6.3.13

El cristal con que se mira


         La mejor parte de coger con ella era cuando en determinado momento soltaba un suave soplido, una sostenida exhalación, y era como si finalmente todo su cuerpo se abriera al paso del tren de mi deseo. Se mordía, apenas, un poco, el labio inferior, o a veces el labio superior. Era imposible para mí adivinar cuál de los labios iba a morderse, y si eso dependía de tal o cual variante de mi proceder. A veces no se mordía, pero se relamía, sí, y alzaba más las piernas mientras yo volvía a embestir como si quisiera llegar al centro de la tierra a través de la vagina misma.
         La mejor parte de coger con ella era cuando pasaba, ahora en cuatro patas, de estar con la cabeza hundida en el acolchado, a erguirse sobre sus brazos, arqueaba la espalda como un gato, y empujaba hacia atrás, respondiendo a cada empujón de mi parte con un empujón de similar intensidad, cinco, siete, nueve veces, en sincronía. Entonces yo, con una de las manos que tenía agarradas a su culo, y sin soltarme, le introducía un pulgar, en el agujero del culo. Apenas la primer falange de un pulgar, como si quisiera tapar un ojo que me estaba observando. Ahí ella parecía rendirse, dejar de empujar,  lanzaba un gemido de satisfacción, y yo aceleraba como un embravecido chancho pecarí que corre por su vida.
         La mejor parte de coger con ella era cuando yo estaba por acabar, cuando ella percibía de algún modo que yo no iba a poder contenerme por mucho más tiempo, y entonces, con pornográfica destreza para nada exenta de cuidado, ella me hacía salir de su interior con un movimiento de cadera. Yo me ponía de pie, ella se arrodillaba, y por un instante sostenía mi pito en sus manos como si estuviera en presencia de un prodigioso animal, un gorrión con un ala rota. Tanta ternura. Y entonces se metía el pito en la boca, bien adentro, succionaba apenas (mucho más constricción que succión, aprovechen, pueden tomar nota), una sensación tan cálida para mí, tan dulce, hasta que yo vertía la totalidad de mi ser y ella miraba un poco hacia arriba, buscando contacto visual, satisfecha. Una mirada que era al mismo tiempo mirada y sonrisa.
         La mejor parte de coger conmigo, bueno. Ella me dijo que necesitaba el dinero, a eso se dedicaba. Yo solía dejar buenas propinas.

10 Comments:

At 11:15 p. m., Anonymous Angel said...

El final es excelente.

 
At 8:32 a. m., Blogger J. Hundred said...

*angel! sí.

 
At 9:09 a. m., Blogger Mr. Kint said...

La característica pecuniaria de la transacción no implica siempre buena voluntad, dedicación y empeño en la actividad (en este y otros tantos órdenes de la vida).
Así que algo bien debe estar haciendo usted; además de dejar buenas propinas, claro, mucho se puede inferir de una persona a partir de ese singular detalle. No esperaba menos de usted.

 
At 9:31 p. m., Blogger Viejex said...

Brillante!!!

 
At 1:15 a. m., Blogger Yoni Bigud said...

La propina es parte integrante del acto sexual. Puede existir o no, como cualquier otra gracia que uno decide llevar a cabo. Cualquier herramienta es válida para lograr la satisfacción ajena.

Peor es ser el campeón indiscutido del paragüitas, la dormilona, el fli fla o el doble mortero. Allí sí que hay ausencia absoluta de mérito.

Un saludo.

 
At 8:38 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. kint! la característica pecuniaria de la transacción, sólo indica, de manera parcial por cierto, la naturaleza del vínculo. si Dios hubiera querido que fuese objetivo, me hubiese hecho objeto, dijo ortega y gasset. falta, entonces, la impronta, lo que entra en el terreno de lo volitivo. conste en actas. le agradezco que pase a bancar la parada (sin dobles intenciones), y lo saludo.

*viejex! como dijo el filósofo, poeta, degustador de cabernets de menos de cien pesos, y amigo, pedro pablo mostanesa: entre pizzeros no nos vamos a pedir el ticket. lo saludo con sorpresa.

*yoni bigud! yo creí alguna vez que la imaginación me sería una herramienta de lo más útil para emprender algún logro de artístico carácter. tiempo me llevó descubrir que no, pero que el atributo resultaba tan noble como efectivo, a la hora de ir por las rutas de onán. tampoco me atrevería a decir que he hecho de la paja un arte, pero, no quisiera dejar pasar esta fantástica oportunidad para mencionar que he tenido pajas más satisfactorias que algunas relaciones sexuales propiamente dichas. quizás no he tenido suerte, en el sentido amplio, no le demos más vueltas al asunto. lo saludo con afecto.

 
At 11:04 a. m., Blogger Bob Harris said...

La profesionalidad está en tener los conocimientos, los medios, y la voluntad necesaria para hacer algo dentro de un campo determinado, ese algo dependerá de la rama profesional de la que hablemos.
En el caso particular del que hablamos creo que la profesionalidad de la señorita queda demostrada no solo en sus habilidades sexuales, también en el cumplimiento de un objetivo mayor,que es hacernos creer que somos excelentes amantes! también es cierto que se hace un buen esfuerzo en creelo sin mucho cuestionamiento (quien es capaz de hacerse semejante porquería)
Como siempre excelente lo suyo
Abrazo

 
At 9:26 a. m., Blogger J. Hundred said...

*bob harris! me atrevería a decir, en tantísimos casos, que la idoneidad es uno de los más exquisitos ropajes de la cortesía. un abrazo.

 
At 10:41 p. m., Blogger Dany said...

Buenas propinas. Eso es lo más justo cuando la prestación es más de lo corriente. Daba la impresión que se cogió a una boa. Buenisimo.
Abrazo Juan.

 
At 10:16 a. m., Blogger J. Hundred said...

*dany! yo soy de dejar buenas propinas, incluso cuando la prestación, cualquier prestación, es inferior a lo corriente. he descubierto que dejar propinas es quizás lo mejor de mí. quisiera ser recordado, de ser posible, como alguien que dejó buenas propinas. el resto de mi paso por la tierra es de lo más olvidable. un abrazo para usted.

 

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