12.3.13

Quizás algo trillado


         Voy hacia la costa. Escapo. Tengo un amigo que me presta el departamento que tiene en Pinamar, total fuera de temporada no lo usa.
         Cuando siento que no doy más, cuando la realidad me pasa por encima, encuentro el hueco y me voy. Una semana, aunque sea cinco días.
         Vas y no hay nadie. Desayunás café con leche con medialunas en alguno de los pocos bares abiertos. Después camino una hora por la playa. Nadie, o casi nadie, algún tipo pescando, un perro mugriento y bigotudo que duda entre ladrar o seguir moviendo la cola, una mujer con un sombrero tipo ‘Piluso’ que junta pequeñas piedras y las guarda en una bolsa.
         Al mediodía almorzar rico, comida casera, un poco de vino. Fumar dos o tres cigarrillos y quedarme dormido. Siesta. A la noche, algo de la rotisería, más vino, escribir un poco. El particular encanto de no tener absolutamente nada para hacer, más que darme un baño. Al día siguiente, lo mismo.
         Voy por la ruta, es temprano, no paré en Dolores. Mayo, el cielo a punto de romperse, las nubes como bolsas de residuos. No hace frío.
         De pronto, adelante, al costado de la ruta, algo capta mi atención. Bajo la velocidad. Es una chica. Es una chica, veinte años quizás, como mucho. Lleva un vestido clarito, se ve su cuerpo a través de la tela. Casi adivino las pequeñas y compactas mejillas del culo. El cabello hasta los hombros, como si hubiera salido de la ducha y se hubiera peinado hacia atrás, la espalda tan perfecta. Va descalza, también, metiendo los pies en el pastito que crece al costado de la ruta.
         Disminuyo la velocidad, más todavía, al llegar a su lado. Ella avanza, camina, con una sonrisa en los labios.  Lleva ambas manos junto a su pecho, sostiene un ramo de girasoles. Sí,  son girasoles, grandes, de un amarillo demasiado intenso. Un amarillo que parece de dibujitos animados.
         Ella camina.
         –Ey, disculpame –he bajado la ventanilla del lado del acompañante, y me inclino un poco para hablarle, sin soltar el volante– ¿Necesitás que te lleve? ¿Te pasa algo?
         Sonríe, niega con la cabeza.
         Me adelanto unos metros, detengo el automóvil.  Bajo, dejo la puerta del conductor abierta, no hay nadie más. Espero que avance, me pongo en su camino, abro los brazos, como si estuviera por atajar un penal, sonrío yo también.
         –Dejame que te lleve –digo–. Sos perfecta, sos la mujer más hermosa que yo jamás haya visto. Casi parece un sueño. No sé quién sos, pero dejame conocerte. Jurame, por favor, que no estoy soñando.
         –No –dice ella, se detiene a dos pasos de distancia–. No estás soñando. Chocaste, eso sí. Se te pinchó un neumático y chocaste, volcaste el auto. En la radio sonaba un tema de Oasis, y te golpeaste la cabeza. Estás muerto, te acabás de morir.
         Dijo, y me dio un girasol.

*el tema era don’t look back in anger, claro.

4 Comments:

At 3:59 p. m., Anonymous Angel said...

Trillado, pero ha sabido darle la vuelta con su prosa.
Un saludo le dejo

 
At 1:30 p. m., Blogger gen71 said...

En la radio tendría que haber sonado "amanece en la ruta" y estábamos hechos, je...

Muy bien escrito.

Saludos

 
At 7:58 a. m., Blogger Mr. Kint said...

Bueno ya que estamos en esta especie de rockola virtual con ese final y el apartado que dejó, voy a poner la canción que yo sentí cuando terminé de leer (que tal vez esté también algo trillado). El tema es el clásico Last Kiss en la voz de Eddie Vedder en el cover de Pearl Jam. La temática puede que me haya hecho recordar la canción y además tengo debilidad por esta banda
Un abrazo para ud.
http://www.youtube.com/watch?v=noPIXpBdmYY

 
At 10:13 a. m., Blogger J. Hundred said...

*angel! a veces sucede, también, que los grandes temas nos resultan trillados, mientras le suceden a otro. en cualquier caso, su comentario resulta para mí de una particular precisión. 1saludo.

*gen71! uh! mire con qué tema me tira por la cabeza. me agarró descuidado, con la guardia baja. gracias, 1saludo.

*mr. kint! también puede ser que aquello que somos, el sentido de nuestras acciones, por qué no de nuestras vidas, consista en hallar la adecuada canción. sí, claro, para nuestra muerte (releo su comentario y no encuentro la parte donde dice que el final, de mi fragmento, es de una genialidad con ribetes de absoluto. sin dudas su olvido debe tratarse de un error de tipeo, o en el clásico cut & paste, el mundo moderno, las computadoras..). exquisito tema el que eligió, habla de su calidad de persona. un abrazo.

 

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