5.3.11

Dulce

Estoy durmiendo, duermo. Soy un genio, se me nota demasiado, es evidente hasta la desmesura, soy absolutamente genial, pero a veces duermo, también. Así que duermo, no mucho, con digamos unas cinco horas estás vivo, con más de cinco horas podés funcionar, claro que es mejor dormir seis horas. Con siete horas, el día que dormís siete horas, te levantás con el pito parado y unas ganas de vivir tremendas. Tampoco me pasa dormir diez horas, o doce, eso te pasa, si te pasa, en la adolescencia, o si sos muy pelotudo, si no pensaste nunca nada de lo que tenías que pensar. Escuálidas recompensas de no saber.
Así que estoy durmiendo y suena el timbre. Suena el timbre de arriba, del departamento, por que si fuera el timbre de abajo podría ser que alguien pasó por la calle y tocó todos los timbres, para jorobar. Pero no, es el timbre de arriba. Dos timbrazos, largos, después uno más.
Me despierto, algo sobresaltado por cierto, miro la hora, son las tres y media de la mañana.
Voy hasta la puerta, no se por qué me pongo un short, voy hasta la puerta caminando en cámara lenta, tratando de no hacer ruido al pisar.
Miro, valga la redundancia (la redundancia algo tiene que valer), por la mirilla de la puerta. Nada, oscuridad. Hay un automático, en la luz del pasillo. Creo que de noche permanece encendida, un minuto, y después corta, cinco minutos o siete, si nadie la enciende, algo así. Espero, pegado a la puerta, mirando. Mirando y nada más.
Al rato se enciende, la luz. Me late el corazón, muy fuerte, como si alguien me estuviera dando golpes en el pecho para ver si tengo algún azulejo flojo.
Se enciende la luz. No hay nadie. Perdón, no hay nadie no. No hay una persona. Pero hay alguien. Hay un perro.
El perro es un Fox Terrier pelo duro, grandecito, marrón y negro. Está sentado, el perro, mirando hacia mi puerta. Tiene una trompeta, sí, el perro, junto a una de sus patas delanteras. No hay nadie más.
Corta la luz. Espero. Pasan unos buenos tres minutos, quizás cinco. Se enciende la luz. Ahí está el perro, ahí está la trompeta, todo igual.
Abro la puerta. Sé que es un error, sé que está mal, pero abro la puerta. Ahora van a salir tres tipos de alguna parte con cuchillos, con revólveres, y me van a robar. Me van a quemar con una plancha el rostro, por no querer decirles dónde guardo el dinero. Aunque no tengo plancha, no sé planchar, eso debiera jugar a mi favor.
Abro la puerta, esperando el ataque. Pero no, no hay nadie. Nadie que diga ‘arriba las manos’, o ‘quedate quieto porque te quemo’. No.
El perro alza la trompeta, con una pata delantera.
–Escuchá, loco, escuchá.
Y se pone a tocar la trompeta. Cierra los ojos y toca con energía, con sentimiento, el sonido rebotando contra las paredes del angosto pasillo. Arranca con las primeras notas de ‘you are the sunshine of my life’. El sonido de la trompeta me acaricia el alma, toca bien, el perro, el tema es bello de verdad.
–Gracias –dije–. Es un tema muy dulce, y es la versión más sentida que yo haya escuchado jamás.
Cerré la puerta, volví a la cama. Por eso le pedí un turno, porque creo que tengo un problema con la bebida, doctor. Por eso estoy acá.

17 Comments:

At 9:59 a. m., Blogger Dany said...

Bueno, muy bueno Hundred. Me imaginaba a mi mismo en la situación pero siempre es el vecino con algún problema. Sin perros, sin música. Tendré que tomar más. Un saludo.

 
At 11:02 a. m., Blogger Sandra Montelpare said...

es bueno este Señor Hundred!!! en mi caso el perro habria tocado los acordes de Hawaii de Las Pelotas... juazzzzzzz topdo por unas cervecitas negras que lo tiró

 
At 10:55 p. m., Blogger Jueves said...

mi perro canta, tal vez puedan unirse y hacemos una banda.

 
At 12:30 a. m., Blogger Alelí said...

juan, la bebida, bahh la ingesta desmedida de ella vino antes o después del suceso con el can artista?

 
At 3:00 a. m., Anonymous Paprika. said...

Es cierto, es usted un genio. Y un dulce. Y un borracho, tal vez, también. Aunque es eso lo que forma parte de la genialidad, muchas veces. Y sabe usted escribir para transmitir, sin dudas.
A su salud, JH.

 
At 7:24 a. m., Blogger Jorge said...

Guau!
Y que toma el perro?
Invítelo a pasar y sírvale algo bueno...
En vez del médico mejor un veterinario...
Atte/

 
At 7:24 a. m., Blogger Jorge said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 9:17 p. m., Blogger Brynhild said...

Me hizo reir, Hundred.
Duermo 7 horas, menos mal, debe ser por eso que me gustan los mañaneros.
Para mí marche un siberiano con saxo, aunque si el terrier es Chet Baker reencarnado...
Saludos, JH.

 
At 11:39 p. m., Blogger laura said...

no es mi mejor momento para opinar sobre perros y menos si tocan una trompeta...quiero dormir!!!

 
At 10:04 a. m., Blogger J. Hundred said...

*dany! yo tengo unos vecinos, un matrimonio algo mayor. una de sus diversiones, no la única, es esperar, agazapados, detrás de la puerta. como aplicados snipers. entonces, imagine usted, que por ejemplo, yo tuve una semana letal y absurda como cualquier otra, y es viernes a la noche. o que finalmente alguna confundida, alguna chica medicada quizás, extraviada, que acaba de dejar a un novio que la quemaba con un cigarrillo o que la obligaba a acompañarlo a la cancha a ver a san lorenzo, algo así, esa chica, ha accedido a venir a mi domicilio, un domingo por la noche. bueno, lo que sea, en cualquier caso, yo pido una pizza, y me tocan el timbre. bajo, pago, subo en el ascensor, con la caja calentita en las manos, momento tan gratificante, tan íntimo, tan privado. y me espera en mi departamento la señorita en cuestión en bombacha y corpiño, o me espera el televisor puesto en la national geographic y una cerveza decente, lo mismo da. y ahí, justo ahí, chachán, chachán, los vecinos, que habían estado aguardando el momento exacto en que se detuviera el ascensor en su piso, que por casualidad es también mi piso, abren la puerta. miran. miran la pizza, me miran a mí. sonríen como sólo un buda o un niño a punto de hacerse pis encima podría hacerlo. y balbucean alguna imbecilidad, algo como ‘eeehh.., no te habrán pasado por error nuestra revista de cablevisión, juan?’. o ‘escuchamos ruidos de la calle, parece que hubo un choque’. o ‘hay mucha humedad, sí, muchísima humedad. de qué gusto la pediste?’. y se quedan ahí, los dos, con la puerta apenas entreabierta, mirando, mirando.

*sandra montelpare! usted, con una encantadora y tan femenina particularidad, quiere cambiar algo. yo le estoy contando una experiencia de místicos ribetes, y usted me pregunta si el fox terrier pelo duro no podía venir con un delantalcito, una sartén, y decirme ‘te voy a prepara un omelette del carajo, querido’. si se le apareciera una nave espacial delante de su automóvil, yendo a pinamar, usted lo primero que haría es preguntarle a los marcianos por qué usan esa ropita tan abrigada si todavía estamos en marzo, y si es preciso vestirse de verde, todo de verde, si no pueden usar los pantalones de otro color, para combinar. usted sin dudas les diría que tiene una amiga que vende ropa en un localcito de palermo. hace sus propios diseños, es ropa redivertida, y barata.

*jueves! dígale a su perro que me mande un mail.

*alelí! bueno, bueno, ya está. ya pasó.

*paprika! la gente que puede decir algo bueno sobre mí, algún elogioso comentario acerca de mi persona, pertenece a un tan prestigioso como privado club. lo que le quiero decir, lo que le digo, lo que le estoy diciendo, es que hasta ahora, con usted, somos dos. salud.

*jorge! aunque me cueste admitirlo, aunque no lo quiera reconocer, no estuvo tan mal.

*jorge! aquí se supera mucho, sería como un particular tenista, con un segundo saque infinitamente mejor que el primero, algo fuera de lo común, algo para nada tradicional.

*brynhild! que nos vaya bien a todos.

*laura! si tenemos que esperar que sea su mejor momento, o el mío, corremos el simpático riesgo que jamás suceda nada, sin importar desde ya en lo más mínimo la cuestión que nos ocupe, aquello que tenga que suceder.

 
At 12:14 p. m., Blogger Mr. Verbal Kint said...

Parece que hace varios días que vengo durmiendo siete horas. Me faltan, tan sólo, las tremendas ganas de vivir.
Usted siempre guarda algo en ese interminable bolsillos de relatos.
Un saludo

 
At 1:53 p. m., Blogger Sandra Montelpare said...

jjajajaa me rio con sus contestaciones sr. Hundred!! le prfané vilmente su experiencia mística, por esa cosa tan de minita jajajajaj

 
At 3:07 p. m., Blogger Jueves said...

en estos momentos anda con la cabeza en cualquier lado (por no decir que está caliente como una cuba porque una de las perras está en celo y no dejo que la coloque). en cuanto se libere de ese asunto, le digo que le escriba.

 
At 10:20 a. m., Blogger Brynhild said...

malu JH.. snif.

 
At 7:35 a. m., Blogger J. Hundred said...

*mr. verbal kint! lo que pasa, mi estimado, es que las tremendas ganas de vivir ya no se fabrican como antes. es como las películas que te venden en la calle, las tremendas ganas de vivir que andan dando vueltas ahora y que puede consumir la gente son unas tremendas ganas de vivir bastante ordinarias, segunda selección. un saludo para usted.

*sandra montelpare! sucede que sus comentarios sostienen en gran medida esta precaria balsa. si se me cae usted, bueno, fíjese un poco alrededor, prácticamente tengo que cerrar el kiosco, no queda nada. por eso es que le exijo más que al resto.

*jueves! usted quiere que su perro cante, pero no le permite que la ponga un ratito (no a usted, desde ya, a quien corresponda). despreciable actitud de su parte.

*brynhild!

 
At 9:39 p. m., Blogger Jueves said...

no no, yo quiero que la ponga, pero no a las perras de la casa. después el señor tiene hijos y los que vamos a tener que cuidarlos somos nosotros. que salga a laburar...

 
At 11:22 a. m., Anonymous Anónimo said...

Que obsesión la suya con los Fox terriers!!!
Muy bueno los suyo, pero muy bueno
Jorge

 

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