene una barba casi rojiza, camisa a cuadros por fuera del gastado jean, algo en su cara, a Laura, le resulta familiar.&lt;br /&gt;–Sí –dice Laura, y sale a la vereda.&lt;br /&gt;–Soy el hijo de Héctor, Héctor del bar –hace un gesto, señala apenas con el mentón, y el más joven, que fuma sin haber dicho palabra, quita la lona. Ahí, en la caja de la camioneta, sobre frazadas, está la lámpara, la araña, con los metálicos brazos algo oxidados, el vidrio que parece haberse despertado y se ha puesto a tintinear–. Mi padre falleció hace algunos años. Me dejó encargado que si alguna vez vendíamos el bar, la lámpara debíamos dársela a usted. Nunca me explicó por qué, era su voluntad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-535754211335434973?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/535754211335434973/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=535754211335434973' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/535754211335434973'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/535754211335434973'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/las-historias-que-me-gustan-mi.html' title='Las historias que me gustan a mí'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2668190074015146359</id><published>2010-12-05T08:04:00.003-03:00</published><updated>2010-12-05T08:20:46.616-03:00</updated><title type='text'>Lo malo y</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; ¿Qué es peor, morir ahogado o morir quemado?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, veintisiete años de un absurdo matrimonio, o estar más solo que Wanchankein?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, la filosa dentadura de la ambición como único norte, o la indolencia de saber que no va a poder ser, que no hay manera?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, el dolor físico aguijoneándote como un aplicado insecto, o perder la razón?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, no haberla tenido nunca o extrañarla?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, la desgarradora mochila de saber, o la bobalicona sonrisa de ni siquiera haberlo pensado?&lt;br /&gt;¿Qué es peor, ser como vos o como yo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2668190074015146359?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2668190074015146359/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2668190074015146359' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2668190074015146359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2668190074015146359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/12/lo-malo-y.html' title='Lo malo y'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1249626932933151315</id><published>2010-11-30T07:28:00.001-03:00</published><updated>2010-11-30T07:28:47.838-03:00</updated><title type='text'>Una cena</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Voy a un restaurante, un restaurante italiano. Una especie de cantina, bien de barrio, pero con aspiraciones. Un poco de decoración, una bandera, algo que te haga pensar que estás en Italia. Hay un inmenso póster, un cuadro enmarcado, colgado bien alto, del Padre Pío. No creo que haya que preguntar nada, no se me ocurre qué preguntar.&lt;br /&gt; Como. Un exquisito plato de ravioles de roquefort y gorgonzola (hay ravioles de longaniza, muy buenos, también), con pesto, una porción de una fantástica mortadela, de entrada. Tomo un vino tinto, más o menos digno, no tomo toda la botella, pero tomo más de la mitad. Un agua sin gas, natural, últimamente me fastidia el agua fría.&lt;br /&gt; No quiero postre ni café, no tomo café de noche, tengo miedo de quedarme despierto, de no poder dormir y tener que pasar toda la noche, despierto, conmigo. Me ofrecen lemoncello, de cortesía, digo que no. Me ofrecen una grappa italiana, digo que sí.&lt;br /&gt; Pido la cuenta. Me traen la cuenta. Son, pongamos, ciento treinta pesos. Le doy a la moza, entonces, trescientos pesos.&lt;br /&gt; –Cobrame doscientos sesenta, por favor –le digo.&lt;br /&gt; Me mira, con el dinero en la mano, la boca apenas entreabierta. Está esperando a ver si yo me río, para entonces sí, reírse. Pero yo no me río, no es un chiste, y entonces ella no entiende.&lt;br /&gt; –No entiendo –dice–. La cuenta es ciento treinta.&lt;br /&gt; –Sí –digo–, pero vos me atendiste. Prestaste atención a lo que te pedí, hablaste poco, creo que incluso sonreíste un par de veces. Es muchísimo mejor que si hubiera invitado a alguien a comer. Quiero pagar tu espléndida participación en esta cena, hagamos de cuenta que comí con vos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1249626932933151315?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1249626932933151315/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1249626932933151315' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1249626932933151315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1249626932933151315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/una-cena.html' title='Una cena'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7913246963473071314</id><published>2010-11-25T07:26:00.005-03:00</published><updated>2010-11-25T08:21:25.296-03:00</updated><title type='text'>Celos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Debían ser las tres y media de la mañana cuando comenzó a sonar el timbre. Di un salto en la cama, del susto, porque en mi precaria guarida no suena casi nunca el teléfono, mucho menos el timbre. Tenía que ser algún salamín con ganas de tocar timbres y salir corriendo. Alguien a quien de seguro se le había roto un joystick y había salido a hacer una broma que atrasaba mil años.&lt;br /&gt;Pero no, era mi amigo, mi amigo H. Se lo escuchaba agitado y alterado en indefinibles proporciones, en el borde mismo de algo que no podía ser bueno. Me dijo que le abriera, rápido. Así que le bajé a abrir.&lt;br /&gt;Le serví un whisky. Transpiraba a pesar del frío. Parpadeaba mucho. Se tiraba del pelo con insistencia, y dejaba la mano ahí, agarrándose un mechón de pelo del costado de la cabeza o de la nuca, como si se hubiera olvidado del pelo y de la mano.&lt;br /&gt;–Bueno, ¿me vas a decir qué pasa?&lt;br /&gt;Y me lo dijo. Primero pasó al baño, lo escuché vomitar, pero no lo escuché soltar la cadena, mal presagio. Salió un poco más compuesto, la cara lavada. Vi que tenía algunas manchas, salpicones color ocre sobre su blanca remera. H., que siempre fue flaco, parecía todavía más flaco, más pálido, translúcido.&lt;br /&gt;Acababa de  matar a un tipo. No sabía el nombre, del tipo. Pero igual lo había matado. El tipo, al parecer, se cogía a su novia, a la novia de H.  Los había seguido, había esperado que el tipo dejara a su novia, la novia de H., V., en su casa, había esperado que se despidieran con un beso, y lo había seguido hasta el auto.&lt;br /&gt;No le dijo nada, lo apuñaló con un picahielos que llevaba en el auto, varias veces. Por la espalda. En los riñones, primero, en la nuca, después. El tipo había exhalado como si se desinflara, y cayó muerto. La calle estaba oscura, no había nadie.&lt;br /&gt;–Lo tengo abajo, en el baúl del auto. Me tenés que ayudar, Juan.&lt;br /&gt;Ahí fuimos. La idea que brotó era ir a la costanera, a algún punto de la costanera, y tirar el cuerpo al río. Mala, la idea, tirando a pésima, pero la idea anterior era subir al tipo, meterlo en mi bañera, y comprar algún solvente, cal viva, no sé. H. hablaba confuso, se le trababa la lengua, por el whisky, la adrenalina, y los nervios. Daba la impresión de estar empastillado, también.&lt;br /&gt;La idea de traer al muerto a mi bañera, hacía que cualquier otra idea pareciera muchísimo más potable.&lt;br /&gt;Me tomé un par de whiskys y bajamos. Tuve que manejar yo, H. había entrado en una soporífera fase, balbuceaba incoherencias, lloraba un poco.&lt;br /&gt;Llegamos. Paré el auto pasando aeroparque, no mucho, me pareció que por ahí estaba todo tranquilo, apagué las luces. No había nadie, bastante frío, todavía madrugada. La maniobra consistía en bajar del auto, abrir el baúl, fumar un cigarrillo. Entonces teníamos que agarrar el cuerpo entre los dos, como si fuera una enrollada alfombra, y tirarlo al río. Había que caminar unos veinte pasos, quizás treinta. Esa era la parte donde estábamos expuestos. Era preciso moverse rápido.&lt;br /&gt;–Envolvé el cuerpo con esa frazada –me dijo H. Parecía más compuesto, incluso animado–. Tiramos a este hijo de puta, y te llevo a tu casa. Voy a volver a lo de V., la voy a matar también. Hija de puta, hacerme esto a mí.&lt;br /&gt;–¿Te volviste loco? –Le di una trompada en el hombro, fuerte, se le voló el cigarrillo de la mano. Pensé por un instante en preguntarle si sabía algo sobre la profundidad del río en esa parte y los movimientos de la marea, pero qué podía saber H. sobre el tema, si ni siquiera le gustaba comer pescado–. Si zafamos de esta ya es un milagro. ¿Y vos querés seguir? ¿Qué te pasa? ¿Tanto quilombo por una mina?&lt;br /&gt;–Pero es una hija de puta. ¡Nos estábamos por ir a vivir juntos!&lt;br /&gt;–Mirá, si vas a seguir con eso, te dejo acá. Me voy caminando. ¿Para qué carajo me viniste a buscar? Vamos a terminar todos en cana.&lt;br /&gt;–Tenés razón, tenés razón –Sacudió la cabeza, se sonó los mocos tapándose las fosas nasales de a una, vaciando la nariz sobre el indiferente asfalto–. Vos sos un amigo. Terminemos con esto y me voy a dormir. No doy más.&lt;br /&gt;–Dale –dije–, preparate. Cuando largue el semáforo, contamos hasta diez, vemos que no pasen muchos autos y lo tiramos.&lt;br /&gt;Lo único que faltaba era que matara también a V. Una buena piba, y bonita, además. Cogía conmigo de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7913246963473071314?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7913246963473071314/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7913246963473071314' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7913246963473071314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7913246963473071314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/celos.html' title='Celos'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-2230962819530370547</id><published>2010-11-20T08:20:00.004-03:00</published><updated>2010-11-20T20:33:04.973-03:00</updated><title type='text'>Ahí viene</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Cada vez que te burles de alguien, de algo, de alguna situación, quiero que sepas que eso es justamente en lo que te convertirás. Eso que te parece imposible, eso que no puede ocurrir, bueno, eso sos vos. Vas a ver, se va a manifestar.&lt;br /&gt;El pelado, el gordo, el hombre en la plaza que intenta besar a esa mujer gritona y absurda, curiosa mezcla de foca y camello, el tipo que camina mirando las baldosas de la vereda, arrastrando los fragmentos de un desangelado maletín, el tipo que se tira del pelo y canta a los gritos en la sala de espera de un mugriento hospital, la mujer que no puede creer lo que ve en el espejo, la loca que le da de comer a las palomas pedazos de pan viejo, y les habla, también.&lt;br /&gt;Somos lo que va a fracasar, los gritos en el balcón, las muelas rotas, el agua que queda en la olla después de hervir arroz, el auto que choca, el ladrido, el portazo, el teléfono que no va a dejar de sonar nunca por que necesita decirnos que sucedió lo peor.&lt;br /&gt;No te olvides, cuando te cause gracia, cuando te burles, vas a ser vos. Ahora sos vos, te toca a vos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-2230962819530370547?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/2230962819530370547/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=2230962819530370547' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2230962819530370547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/2230962819530370547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/ahi-viene.html' title='Ahí viene'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4215395406971340634</id><published>2010-11-15T07:38:00.002-03:00</published><updated>2010-11-15T07:46:06.760-03:00</updated><title type='text'>Exceso de información</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Ella estaba en bombacha y corpiño.  Yo en calzoncillos. Hicimos una pausa para terminar nuestras bebidas. Apuré mi whisky. Ella terminó de quitarse una de sus botitas con una corta patada.&lt;br /&gt;Ella me dijo que la excitaba mucho que mientras la penetraban, en la posición clásica, del misionero, así le dicen, le tocaran el clítoris. Con un dedo. Había tenido un novio que era contrabajista de una orquesta municipal. El novio tenía un tremendo callo, amarillento y duro, en el dedo corazón de la mano derecha. El contacto de ese dedo, más precisamente de ese callo, con su clítoris mientras la penetraba el poseedor del callo, eso, la excitaba mucho. Podía acabar cinco veces seguidas, casi superpuestas. A veces más.&lt;br /&gt;Ella me dijo que su ano era una preciada zona erógena que debía ser estimulada. En determinado momento de la previa a la cópula, o si ella estaba sentada encima del sujeto, entonces se le debía meter un dedo. En el ano. Pero una falange, la primer falange, nada más. Por que los movimientos circulares y por decirlo de alguna forma, perimetrales al ano, pero sin entrar, le dejaban sabor a poco. Pero si le metían un dedo completo, ni que hablar un pulgar, eso le distraía la atención, la incomodaba y se iba de foco.&lt;br /&gt;Ella me dijo que cuando estaba, técnicamente, en cuatro patas, si miraba hacia arriba, hacia el techo, aunque el sujeto no pudiera verle la cara, justamente, por que estaba detrás, detrás de ella (por lo general esa era justamente, en eso consistía parte de la gracia de la posición). Si estaba en cuatro patas y miraba hacia arriba, dijo, cosa que el sujeto, a pesar de estar detrás de ella, podía sin mayores dificultades inferir por la posición de la cabeza, de la cabeza de ella. Si estaba en cuatro patas y miraba hacia arriba, dijo, lo que le gustaba era que el movimiento del sujeto, el iterativo mete-saca fuera extremadamente despacio, más aún que si se tratara de una cámara lenta, y que el sujeto, desde atrás, le agarrara las tetas, las tetas de ella, con ambas manos. Habiendo dos tetas y dos manos, lo que ella quería era una teta en cada mano, o una mano en cada teta. Pero si ella bajaba la mirada, y hundía luego la cabeza en la superficie de la cama, entonces lo que quería era que la embistieran con fuerza, de una brutal y despiadada manera, y que la tomaran por la cintura, no quería que le siguieran tocando las tetas, ni que le tiraran del cabello. Quería sentir que era embestida por un gorila, un orangután, incluso un chimpancé, que era cogida por un mono, o alguna otra clase de  mamífero mediano. Y ella acababa.&lt;br /&gt;–¿Y vos? –me preguntó, dejó su vaso– ¿Cómo te gusta a vos?&lt;br /&gt;–A mí me gusta coger un poco –dije–, ver qué pasa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4215395406971340634?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4215395406971340634/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4215395406971340634' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4215395406971340634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4215395406971340634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/exceso-de-informacion.html' title='Exceso de información'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5314176610752628062</id><published>2010-11-10T08:06:00.002-03:00</published><updated>2010-11-10T08:34:01.778-03:00</updated><title type='text'>Pesos y medidas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; La cantidad de empanadas que debe comer un mamífero mediano del sexo masculino, entre los once y los setenta y un años, es tres. En una comida, claro, de una sentada, o parado, por qué no. En lo personal podría comer seis, sin inconvenientes, y debe haber hombres con capacidades similares. Pero los riesgos son pasar a la categoría ‘chancho cimarrón’, o a  la categoría ‘jabalí’. Si el mamífero del sexo femenino come dos empanadas, también está bien, es una señal de recato y mesura, muestra que reserva sus energías para los embates del amor. Si un masculino come dos empanadas, es timorato y débil, poca capacidad aeróbica, es un infeliz, caga unas bolitas pequeñas y duras de un pestilente hedor.&lt;br /&gt;La cantidad de gustos que se piden para un helado es dos. No importa si es un cucurucho o un kilo. Repito: dos. Alguien que pide tres gustos duda, quizás es un homosexual todavía larvado, alberga esa inquietud, pero aún no ha saltado hacia la garompa misma. Si alguien pide más de tres gustos, bueno, requiere de inmediata medicación, quizás no recuerde cómo se deletrea el propio apellido, tendrá dificultades para encontrar el camino de regreso a su domicilio. Uno de los gustos debe llevar la palabra ‘chocolate’, o la palabra, más precisamente las palabras ‘dulce de leche’, en su denominación, en cualquiera de sus variantes. El otro gusto acompaña, permite al sujeto manifestar alguna patética arista de su inflamada personalidad.&lt;br /&gt;La cantidad de whisky que se toma en una salida, pongamos después de una cena, en un domicilio quizás, antes o después de la práctica sexual, es dos, por aquello tan preciosamente contado por HT, respecto a que ‘uno es poco, y tres es poco’. Si usted no toma nada, verá con desgarradora claridad las múltiples falencias de su ocasional partenaire, y la detestará sin remedio. Si usted toma más de tres, entonces el maldito péndulo hará que usted vea inexistentes atributos en su acompañante. La etílica nube puede llevarlo a realizar incoherentes promesas, incluso a manifestar palabras de amor.&lt;br /&gt;Por la misma ley física precedente, la cantidad de polvos son 2 (dos). Menos es a reglamento, más es un fastidio. El marcador está regido por la salida del sol. Al salir el sol, el contador vuelve a cero. Usted dispone de dos polvos para ese día. No, claro, si estás casado no se aplica (iba a decir ‘no funciona’), si estás casado cambia todo.&lt;br /&gt;Podría seguir, si no fuera por que yo también me aburro, podría seguir. La medida mínima de ingesta de cerveza es un litro por persona, o dos pintas. La medida mínima de ingesta de vino es media botella (si una botella de vino le dura tres o cuatro días, su idea de la diversión es bailar tap en calzoncillos con Cormillot). La medida correcta de ingesta de pizza es media pizza (aquí se puede agregar una porción de fainá, y no, no importa si la pizza es chica o grande, tampoco importa el gusto). No es preciso decir ‘te quiero’ a alguien más de una vez por día, no hay que empalagar. Se puede fumar hasta cinco cigarrillos por día, en nada modificará su precario estado de salud, ni lo despojará de alguna por siempre tan fabulada como inexistente capacidad.&lt;br /&gt;Ya está. Con eso más o menos tenés una vida. Podés comer un alfajor por día, también. Después pasan unos años y te morís.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5314176610752628062?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5314176610752628062/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5314176610752628062' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5314176610752628062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5314176610752628062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/pesos-y-medidas.html' title='Pesos y medidas'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7715915690543095687</id><published>2010-11-05T08:56:00.001-03:00</published><updated>2010-11-05T08:57:11.429-03:00</updated><title type='text'>Dilema</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Existen dos tipos de errores en medicina. El falso-positivo, y el falso-negativo. El falso-positivo es el error donde se le comunica al paciente que tiene una enfermedad fulminante y quizás terminal, que debe comenzar el tratamiento de inmediato, aún cuando el médico no sabe con certeza si el paciente tiene la enfermedad, no está seguro. El falso-negativo es el error donde no se le dice al paciente nada, y quizás tenga el tremendo flagelo, el desgarrador padecimiento.&lt;br /&gt; Entre los dos errores la medicina elegirá siempre el primero. Quizás por supervivencia, quizás para evitar complicaciones legales, quizás por sadismo. O una compleja combinación de todas las anteriores, más cosas que no tengo ganas de pensar en este momento, cosas que se me escapan.&lt;br /&gt; En una oportunidad, allá lejos y hace tiempo, estaba en Villa Gesell. Me fui una madrugada de un bar al cual solía concurrir a tomar algo. Me fui con una señorita, decía, a fornicar.&lt;br /&gt; Aunque siempre importan los detalles, aunque lo único que suele importar son los detalles, no importan, en esta oportunidad, los detalles.&lt;br /&gt; El asunto es que finalizado el por siempre y más que nada en la adolescencia gratificante acto, emerjo del interior de la vagina misma después de haber estado cogiendo como un frenético babuino. Voy al baño apoyándome en las paredes, alcoholizado todavía, vencido por la falta de sueño y la pésima alimentación. Llego al baño, y cuando voy a quitarme el preservativo, descubro con pavura que no existe el preservativo. O sí hay preservativo. Una arandela de goma enroscada a la base de la todavía algo enhiesta garompa. El preservativo, de pésima calidad, hecho más que probablemente con restos de caucho de neumáticos de tractor reciclados, por que en Argentina se suele entender todo mal, en Argentina reciclamos así. El preservativo, entonces, se había roto durante el coito.&lt;br /&gt; En aquella oportunidad y sin saberlo otra vez, el dilema, falso-positivo versus falso-negativo. El falso-positivo era salir del baño, pálido como un fantasma, sentarme sobre la cama, encender un cigarrillo, y contarle a P. que el preservativo se había roto, que yo había eyaculado como un dromedario, y que muy probablemente podía haberla dejado embarazada. El falso-negativo era hacer desaparecer los restos del preservativo, lavarme la cara, pishar, volver a la habitación, sentarme en la cama, encender un cigarrillo, y decirle a P. que me gustaba mucho su corte de pelo, su flequillito stone.&lt;br /&gt; –Che, me encanta tu corte de pelo –dije, pité.&lt;br /&gt; Opté por el falso-negativo. Y es que por más que me han dicho que tengo el don de curar mediante el garche, a pesar de haber ayudado a tanta pero tanta gente, jamás me consideré, en el estricto sentido de la palabra, un médico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7715915690543095687?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7715915690543095687/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7715915690543095687' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7715915690543095687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7715915690543095687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/11/dilema.html' title='Dilema'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-8455681596810455528</id><published>2010-10-30T08:39:00.004-03:00</published><updated>2010-10-30T10:34:03.463-03:00</updated><title type='text'>Ida y vuelta</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Me llama un amigo, mi amigo L., para avisarme que otro amigo, nuestro amigo C., ha vuelto.&lt;br /&gt;La historia, como todas las historias, no es tan lineal. Nuestro amigo C., desde la adolescencia, lo que equivale a decir desde siempre, fue un éxito con patitas. C. era el más vivo del barrio, por lejos, el más pintón, el que tenía las mejores chicas. Se recibió de abogado, tenía renombrados casos, conducía autos alemanes, se fue a vivir a la zona más cara de la ciudad, tomaba los mejores vinos, se casó con una modelo que fue –y es– un bombón.&lt;br /&gt;Así iba C., tomando cocaína de la mejor, organizando orgías, mandándonos fotos por mail de sus viajes a Hawai. Todo lo que un mamífero mediano pueda querer, todo lo que uno pueda anhelar. C. tenía todo, le salían las cosas, con facilidad.&lt;br /&gt;Y C. se despertó un día, más precisamente el día de su cumpleaños, de su cumpleaños número treinta y tres, y se puso mal. Algo tenía que haberle pasado esa noche, mientras dormía, algo quizás que tomó y le cayó mal. C. se despertó en su espléndido departamento, le trajeron el desayuno, y mientras probaba el jugo de naranja recién exprimido, C. se dio cuenta que estaba triste. C. sintió como si le pasaran un rallador de queso por la nuca, sintió que estaba triste, que la vida no tenía sentido, que no se iba a reír, no iba a estar contento, nunca más.&lt;br /&gt;No importaba cuánto whisky single malt tomara, o cuántos trajes de Hugo Boss comprara, C. se dio cuenta que había caído en un abismo. Siento como si me hubieran agujereado el bote, y me entrara agua por todos lados, le dijo C. a su psiquiatra,  y el psiquiatra le dijo que sí, que claro, que lo entendía, que tenía que hacer algo que le gustara. Es exactamente lo que vengo haciendo los últimos quince años, dijo C. y se dio cuenta que el psiquiatra era pelado, el psiquiatra usaba una camisa a cuadros muy vieja, el psiquiatra tenía miguitas de Bay Biscuit en su canosa barba. Para resumir, el psiquiatra no lo iba a poder ayudar.&lt;br /&gt;Y dejó todo, C. Modelo, autos alemanes, vacaciones en Punta del Este, whisky de calidad. Se fue, C., al Tíbet. A una cueva, en la montaña, a ver al gurú más famoso del mundo, a meditar.&lt;br /&gt;Comía un puñado de arroz por día, el gurú le enseñó a respirar, pero todo lo que el gurú tenía para enseñarle, el secreto de cómo iluminarse, cómo llegar a la gracia divina, por decirlo de algún modo, se podía aprender en media hora. El resto era hacerlo, permanecer sentado sobre una ínfima esterilla, doce horas por día, seis horas dentro de la cueva, seis horas al aire libre, en la montaña. Estuvo siete años, C., en el Tíbet, respirando, meditando, sin bañarse, sin hablar.&lt;br /&gt;Fuimos con L. a verlo, C. había vuelto. Estaba parando en un hotel sobre la avenida Alvear. Su mujer lo había dejado, y había vendido el departamento. Ya no era socio en el estudio de abogados, aunque tenía dinero ahorrado.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la habitación 308 y nos abrieron, le estaban cortando el cabello. Estaba muy flaco, huesudo, sonriente, canoso, con los dientes amarillos. Sobre una mesa había una bandeja con frutas, panes recién horneados, quesos y mermeladas, jarras con café, leche, jugo de pomelo rosado.&lt;br /&gt;Nos abrazamos con genuino afecto. Nos palmeamos las espaldas y nos reímos recordando alguna compartida anécdota de un remoto pasado.&lt;br /&gt;Había vuelto, finalmente, había estado de los dos lados, había conocido las dos caras de la moneda, el éxito de occidente, la mística de oriente. Era la persona más interesante que jamás hubiéramos conocido, y esperábamos que nos dijera algo sobre el sentido de la vida, para qué habíamos sido puestos sobre la faz de la tierra, alguna pista, no sé.&lt;br /&gt;–Qué loco todo, ¿no? –Dijo C., y se sirvió un vaso de jugo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-8455681596810455528?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/8455681596810455528/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=8455681596810455528' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8455681596810455528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/8455681596810455528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/ida-y-vuelta.html' title='Ida y vuelta'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7551684397190215554</id><published>2010-10-25T08:47:00.000-03:00</published><updated>2010-10-25T08:48:30.409-03:00</updated><title type='text'>Somos tu fracaso</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; –¡Eh, Hundred!&lt;br /&gt; –¡Hey!&lt;br /&gt; –¡Despertate, che! ¡Despertate!&lt;br /&gt; Me despierto. Abro un ojo, primero. El otro, después. Estoy abrazando una almohada. Estoy abrazando una almohada como si estuviera en medio de un naufragio y la almohada fuera lo único capaz de mantenerme a flote, de evitar que me hunda. Metáforas en oferta. Ni sangre, ni mucho menos dinero, no me pidas eso. Pero metáforas sí, metáforas tengo.&lt;br /&gt; –No entiendo –digo–. ¿Ustedes quiénes son? ¿Qué son todos estos cachivaches? ¿Cómo entraron acá?&lt;br /&gt; –Somos tus sueños rotos –dice una chica, algo mayor, pero vestida con delantal. Morocha, dos colitas, sonrisa como un atardecer en la playa.&lt;br /&gt; –Somos tu fracaso –dice un pibe que tiene un tablero de ajedrez bajo el brazo.&lt;br /&gt; –Somos todo lo que no te salió, somos todo lo que te salió mal –Dice un señor de remilgado aspecto, ceñudo, circunspecto, enjuto tal vez. Me recuerda a un profesor, un profesor que tuve, aunque no consigo recordar la materia, lo que enseñaba.&lt;br /&gt; –No entiendo –me incorporo un poco, aplasto la almohada contra la pared, y quedo, por decirlo de alguna forma, por que de alguna forma hay que decirlo, sentado en la cama–. ¿Qué quieren?&lt;br /&gt; –Yo ya fracasé –prosigo, trago, necesitaría un vaso de agua. Miro por las rendijas de la persiana, deben ser las dos de la mañana. Hay una hora en la que la ciudad se queda muy quieta, un par de horas donde la furia se calma y el pavimento consigue descansar–. Fracasé en todos los rubros del horóscopo. ¿Qué más quieren?&lt;br /&gt; –No queremos nada –hay un piano, es increíble pero entre la gente y los libros y las pelotas de fútbol y las botellas de whisky y un par de chicas pintándose las uñas de un horrible rosa pálido, hay un piano. La voz sale del piano, lo cual es todavía más increíble, el piano me habla–. Tenías que fracasar, no había manera. No tenés talento, eso es todo, ni sos demasiado querible. Tampoco creés en el esfuerzo. ¿Qué esperabas?&lt;br /&gt; –Nada, no espero nada. ¿Por qué no se van? Quiero seguir durmiendo.&lt;br /&gt; –Te queríamos decir que no nos gusta cómo nos contás –me habla un pibe con el pelo largo y camisa abierta, un amigo de la época de Gesell, cuando íbamos a bailar–. Nos contás como si la culpa fuera nuestra, como si tu fracaso, en definitiva, fuera algo muy por encima de tu fracaso. Como si tu fracaso fuera épico, algo que valga la pena destacar.&lt;br /&gt; –Nos hacés quedar mal –dice un perro atorrante, bigotudo, que renguea un poco. Me muestra los dientes.&lt;br /&gt; –Pero es lo único que me distrae un poco –gesticulo, me indigno–. Me salió todo para el culo, por lo menos lo puedo contar.&lt;br /&gt; –No –veo a una prima que niega con la cabeza, y enciende un cigarrillo. Un Parliament.&lt;br /&gt; –Lo contás mal –dice un libro, un libro de Anthony Burgess, un libro que habla y las hojas se mueven como un fuelle.&lt;br /&gt; –Lo contás remal –dice una chica, en bombacha y corpiño, se tapa la boca con una mano, para reír. El pelo le cae sobre la frente, recuerdo su nombre, se llama Elina, es la mujer más hermosa que yo haya visto jamás.&lt;br /&gt; –¿Entonces qué hago?&lt;br /&gt; –Mejor no cuentes nada –dice una voz desde la tercera fila, un pibe, alguien del montón, está en malla, se acomoda unas antiparras mientras me habla–. No jodas más.&lt;br /&gt; –Bueno. –Digo. Me acuesto, me tapo, la cabeza también. Quizás pueda volver a dormir un par de horas, antes que suene el despertador, antes de ir a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7551684397190215554?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7551684397190215554/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7551684397190215554' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7551684397190215554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7551684397190215554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/somos-tu-fracaso.html' title='Somos tu fracaso'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4649315994098843703</id><published>2010-10-20T08:30:00.002-03:00</published><updated>2010-10-20T08:35:06.497-03:00</updated><title type='text'>De la existencia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; No es lo que uno espera escuchar, irrita al principio, pero una de las pocas cosas que te permitirán confirmar tu existencia, uno de los pocos momentos en que se puede corroborar que se está vivo, es en el momento de pagar. En el occidente capitalista es así. Ahora si vos naciste en la India, si tus papis te quemaron un ojo con una brasa ardiente al nacer para que seas un mendigo de mayor contundencia, si te bañás tres veces por día en el Ganges, bueno, entonces puede que sea distinto. Si todas las mañanas tu tarea es llevar a pastorear a los dos ñus de la familia por las praderas del Tíbet, bueno, puede ser distinto, en esa situación, también.&lt;br /&gt;Pero si no, si vivís en Europa o en América, si vivís en una ciudad (incluso de Oriente), entonces el único momento en que existís, en que podés saber que existís, es al pagar.&lt;br /&gt;Cuando pagás un pedazo de 437 gramos de queso Fontina en la fiambrería, cuando pagás un par de zapatillas con suelas hechas de piel de pito de rinoceronte bebé, cuando le pagás al psiquiatra para contarle que el heladero, antes de pasarte el cucurucho por encima del mostrador, se rascaba el culo, bien adentro, y cambiaba de mano otra vez.&lt;br /&gt;Pago, luego existo. Así debió ser la filosófica frase. A nadie le importa lo que pienses, mucho menos lo que sientas. Pagás y es una cinética chispa de magia de la emoción más pura. Antes de pagar, es bastante sencillo, no sos, no estás, y después de pagar, inmediatamente después, desaparecés.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4649315994098843703?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4649315994098843703/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4649315994098843703' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4649315994098843703'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4649315994098843703'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/de-la-existencia.html' title='De la existencia'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-4614020443364589466</id><published>2010-10-15T07:10:00.000-03:00</published><updated>2010-10-15T07:11:15.905-03:00</updated><title type='text'>Donde la física se toca con la filosofía</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Existe un fenómeno que cae principalmente bajo el área de la física y la rigidez de sus leyes, aunque quizás, por aquello de que la naturaleza siente  horror al vacío, también el fenómeno alcance filosóficos ribetes, no debiera esto resultar para nada contradictorio. Todo tiene que ver con todo, eso quise decir.&lt;br /&gt; El fenómeno en cuestión consiste en que si uno está lleno de luz, entonces, no puede quedarse, para sí, la luz, uno ilumina, la luz ejerce su efecto sobre la circundante oscuridad y entonces, al mismo tiempo, uno genera más luz. Se derrama la luz, y se genera más luz. Así funciona el universo, por leyes tan físicas como filosóficas, lo que dije.&lt;br /&gt; Con el agua funciona igual, más o menos igual, el recipiente se vacía, riega un campo, sacia una sed, y entonces la naturaleza se encarga,  vuelve a ser llenado.&lt;br /&gt; Me atrevería a decir que con el dinero ocurre algo parecido. Uno ayuda, uno da dinero, y como por arte de magia, uno consigue al poco tiempo más dinero. Leyes, otra vez, físicas y filosóficas, que incluso  pasean en puntas de pie por el territorio de lo intuitivo, y parecen regir nuestro inconcebible y muchas veces precario hasta la exasperación universo.&lt;br /&gt; Ahora, con respecto a los tres polvos que te acabo de echar, ahí no, nada que ver, la cosa va por algún otro nimbado carril. Yo venía de quién sabe cuánto tiempo sin coger, y vos quizás, por tu tremenda fealdad, sos portadora de un desesperado entusiasmo, me pone bien verte contenta, desde ya, hace que este episodio esté revestido de un altruista significado.&lt;br /&gt; Pero no, no hay forma que se me vuelva a parar la hapi, no sé, por un mes como mínimo, ni creo francamente que quiera volver a verte. Vamos yendo, te alcanzo si querés, estoy con auto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-4614020443364589466?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/4614020443364589466/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=4614020443364589466' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4614020443364589466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/4614020443364589466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/donde-la-fisica-se-toca-con-la.html' title='Donde la física se toca con la filosofía'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-7093303095050161436</id><published>2010-10-10T07:56:00.001-03:00</published><updated>2010-10-10T07:56:53.346-03:00</updated><title type='text'>Tostada con mermelada</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; El experimento no requiere demasiada inversión en tecnología. Lo podés hacer en tu domicilio, o en un bar. Debe ser hecho de mañana, temprano, antes de comenzar, por decirlo de alguna forma, el día. Digamos que no más allá de las nueve de la mañana, pero si es antes de las ocho, mejor, mucho mejor.&lt;br /&gt; El experimento precisa, requiere, como elemento basal e insustituible, una tostada. La tostada puede ser de pan blanco, o de pan negro. Si es en un domicilio, la tostada será, preferentemente, una de esas rodajas de pan, cuadradas, más o menos un cuadrado de pan, de pan tostado. Si se procede con el experimento en un bar, pues entonces la tostada será la tostada que te traigan en el bar, seguramente algo parecido a un redondel de pan francés, de pan francés del día de ayer, de pan francés del día de ayer tostado, lo que equivale a decir que se tratará de una tostadita, no importa.&lt;br /&gt; Y hace falta mermelada. Una generosa dosis de mermelada, no importa el sabor, el gusto. Sí, puede ser mermelada de ciruela, y sí también, puede ser mermelada de naranja. Puede ser mermelada dietética, aunque preferiría que no lo fuera, como tampoco preferiría que en los bares  la mermelada viniera en esos tristes cuadraditos que son envases tipo muestra gratis en lugar de servirte mermelada casera. Hay tantas cosas que no prefiero.&lt;br /&gt; Se debe untar la tostada, como dije, con generosidad.&lt;br /&gt; Se pone uno de pie. Respire hondo, dos o tres veces. Piernas algo separadas.&lt;br /&gt; Coloque la tostada sobre su mano hábil. Si es usted derecho, sobre su mano derecha, si es usted zurdo, sobre su mano izquierda. Si no sabe cuál es su mano hábil, también es muy sencillo. Es la mano con la cual se masturba.&lt;br /&gt; Pero no se coloca la tostada de cualquier manera, no. Debe colocarla sobre el dedo índice, el dedo índice que está en posición horizontal, y semiflexionado. Debajo del índice, vertical, en contacto con el índice y flexionado también, agazapado, está el pulgar. La posición, difícil de detallar pero fácil de entender, es la posición que se utilizar para lanzar, a fuerza de utilizar el pulgar como catapulta, para lanzar, decía, una moneda al aire.&lt;br /&gt; Cierre los ojos. &lt;br /&gt; Y eso es, justamente, lo que hay que hacer. Gatillar, el pulgar, y lanzar, con fuerza, la tostada al aire. Para que la tostada, como si fuera una moneda, de algunas vueltas en el aire, antes de caer. Y caiga, la tostada, finalmente, al piso.&lt;br /&gt; Fin del experimento. Puede abrir los ojos.&lt;br /&gt; En el 95% / 97% de los casos, la tostada caerá con la cara cubierta de mermelada sobre el piso. La tostada quedará pegada al piso. Esto le permitirá a usted corroborar que no tiene suerte, que nunca tuvo ni tendrá suerte, que todo es un desastre, su día será más o menos tan malo como el día de ayer, como el día de anteayer, como todos los demás.&lt;br /&gt; También podría usted haber comido la tostada, la tostada con mermelada, haberle dado un buen mordiscón o dos, no lanzarla al aire, no proceder con  experimento ninguno. Usted, en tal caso, se hubiera comido una rica tostada rebosante de mermelada. Usted bien sabe que su vida es un rotundo fracaso, no debiera precisar mayores confirmaciones.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-7093303095050161436?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/7093303095050161436/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=7093303095050161436' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7093303095050161436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/7093303095050161436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/tostada-con-mermelada.html' title='Tostada con mermelada'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5415390834506563792</id><published>2010-10-05T07:02:00.003-03:00</published><updated>2010-10-05T08:36:37.228-03:00</updated><title type='text'>Maten al rehén</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; La escena de la película que deseo mencionar es, más o menos, así. Están los buenos, los policías, los detectives, entre los cuales está Tommy Lee Jones (TLJ). En la escena, en la calle, uno de los malos, un ladrón, un asesino, no sé, logra agarrar al compañero de TLJ. El compañero, desde ya, es más jovencito, más novato, muy inexperto. El ladrón ha tomado al novato, y se cubre con él, lo ha tomado del cuello, y lo apunta, a la cabeza, con un arma. Le dice a TLJ que suelte su arma, por que si no, está claro, matará a su compañero.&lt;br /&gt;La situación, vista hasta el hartazgo en el cine americano, tanto en películas como en series de televisión, es de lo más clásica. La música ayuda, espolvorea una dramática tensión.&lt;br /&gt;TLJ, que está con el arma en la mano, simplemente tira. Mata al ladrón, claro, pero en la maniobra, el tiro, le roza la oreja a su compañero, le ha tocado la oreja, ya que el compañero, sentado sobre el asfalto, asustado todavía, sangra.&lt;br /&gt;TLJ ayuda a su compañero a  incorporarse, y se produce el siguiente diálogo.&lt;br /&gt;Compañero: ¡Estás loco! Creo que voy a quedar sordo de por vida.&lt;br /&gt;TLJ: Escuchá, me escuchás.&lt;br /&gt;El compañero asiente, todavía dolorido, ya de pie. TLJ se aproxima, casi con ternura, al oído lastimado.&lt;br /&gt;TLJ: Yo no pacto.&lt;br /&gt;No importa la película, la película es mala, ni siquiera recuerdo el nombre. Aunque la escena es muy buena. TLJ es un gran actor.&lt;br /&gt;Me tomé el trabajo de contarte la escena como pude, a los trompicones, por lo siguiente.&lt;br /&gt;Habrá un momento, un momento como cualquier otro de tu vida, donde creas que podés negociar con tus tetas, con una tirada de goma. Creerás que esa es la llave, el interruptor que te permite doblegar la voluntad de un hombre. Creerás que, alabada sea tu suerte, fuiste munida con el perfecto kit de herramientas para comerciar, para obtener lo que quieras.&lt;br /&gt;También habrá un momento, en cualquier trabajo, en cualquier oficina del planeta tierra, donde me quieras obligar a hacer algo absurdo, afeitarme o hacer la vertical o cantar una canción en la cena de fin de año abrazando un semicírculo de patéticos boludos, por que si no, si no accedo, entonces no hay aumento o peor aún, quizás me echen.&lt;br /&gt;Y otro momento, otro momento más, donde un médico jovencito y prematuramente calvo, flaco como un alambre y con piorrea, deje el estetoscopio sobre el metálico escritorio y te diga que no, que no podés tomar vino nunca más, que tal vez, sólo tal vez puedas comer pizza una vez por mes, dos porciones. Por que si no, bueno, si no vendrá lo peor.&lt;br /&gt;Quizás acceda, claro, me entregue mansamente, sin excusas, tampoco soy Tommy Lee Jones. Quizás tenga que mendigar sólo para ver cómo te bajás el jean otra vez, quizás haga un trencito en la fiesta de fin de año para poder cobrar, quizás coma un yogur a la mañana y una pechuga de pollo para la cena, sin piel, por el miedo a morir, a desaparecer, a no estar más.&lt;br /&gt;O quizás no.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5415390834506563792?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5415390834506563792/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5415390834506563792' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5415390834506563792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5415390834506563792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/10/maten-al-rehen.html' title='Maten al rehén'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1943918747062938829</id><published>2010-09-30T07:44:00.005-03:00</published><updated>2010-09-30T09:05:30.524-03:00</updated><title type='text'>Doble tuco</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Estoy comiendo. Afuera. Estoy comiendo afuera. Comer afuera es, por definición, distinto, distinto de comer adentro. Comer adentro, aunque no sea la expresión, aunque no se diga de ese modo, es comer en el domicilio, en el lugar donde uno vive. Comer afuera es comer en un restaurante.&lt;br /&gt;Estoy comiendo en Pippo, más precisamente en Pippo de la calle  Montevideo. Restaurante emblemático si los hay, humilde, eterno, apenas a un costado de la avenida Corrientes.&lt;br /&gt;Es un restaurante, Pippo, cómo definirlo y ser justo a la vez, es un restaurante, decía, sin pretensiones, de batalla. Un restaurante como esas pizzerías de barrio que te dieron cobijo alguna vez, cuando eras pobre o ella te dejó o hacía frío, y uno sabe que va a poder volver a buscar refugio, siempre.&lt;br /&gt;Como solo, en una mesa del fondo, donde me solía sentar hace muchos años. Tenía ganas de venir a comer acá, otra vez, por que soy pobre, o por que ella me dejó, o por que hace frío. Qué carajo te importa.&lt;br /&gt;Vermicellis, tuco y pesto, la especialidad de la casa, de entrada una porción de longaniza, un Norton tinto. Si alguna vez estás mal, si alguna vez, y yo te aseguro que siempre, en alguna curva de la vida, está esa vez, si alguna vez sentís que nada tiene sentido, y no te salva el detalle, el menú que acabo de mencionar (se puede agregar un flan con dulce de leche, de postre, para casos extremos), entonces estás frito. No hay nada más, deambularás entre el rivotril y el feng shui y los cursos y las fotos y los viajes hasta que te mueras de pena, que es equivalente a decir de muerte natural. Es así.&lt;br /&gt;Estoy comiendo mis vermicellis gruesos como lombrices, con el tuco salvaje y el pesto como para cagar un río verde fluorescente, indeleble y para siempre sobre la avenida Corrientes, y dejar entonces de esa forma, una opinión, una marca, de mi paso por la tierra. Y entra un cura.&lt;br /&gt;El cura es gordo, usa gruesos lentes de metálico marco, la rojiza cara, un morrón donde debiera estar la nariz. Lleva un uniforme, un uniforme de cura, o mitad cura y mitad de civil, como si fuera un traje, pero se ve el cuellito. Y lleva un maletín, negro, de cuero muy cuarteado, con esa forma triangular que solían tener los maletines de los visitadores médicos.&lt;br /&gt;Se sienta a comer, no se saca el saco. Pide lo mismo que yo, los vermicellis que le traen casi de inmediato, pero doble tuco, sin pesto, y medio litro de vino de la casa.&lt;br /&gt;Mastica con voracidad, grandes bocados de vermicellis rebosantes de salsa. Se acomoda los lentes, con un dedo, como si quisiera atornillarse los lentes al entrecejo. Bebe un vaso de vino en dos tragos, respira, vuelve a comenzar.&lt;br /&gt;Entonces sucede algo, digamos extraño, digamos imprevisto. El cura saca un pequeño crucifijo de un bolsillo del saco, parece de plata, es plateado. Lo mira un instante, luego lo pone en el plato. En el plato rebosante de fideos y salsa. Pone más queso rallado, mucho. Y revuelve con el tenedor.&lt;br /&gt;Sigue comiendo, los vermicellis, doble tuco, mucho queso. El crucifijo dentro del plato. A mí me parece por un momento que sonríe, y que entonces yo voy a entender el chiste, la broma, el significado.&lt;br /&gt;Pero no, no sonríe, es la satisfacción que le provoca comer, estar vivo y seguir comiendo.&lt;br /&gt;Pido la cuenta, me tengo que ir. Sé que voy a recordar lo que acabo de ver, sé que alguna vez lo voy a contar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1943918747062938829?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1943918747062938829/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1943918747062938829' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1943918747062938829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1943918747062938829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/09/doble-tuco.html' title='Doble tuco'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1505109854536332657</id><published>2010-09-25T08:14:00.004-03:00</published><updated>2010-09-25T09:22:07.404-03:00</updated><title type='text'>Hace tiempo que escribo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Escuché los timbrazos, todavía dormido, y supe, no tengo otra forma de describirlo, que había llegado el día. Hacía tiempo que venía escribiendo, relatos cortos, y los mandaba a las revistas. Escribía cuentos como Chéjov, como Carver, como un centauro hecho de la precisión de Abelardo Castillo, una mitad, y la furia desatada, la potencia expresiva de Charles Bukowski, la otra mitad.&lt;br /&gt;Había escrito dos novelas, también, y las había enviado a las más importantes editoriales españolas, prolijamente encuadernadas, por triplicado, dirigidas al Departamento de Lectores que tienen las editoriales del mundo civilizado. Mis novelas eran como las de Saer, como las de Onetti, como las de Anthony Burgess, la soledad del hombre y su desesperada lucha contra lo imposible, las más preciosas batallas for ever perdidas.&lt;br /&gt;Escribía poemas, también. Poemas como cuchilladas, poemas que mordían y  goteaban veneno, poemas de amor y de caminatas bajo la lluvia y de aquella vez que fui feliz. Poemas con el vuelo de Dylan Thomas, poemas como los de Ferlinghetti, poemas como los de Ezra Pound antes de perder definitivamente la cordura. Y mandaba los poemas a concursos, a todos los concursos, aunque fueran de la cooperadora de una escuela perdida en una ignota provincia.&lt;br /&gt;Escuché los timbrazos y supe que era mi día. Finalmente me habían descubierto. Leería mis poemas en Madrid, whisky en mano. Mis novelas venderían miles de ejemplares, me comprarían los derechos para hacer películas. Vendrían las adolescentes a la feria del libro en Barcelona o en Frankfurt a pedirme que les firmara mis volúmenes de cuentos, y por qué no los corpiños. Comería los más sabrosos manjares, daría lecturas por el mundo, me reconocerían en los aeropuertos, en fin.&lt;br /&gt;Todavía ebrio ya que últimamente me había inclinado a la bebida, pero no movido por una dipsómana vocación, de ninguna manera, sino por que no había encontrado ninguna inclinación más satisfactoria. Todavía ebrio, entonces, vestido con un shorcito manchado de fugazzeta, abrí la puerta. Había llegado el reconocimiento, al final (Cerati dixit) hay recompensa, el cambio de vida.&lt;br /&gt;Era el portero. Me dijo, no de la mejor manera, que se estaba inundando todo el piso de abajo. Que me fijara si no había soltado mal la cadena del inodoro, o si había dejado abierta una canilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1505109854536332657?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1505109854536332657/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1505109854536332657' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1505109854536332657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1505109854536332657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/09/hace-tiempo-que-escribo.html' title='Hace tiempo que escribo'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-5649700254014601947</id><published>2010-09-20T07:34:00.002-03:00</published><updated>2010-09-20T07:38:16.634-03:00</updated><title type='text'>En crudo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Te respondo bien sencillito, para que hasta una pelotuda como vos lo entienda.&lt;br /&gt;Hasta los treinta años, sos todo potencia. Funciona la tosca maquinaria del deseo. Podés ser jugadora de voley o de hockey, estudiar arquitectura como si en verdad fueras a enderezar la Torre Eiffel, chupar 18 hapis por noche (si Dylan Thomas se tomó 18 whiskys, por qué no vas a poder vos ejercitar tu magro talento), viajar a Sudáfrica de mochilera para sacarle una foto a Tantor lavándose las orejas con la trompa, hacer coros en una banda que se llame ‘Los Ragamuffins de la concha de tu hermana’, y así.&lt;br /&gt;Después de los treinta años, entre los treinta y los cuarenta, viene un período de agridulce resignación, un conformismo que te empieza a brotar de las axilas como un sulfato, llamémoslo ‘etapa de mantenimiento’. Ya no vas a poder ser mejor pianista de lo que sos, no vas a poder patear la pelota más lejos, ni coger más fuerte, ni fumar treinta y tres cigarrillos en la playa como aquella madrugada, tus pezones ya no exhiben ese rozagante rosado. Hay que empezar a caminar, en lugar de correr, tu marido dice siempre las mismas boludeces pero una vez por semana vas al cine, en la oficina te dijeron que sos una subgerente de producto de lo más capaz, los chicos empiezan a crecer, en la playa te atragantás de un desteñido sol.&lt;br /&gt;Y pasás los cuarenta. Viene el mundo del plano inclinado. La pérdida de facultades, la fatiga de materiales, la decadencia y caída. Vas a luchar, claro que vas a luchar, por que te parece injusto. Vas todas las mañanas al gimnasio, hacés un curso de computación, te suavizás los pelos de la vagina con aceite de castor del mar Adriático. Está el yoga y los yogures para cagar como una avispa, los suplementos vitamínicos y las pastillas que te dejan la garompa más dura que una lechuza embalsamada, los tratamientos de belleza, los corpiños reforzados de kevlar, el pelo de muñeco, las pequeñas mascotas de agudos ladridos, las maratones, las siliconas y el colágeno. Pero te caés, lo sabés, deberías entregarte, como si te hundieras en un tremebundo pantano, cualquier avezado pigmeo te aconsejaría que lo mejor es que no te muevas demasiado.&lt;br /&gt;Parece que no entendiste, ponete cómoda, podés no estar de acuerdo todo lo que quieras. Tu opinión importa, en esta deliciosa oportunidad, en esta entretenida ocasión, si es posible menos que de costumbre. Es como yo te digo. Si no querías saberlo, no me lo hubieras preguntado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-5649700254014601947?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/5649700254014601947/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=5649700254014601947' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5649700254014601947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/5649700254014601947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/09/en-crudo.html' title='En crudo'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8418564.post-1660184953661152340</id><published>2010-09-15T08:06:00.007-03:00</published><updated>2010-09-15T09:06:12.721-03:00</updated><title type='text'>Hundred Presidente</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Si yo fuera presidente estarían prohibidos los productos dietéticos. Prefiero que te mueras de gorda, y no de pena.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente los corredores de maratón podrían recibir similares penas a las de quienes cometan un homicidio, tendrían que ir a juicio y explicar muy bien por qué corrieron.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente las personas mayores de sesenta años podrían presentarse en cualquier Farmacity y solicitar un vaso de vino tinto, con sólo mostrar el documento.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente uno podría requerir a cualquier cajera del supermercado que lo masturbe mientras espera que le cobren su compra. El supermercado estaría obligado a capacitar a las cajeras para que den el servicio con cortesía no exenta de pericia.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente se colocarían cintas transportadoras, como las de los aeropuertos, para desplazarse por las calles del centro. Existirían carriles con distintas velocidades de traslado.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente a quien toca bocina se le cortaría una teta, o un huevo, según el caso. Después de dos bocinazos, se estima que la persona alcanzaría a percibir que quizás no tiene tanto apuro.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente estaría terminantemente prohibido la utilización de los teléfonos celulares en la modalidad altavoz, manos libres, handy abierto, o como corneta se llame. Esa conversación no existe, por que no tenés nada para decir, ni vos ni el que está del otro lado, pelotudo.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente todo el mundo estaría obligado a tener un animal doméstico (perros y gatos, básicamente, para tener un hámster o una tortuga, una boa o un loro, un par de pescaditos, da lo mismo que te hagas otro tatuaje).&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente no existiría la doble escolaridad en los colegios ni públicos ni privados, y la jornada laboral tendría una duración  máxima de 6 (seis) horas. La ley apuntaría a reforzar el tan ancestral como purificador hábito de contar con el tiempo necesario, desde la más tierna infancia, para rascarse las pelotas.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente existiría un impuesto a la tristeza. Un impuesto que debería pagar la gente que está triste. Puede que eso consiga alegrarlos.&lt;br /&gt;Si yo fuera presidente meter las patitas en el mar sería parte de cualquier tratamiento psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8418564-1660184953661152340?l=juanhundred.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://juanhundred.blogspot.com/feeds/1660184953661152340/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8418564&amp;postID=1660184953661152340' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1660184953661152340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8418564/posts/default/1660184953661152340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://juanhundred.blogspot.com/2010/09/hundred-presidente.html' title='Hundred Presidente'/><author><name>J. Hundred</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15477163261794124529</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>16</thr:total></entry></feed>
